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Un paseo por la música canaria

La música calma, relaja, anima y mueve. Nos hace reir, soñar, viajar en el tiempo y a otros lugares... nos consuela y nos reconcilia con nosotros mismos. A veces, es ella quien logra verbalizar nuestros sentimientos, aún cuando no logremos comprenderlos. Nos afecta sin querer, para bien o para mal. Es lo más parecido a la magia porque transforma todo lo que toca. Cuando además está en nuestras raíces, se nos eriza la piel y faltan palabras, que diría Joan Manuel Serrat.

 

Qué maravilla que cada rinconcito del mundo tenga su voz propia, esa que si se escucha con atención nos cuenta quién pasó por allí y dejó sin querer una melodía, un pasito de baile, un giro que descoloca por especial y único...

 

La voz de las Islas Canarias es rica en matices, con tantos tonos como pueblos las habitan. Son tantos los que pasaron por este privilegiado enclave atlántico, que ni los historiadores han logrado calcularlo con exactitud. Todo son aproximaciones y suposiciones, pero si hay algo seguro es la infinita riqueza de esta música de la que no nos cansaremos de disfrutar porque hay para todos los gustos.

 

A continuación haremos un breve recorrido por el inmenso horizonte musical que engalana los sonidos en cada una de las Islas, claro, las Islas Canarias.

 

Remontémonos al tiempo de los aborígenes canarios: los guanches. Poco quedó de ellos tras la conquista de las islas en el siglo XV, pero en el Sirinoque de la isla de La Palma se dejan sentir sus ritos mágicos. Hipnóticos y tribales, resultan los bailes locales, los cuales se asemejan a las danzas bereberes del Magreb. ¿Trazos comunes? La cabeza agachada como si se rezase, acompañada del ritmo percutivo de los tambores y castañuelas.

 

En el tango de El Hierro también hay ceremonias ocultas en las que descubrimos el pito herreño, una flauta travesera que acompaña a esta danza. Consiste en que el varón seduzca mediante el baile a una dama al más puro estilo de Valentina la de Sabinosa. Sabio e imprescindible personaje de la cultura popular. Matrona, curandera y cantante de la isla, que se empeñó en dar a conocer esta maravilla por cada rincón que pisó. Gracias a ella se conserva la pureza y el misterio de la música herreña. Decía que las costumbres de los viejos no deben abandonarse. Para ella lo antiguo era lo más valioso. También famosa por su Arrorró, variante de la nana clásica con la que todo canario se ha dormido y que tiene tantas formas como pueblos hay.

 

Uno por siete. Esta es una de las características más destacables de la música canaria, ya que cada trazo sonoro encuentra una variante distinta por cada isla del archipiélago. Tenerife, Gran Canaria, La Palma, El Hierro, Fuerteventura, Lanzarote y Gomera, cada una deja ver la identidad y personalidad que imprime a los temas de la música local.

 

Ahora veamos la forma en que los primitivos sonidos percusionistas guanches se fueron mimetizando con otros géneros musicales de la península. Siendo para los musicólogos uno de los pocos casos de sincretización musical que existe, esto es fundirse dos estilos sin perderse el uno en el otro. Un bonito caso de conciliación entre culturas. En este caso solo musical, ya hemos dicho que la conquista no fue pacífica precisamente.

 

En la Isa canaria, quizá el canto más conocido, el humor y la socarronería de los isleños aparecen sin que nadie sepa su orígen puntual. Divertida y parrandera, como la define la letra de una de sus tantas canciones. No hay tenderete (fiesta popular con música y baile) que no la incluya. Esta relacionada con las jotas peninsulares, las cuales llegaron con la conquista, pero hay quien cuenta que está emparentada con el pericón argentino, el corrido mexicano y las danzas chilenas. Es toda alegría con su dosis de picante incluida.

 

Más antiguas dicen que son las Folías, del siglo XVI, todo lo contrario a las Isas en cuanto a expresión. En ella hay tristeza, sentimentalismo y mucha profundidad. No es raro que se dé por hecho su origen en el fado portugués. Se baila separado, con expresión casi trágica. Tiene un fondo de bolero mallorquín y su baile es lento y señorial. Y de la sentida folía y el fandango andaluz, concretamente de Málaga y Huelva, surgen, se cree que en siglo XVII, las Malagueñas.

