Usted está aquí

Soy músico y éste es mi oficio

La gama de ángulos desde los que puede ser apreciada la música resulta tan variada como individuos habitamos la tierra, o tan compleja como combinaciones armónicas y rítmicas existan en la imaginación.

 

En efecto, hay muchas formas de estudiarla, disfrutarla y comprenderla, pero hay una que logra ir más allá de la pasión, la técnica, el feelin´, el disfrute o el sufrimiento, y esta es: asumir la música como un oficio. Ya sea como interpretes o compositores, músicos de estudio o de escenario, quienes han decidido ganarse la vida por medio de las artes sonoras conocen mucho más sobre los efectos sentimentales que una canción puede transmitir. Quienes no hemos elegido ese camino disfrutamos de un tema o de una canción, o simplemente de un género, momentáneamente, casi como el efecto de un estimulante (entra, surte efecto y pasa). Nosotros apreciamos la música como una fotografía, mientras que los auténticos músicos, quienes hacen carrera día con día, ellos la viven como una película cuyo final aún sigue en suspenso.

 

“Es un matrimonio”, dicen algunos. “Dormir con el enemigo”, opinan otros. Y el resto coincide en que no es una forma de vida, sino “la forma en que tú decides vivir tu vida”.

 

Amigos, damas, caballeros, instrumentistas, melómanos, curiosos y demás, a continuación presentamos el testimonio de algunos personajes que asumieron la responsabilidad de ganarse la vida con su instrumento, y ahora comparten con nosotros esa lectura, esa otra óptica, sobre el verdadero significado de haber elegido a la música como jefe, compañera de vida, amiga y enemiga a la vez, y sobre todo, el haberla definido como un trazo distintivo y determinante de su genética. Ellos no conocen la gloria de las ventas millonarias en las listas más afamadas de la industria musical a nivel internacional, y menos han impuesto modas musicales, tampoco aparecen en los escaparates o en las vitrinas de tiendas de música, o en camisetas que porta la juventud al asistir a foros multitudinarios. Ellos simplemente están detrás de todo eso, viven la música desde el punto de vista que no le atrae a nadie. La gozan después de haberla sufrido y la sufren nuevamente después de haberla aprendido a gozar.

 

Ricardo “la lágrima” Boschetti

 

MHC: Ricardo, cuéntanos un poco sobre ti y sobre tu perspectiva musical

RB: Hola, pues, me dicen la lágrima porque desde pequeño aprendí a sentir la música muy dentro de mi ser, y al interpretar un tema mis viejos decían que le sacaba una lágrima a cada nota que tocaba en la guitarra. Éramos pobres en mi familia, vamos, gente de barrio, un lugar en donde la gente se gana la vida aprendiendo un oficio, zapateros, cocineros, mecánicos, carpinteros y los que cometíamos el imperdonable pecado de soñar con un mundo mejor elegíamos el oficio musical. Comencé tocando la guitarra en el instituto, ahí aprendí lo básico sobre armonía. Después me junté con una panda de tangueros, y fueron precisamente ellos los que me enseñaron más que temas, teoría o notas, me enseñaron cómo vivir como lo hace un músico de oficio.

 

MHC: Si pudieras definir el concepto de música, ¿cómo sería?

RB: Un matrimonio. Tal cual. A la música la elegís como lo haces con una pareja. Siempre te deslumbra lo atractivo, lo sensible, lo nervioso y lo lindo, pero lo difícil viene cuando hay que sacar lustre a las piedras. Si la música te deja millones de dólares al cabo de 5 años de carrera entonces resulta que amas loca y perdidamente a la música y a cualquier deidad que la puso en tu camino, pero cuando llegas a casa con los pies destrozados, el estómago vacío, después de horas de no dormir y en la puerta están todos los recibos por pagar, entiendes que la música la tienes que disfrutar desde otra óptica.

 

MHC: ¿Cómo aprendes a disfrutar la música, entonces?

RB: No todo es tan trágico o tan malo. Es verdad que cuando no sos un rockstar o un artista de fama internacional la vida musical es mucho más difícil, pero también tiene su atractivo, también remunera y no sólo monetariamente. Es muy distinto cuando tocas un tema por placer o cuando lo haces completamente inspirado, que cuando alguien te lo pide en un bar o en un recital. Pero uno crece con los temas, no tocas un tema igual veinte años antes o veinte años después, y tampoco lo disfrutas igual. Creces con él, lo amas, lo odias y lo vuelves a amar. Y ahí es cuando aprendes a vivir de y con la música, como lo haces con una pareja, en donde aprendes a disfrutar los momentos buenos, pero aprendes también a sortear los obstáculos de la vida.

