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Un último adiós a Charles Bradley, el astro fugaz del soul

Logró la fama a los 63 años tras una turbulenta vida de nómada, estableciéndose como uno de los referentes principales del soul moderno. «Pasaron 62 años para que alguien me encontrara», diría a alguna vez, «pero le doy gracias a Dios. Muchos nunca lo logran». Esta es la historia de Charles Bradley, el astro fugaz del soul.

El sábado 23 de marzo fue anunciada la muerte del cantante norteamericano Charles Bradley. En octubre de 2016 ya se había visto obligado a cancelar la gira de su extraordinario disco Changes, tras serle detectado un cáncer de estómago. «Lucharé esta pelea como lo he hecho con tantos obstáculos en mi vida», comentó entonces. Y lo hizo, lo venció. Poco después volvió triunfante a los escenarios.

Un mes atrás, tuvo que detener la gira mundial que había comenzado a principios de la primavera de este año, tras enterarse de que el cáncer que había vencido regresó, esta vez a su hígado. «Amo a todos ustedes que lograron hacer mis sueños realidad. Cuando regrese volveré fuerte, con el amor de Dios. Si Dios quiere, volveré pronto», palabras que suenan a una despedida. Un adiós de un hombre cuya voz ya era inmortal.

Charles Edward Bradley nació en Gainesville, Florida en el año 1948. Allí fue criado por su abuela hasta los ocho años, cuando su madre, que lo había abandonado con apenas ocho meses, se lo llevó a vivir con ella a Brooklyn, Nueva York.

A los catorce años descubre una pasión que, si bien tendrá toda su vida, lo hará brillar ante el mundo varias décadas más tarde. Ocurrió cuando su hermana lo llevó a ver a James Brown en el mítico Teatro Apollo de Nueva York. Bradley queda cautivado ante aquel carismático artista, el cual lo inspira. Comienza a imitarlo en casa, haciendo mímicas de sus cadenciosos bailes y emulando su vibrante estilo vocal. El joven sueña con ser como su ídolo.

«No sabía quién era James Brown pero me llamaba la atención verlo tocar», diría sobre aquella ocasión. «Nunca olvidaré aquel día. Había luces moradas y amarillas en el escenario, mis dos colores favoritos. Cuando lo presentaron, irrumpe volando en la tarima y dice: “¡¿Qué demonios es esto?!”».

 «Estaba sorprendido e hipnotizado. Me dije a mi mismo: “Quiero ser como él”», afirmaba.

Ese mismo año también comienza parte de su tragedia. Charles Bradley huye de su casa, escapando de una insoportable pobreza extrema. Describe su cuarto en aquella época como un sótano con piso de tierra. Por dos años vive deambulando por las calles de día, y durmiendo en vagones del metro de noche.

Gracias al programa conocido como Job Corps, creado por el Ministerio del Trabajo de Estados Unidos, que brinda formación gratuita a jóvenes en estado de necesidad a partir de los 16 años, consigue hacerse chef y comienza a trabajar. Uno de sus compañeros le comenta un día que su físico le recuerda a James Brown, y le pregunta si sabe cantar. Al principio se muestra tímido, pero poco después admite que sí. Arma su primera banda. Sufre de miedo escénico, y en una de sus presentaciones iniciales es empujado por un amigo al escenario. Hizo media docena de conciertos. Por desgracia, varios de sus compañeros de banda fueron reclutados para pelear en la guerra de Vietnam. Nunca volvieron a tocar juntos.

Charles Bradley trabajó como cocinero por diez años en el estado de Maine, llegando momentáneamente a estar encargado de la alimentación en un hospital psiquiátrico. Aburrido, decide recorrer el país de este a oeste haciendo autoestop. Se radica brevemente en Nueva York, Seattle, Canadá y Alaska, hasta que se instala definitivamente en California. Es el año de 1977. Pasarán más de 20 años de trabajos varios y pequeñas presentaciones musicales emulando a su ídolo, a través de diferentes nombres artísticos como The Screaming Eagle of Soul (el águila gritona del soul), Black Velvet (terciopelo negro) e incluso James Brown Jr.

