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Micro-mecenas: todos somos A&R

Imagen de fabian

Los que precedemos a la generación del myspace, las redes P2P y el streaming, solemos recordar con cierta nostalgia a una figura clave de la industria discográfica tradicional: el rastreador de talentos, el insigne miembro de los departamentos de A&R (artistas y repertorio) de aquellas monstruosas corporaciones, cuya función era decidir quién grababa y quién no. Recordamos a esas figuras con nostalgia, pues muchos soñamos con ser uno de ellos: los de espíritu aventurero viajando por el mundo, recorriendo bares y garajes en busca de un diamante en bruto; los sedentarios, anclados en sus oficinas y recibiendo todos los días demos y más demos. Pero también los recordamos con una fuerte dosis de rabia. Para empezar por envidia pura, ya que nunca fuimos parte del selectísimo grupo. En segundo lugar, porque fuimos testigos de cómo en sus manos se hacían trizas proyectos realmente valiosos, truncando carreras por diferencias personales y comerciales,  desechando todo aquello que no encajara en los moldes de los géneros prefabricados.

 

Pero hoy, gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, acudimos a un empoderamiento real y creciente del consumidor, una oportunidad para participar de la generación de espacios y sistemas nuevos a través de herramientas como el crowdfunding y convertirnos en un A&R de inteligencia colectiva.

 

Música, tecnología, mercado

 

Pensemos en un contexto sin Internet (es difícil, lo sabemos, pero hagamos el esfuerzo). Para dar a conocer su trabajo, una banda tenía que recurrir necesariamente a una disquera, grande o pequeña, y convencerlos de invertir, pues entonces los costes de grabación eran bastante altos. Luego de eso, emplear tiempo, esfuerzo e incluso dinero para colocar un single en la radio. Esperar a que tuviera eco y, por fin, tocar en vivo. El primer filtro en este contexto eran precisamente los departamentos de A&R.

 

Con la entrada de la tecnología digital, y más precisamente con el desarrollo de formatos almacenables y reproducibles en un ordenador (mp3, wav, flac y el largo etcétera), la música se volatiliza y el formato físico, el mercado del disco, sufre una primera debacle. Esto se debe a tres circunstancias básicas: una mayor comodidad para la portabilidad de la música (teléfonos celulares, reproductores de mp3 y el famosísimo iPod), la dilución de los costos de producción en la maquila de copias (proveer un sistema de descarga de canciones es infinitamente más barato que copiar CDs) y un comportamiento similar en los gastos de distribución (no copias físicas es igual a no gastos de traslado y pago de exhibición en anaquel).

En un lapso relativamente breve, el costo de la música comenzó a mostrar una tendencia a cero. Lejos de lo que pudiera pensarse esto no representó un repunte de las compañías discográficas, sino más bien sirvió para mostrar sus abusos monopólicos. Sumemos a esto el hecho de que también las tecnologías de grabación redujeron su costo y las redes sociales permitieron al artista ser su propio manager o generar una plataforma de distribución costeable.

 

¿Parece poco? De acuerdo, agreguemos también el desarrollo de sistemas de intercambio entre usuarios, la llamada piratería digital, tanto en su versión P2P (Napster, Kaaza, Gnutella) como en su versión de almacenamiento de ficheros (Megaupload, Rapidshare, Mediafire). En el contexto de las nuevas tecnologías de información y comunicación, la discográfica comienza a convertirse en un dinosaurio industrial cada vez más endeble y que amenaza colapsarse.

 

Reconvirtiendo el modelo de ¿negocios?

