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Global Kryner y el valor del cover

Imagen de fabian

Los cristales de cualquier automóvil, la superficie de una laguna quieta, los anteojos de los profesores. La idea es falsa pero la creemos del diario. Vanidad mediante o simple inercia de la generación de la imagen, escrutamos nuestro reflejo cada que hay oportunidad. ¿Qué buscamos? Quizá trascendentalísimas vainas del tipo comprobar que estoy vivo, que existo más allá de mi encierro corpóreo, que la alteridad puede también ser uno mismo; quizá mundanales avisos del corte me he despeinado, qué mal me queda el rojo, se me nota la panza. Cualquiera que sea el motivo, recibimos siempre una ficción como respuesta: mienten los que aseguran verse a mismos todos los días en el espejo.

 

Justo como el otro sentado en un banco en Ginebra y el uno en el mismo banco pero de Boston. Un Borges que se encuentra consigo cincuenta años más joven y no atina a reconocerse. Cada segundo transcurrido cambia por completo el mundo y a la vuelta de los días nada es lo mismo: objetos, personas e ideas no son las dos caras idénticas de una hoja en blanco, sino cara y cruz de una moneda que seguro cae de canto. Pasa igual con la música, alguno la crea, la cría como a un pajarito perdido y la libera en un parque. Cuando vuelve para escucharle cantar lo más probable es que el ruiseñor grazne canario.

 

 

Por ahí de 1939 Harold Arlen y Yip Harburg regalaban al mundo “Over the rainbow” en voz de Judy Garland; un año más tarde Chelito Velázquez escribió Bésame Mucho, popular gracias a la voz de Emilio Tueromás para acá, en su Bayou Country de 1969, John Fogerty y Creedence Clearwater Revival llegaba a las listas de popularidad con “Proud Mary”; en el año 2000 Britney Spears haría lo mismo con “Oops!... I did it again”. Cada cual en su propia bolsacada quien con su particular etiqueta. Del rock al bolero al pop al jazz, todas conocidas y grabadas en la memoria de casi cualquier contemporáneo.

 

 

Pero si hoy esas canciones se sentaran en el banco, se miraran en el espejo, difícilmente se reconocerían. La razón: nunca podrían haberse imaginado vistiendo acordeón y traje alpino. Señoras y señores, con deleite y mucho gusto: Global Kryner.

 

Sin salida al mar

 

Al norte Alemania y la República Checa, en el cardinal contrario Eslovenia e Italia, mirando hacia donde sale el sol Hungría y Eslovaquia y cerrando la pinza Liechtenstein y Suiza en el poniente. Sin salida al mar y a pronunciada altura se encuentra Austria, nación a la que debemos, por ejemplo, los neuróticos devaneos de Fritz Lang, las cochinadas teóricas de Freud, los revuelos históricos de Stefan Zweig y, para desgracia de la humanidad, las atrocidades del detective en el kínder metido a gobernador de California.

 

“Austria, a pesar de ser un país pequeño, ha sido y es un exportador de carácter internacional de su música, llamado por eso el país de la música. No en vano, pues hay muchos nombres y géneros que han sobrepasado las fronteras físicas del país como Mozart, Haydn, Schubert, Mahler, pero también los Strauss y sus valses, entre otros muchos que aunque no eran austríacos, como Beethoven y Brahms, venían y se quedaban a vivir en el país para dejarse inspirar por su espíritu cosmopolita e intelectual”, comparte con Acidconga Christof Spörk, fundador y clarinete de Global Kryner.

