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Big Bad Voodoo Daddy, Swing Revival del sur de California

Que todo tiempo pasado fue mejor parece ser la consigna de muchos músicos. De algunos años a la fecha, términos como retro y vintage parecen cobrar una especial fuerza. Un movimiento en particular llamó poderosamente la atención de los puristas del jazz mediando los noventa: el swing revival o neo swing californiano. Sucedió que de pronto algunas bandas comenzaron a recuperar el estilo del swing de los años 30, que fue, nada más y nada menos, el primer género de la gran familia del jazz que alcanzó popularidad a nivel masivo e internacional.

De aquellos noventa muchos deben recordar temas como “Zoot suit riot” de los Cherry Poppin’ Daddies, “Ey! Pachuco” de Royal Crown Revue o “Jump Jive An' Wail” del genio del rockabilly Brian Setzer. Muchas de aquellas bandas continúan haciendo de las suyas sobre la tarima, pero hay una en particular que ha sabido mantener una calidad intachable: Big Bad Voodoo Daddy.

La historia de esta banda comienza en 1989, cuando Scotty Morris decide abandonar la escena del punk y el rock alternativo y funda con Kurt Sodergren una agrupación jazzera. El mítico guitarrista Albert Collins bautizaría al nuevo proyecto sin quererlo: en una dedicatoria sobre un póster para Morris, las palabras: “To Scotty, the big bad voodoo daddy”. Y de ahí tomó el nombre.

Como muchas bandas, el inicio de su carrera se dio en bares y clubes, siendo el Derby de Los Ángeles su lugar predilecto y el que viera el nacimiento de sus dos primeras producciones, grabadas de forma independiente: Big Bad Voodoo Daddyen 1994 y Watchu' Want for Christmas? en 1997. A esto seguiría una etapa de mucho éxito con la grabación de dos álbumes auspiciados por Capitol Records, por entonces uno de los más prestigiosos sellos con los que una banda de jazz podía firmar contrato, los discos: Americana Deluxe y This Beautiful Life.

Tras la grabación de este par de álbumes con Capitol, vino un largo silencio que duró cerca de cuatro años, interrumpido por el lanzamiento de Save my soul, en 2003 y el que sería su segundo disco de temas navideños, Everything you want for christmas de 2004. La ausencia en estudio, pero no en las presentaciones en vivo, seguiría hasta 2009, año en que salió a la venta How big can you get?, uno de sus mejores trabajos de estudio, dedicado a la memoria de Cab Calloway. Tres años más tarde, Big Bad Voodoo Daddy vuelve con Rattle them bones, su más reciente producción discográfica.

Los amantes del viejo sonido del jazz quedan completamente prendados de la propuesta de Big Bad Voodoo Daddy desde la primera vez que lo escuchan, pues cada uno de los álbumes de esta banda resulta un viaje muy particular al pasado. Swing, dixieland y ocasionales coqueteos con el mundo de los crooners, el bebop y el latin jazz hacen de cada disco, además de un lujo para los oídos, una lección de por qué el jazz se ha convertido en un ritmo de alcances universales: improvisación, virtuosismo y armonía es lo que el escucha podrá encontrar en cada tema compuesto o versionado por esta agrupación.

Pero también la gente con gustos un tanto más contemporáneos quedará gratamente sorprendida al escucharles, pues a pesar del respeto por las formas tradicionales del jazz, Big Bad Voodoo Daddy ha sabido crear su muy particular sello, incluyendo bases rítmicas y elementos melódicos del rock. El resultado, en palabras del propio Morris, es como escuchar una agrupación de los años 30 con esteroides.

La poderosa alineación de Big Bad Voodoo Daddy incluye los instrumentos tradicionales de una banda de rock: Scotty Morris, en la guitarra y voz, Kurt Sodergren en la bateria y Dirk Shumaker en el contrabajo, a quienes se suman en espectacular pianista Joshua Levy y la sección de metales integrada por Andy Rowley en el saxofón barítono, Glen Marhevka en la trompeta, Karl Hunter en saxofón y clarinete y, durante sus presentaciones en vivo, completan la banda Tony Bonsera, segunda trompeta y Alex Henderson en el trombón.

A pesar de que el swing revival ha ido desapareciendo poco a poco de los medios de comunicación masiva, mucha gente le sigue los pasos a grupos como Big Bad Voodoo Daddy, pues su propuesta es, sin lugar a dudas, una excelente opción para tender puentes entre una época gloriosa del jazz, un presente que no se olvida del refinamiento y el virtuosismo y un futuro que por ningún motivo dejará de rendirle tributo a las noches citadinas de clubes, tragos y una que otra manita de póker.

Su estilo claramente vintage, sus letras dedicadas al amor, la locura, las cosas sencillas y la noche, su excepcional energía en vivo y la calidad de cada uno de sus temas convierten a Big Bad Voodoo Daddy en una excelente propuesta musical que refrenda el compromiso de la cultura generada en los márgenes del mainstream norteamericano. Nada mejor que trajearse, destapar unas cuantas botellas de whisky o bourbon y mover los pies con una fémina en rojo al ritmo de Big Bad Voodoo Daddy. 

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