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Mingus Ah Um de Charles Mingus

Imagen de fabian

Si nos pidieran describir a Charles Mingus en una sola palabra que encerrara su fuerza, su talento, su historia, su actitud como músico y su música misma, si a alguien le pareciera adecuado tal ejercicio, sin lugar a dudas podríamos decir “espeluznante”: que desordena los cabellos de la cabeza, que nos eriza el pelo o las plumas, que causa horror.

Emplearíamos tal concepto no por creer que es malo o deleznable, sino por todo lo contrario, pues Mingus se cuece aparte en el gran perol de la música y del jazz. Este mes recomendamos uno de sus discos cumbre, una obra que no siempre se deja paladear ni resulta amable, pero que cada vez que se escucha sorprende lo mismo por su furia que por su refinamiento: Mingus Ah Um, la primera placa que grabara con Columbia Records en 1959.

Por aquellos años, en el escenario del jazz parecía repetirse la historia de los años treinta, cuando el mundo blanco descubrió y adoptó aquella gran música: los planteamientos otrora originales y que buscaban quebrar los cánones musicales se habían convertido en fórmulas intercambiables que aseguraban el éxito. Cuando aquello ocurrió, el frenesí del bebop y el hard bop rompieron con la esclerosis del jazz. Algunos años más tarde, el bop se transformó en cool y el ciclo comenzaba de nuevo.

Para finales de los años cincuenta, dos corrientes rompieron la tendencia: el free jazz y la third stream. Esta última buscaba crear un estilo intermedio entre la música de cámara –o como el lector prefiera: clásica, académica, orquestal- y el jazz. Por su parte, el free jazz, continuaba con la propuesta que Lennie Tristano había lanzado a principios de los cuarenta: la incorporación de la atonalidad en las composiciones jazzeras, convirtiéndose en el centro de gravedad de las piezas musicales.

Músicos como Ornette Coleman y Archie Shepp llevaron el free jazz hasta terrenos insospechados que rayaron en lo estridente. Otros tantos, y de ellos el más grande fue sin duda Charles Mingus, optaron por crear un estilo particular que no sólo se aventuraba por los recodos del free y el hard, sino que además recuperaban la enorme tradición de la música afroamericana.

Desde su nacimiento, Charles Mingus estuvo marcado por la multiculturalidad: por parte de su padre, su familia tenía orígenes sueco y afroamericano, por el lado materno, provenían de la tradición china y británica. Pero Mingus no fue criado por su madre, sino por su madrastra, una mujer amerindia de férreos principios religiosos. En su infancia, Mingus sólo tuvo contacto con la música religiosa de Los Ángeles, pero en su adolescencia, y gracias a la radio, descubrió a la figura que sería su más alta fuente de inspiración: Duke Ellington. En un principio, MIngus se interesó en la interpretación del chelo, instrumento que en aquel entonces era mayormente interpretado por blancos. Con el tiempo, y debido al clima de discriminación racial, Mingus abandonó tal instrumento y comenzó a tocar el contrabajo.

El talento de Mingus lo llevó a escalar rápidamente en la escena jazzera de la época y se incorporó a inicios de los cuarenta a la banda de Louis Armstrong y también a la de Kid Orky. Poco después tocó con Lionel Hampton y en 1956 lanzaría su primer material como líder de una agrupación: Pithecanthropus Erectus. A pesar de que algunas piezas de este material son realmente asombrosas, como la versión de “A foggy day”, y a pesar también de que el espíritu furioso de Mingus ya se manifiesta totalmente, no es uno de sus mejores álbumes, pues al excelso contrabajista le hacía falta madurar su talento como director de orquesta y como compositor.

Aunque mucho del trabajo de los primeros años de Mingus como director está profundamente vinculado con Tijuana y Los Ángeles, el brillo definitivo se daría gracias a su traslado, a inicios de los cincuenta, a Nueva York. El espíritu cosmopolita y frenético de la Gran Manzana acabaría por apoderarse del Mingus compositor y director. En opinión de Joachim Berendt, uno de los grandes historiadores del jazz, Mingus supo, como ningún otro director, encarrilar la improvisación colectiva y convertirla en el eje primordial de su trabajo. Esto no sólo se manifiesta en la sobriedad con la que llegaba a tocar el contrabajo, sin arrebatar brillo al resto de sus compañeros, sino también en la concepción de las piezas, donde cada instrumento tiene la oportunidad de mostrarse sin miedo a los choques rítmicos ni a las divagaciones más azarosas.