 

Ninguna lógica empresarial, ninguna, se cruzará de brazos a esperar el colapso y la quiebra total. Pero mientras replantean cómo moverse dentro del nuevo contexto, otros actores entran en escena: a principios del siglo, la industria de la música y en general las industrias culturales, empiezan a buscar nuevas oportunidades dentro de la red.Lo primero y más lógico fue trasladar el comercio minorista a Internet. Los llamadod e-reatilers, como Amazon, convierten a la web en el escaparate ideal: no paga renta, su mantenimiento es más barato y tiene alcances geográficos que crecen exponencialmente. Pero el arribo de la web 2.0 vuelve a modificar las tendencias. Las redes sociales, el blogging y el micro blogging toman fuerza como herramientas de distribución informativa, el podcasting abre espacios inexistentes e incluso impensables en la radiofonía tradicional. Un horizonte completamente distinto se va construyendo: open source, e-marketing, comunidades virtuales. Y entre la jungla de nuevos términos y posibilidades para la creación, nace el crowdfunding.

 

Crowdfunding, financiamiento en masa, micro-mecenazgo, asociación de capitales libres en pequeña escala. Podemos llamarle de mil formas, pues sus posibilidades son medianamente inaprehensibles. ¿Qué es el crowdfunding? Imaginemos que usted tiene un proyecto. Una banda que mezcla klezmer con rockabilly y música de circo. Por más calidad que tenga, por mucho que pudiera gustar, ningún A&R se atrevería a validar semejante disparate. La razón es simple: demasiado riesgo en una inversión que pudiera funcionar, pero pudiera no hacerlo. La coperacha armada entre cuates y familiares probablemente le serviría para armar un demo cuando menos decente. Pero de ahí a grabar un álbum hay un abismo de diferencia. Y sin embargo, usted sabe que su propuesta tiene futuro. ¿Cómo financiarlo?

 

El crowdfunding parte de una idea básica: ahí afuera, fuera de las grandes estructuras comerciales y los subsidios gubernamentales queremos decir, hay gente con proyectos y sin dinero para ponerlos en marcha, pero también hay un público cansado de la oferta “cultural” clónica y plástica, del mainstream, y que está dispuesto a consumir ideas frescas. La solución: ponerlos en contacto.

 

La triada de este sistema está compuesta por los creadores, los intermediarios y los financiadores. Por creadores se entiende todo aquel demente que tiene una idea y está necio por darla a conocer al mundo, busca hasta debajo de las piedras el modo para hacerlo. Los intermediarios son otra tanda de desequilibrados que insisten en que el contexto cultural no es acotado, pero que hay pocos impulsos para su expansión, entonces generan una plataforma virtual para pedir dinero. Los financiadores, finalmente, son los más deschavetados: gente dispuesta a dar su dinero para concretar alucinaciones ajenas.

 

¿Cómo funciona el crowdfunding? Grosso modo, consta de cinco sistemas cuya operación varía dependiendo de la plataforma:

 

  1. Un sistema de exposición de proyectos. El proceso inicia con la elaboración de un proyecto bien definido (la grabación de un disco, por ejemplo), es decir, que incluya objetivos claros, tiempos de realización viables y un presupuesto bien desglosado. El creador envía su proyecto a una fondeadora, los intermediarios, para colocarla en un portal web donde la gente pueda conocer al detalle esos objetivos y se pregunte si quiere aportar a la causa o no.

 

  1. Un sistema de toma de decisiones. Aquí es donde encontramos un poco más de diversidad operativa. Algunas fondeadoras tienen un consejo que evalúa la viabilidad del proyecto y sirven como filtro. Algunas otras suben todo aquel proyecto que llegue, independientemente de su viabilidad y el resto genera filtros intermedios como una etapa de votación previa al financiamiento.

 

  1. Un sistema de tiempo de vida. El creador que ya ha colocado su proyecto en línea tiene un tiempo limitado para obtener el monto esperado. Una vez cubierto ese tiempo, se le entrega la cantidad recaudada sí y sólo sí, llegó al presupuesto planteado (la fondeadora obtiene una comisión de ese monto que oscila entre el 10 y el 20%). En caso de no completar la recaudación el proyecto se desecha y los financiadores recobran su dinero.

 

  1. Un sistema de pago electrónico seguro. Una vez que el proyecto se encuentra en línea, el público comienza a participar de la recaudación a través de sistemas electrónicos de pago (PayPal es el más socorrido), con una seguridad extra: si el proyecto no llega a cuajar, la fondeadora no le cobrará un solo centavo.