 

También está el lado tradicional de la música austriaca, el famoso yodel, popularizado en el mundo entero alrededor de los 70s por el llamado rey del yodel, Franzl Lang. Sin embargo según comenta Christof “el yodel sigue siendo un elemento muy importante en la tradición de hacer música de países alpinos, pero no es el único estilo. La llamada música folclórica tradicional tiene sus raíces en la práctica musical de las comunidades urbano-rurales y rurales. Ella sigue siendo un reflejo directo de la vida cotidiana y las celebraciones del pueblo o la sociedad de la pequeña ciudad. La música folclórica es la fuente más importante de la música popular. Ahora existe la corriente llamada nueva música popular, creada en su mayor parte por músicos jóvenes que formaban parte de la música contemporánea en todas sus formas (pop, rock, música electrónica, música del mundo y muchos más) y que también crecieron con la música tradicional de su región.”

 

Una de las piezas fundamentales de la tradición musical es el estilo oberkrainer, que “tenía socialmente un gran alcance y un gusto muy extendido en una parte del pueblo, sobre todo en la región de Eslovenia y en el campo de Austria, Alemania y Suiza. A pesar de su éxito, este estilo era mal visto y mal valorado. Era “música de chatarra”, como categoriza a este tipo de músicas del mundo poco aceptadas, el director del Festival Ollin Kan, José Luis Cruz”, festival en el que, por cierto, Global Kryner participó en su edición del año 2009.

 

 

De lo local a lo Global…

 

Además de ser el título recurrente para un sinfín de análisis económicos, tecnológicos, políticos y culturales, la frase “de lo local a lo global” da cuenta de una marcada tendencia de la gente del mundo a descubrir lo que habita más allá de sus fronteras mentales, así como de dar a conocer las habas que se cuecen en casa. En música ejemplos sobran y en todos los tiempos: desde un Django Reinhardt mezclando la tradición gipsy con el jazz hasta unos Caligaris tendiendo lazos entre el ska y el cuarteto cordobés, pasando por las reuniones de bossa nova y acid jazz de la Banda Favela en Brasil o el punk con bomba y merengue de Los Rabanes en Panamá.

 

Al respecto de su propuesta, comenta Christof: “por una parte, ninguno se había atrevido a proyectarse de manera seria y competente utilizando esta expresión musical. Por otra parte, nadie creía que la música oberkrainer pudiera estar envuelta en un manto de más complejidad musical e interpretativa como al nivel en que nuestra agrupación Global Kryner lo presenta. Es la primerísima vez que se interpreta de esta manera. Global Kryner retomó las raíces de este estilo oberkrainer, la instrumentación, el swing, y ha creado un propio estilo, no una copia exacta del original.”

 

Y explica: “por eso el nombre Global Kryner, global como sinónimo de integral, universal, entero. A esto se le suma la selección de su repertorio: piezas de éxito internacional en diferentes estilos como jazz, pop, latin, folk, música alpina entre otros. En algún sentido se puede comparar todo este simbolismo con el concepto en las artes plásticas de Picasso o de Andy Warhol, con la llamada técnica del “objeto encontrado”, la cual define elevar un “tema” – el objeto- a su máxima expresión artística e intelectual. Según esto, cualquier cosa que elige un artista es sacralizada como «arte». En este caso el estilo musical oberkrainer – objeto encontrado-, reelaborado y arreglado con una elevada calidad musical, se legitimiza como un género que supera sus propios límites armónicos y sonoros.” El sello en este caso resulta inconfundible. A través de un sonido que ciertamente supera los cánones del folklore austriaco, Global Kryner transforma éxitos de otras latitudes y otros tiempos, obsequiando al escucha un repertorio que lo reencuentra con su capacidad de asombrarse pero, sobre todo, con la posibilidad de reconvertir piezas que se creían intocables.

 

Lo propio y lo ajeno

 

“La idea de Global Kryner surgió en mis viajes de estudio a Cuba. En Cuba se transforma con tremenda naturalidad cualquier estilo musical, sea jazz, sea reggae, sea pop, sea afro, en música cubana, salsa, cuban jazz o música tradicional. En Austria, durante mucho tiempo esta forma de pensamiento no estuvo muy difundida. Música tradicional era música tradicional. Se respetaba y no se mezclaba con nada más. Claro, esta manera cerrada de pensar ya ha cambiado en la época actual. Al regresar a Austria, me puse a pensar qué tipo de música en Austria tiene la misma virtud de dejarse transformar, con lo que llegué a la conclusión: la música oberkrainer, que había escuchado desde niño en mi pueblo. Así se concretó el concepto, busqué los mejores músicos de la escena y que además no tuvieran prejuicios en tocar esta música y poco tiempo después ya se había formado Global Kryner”, recuerda Christof.

