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El día de Charles Lloyd y la extraña pareja del arpa y el piano

Sentida y emocionante sesión con el maestro Charles Lloyd en este sábado del 52 Festival de Jazz de San Sebastián, en el que Hiromi y Edmar Castañeda se han marcado un alarde de virtuosismo sin tregua con esa extraña pareja que son en el jazz el arpa y el piano.

El legendario saxofonista estadounidense era el protagonista de la jornada como destinatario del premio Donostiako Jazzaldia a toda una carrera, que ha recibido de manos del director del Festival, Miguel Martín, en la plaza de la Trinidad.

El músico estadounidense solo había visitado el Jazzaldia una única vez y fue en 2002 en ese mismo escenario. Precedió al mítico batería Elvin Jones, que ese mismo día por la mañana había recogido el galardón que a él le ha llegado quince años más tarde.

Pocas palabras de agradecimiento porque, según ha dicho, él habla con el corazón y su saxo. Y se ha expresado sobradamente, con sentimiento, mucha hermosura y una energía más que envidiable a sus 79 años.

Lo ha hecho rodeado de los fabulosos jóvenes músicos que reunió para el New Quartet que ahora celebra su décimo aniversario, más exactamente con dos de aquellos, el contrabajista Reuben Rogers y el batería Eric Harland, ya que al piano ha faltado Jason Moran, sustituido por un estupendo Gerald Clayton.

Formidable la solidez del conjunto, con lucimiento en los solos de todos ellos. Una hora y media deliciosa, que bien habría merecido cerrar la noche, pero fue el propio Lloyd el que pidió al festival que su cuarteto actuara primero.

El Saxophone Summit que le seguía a continuación era otra de las formaciones potentes del programa de este Jazzaldia, pero ha llegado menos poderoso de lo anunciado porque una indisposición de última hora ha impedido a Dave Liebman salir al escenario.

Joe Lovano y Greg Osby han sido, por tanto, los dos únicos saxofonistas en revisitar la etapa libérrima de John Coltrane, porque estos instrumentistas, con grandes carreras por separado, se unen periódicamente en este proyecto (Ravi Coltrane también) para reivindicar las últimas composiciones de su gran maestro, del que ahora se cumplen los 50 años de su temprana muerte.

Phil Markowitz (teclados) y Billy Hart (batería) han sido sus compañeros de faena junto al octogenario contrabajista Cecil McBee, precisamente miembro del primer cuarteto de Charles Lloy, aquel del que también formaron parte unos jovencísimos Keith Jarrett y Jack DeJohnette.

"Alexander The Great", "India" y "Compassion" han sido algunos de los temas de este tributo de excelente ejecución, que ha terminado de una manera entre abrupta e inesperada, y que ha resultado una pizca frío después de la calidez del más ortodoxo Lloyd.

A los Saxophones Summit no ha habido tiempo de despedirles. A Lloyd le han dicho adiós de pie, tras haber escuchado preciosidades como esa versión del "Rabo de nube", de Silvio Rodríguez, que habría sido un broche con garantías para poner fin al primer día de la Trini.

Todo esto ha ocurrido después del concierto en el auditorio del Kursaal, en perfecto tándem, de la pianista japonesa Hiromi y el arpista colombiano Edmar Castañeda, en el que ha habido espacio para mucho lirismo y por supuesto para los momentos torbellino, de derroche de técnica por ambas partes.

Esta ha sido la cuarta visita de la inquieta Hiromi al Jazzaldia, tras las de 2010, 2011 y 2013, con lo cual la expectación radicaba en ver el resultado de su dúo con el arpista, nacido en Bogotá en 1978, un año antes que ella.

La audiencia ha caído rendida, y desde el primer tema, en que los acometimientos de la japonesa han incluido las cuerdas del piano, mientras Castañeda no se quedaba corto con su arpa colombiana, a cuyas cuerdas más lejanas recurre para dar la gravedad de un bajo al instrumento.

Eso ha sido con "A Harp in New York", tema de Castañeda, que reside en esa ciudad, al que ha seguido otro dedicado a su admirado Jaco Pastorius, del que siempre le ha fascinado su manera de "gruviar".

"Place to be", de Hiromi" y "Jesús de Nazaret", del colombiano, han sido contención y sutileza. Muy bellos.

Y una cosa y la otra está en "The Elements", una suite que la japonesa ha escrito para arpa y piano ante la inexistencia de partituras en el jazz para estos instrumentos, según ha explicado.

La levedad de "Aire" y "Agua" se han opuesto a la fuerza y vigor de "Tierra" y "Fuego". Pero el virtuosismo de ambos siempre ahí, en las manos de dos músicos que han funcionado como perfecta pareja.

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