 

  1. Un sistema de recompensas. En este punto el modelo se quiebra completamente. En una lógica tradicional de mercado, se cambian cachivaches por dinero. La lógica del crowdfunding, es distinta. Para empezar, los financiadores pueden aportar la cantidad de dinero que quieran,  a cambio, el creador ofrece una gama de recompensas que crecen según crece el aporte. Por ejemplo, si yo aporto un dólar para la grabación de un disco obtendré una copia del primer single, pero si aporto cien, recibiré boletos para un concierto, una camiseta exclusiva y el disco… Si aporto cinco mil, la banda vendrá a tocar a mi casa.

 

Allá arriba dejamos una pregunta sin responder… ¿Qué es el crowdfunding? Más allá de su traducción y más acá de su funcionamiento, este sistema de financiamiento masivo implica al menos cuatro procesos completamente nuevos.

 

En primer lugar, un empoderamiento real e inédito del consumidor. Por primera vez en mucho tiempo, el público está en posibilidad de decidir no sólo lo que consume sino lo que se produce, al tiempo que interactúa con una oferta diversa y que está en posibilidades de construir.

 

En segunda instancia, el crowdfunding genera una independencia mayor para los artistas y creadores. Son ellos los que definen forma y fondo, tiempo y presupuestos. Pero sobre todo, pueden valuar su trabajo. En el fondo, esto representa de alguna manera el final de una larga historia de contratos amañados, la pérdida de privilegios sobre su propia creación y la incapacidad de decidir cómo y dónde exponer su música.

 

Tercera ventaja: el laberinto de instancias creadas entre el músico y el escucha se simplifica. La enorme lista de intermediarios (departamentos de A&R, de marketing, managers, minoristas, jefes de prensa) se reduce notablemente. Y si bien esto genera que el músico tenga que buscar una mayor eficiencia en la colocación de su obra, también provoca una relación de corresponsabilidad entre quien crea y quien escucha. El descaro de la piratería se entiende, en gran medida, por los desorbitantes abusos de las compañías y sistemas como este pueden ayudar a la construcción de una conciencia de consumo donde la relación comercial se reviste de una ética compartida.

Pero sobre todo, el crowdfunding representa una excelente alternativa para impulsar un contexto de diversidad en la cultura, de manera general, y en la música, particularmente. Es también, una oportunidad para que la sociedad paute las directrices de la creación y su relación con ella sin ataduras comerciales, políticas o burocráticas. Así es que si en su cabeza ronda una idea descabellada, no la crea tanto de ese modo, pues seguramente hay alguien afuera a quien le gustaría verla en marcha. Todos somos, de una manera más democrática y limpia, A&R.

 

Algunas fondeadoras

En España, www.lanzanos.com

Ha fondeado, entre otras proyectos, el más reciente disco de Canteca de Macao, Nunca es tarde y el segundo álbum de La Malarazza, Il Movimento, recaudando 5,000€ y 20,000€ respectivamente.

 

En México, www.fondeadora.mx

Gracias a esta plataforma fue posible lanzar el compilado doble de Discos Tormento, WOW 2011, que requirió un fondo de $18,000 pesos. Actualmente se encuentra en proceso de recaudación el álbum debut de Sonido Desconocido 2, que ha reunido ya el 94.5% de los $28,000 pesos solicitados.

 

Un dato adicional: corre el rumor que la fondeadora estadounidense, Kickstarter, financia más proyectos por año que el fondo para las artes del gobierno norteamericano.

que precedemos a la generación del myspace, las redes P2P y el streaming, solemos recordar con cierta nostalgia a una figura clave de la industria discográfica tradicional: el rastreador de talentos, el insigne miembro de los departamentos de A&R (artistas y repertorio) de aquellas monstruosas corporaciones, cuya función era decidir quién grababa y quién no." data-share-imageurl="">

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