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Mientras tanto… otro tango en París ¿Fusión de culturas o cultura de la fusión?

 

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española (RAE) la definición de “exótico” es: adj. Extranjero, peregrino, especialmente si procede de un país lejano. Adj. Extraño, chocante, extravagante.

Jean-Pierre Warnier, en su libro La Mundialización de la Cultura, cita a J. Pouillon quien define al concepto de tradición como, “aquello del pasado que persiste en el presente, donde se lo transmite y permanece activo, y es aceptado por quienes lo reciben y a su vez lo transmiten de generación en generación”. [1]

Finalmente, el mismo autor cita a Edward Tylor quien en 1871 define dos términos ricos en polémica y siempre exhortantes al debate, cultura ycivilización: “totalidad compleja que comprende los conocimientos, las creencias, las artes, las leyes, la moral, la costumbre y toda otra capacidad o hábito adquirido por el hombre en su condición de miembro de la sociedad”. [2]

¿Qué relación existe entre los conceptos anteriormente planteados? Y ¿cómo se pueden relacionar con las expresiones musicales? Para comenzar habrá que destacar que todos los elementos que puedan caber dentro de los parámetros de la cultura y la civilización se encuentran siempre sometidos al paso del tiempo. Es aquí en donde la tradición entra en juego, ya que es aquella carreta del pasado que siempre lleva paso firme y constante en el presente, que mientras marche seguirá existiendo, de lo contrario perderá la esencia. Por último, el término “exótico”, el cual, más allá de lo definido por la RAE, siempre destaca por su naturaleza sorpresiva, por ser el objeto más claro de la otredad, y por ser esa parte tangible de lo desconocido. Lo cual siempre resulta atractivo.

Respecto a la música, debemos considerarla como una fiel expresión de los pueblos y las personas. Cada música lleva en hombros, en mayor o menor medida, la herencia cultural de quienes la hacen manifiesta. Independientemente del género, corriente o moda, las expresiones sonoras siempre mostrarán temporalidad (o atemporalidad, dependiendo el caso, pero siempre con una referencia cronológica), idioma propio (lingüístico o musical), materia prima propia (instrumentos, voces, ensambles, etc…), y otro sinfín de elementos que reflejarán algún tipo de identidad.

Cronos vuelve a hacer de las suyas. Es a partir de 1990 cuando, con la caída del muro de Berlín (y todo el cambiante contexto que esto supuso) es que la nueva era de las fusiones acapara la atención del mundo entero. ¿Apostar por lo local y tradicional, o apostar por el hiperconsumo (elemento característico de las sociedades corrientes)?. Como bien dice Jean-Pierre Warnier, “la mundialización de la cultura es una de las consecuencias del desarrollo industrial”, y es con esto que tenemos los dos elementos que componen ese tan debatido término, cultura globalizada: un elemento o concepto local, definido y exportable, y los medios de producción y difusión para llevarlo siempre más lejos de las fronteras nacionales.

Entonces, la difusión cultural, ¿es un reto y una oportunidad de hermanar a los distintos pueblos del mundo bajo las expresiones culturales locales? O, ¿es una amenaza a la esencia identitaria de los pueblos?

Bajo esta interrogante es que sociólogos, antropólogos, historiadores, artistas, politólogos, economistas y demás han desarrollado posturas, teorías, proyectos y modelos de inclusión cultural, así como de rechazo contracultural. Vivimos en sociedades sumamente complejas en donde existen, coexisten, difieren, y se amalgaman todo tipo de idiosincrasias, filosofías y posturas culturales, en donde hay quienes son lo más extremadamente puristas, pero, por otro lado, están los que siempre tenderán a que en la mezcla está el futuro.

Como se dijo anteriormente, si la música es reflejo de los pueblos que la expresan, entonces debe comportarse como ellos, es decir, evolucionar a través de la historia. Los hombres y los ritmos se comportan igual, responden a estímulos, buscan vacíos para llenar, buscan oídos para ser escuchados y buscan los canales necesarios para expresar todo aquello que llevan cargando detrás. Por eso no sorprende que en la actualidad la oferta musical sea tan rica, tan vasta y tan compleja.

 

LA FUSIÓN

Es verdad que desde el comienzo de la era posmoderna las fusiones musicales han sido atractivas en gran medida para los oídos actuales, pero no olvidemos que esto no es exclusivo del hoy en día.