 

De semejante mezcla obtenemos una melodía de fondo digno y aires trágicos, al más puro estilo del sur español, que al fundirse con el sentir canario se ha ido dulcificando con el tiempo hasta resultar melancólica y llegar donde no llega otro cantar. Sus letras hablan del amor y de las madres, cuando no de los dos juntos, por lo que hay un respeto inmenso que envuelve el aire cuando se escucha una Malagueña. Imposible resulta escuchar una de ellas y no sentir ya congeladas las manecillas del reloj.

 

Las alegres Seguidillas aparecen con influencias castellano-manchegas, extremeñas y andaluzas, "ahí es ná". En ellas se anima al público a dar palmas. Pegadizas y simpáticas, la más conocida es la de la cunita, que se solía cantar el 24 de diciembre dedicada al niño Jesús.

 

Por otra parte, se cuenta también con un canto de nombre evocador: Aires de Lima. De origen portugués como la Folía, se popularizó en el campo, en donde era común para entretenerse mientras se faenaba. Empezaba con letras cariñosas terminando las coplas con un tonillo más ofensivo, ordinario y burlón "picando" al contario, lo que se dice "tirarse puntas". Esto en la isla de La Palma, porque en Gran Canaria son más tristes y lentos.

 

Tras esta primera simbiosis musico-cultural, pone pie en las islas el sonido caribeño traído por los emigrantes canarios de vuelta a casa. No nos falta de nada: habaneras, décimas, puntos cubanos, boleros... El Caribe se quedaría para siempre en Canarias con toda su expresión cultural. Era lógico pues son demasiadas las similitudes a pesar de la distancia: el talante alegre y despreocupado, aunado a la capacidad de disfrute de la vida que brinda la cercanía y frescura del mar, así como el sol.

 

Para no dejar insípido el panorama musical, tomemos en cuenta también el paso de comerciantes genoveses, judíos, flamencos, británicos y centroeuropeos. Y así en la segunda mitad del siglo XIX aparecen nada menos que las Polcas y las Mazurcas. Las primeras, las adopta el pueblo de llano, la gente del campo. Para ellos resultaban asequibles y popularizables por su trascendencia en el tiempo. Las segundas, practicamente instrumentales, llegan a tal calidad como piezas de concierto por su forma y melodía que casi se asemejan a los mismísimos valses.

 

También vale la pena hacer hincapié en dos conceptos autóctonos de encuentros musicales que cuentan con una buena dosis de misticismo. Unos son los llamados Bailes de Taifas, que se organizan con la excusa de celebrar y reunirse para cantar, bailar y que se siguen disfrutando hoy en dia. Y otros los Ranchos de Ánimas que han llegado hasta nuestros dias en algunos pueblos y en el que un grupo, generalmente de hombres, va cantando y pidiendo dinero para los enfermos terminales o por el alma del ya fallecido. Tradiciones centenarias y misteriosas en las que la noche, las leyendas, la música y la luz del fuego lo son todo.

 

En este pequeño maratón de sonidos hacen falta dos conceptos muy especiales, los cuales son instrumentos y no cantos. Como se diría allí "son más canarios que el gofio". Uno es el Timple, esa guitarrilla pequeña de sonido agudo, muy claro, y raíz en el laúd del barroco europeo que se empieza a fabricar a mitad del XIX. El otro es el Tajaraste, especie de pandero-tambor achatado, legado directo de los guanches. El primero, no puede faltar en las parrandas, acompañado de tambores, guitarras, laúdes, bandurrias y acordeones. Se llegaron a tocar violines en su momento pero hoy en día es muy raro verlos. En cuanto al Tajaraste se usa en Tenerife y en La Palma, mayormente.

 

Por último decir que en estos tiempos difíciles para mantener las costumbres ancestrales, hay que dar las gracias a dos grupos imprescindibles que han despertado el interés del gran público por la música tradicional. Son Los Gofiones de Gran Canaria y Los Sabandeños de Tenerife. Comenzaron en la década de los 70 dando paso a otras formaciones más nuevas, eso sí, casi todas masculinas. Esperemos que esta tendencia cambie poco a poco.

 

Finalmente no queda más que invitarlos a sumergirse en la riqueza, variedad y alegría que brinda el vasto mar musical en el que habitan las siete Islas Canarias.

 

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