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Juan Cirerol, Vanguardia Folklórica

 

Realismo sucio que reniega del pop-country y variantes melosamente elaboradas. Un rockabily descriptivo, frenético y delirante rompe la monotonía bien vestida. Viajamos a México para adentrarnos en la mala vida de Juan Cirerol, artífice del neocorrido, una construcción que parte de diversos géneros.

Cirerol nace de la música y la poesía empírica, una mezcla entre Charles Bukowsky y Jhonny Cash. Músico solitario con actitud de gamberro, utiliza la sátira como parte de su lírica. Sus letras dibujan un personaje anacrónico de la generación beat que recuerda vagamente la novela de Jack Kerouac “El Camino”.

Con una guitarra, en ocasiones una armónica y una voz no muy virtuosa, nos presenta su particular mezcla de country, blues, rock y corrido, la cual es  violentada por estrofas cargadas de cinismo y slang suburbano.

Vale Vergas Discos, disquera independiente con pinta de club social modernista, ofrece grabar Ofrenda al Mictlán (2010), primer trabajo arriesgado, pero muy bien logrado, de un Juan Cirerol ávido por recorrer tugurios de mala muerte. Elaborado con bajo presupuesto, difícil de etiquetar y con un código lingüístico complicado pero atrayente, Ofrenda al Mictlán, nos ofrece un panorama nuevo en la escena del country y el folk.  Edifica parte de su repertorio a partir del corrido mexicano, género musical practicado en el norte del país que generalmente describe personajes populares de la actualidad fronteriza. La expresión folclórica, habla de narcotráfico e idiosincrasia mexicana, sus aspiraciones y sueños. Ofrenda al Mictlán se sale de la línea tradicional de dicha especie agregándole mucho humor, filosofía barata e historias urbanas de irreverencia y exceso, un ejemplo es  Si si (track 03) o Vida de perro” (track 14). Otras canciones como Clorazepam Blues y Maldita Maestra” remiten a un Jhonny Cash bien puesto en anfetaminas, pero versión más barriobajera. Con un sonido más folk se encuentran Crema Dulce y “Claro que no moriré, verdaderas obras de arte que se contraponen a una escena atiborrada de temas light, gafas de pasta y cuatro notas de guitarra.

A pesar de poder bajar el disco de manera gratuita, el material no tuvo mucho éxito en descargas, probablemente el mercado aún no está preparado para productos con sabor a resaca de tres días. Sin embargo, el camino de este pirata no ha dejado de rolar por escenarios del under mexicano. Atrae mucho la peculiaridad de sus representaciones convocadas en los lugares más cercanos al populo. Mercados, bares de camioneros, estaciones de autobús o la misma calle son los platós favoritos del artista, siempre registrados por un pequeño pero fiel equipo técnico. Las grabaciones subidas a internet son la principal plataforma del proyecto.

En 2011, Discos Intolerancia lo adoptan para producir en 2012, Haciendo leña, título de su segundo trabajo. En este punto del camino se une al proyecto Martín del Prado para apoyar ocasionalmente con una segunda guitarra y unificar más los estilos country y neocorrido. El resultado es un sonido más sólido y definido. Una vez más posicionado en la industria, Juan Cirerol se da el lujo de empujar el acelerador a la pluma y al puro estilo Gonzo, utiliza de musa la metanfetamina para crear canciones más aceleradas, desterrando casi por completo el beat más down del folk utilizado en Ofrenda al Mictlán; probablemente le aburría.

Haciendo leña es un disco más arriesgado para el mercado internacional por su sonido más autóctono, sin embargo, para sus seguidores este trabajo es mejor que el anterior por no salirse de la línea del neocorrido y mantener el humor en las composiciones. En su totalidad es impecable el resultado que logran Cirerol y la disquera Intolerancia y hacen difícil decantarse por algún tema en especial. Resaltan Metanfeta”, plegaria que pide perdón al amor; firmado por un espíritu sombrío y viciosoSe vale soñar” describe una utópica aldea hippie que da permisividad al festejo y consumo de estupefacientes, anulando en sus letras al narcotráfico y la corrupción del gobierno mexicano. El Corrido de Roberto es la crónica de un camello que cocina metanfetaminaconvive con sus efectos y sufre sus delirios de persecución. Todas las canciones se componen prácticamente de los mismos elementosesto podría llevarnos a la monotonía, no obstante, la gracia compuesta por la descripción delirante de la idiosincrasia mexicana enajenan el oído del escucha.

Definitivamente Juan Cirerol es un personaje poco común en una industria demasiado homogénea.  La irreverencia y el desenfreno en la música siempre han sido explotados con alevosía, sin embargo, se fabrican productos demasiado maquillados, poco reales, musicalmente insufribles y que irremediablemente terminan en centros de desintoxicación o en sobredosis de somníferos. Este man es algo más auténtico

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