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Rebético: El himno de los perseguidos

 

Nadie puede negar la influencia que tienen los rumbos de la historia, política y económica, en la cultura de un país. Las guerras y sus refugiados, los cambios de regímenes y los cambios de riqueza de la gente siempre determinan de un modo u otro su cultura, y en particular su música. El rebético probablemente sea uno de los estilos de música que más se ha visto dirigido e influido por la historia del país donde nació: Grecia. Su mezcla de elementos orientales y occidentales y su relación con las clases marginadas de la sociedad griega, dieron forma a este blues griego que ha terminado por ser un orgullo nacional, a la par que un pretendido reflejo de la identidad griega.

Con su independencia en 1822, tras casi 400 años de gobierno otomano, el establishment no quería otra cosa que reivindicar a Grecia como un país independiente, con un pasado glorioso y más cerca de la Europa Occidental que de la deshonrosa península de Anatolia. Así las cosas, llegó la industrialización, el crecimiento de las ciudades y de sus periferias, habitadas por desempleados y desarraigados entre quienes se desarrolló la cultura de los manghes, algo así como los “tipos duros”. Estos manghes tenían unas costumbres poco éticas para el nuevo estado griego, ya sólo su forma de vestir remitía demasiado a esos vecinos otomanos de quienes los griegos querían olvidarse; llevaban zonari, una faja tradicional turca que iban arrastrando, bigote a la turca, delineaban sus ojos con kohl y todo con un chaleco a la europea. Pero esto no era todo, su actitud desafiante con quien se cruzaban, su consumo de hachís y, en definitiva, su rechazo a cualquier tipo de autoridad, hizo que estos “tipos duros” fueran perseguidos por la policía, encarcelados y rechazados por la “europeizada” burguesía, quien, generaciones más tarde, terminaría pagando por escuchar la música que allí se estaba gestando: el rebético.

Sin embargo, para que el rebético adquiriera su forma definitiva faltaba todavía el ingrediente oriental que llevaron otros parias: los refugiados de Asia Menor. Tras la catástrofe de Asia Menor de 1922, Turquía y Grecia decidieron firmar un tratado según el cual los griegos que vivían en territorio turco habían de trasladarse a Grecia y viceversa. Esto supuso para Grecia la acogida de cerca de un millón y medio de personas, muchas de las cuales, por falta de medios económicos, tuvieron que instalarse en las periferias de las ciudades, donde se mezclaron con los manghes y su cultura. Allí, los amanedes, o lamentos anatolianos, se mezclaron con las canciones anti policía de los manghes; los modos turcos y su manera de improvisar se trasladaron al bouzuki y al baglamá, instrumentos que con la guitarra, se convirtieron en los acompañantes predilectos de las voces del rebético. Los desamores, las estancias en prisión y las experiencias con el hachís fueron cantados al ritmo desigual del rebético, mientras los tipos más duros bailabana su son dejándose caer sobre una pierna u otra, haciendo peripecias para no romper los vasos que ponían a sus pies y beber el contenido de éstos sin utilizar las manos. Las mujeres podían olvidarse de su asfixiante papel cantando,  bailando y disfrutando de cualquier hombre o mujer que encontraran atractivo. Todo se convirtió, para la Grecia oficial, en una aberrante forma de vida y una contaminación repugnante de la música griega. Los tekedes o agujeros de hachís donde se cantaban estas canciones interminables eran los lugares de la deshonra y el bouzuki el símbolo de la resistencia contra la autoridad; el mismo Markos Vamvakaris lo recordaba así: no puedes imaginar la protesta que generaba el bouzuki en aquel momento [años veinte]. Era el instrumento tocado por criminales, por gente sentenciada a morir.


Pero, al igual que sus intérpretes, el rebético también estaba sentenciado a morir, por lo menos en su forma original. Con la llegada de los estudios de grabación a Atenas en los años treinta, el rebético comenzó a acaparar el interés de las productoras musicales con lo que las canciones hubieron de adaptarse al nuevo formato. Ya no podía improvisarse interminablemente hablando sobre éste o aquél, las introducciones habladas o tocadas tuvieron que eliminarsey el hachís y los bailarines, probablemente no estuvieran presentes en los estudios. Finalmente, el estudio de grabación nunca fue un tekede y, aunque éstos no dejaron de existir, el rebético terminó por cambiar su forma y su contexto, en el que apareció un público inesperado: la burguesía. Sin embargo, esta “muerte” fue la única manera de que el rebético llegara a Estados Unidos y se popularizara; fue, además, la única manera de que hoy podamos disfrutar de la melancolía de las canciones de Markos Vamvakaris, considerado el padre del rebético, Rosa Eskenazi, Marika Ninou, cuya trayectoria ha sido contada en la película de Costas Ferris, Rembétiko (1983), o Vasili Tsitsanis, quien dio una vuelta al rebético para que pudiera pasar las exigencias de la censura que impuso el régimen de Yanis Metaxás (1936-1941).

