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Quintette du Hot Club de France

La historia del Hot Club de France es, por un lado, la historia del primer grupo de jazz europeo internacional, pero además es la historia de la gran amistad entre Reinhardt y Grappelli, dos músicos callejeros de familias inmigrantes que combinaron el jazz con la música gitana manouche, dando como resultado este atípico quinteto.

Uno de los capítulos más fascinantes del jazz es, sin duda, el que protagoniza el quinteto Hot Club de France, una atípica agrupación formada por dos de los grandes pioneros del género en Europa: Stephane Grappelli y Django Reinhardt. Juntos crearon un estilo del que no existían aún referentes, caracterizado por la sonoridad del violín, interpretado con ese lirismo que ha dado fama desde siempre a la música italiana, y una guitarra poderosamente rítmica, al estilo de los gitanos manouche. Sin apenas precedentes en la interpretación de estos instrumentos dentro del swing, irrumpieron con gran éxito en la escena avant-garde de entreguerras, ganándose el reconocimiento de los círculos bohemios parisinos y finalmente el de los músicos norteamericanos, que todavía veían el jazz como algo solamente suyo.

...en otoño de 1934, el grupo se dio a conocer por todos los rincones del mundo con su primer trabajo discográfico: Dinah, conformado por temas memorables como “Tiger Rag”, “Lady Be Good” y “I Saw The Stars”. Entonces  la crítica internacional comenzó a hablar de ellos y su éxito subió como la espuma.

La historia del quinteto cobra importancia vista desde esa Europa en la que la cultura extranjera, incluida la de los emigrantes, era desdeñada con recelo. Aunque es verdad que la música afroamericana ya contaba con numerosos seguidores desde finales del siglo XIX, sólo en ocasiones contadas trascendía la mera curiosidad antropológica. De hecho el conocimiento era realmente pobre, tan sólo suficiente como para despertar la fantasía de algunos músicos adelantados a su época que como Debussy, de manera más o menos acertada, compusieron canciones tipo ragtime y walk-cake.

El verdadero conocimiento de la música negra no llegó a Europa sino hasta la Primera Guerra Mundial, cuando en apoyo a los Aliados, desembarcaron cientos de músicos del sur de Estados Unidos en Londres y Bruselas, donde pese a todo pronóstico desataron un enorme entusiasmo, el cual enseguida fue aprovechado por los empresarios para organizar conciertos y festivales en los music-halls. Al poco tiempo Francia se convirtió en el principal foco y promotor de estos eventos en toda Europa, al punto de que terminada la guerra, París era ya una ciudad jazzera a la que debían acudir necesariamente las figuras consagradas en Estados Unidos. Así lo hicieron durante los años veinte las estrellas del Hot Jazz o Dixieland, una nueva forma de swing originada en Nueva Orleans, y aún desconocida en Europa. Uno a uno fueron llegando a París: Jack Hylton, Coleman Hawkins, Ted Lewis y, posteriormente, Louis Amstrong, Ellington, Bill Coleman y Beny Carter, entre muchos más, iban para tocar y hasta a grabar en la capital francesa. De la mano de estos el jazz salió de los salones y los teatros para instalarse triunfalmente en los jazz clubs, al estilo americano.

Django y Grappelli se conocieron en 1932, precisamente en ese momento en el que París era ya la capital europea del jazz, pero carecía de una escena local sólida. Ambos sabían improvisar al estilo swing, sin embargo, ambos tenían más experiencia como pianistas acompañantes que otra cosa. Sus instrumentos fuera de las orquestas eran considerados callejeros y no se demandaban, no obstante juntos no tenían nada que perder por lo que desde aquel año no dejaron de tocar juntos. Tras conseguir pequeños bolos aquí y allá, finalmente el local Claridges apostó por el dueto y lo acogió de planta junto a su orquesta, aunque no por mucho tiempo. Enseguida surgió la idea de formar un grupo de jazz de estilo gitano, después de que en una presentación los acompañara Joseph Reinhardt, el hermano de Django, desatando el furor del público. El éxito fue de tal magnitud, que durante las próximas presentaciones incorporaron a Roger Chaput, también en la guitarra, y a Louis Vola al bajo, dando así nacimiento al primer conjunto del Hot Club de France, compuesto por tres guitarras, un bajo y un violín: lo nunca visto.

En sus pocos años el quinteto Hot Club de France hizo historia, ofreciendo por primera vez un modelo típicamente europeo al mundo del jazz y, por si fuera poco, contribuyendo a la revalorización de la cultura musical gitana.

Tan sólo dos años después, en otoño de 1934, el grupo se dio a conocer por todos los rincones del mundo con su primer trabajo discográfico: Dinah, conformado por temas memorables como “Tiger Rag”, “Lady Be Good” y “I Saw The Stars”. Entonces  la crítica internacional comenzó a hablar de ellos y su éxito subió como la espuma. Su siguiente producción no se hizo esperar. Charles Delaunay,  crítico, amigo y futuro biógrafo de Django, enseguida los invitó a grabar de nuevo con su recién fundado sello, Swing, que además promovía los encuentros entre músicos franceses y americanos. Gracias a él Django fue impulsado al estrellato, al grado de que todos los músicos americanos aprovechaban su paso por París para grabar con él, entre ellos Louis Armstrong. Esto provocó que con el tiempo Grappelli asumiera toda la responsabilidad del grupo, mientras Django, como alma libre que era, compaginaba el quinteto con su carrera solista.