Para 1959, Mingus había grabado ya con las prestigiosas casas disqueras del jazz: Atlantic Records, Blue Note y RCA. Pero era momento de dar un giro: bajo el auspicio de Columbia Records lanzó uno de los discos más impresionantes de su carrera: Mingus Ah Um. Una placa que sorprende, en primer lugar, por lo atípico de su formación: Sax alto y tenor, dos trombones, clarinete, piano, batería y contrabajo. Con esta casi orquesta, las posibilidades podrían derivar o bien en un bodrio sin sentido de manifestaciones sonoras, o bien en una obra maestra. En aquella grabación lo acompañaron los músicos: John Handy (sax alto, sax tenor y clarinete); Booker Ervin (sax tenor); Shafi Hadi (sax alto y sax tenor); Willie Denis (trombón); Jimmy Knepper (trombón); Horace Parlan (piano); Dannie Richmond (batería) y por supuesto Mingus, en el contrabajo.

Apenas ver la portada del disco, uno sabe que se encontrará con un trabajo de calidad e innovador, pues Columbia Records reservaba sólo para sus mejores propuestas la labor de Neil Fujita, el pintor y diseñador gráfico que por entonces fungía como Director de Arte de la disquera. Heredero del bauhaus y la sensibilidad japonesa, Fujita había sido contratado por Columbia con un solo fin: competir contra Blue Note en el diseño de las portadas y, al mismo tiempo, manifestar la vanguardia de sus músicos más brillantes.

Después de paladear la portada, que sin duda les recordará a otra histórica portada, la del disco Time Out de The Dave Brubeck Quartet, pues es del mismo autor, puede usted sentarse a disfrutar de este magnífico disco que abre con uno de los temas más famosos de Mingus: “Better Get Hit in Yo' Soul”, un tema inspirado en las composiciones gospel con las que Mingus acompañó su infancia, pero con elementos derivados del bebop: un tema central se desliza a lo largo de toda la pieza aderezado por el contrabajo de Mingus que nos da la bienvenida. Solos y gritos jaspean la melodía y le dan un toque que oscila entre lo espiritual y lo frenético durante siete minutos y medio donde cada músico se presenta. “Better Get Hit in Yo' Soul”, es, además de una excelente muestra de la tendencia mingusiana, algo así como un importante antecesor del soul y el funk.

Luego del frenesí desatado por “Better Get Hit in Yo' Soul”, la intensidad desciende con el tema “Goodbye Pork Pie Hat”, un blues lento que no es otra cosa que un homenaje a Lester Young.  De hecho, el tema fue rebautizado como “Theme for Lester Young” en 1963, cuando apareció en la recopilación de Impulse! Mingus Mingus Mingus Mingus Mingus. “Goodbye Pork Pie Hat” es una melodía melancólica y suave donde el saxofón nos muestra lo mejor de sí y el contrabajo de Mingus sirve como escenario para apreciarlo.

Tras esta pieza, Mingus sube la velocidad y el ritmo de nueva cuenta con “Boogie Stop Shuffle”, uno de los temas más neoyorquinos del disco y que seguramente dibujará en su cabeza escenas de persecuciones a blanco y negro, pues este tipo de melodías se hizo sumamente popular en las series policiacas y gansteriles de la televisión. Un tema que sabe a humo nocturno, a pólvora y a trepidantes tramas donde no siempre los buenos ganan. Sencillamente delicioso.

“Self-Portrait in Three Colors” es la cuarta pieza del disco. Un tema lento y sin mayores pretensiones que nos demuestra cuán paladeable puede ser el jazz suave. A “Self-Portrait in Three Colors” sigue la mejor pieza del álbum: “Open Letter to Duke”, un homenaje a Duke Ellington, músico admirado por Mingus y con quien llegó a tocar un brevísimo lapso, pues fue despedido de su orquesta tras un altercado con otro de los músicos.