Aun disfrutando de una mayor aceptación entre la gente, el rebético siguió siendo perseguido, esta vez por el nuevo régimen de Metaxás. El dictador quiso disciplinar a sus conciudadanos instaurando la doctrina de la Tercera Civilización Helénica, de nuevo, había que deshacerse de cualquier tipo de relación con Oriente, instaurar los valores europeos de la burguesía y así reivindicar la pureza griega, aunque nadie supiera a qué se referían con eso. La cultura fue detenidamente estudiada por la censura antes de ser puesta a la venta. Obviamente las canciones del rebético, en las que se hablaba sin tapujos de los deseos individuales de los hombres, en ocasiones fuera de la legalidad, y donde la moral burguesa era algo más bien ausente, no entraban en este programa y hubieron de ser censuradas. Además, el rebético tenía unas melodías demasiado orientales que el régimen no podía aceptar, por lo que los nuevos rebetistas tuvieron que ingeniárselas para pasar la censura introduciendo elementos de la música occidental.Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana el rebético no cambió su suerte. Las grabaciones de rebético fueron prohibidas, sin embargo la demanda era cada vez mayor, de manera que siguió vivo y expandiendo su influencia. Fue ya en los años cincuenta cuando el rebético dejó definitivamente de ser la música de los marginados, para ser la música de los griegos; las letras que prevalecieron fueron las que hablaban de amor, ya no más hachís ni policía. El bouzuki tomó protagonismo, se electrificó y surgió un tipo de música en el que el instrumentista y su virtuosismo eran los protagonistas. Con el nuevo status del rebético los músicos comenzaron a incluir sus elementos en otras músicas, como Manolis Xiotis, quien tocaba su bouzuki a ritmo de mambo, o Mikis Theodorakis y Manos Hadzidakis músicos clásicos que introdujeron rasgos del rebético en sus composiciones.

Una vez ganado el apoyo de la gente, el rebético estaba a salvo de ser eliminado por cualquier censura. Así ocurrió en los años setenta, cuando con el gobierno de la Junta, las canciones tradicionales volvieron a ser populares entre la gente joven como símbolo de la resistencia y del pueblo griego. La ambigüedad de la visión del rebético, terminó así por inclinarse hacia su parte positiva, como una música de todos. Su inconformismo y clandestinidad hicieron de este estilo un emblema de la insumisión y la rebeldía, y  aunque en un principio esta rebeldía iba en contra de la mayoría de la sociedad, en los momentos de crisis social, de cambios de régimen o de represión, gran parte de la sociedad tomó el rebético como estandarte de la libertad. No obstante que esta música nunca habló de política, la persecución que sufrió desde su nacimiento le valió para erigirse como el himno de los perseguidos. Desde entonces el rebético no ha dejado de ser una constante en el panorama musical griego, mezclándose con todo tipo de músicas, aunque siempre presente en su forma original.

Ahora, en momentos de crisis para Grecia, cuando las exigencias de la Troika merman el nivel de vida de la mayoría de la población, cuando la brutalidad policial se vuelve insoportable y la corrupción política está a la orden del día, es cuando el rebético resurge con la fuerza del pasado. Los lugares que emulan los antiguos tekedes están a rebosar y todos los griegos, de cualquier condición, lo conocen y reconocen como parte de su identidad. Esta música que en su momento fue creada por inmigrantes, es hoy la música de los emigrantes que desde otros países no quieren olvidar su vieja Hélade.

Sin olvidar nunca su forma original, hoy esas voces quejumbrosas y las escalas orientales mezcladas con acordes occidentales se han utilizado para crear una nueva música popular remitiendo a esas raíces. Las nuevas bandas empiezan a mezclar pop, rock, música balcánica, hip-hop o incluso tonos electrónicos con las viejas melodías de los “desagradables” rebetes y sus bouzukis. No son sólo bandas griegas como Imam Baildi, Locomondo y sus guiños al rebético desde el reggae, o las incursiones al blues de rebetistas como Stelios Vamvakaris (hijo del padre del rebético), George Pilali o Pavlos Sidiropulos; sino también artistas italianos como Vinicio Capossela con su disco “Rebetiko Gymnastas”. Y es que hay mucho más allá de la Grecia Clásica, la de Homero o la del Partenón; nadie, aún siendo extraño a esa cultura, debería dejar escapar la oportunidad de disfrutar del sonido de la Grecia contemporánea. Aunque nosotros, como extranjeros a esa cultura, no podamos entender sus letras, el rebético nos habla a través de la música de esa melancolía que sintieron los refugiados que lo crearon. El rebético nos habla de la nostalgia del extranjero, de la soledad del marginado y de la sordidez de la noche. Es en estos momentos, en los que cada vez que leemos u oímos sobre Grecia es para hablar de crisis, manifestaciones y rescates, cuando se hace más necesario mirar a ese país con la mente en blanco y dejarse imbuir por su rica tradición, enorme cultura e infinita amabilidad.

 

 

 

(Publicado originalmente en revista correspondiente al número 14)
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