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Las Zampoñas, vientos prehispánicos en la modernidad

Imagen de pablo

Seguramente usted, amable lector, ha visto este instrumento en varias ocasiones, pero nunca ha recordado como se llama. La zampoña es un instrumento proveniente de la región de los andes, construido a partir de tubos de bambú, atados en hileras en orden descendente. Existen variaciones de este instrumento en una, dos, tres y hasta cuatro hileras, en diferentes tamaños y presentaciones. Cada variación corresponde a un uso o cultura particular, reflejando parte de la identidad y cosmovisión de las culturas que lo tocan. Así, se trata de aerófonos precolombinos sobrevivientes y contemporáneos que reflejan el vínculo ancestral de civilizaciones modernas con sus antepasados. He aquí una breve reseña sobre sus orígenes, usos y variaciones.

Existen evidencias físicas de que las zampoñas o sicus estaban presentes en la región de los Andes, mucho antes de la llegada de los españoles. Se han encontrado instrumentos de este tipo en tumbas de las culturas Tiwanakotas (siglos XI y XII), Calamuchita (Argentina) y Yura (Bolivia), pero se estima que su desarrollo se inicia hacia el siglo V, en la cultura Wari, localizada al sur del actual Perú. La presencia de estos aerófonos se encuentra todavía en la música tradicional de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, todos ellos países que comparten la cordillera de los Andes, la cual tiene más de 7,500 kilómetros de largo. Se han encontrado sicus hechos de piedra, hueso, madera y cerámica, aunque su presentación más común es en tubos de bambú o caña hueca, y en algunas culturas se construyen a partir de las plumas de los pájaros de la región (como el condor). La especie más utilizada para su construcción es la llamada caña Chuqui, una planta abundante en zonas calidad y templadas de la región andina.

Las culturas que más uso y difusión ha dado a este instrumento son, sin duda, los aymaras y los quechuas. Los primeros son los que le dieron el nombre de sicu, los segundos, antara, cuyos nombres derivan del mote de la caña que se utiliza para su construcción o es la traducción literal de “tubo que da sonido”. El nombre de zampoña es europeo y proviene del latin “sumponia” o “symphonia”, el cual quiere decir sinfonía o concierto.

Hay varios tipos de sicus, cuyos tamaños y afinaciones varían conforme a la región de la que provengan, obedeciendo a costumbres y tradiciones. Hay zampoñas de una, dos, tres y hasta cuatro hileras. Cada flauta o tubo tiene una boquilla en la parte superior y es tapado en el extremo inferior con el bloque natural de los nudos de la caña. Los hay también destapados por ambos lados, los cuales son usados como resonadores. El sentido correcto del instrumento presenta los tubos cortos a la izquierda y los largos a la derecha. El otro sentido, según narra Ernesto Cavoyr Aramayo, representa la intromisión definitiva de la cultura occidental.

En cuanto a las formas, las antaras, de una sola hilera, son las más antiguas y se les puede encontrar desde dos o más tubos. Estas tienen mayor presencia en la región del Perú, aunque no son exclusivas de ese país. Hay otro modelo similar que responde al nombre de rondador, típico de Ecuador, el cual alterna dos escalas pentatónicas y cuya ejecución implica el soplo simultáneo de dos o más tubos, generando acordes y armonías.

Los sicus más conocidos son los de dos hileras. Se cree que en algún momento, los luriris (constructores de sicus) encontraron necesario agrupar los tubos para no tener una gran cantidad en una sola fila. Así, alternaron las notas y dividieron la escala en dos. Esta presentación también exhibe varios tamaños tradicionales, los cuales están afinados en octavas paralelas. Los más comunes se catalogan de la siguiente manera: Ch’uli, la más pequeña y sus tamaños varían entre los cuatro y los 14 cm; la malta, de tamaño mediano, está afinada una octava abajo del ch’uli y sus medidas van de los ocho hasta los 29 cm; sanka, que significa pie grande, es el doble de la malta y cuenta con tubos de 17 a 60 cm. Le sigue el toyo, el bajo, con tubos de 35 hasta 116 centímetros; por último, están los contra toyos, los más graves de todos, con tubos que alcanzan los 2.3 metros. Cada una de estas variedades puede presentar hileras de cuatro y cinco tubos, seis y siete, ocho y nueve, diez y once, y así sucesivamente. La presentación más común es la de seis y siete tubos, afinada en sol mayor.

En las zampoñas de dos hileras, cada fila tiene un nombre particular. La fila con menor número de tubos se llama ira, que en aymara significa “el que lleva”. Por su parte, la fila con mayor número de tubos se llama arka, “el que sigue”. Esto tiene una explicación detrás que da cuenta del espíritu comunitario precolombino que aún impera en las sociedades que mantienen la zampoña como instrumento fundamental de su cultura. Una manera de ejecutar las melodías es entre dos músicos o grupos de zampoñeros. Cada grupo toca una fila determinada, dividiéndose la armonía, tocando de manera trenzada y creando un diálogo musical, o como ellos lo llaman: ejecución comunitaria. Esta vida en “comunión” tiene un vínculo directo con sus ancestros y es reflejo de los aspectos culturales que todavía mantienen las sociedades indígenas en la actualidad.

