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Sobre el Artista, el artesano y el genio

Tres formas de entender y de leer a un virtuoso. Un mundo de diferencias separa a cada uno de estos conceptos, pero cada una de ellas es la que les aporta individualidad. La magnánima valoración que resulta de sus expresiones artísticas que determinada por la sumatoria de esas divergencias. Lo que es una virtud para un artista, es una carencia para un artesano, y viceversa. Un genio puede estar dentro de cualquiera de los dos anteriores, o puede que no, pero eso sólo lo determinará la calidad y la interpretación de su obra.

Dos textos nos ayudarán a la mejor comprensión del tema, La Invención del Arte: Una Historia Cultural, de Larry Shiner, y El Poseedor y el Poseído, de Peter Kivy. El primero establece, teóricamente, las diferencias básicas entre un artista y un artesano. El segundo ahonda en la figura del genio musical comparando los casos de Handel, Mozart y Beethoven con la teoría de Kant.

Posteriormente se abrirá un espacio para la reflexión sobre quiénes podrían ser algunos de los llamados genios de la música contemporánea.

Punto primero. Para Shiner las diferencias esenciales entre artista y artesano son las siguientes:

 

ARTISTA

  • Genio (como sinónimo de artista)
  • Inspiración/Sensibilidad  
  • Espontaneidad  
  • Imaginación Creativa
  • Originalidad
  • Creación
  • Libertad

 

ARTESANO

  • Regla (como labor cotidiana)
  • Cálculo
  • Destreza
  • Imaginación
  • Reproductiva
  • Imitación
  • Copia
  • Industria

 

Los conceptos son muy claros. El artista responde más a su originalidad y a la capacidad espontánea de la creación, mientras que el artesano es un hombre de oficio que recarga su virtud en la finura de la reproducción. Con esto podemos llevar el análisis más allá de un personaje en concreto, lo podemos centrar en un objeto. Es decir, podemos otorgar distintas valoraciones a una obra para definirla como artística o artesanal.

Punto segundo. Existe una cita de Francisco de Asís que sirve para reforzar o complementar lo expuesto con anterioridad:

- Aquel que trabaja con sus manos es un obrero, Aquel que trabaja con sus manos y la mente es un artesano, Y aquel que trabaja con sus manos, la mente y el corazón es un artista-. Punto tercero. Para Peter Kivy la figura del genio es mucho más que aquel que destaca por habilidades extraordinarias. Él, y específicamente en exhaustivas comparaciones entre Handel, Mozart y Bethoveen, logra construir una imagen muy clara de la fórmula que compone la complejidad del genio. Uno de los puntos más destacables que expone es que la genialidad también se puede dar y comprender como un -momento de inspiración-, y es esta la que transforma el transcurso de su carrera y obra por eclipsar todo lo hecho con anterioridad.

Punto cuarto: sobre la estética, el desinterés y lo bello. Kivy estudia a fondo a Immanuel Kant en relación a lo estético y la crítica de ello. ¿Entonces la música y el arte se vuelven filosofía? Una interrogante sin respuesta concreta y digerible, como demandaría la opinión pública en la actualidad, pero la simple reflexión nos lleva a replantearnos el significado (o las variantes de éste) de conceptos como lo estético y la belleza.

 

Varias reflexiones sugiere la siguiente cita kantiana:

- Lo único que quiero saber es si la mera representación del objeto es de mi gusto; no importa cuan indiferente pueda sentirme con respecto a la existencia real del objeto de esta representación. Está bastante claro que cuando digo que el objeto es bello, y muestro que tengo gusto, y lo hago en función del significado que le doy a dicha representación y no de ningún otro factor que pueda hacer que la existencia real del objeto me condicione (...). No se debe, en lo más mínimo, estar preocupado por la existencia real de la cosa; al contrario, conviene tener una indiferencia absoluta a este respecto para poder desempeñar el papel de juez en cuestiones de gusto.-

De esto se pueden extraer dos lecturas. La primera, la imperiosa necesidad de emitir un juicio. Y la segunda, cumplir la obligatoriedad de la objetividad a pie juntillas, es decir, alcanzar un grado de indiferencia tal que se logre una objetividad racional en la mayor medida posible. Desinterés, en este caso, no resulta sinónimo de -indiferencia-, sino una cualidad o característica de la objetividad.