 

Flor González González, la “Dolly”

 

MHC: saliste de Cuba para radicar en México interpretando música tradicional de tu país y haciendo arreglos para distintos artistas. Con tanta versatilidad musical y cultural, ¿cómo defines tu vida en relación a la música?

FGG: Mira, yo nací y desde entonces mi madre cuenta que yo al escucharla cantar sonreía e intentaba imitarla. No sé si nací con la música dentro o si recién nacida la música me dio la bienvenida al mundo, pero lo que sí sé es que es la única forma en la que puedo concebir el mundo. No podría dedicarme a otra cosa, porque no sé hacer nada más, fui a la escuela de música en La Habana y lo demás lo aprendí con los amigos de la familia que venían de Santiago. A los 9 estaba yo en un coro y era lo único que quería yo hacer.

 

Es difícil vivir de la música porque subes al escenario y estás en la cima del mundo, bajas y te regresas a la realidad. Necesitas tener a la música como prioridad en tu vida para subirte siempre con una sonrisa al escenario, independientemente de lo que suceda en tu vida personal, si no lo entiendes así, te puedes quebrar allá arriba (en el escenario) y eso no le puede suceder a un profesional.

 

MHC: ¿cómo interpretas un tema alegre cuando estás triste y viceversa?

FGG: ¡Ahí está el arte del interprete, querido! Hay quien dice que es más fácil cuando no es una canción propia, porque entonces puedes fingir, puedes interpretar algo que te llega, pero que no ha salido de ti. Pero la verdad es que depende de cada quien. Hay canciones que te llegan tanto o más que si tú las hubieras escrito. Hay canciones que han crecido conmigo, que las canto desde mucho antes de saber el significado de las letras. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando ves a un niño pequeñito cantando una canción de desamor o de traición y comienza a llorar? La siente, le llega, lo toca, como si fuera él el protagonista, y no lo es. Ni siquiera conoce el significado de muchas palabras, pero hay algo en la musicalidad y en la forma de cantar que le pega.

 

Interpretar una canción no te hace ajeno a ella, al contrario, te acerca más, te une, porque aprendes a vivir con ella, a cantarla y a sentirla. Si, “la tierra es de quien la trabaja”, entonces las canciones deberían ser de quien las canta. No legalmente, porque no eres el compositor, pero si la haces tuya en el escenario por medio de tu interpretación, entonces la sientes como tuya.

 

.......................................................................................

 

¿Cómo se vive de la música?, ¿es bueno vivir de ella?, ¿es malo vivir de ella?, ¿hasta dónde es un tema tuyo? La respuesta a estas interrogantes resulta muy personal. No existen juicios generalizados para afirmar o negar las bondades del arte de elegir a la música como un oficio. Las dos fuentes anteriores nos mostraron, de forma muy breve, su opinión sobre el día a día de quienes viven de la música sin ser famosos. Muchas veces la realidad muestra algo distinto a lo que aparece en los medios de comunicación sobre la vida de las celebridades. ¿Tienen ellos el éxito y el reconocimiento que merecen? Eso no lo podemos saber con exactitud, ya que cada quien habla desde su experiencia. Pero curiosamente todos muestran una cierta afinidad con el tema de la responsabilidad, es decir, el compromiso que se hace con uno mismo al decidir que la música será el camino a seguir en la vida.

 

Un músico es músico porque vive de la música y vive como músico, no es como alguien de otro oficio que cierra la cortina y un nuevo día llegará. Los músicos están constantemente en contacto con los sentimientos, al estudiar, al practicar, al subir al escenario, al bajar de él, al planear, al intentar desconectarse, etc… Y eso no es fácil, ya que eligieron un oficio que los obliga a estar en constante contacto con el lado blando del corazón.

 

Los argumentos planteados por los personajes de esta falsa entrevista son la recopilación de lo descrito y opinado por muchos músicos de oficio en México, España y Argentina. Son lecturas y ópticas de gente que vive la cotidianeidad con su instrumento, compartiendo cada gloria y cada pena. Gente que tiene que tragarse los sentimientos por seguir creando este oficio. Nuestro más sincero respeto a quienes forjan una cultura musical popular en cada rincón de los países de habla hispana.

gama de ángulos desde los que puede ser apreciada la música resulta tan variada como individuos habitamos la tierra, o tan compleja como combinaciones armónicas y rítmicas existan en la imaginación." data-share-imageurl="">

Estamos en redes ¿ nos sigues ?