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Recordando a Chano Pozo

Hace ya 100 años que nació el célebre percusionista, bailarín, cantante y compositor Chano Pozo. Su vida y muerte son aún una leyenda y aunque breve, su legado no tiene parangón en la historia del jazz y la música afrocubana. 

El 7 de enero de 1915, nació en La Habana Luciano Pozo González, mejor conocido como Chano Pozo: virtuoso percusionista, compositor y aún mejor bailarín, según cuentan sus conocidos. No habiendo recibido una educación formal, Chano Pozo aprendió el dominio de las percusiones participando de las fiestas populares, donde antes que nada aprendió el dominio del cajón, con el que acompañaba los cantos de rumba, guaguancó y yambú. Por otro lado, Chano perteneció a la sociedad secreta abakuá, conformada por hombres principalmente de raza negra, a los que se llamaba ñañingo. Esta sociedad tan relevante entre los esclavos cubanos desde el siglo XIX, mantenía en plena colonia española costumbres y ritos del África Occidental, principalmente Nigeria. El uso de las percusiones africanas, que tenían significados litúrgicos en su cultura originaria, en Cuba se fue secularizando y motivó ritmos como el de la rumba cubana y todos sus derivados. Prácticamente todos los percusionistas pre­revolucionarios adoptaron elementos de la música ritual africana, como Mongo Santamaría o Tata Güines. Pero entre todos Chano Pozo fue quien más se dejó influenciar por estas raíces.

Chano fue quien educó a Dizzy y a su orquesta en los preceptos de la música afro­cubana.

En los años cuarenta emigró a Nueva York. Nada más llegar debutó como bailarín y por algún tiempo formó parte de la compañía de baile de la famosa bailarina afro­americana Katherine Dunham. Posteriormente siguió tocando con Machito, Bauzá y Miguelito Valdés entre otros músicos, muchos de los cuales ya había conocido desde Cuba. Finalmente, a través de Bauzá, conoció a Charlie Parker y a Dizzy Gillespie, uno de los principales innovadores del be­bop, que a la sazón era la última moda en Estados Unidos. Chano fue quien educó a Dizzy y a su orquesta en los preceptos de la música afro­cubana. Pues, aun cuando nunca aprendió notación musical, era un gran entendido de la música y sabía componer y dirigir una orquesta, como lo había hecho tanto tiempo en Cuba. Una vez salvadas las diferencias, Chano y Dizzy se entendieron a la perfección, y ambos hicieron realidad su visión. Es así como nació el Cu­Bop, o be­bop cubano.

Su mayor éxito lo tuvo con Dizzy en Manhattan durante un concierto el día de navidad en el Town Hall. Ahí por primera vez Chano no solo tocó la tumbadora junto a la orquesta sino que además al frente de ella cantó y bailó viejos rezos en lengua yoruba, algo a lo que no estaba acostumbrado el público americano. Finalmente tocaron “Manteca” (en alusión al término cubano coloquial para marihuana), que instantáneamente se convirtió en el mayor éxito de ventas no sólo de Chano, sino de toda la carrera de Dizzy.

La breve historia de Chano es a la vez trágica e inspiradora. Tan sólo contaba treintaitrésaños de vida cuando murió, sin embargo su legado es incalculable. Pese a haber nacido en un mundo de miseria, lleno de obstáculos para un músico, logró llevar las percusiones de las barriadas cubanas a Estados Unidos y Europa, y allanó el terreno para la fusión musical afrocubana. 

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