De la cima al final

Cinco años después el grupo había alcanzado la cima, sin embargo, le esperaban años de adversidad precipitados por una nueva convulsión europea. Aquél año de 1939 Django y Grappelli se encontraban de gira por Londres donde esperaban tocar junto al pianista y director Duke Ellington y barajaban la posibilidad de ir luego de gira por Estados Unidos. Pero el rugido de los cañones los hizo entrar en pánico y antes de tiempo Django decidió volver a Francia. Aparentemente le aterraba la idea de quedarse atrapado en Inglaterra, pues además no sabía hablar inglés. Lo que no esperaba es que los nazis fueran a ocupar Francia por cinco largos años, tan sólo unos meses después de su vuelta. Pese a las hostilidades hacia los gitanos, Django continuó tocando, principalmente con el clarinetista Hubert Rosting como sustituto en el Hot Club de France, y a falta de músicos americanos, su fama fue mayor que nunca. Inclusive los Nazis lo llamaron a tocar a Berlín, pese a que el partido había prohibido el jazz y los ritmos sincopados por considerarlos degenerados. Previsiblemente rechazó la invitación, pues los nazis se habían convertido en el peor enemigo de los gitanos. Mientras tanto en Londres, Grappelli vivió con mayor comodidad, instalándose como director de la orquesta del Restaurante Piccadilly. El ambiente de la capital inglesa seguía siendo cosmopolita y con mayor libertad artística, no obstante, había perdido a su amigo y principal acompañante y no sabía realmente si iba a volver a verlo, ni a él ni a su quinteto.

Pero pese a todo, quiso el destino que acabada la guerra, seis años después, Grappelli y Django se reencontraran en Londres un día cualquiera. Dicen que al verse se quedaron mudos, sobrecogidos por la emoción, y hubo un gran silencio al cabo del cual Grappelli cogió el violín e interpretó La Marsellesa, a lo que respondió Django tocando su guitarra de forma completamente espontánea. Unos días después, antes de que se perdiera la magia de aquel instante, el dueto se citó en los estudios Abbey Road para grabar aquel clásico francés, en homenaje a una Francia nuevamente libre. Aquella es quizás una de las mejores y más íntimas grabaciones de su carrera.

Pero aunque todo indicaba que el quinteto volvería a los escenarios, puesto que su fama no había desaparecido, nunca más tuvo la misma fuerza que en los años treinta. Tras numerosas disputas, Django, quien ya no se implicaba mucho con el grupo, abandonó la causa, dejando un hueco imposible de llenar. Tras una gira por Estados Unidos junto a Duke Ellington, al poco de volver a Francia, le ocurrió algo de lo que suelen adolecer algunos hombres geniales: se había cansado de la música, y en su lugar quería dedicarse a la pintura. Grappelli, que no podía hacer nada ante esta decisión personal, se vio forzado a continuar su camino en solitario.

Unos años después, en 1953, Django murió de un ataque al corazón, dejando apenas comenzada su carrera de pintor. La gran admiración que despertaba entre los músicos y artistas de vanguardia dejó una gran huella en la poesía contemporánea. Jean Cocteau fue de los primeros en escribir:

Django Muerto, es como una de esas  fieras apacibles que se mueren en su jaula. Vivió tal como todos soñamos vivir, en un carromato…. Su alma era itinerante y santa. Y sus ritmos le pertenecían, como las rayas pertenecen al tigre, como la luz que irradiaba y sus bigotes.

Por el contrario la carrera de intérprete de Grappelli no había hecho más que empezar. Además de continuar con otras agrupaciones de jazz manouche, hasta su muerte en 1993 tuvo colaboraciones realmente interesantes con músicos de muy distintas escuelas como Michel Petrucciani, Jean Luc-ponty, Yo-Yo Ma y Yehudi Menuhin. A diferencia de Django, Grappelli demostró hasta el final de sus días ser un músico versátil y lleno de inquietudes. Su gran musicalidad fue más allá del virtuosismo. Nunca se dejó limitar por su primera formación autodidacta y uno puede notar en su larga discografía que con el tiempo fue ampliando y enriqueciendo su estilo.

En sus pocos años el quinteto Hot Club de France hizo historia, ofreciendo por primera vez un modelo típicamente europeo al mundo del jazz y, por si fuera poco, contribuyendo a la revalorización de la cultura musical gitana. Como agrupación cumplió todas las expectativas. Sobre todo supo dotar su música de gran expresividad, algo que a veces se echa de menos cuando se juntan músicos virtuosos. Su primer disco, editado hace 80 años justos, sigue siendo un monumento por el que deben pasan los músicos peregrinos y su impronta aún perdura con gran influencia en la música callejera.

Uno de los capítulos más fascinantes del jazz es, sin duda, el que protagoniza el quinteto Hot Club de France, una atípica agrupación formada por dos de los grandes pioneros del género en Europa: Stephane Grappelli y Django Reinhardt

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