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La otra cara de la música mexicana

Hoy día a nivel mundial cuando se habla de música tradicional mexicana generalmente se le asocia con la música ranchera debido a la difusión masiva que gozo el cine de oro mexicano allá por los años treinta a los sesentaPor razones históricas se le atribuyo a la música mexicana este estereotipo, un estereotipo creado por el gobierno de esos años y demás interesados los cuales querían fomentar el nacionalismo.

 

Se pretendía hacer creaciones estilizadas las cuales cumplieran patrones estéticos para así tener una proyección internacional. Sin embargo solo con el hecho de pensar en la extensión geográfica de este país, es suficiente para poder tener en cuenta la variedad de músicas que existen realmenteDesde mi punto de vista, todas las músicas que pasan desde la Huasteca, por la llanura del Sotavento hasta los estados del sur como Oaxaca y Chiapas, gozan de una pureza e identidad ajena a esas músicas rancheras. Las músicas de todas estas regiones pueden llegar a tener mucha fuerza, ya a que comparten raíces de mayor profundidad étnica a su vez de contener elementos folklóricos con mucho bagaje cultural y bastante historia. Todas estas músicas forman parte de un México desconocido para muchos, pero por su singular estética no tardará en ser contemplada a nivel internacional, si no es que ya lo es.

 

Se pueden ver premoniciones de una nueva música mexicana; se rompe el estereotipo y se avanza al conocimiento de la diversidad. De manera comercial ya destacan exponentes como Lila Downs o un Café Tacuba que introducen a la corriente principal (mainsteam) sones de estas regiones. Ya se puede ver por ejemplo a Los Cojolites y a Mono Blanco participando en festivales internacionales y bandas sonoras de películas de distribución masiva. Músicos de gran talla como Ry Cooder o The Chieftains no dudan en hacer colaboraciones con grupos de intenciones tradicionalistas como Los Folkloristas. Los estudiosos de músicas cultas no me dejaran mentir, ya que estas premoniciones vienen en un inicio desde los cuarenta como la famosa composición Huapango, de José Pablo Moncayo. De manera personal yo estoy completamente atraído por el son jarocho, pues me parece que tiene lo necesario para ser apreciado por todos sin importar de dónde vengan.

 

El son jarocho y el fandango, legado del mestizaje

 

Cada vez que escuchamos la palabra “fandango” nos pueden venir a la mente un sin fin de significados, pero dado su origen cercano a la danza y a la musica, creo yo que existen tres formas claves de interpretación de lo que es el fandango. La primera sería en referencia a la tradicion popular que se celebraba en los pueblos por toda la península Ibérica. La segunda forma sería aquella fusión de este baile de exhibición con el flamenco, siendo actualmente considerado como un palo del mismo. Y la tercera, de la cual hablaré, es aquella tradición festiva veracruzana que por su complejidad e historia se puede considerar hasta una disciplina artística, tanto dancística como musical.

 

Obviamente la raíz de estos tres tipos de fandango, etimológicamente hablando, es española, sin embargo no se puede decir con certeza si su origen musical sea meramente español, dado que aquellos bailes populares, ya contenían elementos tanto de los esclavos de color como de la cultura de los Tuxtlas, es decir es algo así como los cantes de “ida y vuelta”. De hecho un diccionario de la época define el fandango como un “Baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias"[1]. Pero como la pretensión no es encontrar el eslabón perdido, mejor adentrémonos al fandango de tradición jarocha.

 

Aquí el fandango es toda la ceremonia donde por excelencia se escucha el famoso son jarocho. Un producto de la transculturación indígena, hispana y africana, famoso por su riqueza y picardía. Famoso por contar con un extenso repertorio de canciones populares que mantienen sus orígenes regionales. Dentro de la música mexicana, el son jarocho juega una parte fundamental. A la vez que conserva su autonomía, este son ha influido en músicas de otras regiones. El son jalisciense conocido por su representación mariachi y quizá el más conocido, le debe mucho al son jarocho. A veces suelo decir a las personas que nunca lo han oído, que el son jarocho es como los mariachis pero sin ser ranchero, es decir es un son más de campo, de puerto y definitivamente con otra chispa, que gracias a su autonomía cultural consta de elementos únicos, como por ejemplo su instrumentaría.