“Open Letter to Duke” es un tema que recupera las intenciones de la third stream, pues posee tres movimientos claramente identificables, pero que, al mismo tiempo, incorpora las tres variantes del jazz preferidas por Mingus: en el primero, nos sorprende con un poderoso free jazz donde el saxofón y la batería se contorsionan enérgicamente para sacudir la conciencia de quien escucha; en el segundo, el tema de convierte suavemente en un blues lento que coquetea con Gershwin. Y ya entrados en cambios brutales de ritmo, el tercer movimiento trae a escena elementos latinos al más puro estilo de Dizzy Gillespie y cerrando con un final divertido y sumamente elocuente.

Si hasta este momento el escucha ha quedado sorprendido y boquiabierto, “Bird Calls” no aminorará su asombro. El tema comienza con una atonal emulación del canto de los pájaros por parte de la sección de metales. Es sin duda el tema más furioso del álbum y no por nada lleva en su título la referencia a Charlie Parker, pues los saxofones se ocupan de recordarnos su inconfundible estilo.

Entre otras cosas, Mingus es recordado también por su activismo un tanto beligerante en contra de las tendencias racistas. Muestra de esto es el swing burlón y un tanto patético titulado “Fables of Faubus”, dedicado al entonces gobernador de Arkansas Orval Faubus, conocido por sus discursos y políticas sumamente racistas. Sin necesidad de usar una sola palabra y con una maestría que sólo Mingus poseía, este tema ridiculiza al referenciado y da cátedra de cómo un lenguaje como la música es capaz de expresar ideas complejas e, incluso, toda una ideología.

Hacia el final de Mingus Ah Um encontramos “Pussy Cat Dues”, una melodía que por momentos recuerda ciertos pasajes de “Rhapsody in Blue” de Gershwin, pero que tiene el acierto de desmarcarse de esta a través de las suculentas improvisaciones de cada uno de los músicos, incluido el propio Mingus que ataca con un solo parsimonioso y delicado.

Mingus Ah Um cierra con un tema que el mismo año había sido lanzado por Rhino Records en el disco Blues and Roots bajo el título “My Jelly Roll Soul” y que en este disco aparecería simplemente como “Jelly Roll”. El tema es un tributo al llamado “padre del jazz”, el pianista Jelly Roll Morton, que se manifiesta a través de un ragtime con jugueteos de dixieland, pero que también deleita con sus improvisaciones poderosas.

Veinte años después de su lanzamiento original, el disco fue reeditado con la inclusión de tres temas que en su momento quedaron fuera de la placa original: “Pedal Point Blues”, “GG Train” y “Girl of My Dreams”. El primero guarda cierta similitud con “Boogie Stop Shuffle”, pues también refleja el estilo jazzístico del Nueva York de aquellos días. El tercero es una composición al estilo de las grandes bandas, amoroso y alegre, que desentona un poco con el resto de los temas, pero que igual resulta fantástico. La omisión de ambos no sorprende demasiado. Otra historia es la de “GG Train”. Por qué motivo quedó fuera de la primera versión es un misterio, pues es sumamente propositivo y enérgico, una muestra de las mejores composiciones de free jazz concebidas por Mingus, donde los solos saltan del tema a la atonalidad con perfecta fluidez.

Cada uno de los temas que conforman Mingus Ah Um, es una clase de jazz y de talento, de furia y de creatividad. En algún momento, Charles Mingus soltó una frase que marcaría para siempre la historia del jazz al definir al género como “la música clásica negra”. De golpe y porrazo y con tan poquitas palabras, Mingus daría un sentido único y poderoso a esa música que durante tanto tiempo fue mal vista y denostada. A la vuelta de 54 años, Mingus Ah Um, y en general toda la obra de Charles Mingus, es un referente obligado de la tradición jazzera y un deleite sin par para los oídos y el corazón. 

Emplearíamos tal concepto no por creer que es malo o deleznable, sino por todo lo contrario, pues Mingus se cuece aparte en el gran perol de la música y del jazz." data-share-imageurl="">

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