En este sentido, algunos aerófonos conservan rasgos prehispánicos y en muchas ocasiones su construcción está íntimamente ligada con herencias ancestrales. Como muestra, para la construcción de dichos instrumentos los lururis utilizan un metro que ellos llaman taquiña (que en aymara significa medida), una varilla construida de la misma caña, donde llevan unas ranuras que señalan el tamaño que debe tener cada instrumento. Los artesanos tradicionales los construyen fieles a las medidas que dejaron sus antepasados. Actualmente, algunos constructores de sicus ajustan esa medida para afinar el instrumento. Los músicos profesionales han ajustado sus zampoñas con tonos más precisos, dada las exigencias musicales de la actualidad. Sin embargo, muchas culturas mantienen los tamaños tradicionales y, en algunos casos, los músicos extranjeros encuentran los instrumentos desafinados. Sin embargo, se dice que la escala “andina” no está del todo sumergida en el mundo de los parámetros occidentales.

En este sentido, las zampoñas están íntimamente ligadas con rituales ancestrales. Este instrumento es interpretado en regiones donde prima lo festivo, los ritos religiosos, agrícolas e incluso mágicos. Se ha descubierto que estos objetos musicales se encontraban en las tumbas ya que se cree que servían para acompañar a los difuntos más allá de la muerte. En las culturas preincaicas, el instrumento era tocado en ceremonias como la danza de los muertos de la cultura mochica. En estas, los músicos tocaban antaras buscando el contacto entre el mundo de abajo con el de arriba. Asimismo, en las escenas de combate, guerreros de bandos opuestos tocaban estos instrumentos antes de la confrontación. Otra mención a destacar es que en el ámbito rural se realizan ritos como muestra de respeto a la pacha mama, la madre tierra. En tiempo seco, el “awti pacha” no se permite tocar los pinquillos o aerófonos con pico, ya que estos corresponden al ciclo “jallu pacha”, la época de lluvias y de siembra. Según la cosmovisión andina, si no se respeta esa tradición llegarán las heladas. En algunos otros contextos tradicionales las zampoñas sólo pueden ser interpretadas con percusiones, aunque en el ámbito mestizo, la música es combinada con otros instrumentos como la quena o el charango. Por lo general son tocados en tropas, grupo de músicos, las cuales varían de tamaño y composición. Ejemplos de algunas tropas son los k’antus, los italaques, los pusamorenos, los laquitas, los ayarachi, suri-sikus, jula lujas, entre muchas otras. Algunas tropas sobrepasan los 100 elementos. El record lo establecieron en 2004 en La Paz, Bolivia, donde se juntaron 2,317 zampoñeros.

La agregación de tubos a los extremos responde a la evolución de la música tradicional, buscando ampliar el registro sonoro del instrumento. Al tamaño más usual de seis y siete tubos, se le han agregado tubos en ambos extremos para completar dos octavas de la escala. Se mencionó en este texto que la afinación más común es el sol mayor. En algunos casos se encontrará que la zampoña está afinada en mi menor, esto es porque estos instrumentos se nombran según su relativo menor. La evolución musical ha provocado variaciones en el instrumento, ya que las composiciones modernas exigen la utilización de semi-tonos. Estando afinada en la escala de sol mayor, todos los tubos están afinados en notas naturales, con excepción del fa, el cual es sostenido. Para resolver el problema de los semitonos, se le ha agregado una tercera fila con los sostenidos faltantes y el fa natural. Así, se han incorporado las zampoñas cromáticas en el repertorio andino de música.

Hasta aquí una pequeña introducción al gran mundo de las zampoñas. Existen una gran variedad de aerófonos y cada uno trae consigo un gran bagaje cultural detrás. Escribir y detallar sobre todas ellas nos llevaría toda una vida y al menos un libro de al menos 500 páginas. Si usted quiere profundizar sobre el tema, el boliviano Ernesto Cavour Aramayo ha escrito un libro al respecto y ha creado una enciclopedia de los instrumentos bolivianos. Este libro es resultado del trabajo de una vida entera, que le ha llevado a coleccionar todo tipo de zampoñas y a viajar por todas las comunidades de Bolivia y zonas aledañas, para conocer a fondo este y otros instrumentos. Su búsqueda lo ha conducido a abrir un museo de instrumentos musicales en la ciudad de La Paz, en Bolivia. Ahí hay muestras físicas de todas las variedades de sicus que se han encontrado hasta la fecha, así como las evoluciones que ha tenido este particular instrumento. Si usted algún día tiene la posibilidad de viajar a ese hermoso y enigmático país, recuerde visitar a este señor, quien aún atiende personalmente su museo.

 

 

(Publicado originalmente para el N10, Octubre 2012)
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