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Perez Prado, el rey del mambo

Imagen de pablo

Si bien nadie puede discutir que Pérez Prado sea el rey del mambo, también le quedaría el mote del rey del baile. Este singular pianista, compositor y director de origen cubano logró que todo el mundo, sin importar raza, clase o religión, se levantara de la silla y se pusiera a bailar. Definitivamente, él no fue el creador del mambo, pero fue quien mejor lo acuñó e internacionalizó. ACIDCONGA decidió escoger uno de los discos de este famoso compositor. La tarea no fue fácil, ya que posee muchas facetas y en distintas etapas de su vida compuso grandes canciones que se convirtieron en verdaderos clásicos en diversas partes del mundo, ya sea México, Estados Unidos o Japón. A pesar de que el mambo es lo que lo llevó a la fama, para esta ocasión, decidimos escoger uno de sus trabajos menos conocidos, pero que para los melómanos es un disco imprescindible. Estamos hablando de Concierto Para Bongó, publicado por United Artists en Estados Unidos en el año 1976. Para ese entonces, Pérez Prado ya se había alejado del mambo y separado de RCA Victor. Buscando siempre renovarse, en esta época nuestro ilustre compositor se acerca más al rock, al agogó y a la psicodelia. Quizás este sea uno de los discos más kitsch de Pérez Prado, pero al mismo tiempo es uno de los más bailables y de los más fiesteros. ¿Pero, cómo logró Pérez Prado poner al mundo a bailar?

 

La historia comienza en Cuba con el danzón y el chachachá. Por los años 40, Pérez Prado ya era un distinguido pianista y arreglista que tocaba con grupos como la Sonora Matancera y la Orquesta Casino de la Playa. Al mismo tiempo, los músicos Arsenio Rodríguez y Orestes López empezaban a desarrollar el mambo, un ritmo inspirado en el danzón pero más acelerado, donde las percusiones tomaban un rol más activo dentro de la orquesta, siguiendo un ritmo sincopado, y se empezaba a considerar a los bailarines como parte integral de las orquestas. Inspirado por los nuevos estilos cubanos y por el swing del jazz americano, Pérez Prado fue poco a poco adaptando ese ritmo para crear con su agrupación un sonido único nunca antes visto, oído o bailado. Diversas circunstancias hicieron que nuestro compositor dejara Cuba y se instalara en la ciudad de México en 1948. Acá formó una banda al estilo de las grandes orquestas de jazz americanas (big bands) y la revolución musical comenzó. Un fundamental grupo de percusiones, grandes secciones de vientos, donde predominaban los saxofones, trompetas y trombones, además del piano y sus famosos gritos de “Arrgh! Uhg!”. Todo esto era mezclado por un nuevo ritmo don- de se mezclaba la música cubana con el jazz americano, lo que formó una música extremadamente contagiosa y bailable. Además, Pérez Prado logró imprimir un sello único y distintivo, mediante el cual logró expresar la vida y ritmo de las ciudades modernas. La gente enloqueció.

 

Cuando Gabriel García Márquez escuchó la música de Prado, mencionó que “cuando el serio y bien vestido compositor cubano (...) descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un vilo de saxofón, se dio un golpe de estado contra la soberanía de todos los ritmos conocidos”. En ese entonces, México vivía la llamada época de oro, una bonanza económica manifestada con una gran producción cultural que se expandía como lumbre por toda América Latina. Los artistas y las películas mexicanas gozaban de gran popularidad en toda la región latinoamericana, y la ciudad de México particularmente tenía una gran vida nocturna, con cines, teatros, cantinas y cabarets que daban muestra de la gran escena cultural que tenía el país. En este contexto, Pérez Prado generó la música que la comunidad fiestera de ese entonces estaba esperando. El mambo despertó a la sociedad, desgarró las vestiduras y la gente empezaba a bailar de una manera mucho más expresiva y sensual. Mis abuelos recuerdan que sus padres les prohibían bailar el mambo por considerarlo demasiado sexoso y explícito, además de ser asociado con las malas costumbres del trago y los vicios que una sociedad conservadora no podía aceptar. Pese a esto, Pérez Prado logró contagiar a todos. Este género fue el primero en traspasar las fronteras hispanas, invadiendo los mercados de todo el mundo, incluyendo a Japón. Este fue el primer artista en colocar una canción en el número 1 de los charts americanos por más de 10 semanas. En ese país, su música llegó a todos los estratos de la sociedad mientras al mismo tiempo iba generándose ese género llamado Rock and Roll. Como todo buen músico, siempre buscó renovarse, componiendo cosas nuevas con estilos nuevos. Fue así como poco a poco se fue acercando al rock, al funk, al exótica y al agogó, siempre manteniendo canciones que se pudieran bailar. Uno de sus clímax lo alcanzó en 1976 con Concierto Para Bongó.

 

En este disco ya no se escucha al mambo como tal ni tiene canciones que hayan permanecido en el imaginario colectivo de la gente. El piano fue reemplazado por un órgano y suena más el bajo eléctrico junto con una guitarra eléctrica que repica de repente, acompañando todavía una gran sección de percusiones y los indiscutibles vientos tronando y abriendo el espacio sonoro. “¡Mamá! ¡Quiero bailar, cantar y moverme así hasta que salga el sol!” es un de los pocos coros que hay en el disco, lo que refleja el estilo de música que estaba tocando. En definitiva, el ritmo en esta música es más lento y el estilo es mucho más cercano al rock, por no decir agogó. Sin embargo, mantiene esa cadencia y sabrosura que no te harán dejar de bailar, siempre con ese sabor latino detrás y el sello distintivo que Pérez Prado imprimió en todas sus composiciones. Ese minimalismo rítmico ha convertido a este disco en uno de los más buscados y deseados por los amantes de la cultura kitsch. El lado B del disco (hay que recordar que fue impreso originalmente en vinil) tiene una sola canción de 17 minutos. Ésta lleva el nombre del disco y es una obra maestra para las percusiones. Sin duda es un disco raro, con una mezcla de sencillez en las 6 primeras canciones, acompañadas con un par de obras maestras en cuanto a composición musical se refiere. Tomando en cuenta los eclécticos y amplios gustos de los lectores de esta revista, estamos seguros que Concierto Para Bongó no los defraudará. ¡Larga vida al Rey del Mambo!

 

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