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Bill Evans: "De Miles Davis aprendí a amar el jazz"

El saxofonista Bill Evans reconoce que la vida se lo puso fácil cuando, con 21 años de edad, llamó a su puerta el icono del jazz Miles Davis, de quien aprendió a amar esta música y también la lección más valiosa: "Creer en lo que uno hace".

Lo recuerda en una entrevista con Efe.

Esta andadura junto a uno de los rostros más reconocibles del jazz de todos los tiempos marcó inevitablemente la vida de este creador incansable de música, como se define este estadounidense, hijo de la “Ciudad del Viento”, Chicago, en cuya periferia nació en 1958.

Ha sido un largo camino del que nunca ha dejado de aprender e innovar, dos máximas que han guiado la vida artística de Evans. En los noventa decidió imprimir un giro necesario a su vida y aventurarse en su carrera con grupo propio, pues un músico, toque lo que toque, no es nada sin su banda, cuenta horas antes de actuar en la ciudad española de Valladolid.

Esos años Evans compartió también escenario con Mick Jagger, que por entonces había decidido hacer una pausa con The Rolling Stones y seguir como solista, en una época donde los nuevos estilos pop marcaban la tendencia.

Este largo periplo musical ha llevado a Evans a escenarios de todos los rincones del globo y hasta su próxima parada este miércoles en el festival UniversiJazz en Valladolid.

Considerado por algunos críticos como "comercial", en su sentido peyorativo, Evans subraya que realmente podría haber vendido más discos si hubiera mostrado alguna vez inquietud por ello, algo que sin embargo nunca hizo, pues siempre ha dejado que fuera la inspiración la que motivara y guiara su obra.

Su obra se caracteriza por la "emoción y el ritmo", evocaciones que ha conseguido alcanzar gracias a la ayuda de su inseparable saxofón, un vehículo de expresión que aún hay días que le resulta imposible tocar, mientras que en otros puede sentir a la música correr fácil a través de sus llaves.

Son notas que transmiten estados de ánimo de momentos precisos en el tiempo, de ahí que la improvisación cobre una gran importancia para este músico debido a lo volubles que pueden llegar a ser las emociones.

Es una música no escrita en ningún pentagrama y no imaginada previamente que se ha convertido para Evans en un lenguaje más del que aprende a diario, y que reconoce que sí se pude practicar de manera que cuanto más ensayes la improvisación mejor te saldrá, al igual que cuando encaras el estudio de una lengua extranjera, compara.

Sobre la música de hoy en día, Evans procura no mostrarse crítico ni beligerante y defiende el rico abanico de opciones que hoy tiene la sociedad, unos oyentes a los que confiere todo el poder de decidir si algo les gusta y satisface o no.

"Tan solo hay que escuchar y disfrutar, de la música y de la vida", alienta el saxofonista quien concluye con otra lección que le dio Davis: "Escribe tu música y cree en ella y deja que sean los demás los que se preocupen por ella, ese no es tu problema".

Lo recuerda en una entrevista con Efe.

Esta andadura junto a uno de los rostros más reconocibles del jazz de todos los tiempos marcó inevitablemente la vida de este creador incansable de música, como se define este estadounidense, hijo de la “Ciudad del Viento”, Chicago, en cuya periferia nació en 1958." data-share-imageurl="">

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