 

Resulta curioso escuchar a Global Kryner, pues en el primer acercamiento a su música uno puede pensar que se trata de una broma o en todo caso de una burla ácida en contra del llamado mainstream y su larga lista de tops y one-hit-wonders. Sin embargo, cuando se repara en la calidad de la música el escucha será gratamente sorprendido pues temas que en su mente pudieran figurar como desechables, plásticos o terriblemente planos, cobran una nueva dimensión.

 

En primera instancia mucha gente descartaría a una banda de covers con escasos temas propios, pues “en la opinión general de muchos músicos en cuanto al concepto cover, se denota cierta huella negativa. Puede ser por la creencia de que se rechaza la propia creatividad, o porque se niega el talento y valentía para componer cosas propias, en fin que, siempre cuando se menciona este concepto, está latente y oculto este carácter negativo. Pero muchos olvidan algo: en la música hay incontables ejemplos de covers hechos a mano por excelentes músicos, cada uno en su campo, que han alcanzado un éxito tremendo. Desde Keith Jarret y su versión de los preludios y fugas del maestro J. S. Bach hasta Jamie Cullum y sus pophits en estilo de jazz; desde Buena Vista Social Club y sus versiones de éxitos internacionales en estilo de son y salsa, hasta Robbie Williams y su exitoso programa al estilo de Frank Sinatra, todos, sin excepción, han hecho covers y nadie se ha puesto a preguntar por qué lo hacen. Tampoco, nadie le pregunta a Evgeny Kissin, el pianista genio ruso, especialista en Chopin, por qué se dedica toda su vida a interpretar mayormente obras de otros compositores. En fin, toda la música seria, de la música clásica hasta el jazz, vive de la interpretación de composiciones y “songs” ya hechas. Y los intérpretes de la música clásica ni siquiera arreglan sus piezas, sino se pelean por ser más originales que los demás intérpretes.”

 

Finalmente concluye: “si vamos al origen del término “banda de covers”, nos damos cuenta que si bien Global Kryner toca piezas dadas a conocer por otros grupos, no encaja exactamente en este concepto. Se entiende, que una banda de covers, (debería) interpretar la pieza exactamente igual al original, lo cual no es nuestro caso. En fin, que en este sentido, si somos una banda de covers, también lo es la afamada Orquesta Filarmónica de Viena.”

 

 

El otro

 

De cuando en cuando a todos nos asalta la duda al mirarnos al espejo ¿Quién es real y quién el reflejo? En el fondo del cuestionamiento late el tópico de la autenticidad pero también el de la verosimilitud. Ya se sabe: algo perfectamente creíble podría no ser real y en el reverso la realidad supera a la ficción. Preguntas como éstas surgen al encontrarnos con el trabajo musical de Global Kryner.

 

Su particular estilo, su dominio de los lenguajes, su feeling que sabe a oriundo de cualquier barrio, su versatilidad y sus ganas de reinterpretar el mundo nos colocan frente a un espejo que hace las veces de catalejo, de binoculares y hasta de caleidoscopio. A través de un sonido que arropa al escucha en un mar de alegría y buen humor, Global Kryner tumba las convicciones de cualquier purista de los géneros musicales. En sus discos se recrean las referencias clave de las listas de popularidad al tiempo que obtienen matices insospechados y refrescantes. En el clímax de cualquier canción podríamos incluso preguntarnos si en verdad alguien ya la había cantado, aprovechando la ocasión para hincharse los bolsillos de dinero.

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