Una de las muchísimas virtudes de Miles Davis fue la de estar siempre a la vanguardia. Fue desde finales de la primera década del siglo pasado un visionario y un pionero en cuanto a fusiones se refiere. So What, en conjunto con John Coltrane, es un tema que invita a la improvisación sin fin de todas las músicas del mundo. Resulta un terreno neutral para poder hacer y deshacer en lo que a armonía se refiere. Incursionó con escalas arábigas y elementos musicales típicos del sur de España. Fue tan acústico y tan electrónico como le dio la gana y como creyó que el sonido de los instrumentos expresaría la era tecnológica de los pueblos. Finalmente, toda su obra queda catalogada bajo el nombre del jazz.

Evolución sentido de la vida. Es la continua renovación o reafirmación lo que mantiene viva la llama de la identidad de las músicas. La capacidad de evolucionar o avanzar no necesariamente se refiere a la fusión, sino que conforme continúe el paso del tiempo, algunas músicas, en vez de amalgamarse con otras, buscaran reafirmarse para que nuevas generaciones conozcan íntegramente sus características. Un ejemplo de esto es el mariachi mexicano.

 

EL TANGO

Si bien este género rioplatense, en su origen, es retoño de la mezcla de sus ancestros inmediatos como la tarantela, tangos y tanguillos andaluces, música balcánica, tirolesa, celta, entre otras, entonces no sorprende que exista una manifiesta gracia por él más allá de las fronteras argentino-charrúas.

El tango habla de desamor, de nostalgia, de vida, de la falta de ella, de sueños, de derrotas y de victorias, es decir, de todo aquello que recuerda al humano que es humano. El tango es carnal, porque habla de cosas tangibles, pero es espiritual porque siempre lleva la impresión de un sueño bajo la manga. El tango es plural, porque no lleva un tiempo definido, el tiempo es tan personal como cada quien decide vivir su vida. El tango rompe esquemas, como las personas lo hacen día a día, instante a instante, en la sociedad. En pocas palabras, el tango dejó de ser rioplatense desde el momento en que comenzó a ser humano. Un tango lo baila, lo toca y lo canta quien lo siente, no quien lo aprende.

Pero esto no sólo sucede con este género tan pasional, pasa con todos, porque todas las músicas viven cada vez que llegan al alma de su escucha, independientemente de su denominación de origen.

 

 

PRODUCTOS CULTURALES DE EXPORTACIÓN

Ahora bien, ¿qué diría la industria musical enfocada al mercado global sobre un producto cultural de alto alcance como el tango? Si este género resulta tan humano, entonces cada persona resultaría un potencial cliente. Pero seamos justos, no toda persona es afín a él, pero pongamos que si es una música que llega a quienes buscan el amor desesperadamente, a quienes lloran un amor eternamente, a quienes viven soñando y a los que sueñan viviendo, entonces no hay límites geográficos para toda producción musical de esta índole.

Gilles Lipovetsky y Jean Serroy escribieron en 2010 La Cultura-Mundo, una publicación que resulta un impecable análisis sobre la conducta de consumo de los ciudadanos de estas sociedades orientadas al hiperconsumo. Si existe este concepto, es entonces que existe una hiperproducción, por lo tanto todo nace de una hiperdemanda. ¿Qué pasa cuando los parisinos cotizan altamente todo aquello que suene a tango? La industria se pone a trabajar. ¿Qué sucede cuando hay algo en el tango que gusta, pero la música de moda es el hip-hop? Entonces la fusión entra en juego, se mezclan y a un beat comercial se le incorporan “sampleos” de un bandoneón porteño. Y así todos contentos, todos trabajando y todos consumiendo.

Pero ¿qué pasa con aquellos férreos defensores de las identidades locales, con los que dicen que la calidad de la cultura depende en su inmaculada pureza? Suena extremista, pero hay quien aún tiene esto como un pilar indiscutible de la esencia de los productos culturales.

Imposible resulta responder con exactitud a todas las interrogantes planteadas con anterioridad, pero sí se puede abrir la reflexión sobre los temas tocados. Cada escucha es un mundo distinto, una diferente posibilidad y oportunidad de interpretar al mundo sonoro. Dejemos la decisión de los localismos a los mismos locales, pero abramos las puertas y los canales de difusión para que los niveles interpretativos de la cultura musical siga creciendo y evolucionando. Aunque vale la pena igualmente reflexionar sobre el abuso y la sobre explotación de los productos culturales, en donde lo más preciado, que es su herencia cultural y sus valoraciones, se pueden poner altamente en riesgo.



[1] Puillon, J., “Tradition” en P. Bonte y M. Izard, Dictionaire de l´ethologie et de l´anthropologie, PUF, págs. 710-712, 1991, París.

[2] Warnier, J.P., La Mundialización de la Cultura, Gedisa, pág. 11, 2002, Barcelona. 

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