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Sierra Leone’s Refugee All Stars

Imagen de fabian

Un día como cualquier otro podría llamar a tu puerta la desgracia. Imagina ahora que esa desgracia tiene el rostro de tu vecino, aquel que durante tantos años fue compañero de juego o de farra. Llevemos más allá el terrible ensueño, imagina, por ejemplo, que busca reclutar a tu hijo como soldado, que asesina a tu familia o que te exige prestar tu hogar como refugio de encapuchados. Quizá lo mejor sería no responder a la llamada del timbre, pero a las guerras civiles poco les importa el número de cerraduras que haya que forzar.

 

Reuben M. Koroma es el nombre de una de las tantas personas que abandonó su hogar gracias al estallido de las luchas intestinas en Sierra Leona, un pequeño país de África Occidental que desde 1991 y hasta el 2002, vivió sumergido en un vaivén de golpes militares, rebeliones étnicas e intervenciones internacionales. Huyó junto con otros miles de compatriotas hacia los campos de refugiados establecidos en Guinea, la nación vecina, acompañado de Efuah Grace Ampomah, su esposa, mejor conocida como Sister Grace.

 

Establecidos en el campo de Sembakounya, es probable que hicieran lo que el resto del mundo creemos que hacen los refugiados: sobrevivir un día sí y el otro también, arrastrando una tristeza silenciosa… pero resultó que Reuben quería cantar, y por azares que la vida siempre da en estas circunstancias, en el mismo campo se encontraban otros músicos con las mismas intenciones. Sin más ambición que alegrar la vida de los refugiados, Reuben y cuanto músico quisiera unirse empezaron a escribir canciones, a convertir en fiesta lo que bien podríamos pensar horror.

 

De campo en campo y acompañados por los cineastas norteamericanos Zach Niles y Banker White, la ya conformada Sierra Leone’s Refugee All Stars comenzó a ganar cierto renombre en la escena de las músicas del mundo. La guerra terminó en Sierra Leona, los refugiados regresaron a casa y los músicos decidieron contar sus historias en el álbum Living like a refugee, grabado por el sello Anti de Freetown en 2006, así como en el documental del mismo título.

 

Cuatro años más tarde vería la luz Rise and shine, el segundo material de la banda, grabado en New Orleans bajo la producción de Steve Berlin y el auspicio de Cumbancha Records, sello fundado por Jacob Edgar, el etnomusicólogo estrella de Putumayo World Music. Este disco deja atrás las historias de refugiados y precariedad para convertirse en una proclama de esperanza y buena vibra.

 

Un poco por su particular historia, una de las tantas que de cuando en cuando conmueven al mundo, y un mucho por la calidad de su música, Sierra Leone’s Refugee All Stars pasó de los campos de refugiados a la gira mundial, presentándose ante miles de espectadores en el Festival de Jazz de Montreal, el Fuji Rock de Japón e incluso como teloneros de Aerosmith.

 

Algunos podrán pensar que su éxito se debe a ese morbo disfrazado de altruismo y tolerancia que rodea a ciertos mercados de la llamada world music, sin embargo, cuando se escucha con detenimiento cualquiera de sus dos álbumes, la calidad es indiscutible.

 

Living like a refugee es toda una lección de las diversas líneas rítmicas africanas que ya hace algunos años contagiaron al mundo en voz de Mahotella Queens o Touré Kunda, con la salvedad de que su sonido es más rústico, más natural. Rise and shine es un encuentro de la sonoridad africana con el reggae, e incluso, con tintes de ska. Y aunque la textura es más refinada, Rise and shine conserva ese sonido que se antoja de atardecer en los manglares, de fiesta al calor del fuego y el color.

 

Si a pesar de esto hay quien ponga en duda la calidad de Sierra Leone’s Refugee All Stars, ya puede salir de su error, pues para gloria de los oídos ávidos de buena música, la banda presentó su tercer material, Radio Salone, que sorprende a los escuchas con una fuerte dosis de reggae tradicional, soul y, por supuesto el indiscutible sello de la casa, el soukous congoleño.

 

Por si fuera poco, el grupo también se instala en la vanguardia tecnológica, pues invitan a los escuchas del mundo entero a cofinanciar su siguiente gira a través de Music Pledge, una plataforma de crowfunding con tarifas que van desde los diez dólares, que incluye la descarga del disco, hasta los diez mil, con la cual podrás tener a esta banda tocando en tu casa.

 

Así es que si alguien llama a tu puerta, lo mejor será no dejarse llevar por el miedo, quien sabe, quizá sea la desgracia, pero quizá sean aquellos que aprendieron de ella y volvieron a enseñarnos que incluso en las peores condiciones, la música será siempre una cura para el alma.

 

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