Punto quinto y probablemente el más importante: sobre la naturalidad de lo genial. Cualquier persona, con dedicación y esfuerzo puede llegar a ser un artesano. Éste puede, con empeño y talento, llegar ser artista. ¿Pero cómo hace un artista para ser considerado genio? Originalidad es la respuesta. Si bien Kivy y Shiner hacen mención de la capacidad de influir en otros, como una cualidad del genio, es por lo original de su obra que lo puede lograr. Entonces, genio es aquel que logra expresar de algún modo una idea original, y de ahí todo lo semejante serán chispazos de virtuosismo.

Una anécdota incluida en El Poseedor y el Poseído cuenta que Mozart junto a otro compositor (no revela el nombre) escuchaban una obra de Joseph Haydn, y al terminar éste le comentó: "Yo no lo habría hecho así." Supuestamente el músico austriaco respondió: "No, yo tampoco. ¿Y sabes por qué? Porque ninguno de nosotros podría haber tenido nunca una idea tan buena." En caso de que este pasaje haya sucedido tal cual se cuenta, entonces Mozart ya tenía muy clara la visión de originalidad, creación suprema gracias a la inspiración, y veneración a los maestros.

 

Motor de cuatro cambios

En el número 5 de esta revista se escribió un artículo sobre Miles Davis, en el cual se hace referencia a él como un genio, un creador. Tildado de esa manera por la simple razón de haber virado en cuatro ocasiones el rumbo del jazz (y por ende el de la música contemporánea).

En la actualidad la tecnología juega un papel indiscutible en la construcción de la historia musical, y ello tiene efectos positivos y negativos. Respecto a lo segundo, es que a cualquiera que domina la técnica de alguna manifestación tecnológica se le engalana coloquialmente como "genio" (en muchos casos confundiéndole con virtuoso). Bueno, regresando a Davis, se puede decir que lo anterior carece de toda veracidad, ya que la tecnología y la ejecución son únicamente una parte del destello de brillantez original. También cuenta la lectura, y la predicción. Para el trompetista norteamericano la música de su momento quedó obsoleta en cuatro ocasiones. Siempre vio más allá de lo que la lectura de su tiempo le ofreció, y gracias a ello su mente creativa y su capacidad creadora llegaron a conjunciones magnánimas en la composición, la ejecución y el ensamble.

¿Cuál es la diferencia sustantiva cuando al romper una piedra se obtiene arcilla o diamantes? La misma que existe entre un irreverente que destruye las estructuras y obtiene basura, y quien las destruye para reconstruirlas en algo inesperadamente mejorado. La materia prima es la respuesta. Muchos críticos y aficionados consideran que el jazz es la nueva música clásica y muy probablemente tengan razón. Existen incontables argumentos para sostener esta alegoría, pero la de la complejidad en la construcción musical formal sea, tal vez, la más acertada. El jazz es el género con más personalidad y menos personalidad a la vez. Para comprenderlo y disfrutarlo es necesario un conocimiento medio sobre teoría musical, géneros, ritmos y materia orgánica instrumentística. Es el limbo de la música, en donde todo parece estático, pero cambia a la vez, en donde lo sencillo es incomprensiblemente complejo, y lo deslumbrante resulta lo más inmediato y natural.

Miles Davis reinventó el jazz en cuatro ocasiones haciendo gala de innovaciones rítmicas, en la composición, técnicas y orgánicas. Si bien John Coltrane le dio el carácter de cosmopolita a este género, Davis le dio el de universal.

Estimados cofrades musicales, así llegamos a la conclusión de este escrito. La sugerencia es clara: Miles Davis como uno de los instrumentistas más importantes en la historia de la música, y en específico del siglo XX. Valdría la pena recalcar sobre la reflexión que nos extiende Peter Kivy (en referencia a Immanuel Kant): al momento de emitir un juicio, en cuestiones musicales, es importante dejar las predilecciones de lado. En pocas palabras nos invita a buscar la objetividad en el mayor grado posible, para poder así definir lo estético y lo bello de manera más acertada.

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