En 1996 regresa a Nueva York con su madre, allí volverá a los bares y a las pequeñas salas de concierto, bajo el seudónimo de Black Velvet. Ese mismo año la tragedia aparece nuevamente en su vida, cuando su hermano es asesinado a pocos metros de su casa, y además la muerte casi lo sorprende por una potente reacción alérgica a la penicilina.

Pero no todo serán tristes noticias, es en la segunda mitad de los noventas cuando Charles Bradley conoce a Gabriel “Bosco Mann“ Roth, cofundador de una de las disqueras de soul más importantes de las últimas décadas: Daptone Records, los mismos que dieron a conocer actos tan célebres como Sharon Jones y su banda The Dap-Kings, quienes a su vez fungieron como banda del ubérrimo Back to Black de Amy Winehouse. Tres de los nombres más importante del soul en las últimas décadas, los tres fallecidos en menos de una. 

Las primeras grabaciones de Charles Bradley comenzaron a aparecer esporádicamente a partir del año 2002. Aunque es en 2011 que finalmente publica su primer larga duración, el asombroso No Time for Dreaming, un disco que resume magistralmente años de luchas, sombras y redención. Declarando con una voz tan cruda como vigorosa y sincera, en ese himno, titulado Why is it so hard (por qué es tan difícil): «Por qué es tan difícil lograrlo en América. He trabajado tan duro, para lograrlo en América». Se trataba sin duda de una confesión tan verídica como dolorosa. Sería el principio de las candilejas.

Tras dirigir el videoclip para el sencillo The World (Is Going Up In Flames), el director Poull Brien queda sorprendido ante la historia de su protagonista, realizando el gran documental Soul of America, el cual narra con lujo de detalles la vida de Bradley.

Entre las docenas de festivales en los que Charles Bradley participó estuvo el Primavera Sound de Barcelona, en el año 2014. Quienes estuvieron allí saben que se trató de un concierto memorable, que Bradley era un hombre tan talentoso como sencillo, tan carismático como cercano. Verlo en vivo era descubrir su historia, su epopeya, dolor y redención. Porque como todo aquel que ha superado airoso grandes tragedias, el hombre destilaba una simpatía contagiosa.  

«Cuando subo al escenario trato de darle a todos una muestra de mi alma, la verdad acerca de lo que soy. A veces veo las caras de la gente y consigo en ellas rastros de algo que hay en mí mismo: mucho dolor y sufrimiento. Por eso trato de dar alegría, es mi mayor motivación», explicaba una vez sobre su directo.

No Time for Dreaming fue seguido por Victim of Love, digna secuela de un primer disco que había elevado la barra a niveles espectaculares. La crítica se rindió a sus pies y fue la consagración de una leyenda a quien le fama le llegó tarde. Y entonces apareció el conmovedor Changes en 2016, su despedida musical, aunque quizás también su cúspide. El crítico Steve Horowitz diría de Bradley al salir el álbum: «el equivalente vivo más cercano a James Brown».

Su última placa debió su nombre a una versión del popular tema de Black Sabbath contenida en ella. Se trata de una pieza sencilla y conmovedora, que hace grandes honores a su original.

Fue en la gira de Changes donde apareció aquel terrible diagnóstico que conduciría a su desaparición física y a su inmortalidad musical.

Antes de morir Charles Bradley explicaba en una entrevista qué es lo que hace hermosa a una canción: «Lo que hace que una canción sea hermosa es su honestidad al alma y el espíritu. Escribir lo que sientes dentro de ti. Por eso muchas veces cuando me ves en vivo cierro los ojos. Es porque estoy viendo retratado lo que estoy diciendo (…) Aún temo ser feliz, porque si lo soy bajo al lugar de donde salí. Así que sigo aguantando y admirando la belleza que me rodea».

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