 

Instrumentación

 

Dentro del son jarocho, es la jarana la reina indiscutible de entre todos los instrumentos. Es un instrumento parecido a la guitarra que lleva la armonía y se ejecuta con rasgueos sincopados. Tiene diferentes variaciones por su tamaño y por su tipo de afinación, sin embargo todas comparten 5 órdenes de cuerdas de las cuales las tres centrales son dobles, pueden ser octavadas o al unísono. Podemos encontrar la jarana tercera, la más grande, que mide aproximadamente 90 cm; la jarana segunda de entre 70 a 80 cm, la jarana primera de entre 55 a 70 cm, hasta el diminuto mosquito.

 

Sin soslayar los demás instrumentos que complementan la parte armónica, encontramos el requinto, instrumento también fundamental de este son. El requinto es el que juega a manera de contrapunto con el canto y cuenta con propiedades melódicas y rítmicas particulares. Como la jarana, éste también varía en sus tamaños. Luego está la leona, a veces llamada bocona, vozarrona o totolona, que se encarga de definir los graves. Por último, dentro de la sección armónica y melódica, agregando un timbre especial, encontramos el arpa jarocha, una voz más que le da carácter y riqueza tímbrica.

 

Como parte percutiva de bastante singularidad, está la quijada de burro, que se toca utilizando una baqueta mediante la cual se hacen vibrar los dientes, generando un sonido parecido al güiro, pero con su denominación de origen. Para complementar, otra parte percutiva de vital importancia es el zapateado, que es cuando los bailadores se convierten en instrumentistas.

 

De vez en cuando se llegan a ver panderos, violines y contrabajos, utilizados para darle más riqueza tímbrica, aunque no son considerados como instrumentos tradicionales jarochos. Sin embargo es bueno pensar que este son, así como debe conservar su raíz y tradición, también debe evolucionar para hacer del género una música con muchas variantes tímbricas que se sumen a la riqueza en los arreglos y la composición.

 

Estructura musical

 

Como toda la música, el son jarocho se puede desglosar en su parte armónica, su parte melódica y su parte rítmica. La voz, el requinto y el arpa siempre se encargan de llevar la parte melódica, es decir, la tonada que más resalta. Las jaranas dan la armonía, pero también juegan un papel crucial en la rítmica, pues dependiendo el tipo de rasgueo, se puede definir el son en cuestión.

 

La tradición lírica del son jarocho proviene de la poética española, en donde cuartetas, sextetas y décimas tienen gran preponderancia como se puede ver claramente en las canciones populares españolas. Sin embargo, el son jarocho se caracteriza por una peculiaridad sobresaliente, la asombrosa capacidad de improvisación a la hora del fandango. El cantante principal compone de manera espontánea versos que generalmente tienen algo que ver con lo que está pasando en el fandango, logrando así capturar a los asistentes con la intención de hacerlos participar declamando sus decimas o respondiendo al pregonero principal.

 

Hace algo de tiempo tuve la oportunidad de estar en un restaurante típico en Tlacotalpan, Veracruz, allá en las orillas del Río Papaloapan siendo testigo del fandango en su estado más puro. El pregonero, al ver que lo estaba filmando con la cámara que llevaba, declamó algunos versos que hacían referencia a la molestia que le causaba el que lo filmaran e invitándome a sentarme o a cantar, y todo esto de manera poética y cantada. Es esta la peculiaridad picaresca a la que me refiero. Sus famosas décimas improvisadas hacen que este son sea algo único. A la hora del fandango se llegan a ver auténticas contiendas poéticas llevadas al canto.



[1]Diccionario de autoridades, Real Academia Española, Tomos I-VI, 1er. edición, publicada 1726-1739. Editorial Gredos: 1963.

 

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