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John Cage, inventor del siglo XX

No es un compositor, es un inventor genial

Arnold Schönberg

En la década de los años treinta, siendo aún estudiante, John Cage ya gozaba del reconocimiento de sus contemporáneos como artista atípico y polémico, sin embargo, no era bien aceptado como músico entre sus compañeros. Sin duda alguna, no era músico en la misma forma en la que lo habían sido sus antecesores; él pertenecía a un nuevo género de exploradores que buscaban más allá de las convenciones de su oficio. Al igual que Beethoven o Mahler, Cage superó las expectativas de su época y se emancipó de los logros de sus maestros, grandes figuras de la vanguardia como Henry Cowell y Arnold Shönberg. Aunque sus primeras obras no son otra cosa que ampliaciones de técnicas dodecafónicas, la música de Cage fue ganando público por el interés que suscitaban los medios que utilizaba para producir sonidos, más que por sus formas compositivas. Como él mismo reconocería más tarde en una entrevista con el músico y crítico Richard Kostelantez, su interés nunca se centró en la música como producto acabado, sino por el contrario, en el proceso, es decir, más que el qué, su objetivo principal era el cómo. Por ello, Cage dedicó gran parte de su trabajo a inventar artefactos y métodos para crear música.

A finales de esa misma década, Cage diseñó dos de sus más celebres instrumentos, el piano preparado y el water-gong. El primero lo ideó para acompañar el ballet de Syvilla Fort titulado “Baccanale”, estrenado en 1938.

Originalmente, la música para la representación iba a incluir una orquesta de percusiones, pero al no haber sitio para el conjunto, cogió un piano y lo transformó en un set de percusiones ejecutado por un solo interprete, introduciendo entre sus cuerdas gomas, tornillos, pernos y otros objetos extraños al instrumento. Pronto, el piano preparado se hizo célebre en todo el mundo y el “bricolaje” aplicado a otros instrumentos se ha dado frecuentemente hasta nuestros días. Pero la forma en la que esta idea revolucionó la música iba mas allá del mueble, pues al perder su timbre y su afinación particular convirtió al piano en un operador de pequeños ruidos heterogéneos e impredecibles que producían una música fuera de cualquier esquema armónico y melódico, cuya ejecución nunca es igual dos veces.

El segundo instrumento, el water-gong, fue presentado para acompañar un ballet náutico en la Escuela de Educación Física de California. Según él, los bailarines que estaban dentro del agua no oían los sonidos y se perdían. Sumergiendo los gongs en el agua, mientras sonaban, se resolvieron los problemas de la sincronización, al tiempo que se producía un glisando. De nuevo, una solución práctica, gracias a la imaginación sin convenciones de Cage, había tenido como resultado un fabuloso instrumento que daba un sonido hasta entonces impensable en la música, sin embargo frecuente en la actualidad. Una vez más, había asentado el terreno para la música impredecible, de sonidos orgánicos e indefinidos.

Sin restar ningún mérito a estos experimentos, se podría decir que la obra más visionaria del joven Cage es la célebre Imaginary Landscape No. 1 para dos electrófonos de velocidad variable, sonidos sinusoidales de frecuencias distintas pregrabadas, piano y plato. Actualmente reconocida como el primer antecedente de la música electrónica y su interpretación en vivo. Para su estreno en 1939, Cage utilizó en el escenario dos micrófonos, uno para amplificar dos instrumentos de percusión normales, un gran plato chino y un piano tocado con una maza de gong, y el otro para amplificar frecuencias constantes usadas para pruebas de sonido en radio y estudios de grabación. Ese mismo año, Cage expresó lo siguiente: deben crearse centros de música experimental. En ellos se usarán nuevos materiales: osciladores, mesas de mezclas, generadores, medios para amplificar pequeños sonidos, fonógrafos, etcétera. Sorprendentemente esta proposición define el equipamiento básico con el que cuenta cualquier escuela moderna en la actualidad. ¡Cuantos hayan creído que Cage estaba loco se asombrarían al ver que toda la humanidad ha perdido la cabeza! Pero, pese a las oposiciones, el tiempo daría la razón al joven compositor y ya desde los años cincuenta la música electrónica se aceptaría como un hecho irreversible, hasta evolucionar en la que hoy conocemos.

Después de la guerra, la carrera de Cage alcanzaría su mayor esplendor como artista interdisciplinario. Desde los años cincuenta, colaboraría permanentemente en la compañía de danza Merce Cuninngham y sería asiduo invitado del Black Mountain Collage donde en 1952 presentaría su Theater piece No1, considerado el primer happening de la historia. En torno a estos años su relación con la filosofía oriental (en su caso más valdría llamarla occidental) se estrecharía de tal modo que el budismo zen se convertiría para Cage en una forma de vida. Como diría Umberto Eco, más que un músico fue el más inopinado maestro zen. Además adoptará el taoísmo como lección estética y ya nunca lo abandonará hasta su muerte. A partir de entonces inventó un sistema para componer en base a los designios de los dados y el I Ching, desligando así su gusto personal de la composición y sometiendo su música por entero al azar. Simbólicamente lo que haría Cage es aceptar el azar como principio de la naturaleza, cumpliendo así con la máxima del escritor indio Ananda Coomarswamy todo arte debe imitar la naturaleza en su forma de operar, con cuya obra estaba familiarizado.

Hasta su muerte en 1992, Cage fue un artista activo. Además de su producción musical, compuso acuarelas, litografías y notables ensayos sobre música y estética. Sin embargo, antes de morir confesó que si pudiera volver a empezar todo de nuevo sería botánico.

Este año se cumplen cien años del nacimiento de John Cage, además, han transcurrido ya veinte años desde su muerte. Por ello, hemos querido rendirle este pequeño homenaje, recordándolo, no sólo como un gran músico, sino también como un prodigioso inventor de cuyo ingenio emanaron algunas de las más grandes ideas que cambiarían el panorama estético del siglo XX e inevitablemente de nuestro siglo, pues, como dijo en una ocasión Schönberg, las leyes del hombre genial son las leyes de la humanidad futura.

(Publicado originalmente para el N9, Septiembre 2012)

No es un compositor, es un inventor genial

Arnold Schönberg

En la década de los años treinta, siendo aún estudiante, John Cage ya gozaba del reconocimiento de sus contemporáneos como artista atípico y polémico, sin embargo, no era bien aceptado como músico entre sus compañeros." data-share-imageurl="">

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