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Herbie Hancock figura del jazz contemporáneo

Durante cinco décadas, Herbie Hancock ha sido una de las personalidades más activas e influyentes del jazz, carrera que le ha merecido ya 14 grammys, cinco Mtv Awards y un Oscar,  así como diversos reconocimientos por su labor cultural y humanitaria, entre los que se destacan su inclusión en la Orden de las Artes y las Letras francesa y su nombramiento como “Embajador de la UNESCO por el diálogo intercultural”. Su personalidad musical, impresa a lo largo de más de 60 álbumes, se distingue por el más radical eclecticismo, mezcla de post-bop, jazz modal, hip-hop, funk, soul, RnB, pop o clásico, misma razón por la que es polémico y amado.

Se podría decir que Herbie es una metáfora viviente de la vertiginosa transformación de la música contemporánea, consecuencia de las nuevas tecnologías y el crecimiento industrial. Si bien, como él mismo dice, lleva en el “business más tiempo que el sintetizador”, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Hancock se resiste al paso del tiempo y continúa actualizado como el que más, pues es además un apasionado de la tecnología. Por ello, cuando hablamos de Hancock parece siempre que hablamos de un artista fresco y juvenil, incluso hoy, en la víspera de su 75 cumpleaños.

“Herbie iba un paso adelante de Bud Powell y Thelonious Monk, y jamás he oído a nadie que pueda seguirlo.” -Miles Davis-

Herbert Jeffrey Hancock nació el 12 de abril de 1940 en Chicago Illinois, donde su madre, Winnie Bell Griffin, y su padre, Wayman Edward Hancock, se habían mudado para llevar una vida más humilde después de que el padre de ella perdiera su fortuna. No obstante, no pasaron grandes necesidades, es más, gracias a una pequeña tienda de alimentos, nunca faltaron regalos de navidad y novedades tecnológicas en su casa. Este ambiente propició el inusual interés de Hancock por la tecnología, quien según recuerda, desde los seis años ya era capaz de pasar horas concentrado en desarmar y rearmar cualquier aparato que encontrara por la casa.

Irónicamente su interés por el piano vendría después, aunque igualmente fue prematuro. Tras toquetear sin noción alguna el teclado de su amigo y vecino Levester Corley, se enamoró del instrumento tanto que sus padres le tuvieron que comprar a los siete años uno de cinco dólares en la venta de la iglesia. Desde ese primer acercamiento su motivación fue creciendo hasta la determinación de ser concertista de piano, para lo que practicó diariamente de manera altruista. Practicó con tanta intensidad que a los once años se presentó a un concurso organizado por la Chicago Symphony Orchestra, ganándolo con su interpretación del primer movimiento del concierto para Piano y Orquesta No. 18 en Si menor de W. A. Mozart. El premio consistía en tocar el concierto con la orquesta en vivo, sin embargo ésta alegó no encontrar la partitura completa, por lo cual el pequeño Hancock tuvo que aprender un nuevo concierto en dos meses. Por supuesto que la orquesta podía encontrar la partitura si lo deseaba, la realidad es que dos semanas después el célebre pianista británico Dame Myra Hess iba a interpretar el mismo concierto, y que un niño negro pudiera hacerlo igual de bien era inconcebible en la época.

No es de extrañar pues, que Hancock viera en la ruptura con Miles, a quien no sólo consideraba su mentor de música sino también de vida, una oportunidad valiosa para su carrera. Sabe Dios si Miles no estaría pensando en hacerle un favor también.

Principalmente autodidacta y altruista, la formación de Herbie, desde sus años de instituto, terminó por conducirlo al jazz. Durantes los años sesenta se dio a conocer con su disco debut, Takin´Off y su participación con el segundo gran Quinteto de Miles Davis, donde conoció a Wayne Shorter, con quien ha hecho un gran número de colaboraciones. Posteriormente hizo historia dentro del jazz fusión con su agrupación Mwandishi, con la cual experimentó, según sus propias palabras, las atmósferas más elevadas de la música. Pero a pesar del gran éxito de esta banda, Herbie Hancock acabó sintiéndose más atraído por estilos más populares como el funk y R&B. Finalmente estas músicas le daban mayor  libertad para experimentar con la nueva gama de instrumentos electrónicos que a partir de los setentas tuvieron su primer boom. The Head Hunters y posteriormente en los ochenta Rock It, fueron las agrupaciones que terminaron por darle fama mundial, y en las que mejor define su estilo determinado por su pasión por la tecnología.

A partir de la experiencia de los setentas y ochentas, Herbie Hancock ha roto el tabú de colaborar con música y músicos populares que en ciertos sectores elitistas del jazz persiste. Durante los años noventa y 2000 colaboró con Tina Turner, Pink, Juanes, Seal, Santa, Sting, Christina Aguilera, Paul Simon. Últimamente incluso ha producido un par de álbumes de colaboraciones, como una especie de All-stars, como Posibilites (2205), título que comparte con su autobiografía, y finalmente River: The Joni Letters, condecorado con el Grammy a mejor disco del año, un premio que por primera fue otorgado a un disco de jazz. Siendo como es éste, un premio dado por la industria, es evidente que Hancock se ha convertido en un artista comercial en los últimos 20 años. Lo cierto es que la calidad de su ejecución y composición se ha mantenido impecable, demostrando que la fama y la calidad no son incompatibles, como presupone un extendido prejuicio.

Hace ya cuatro años que no hemos escuchado un nuevo álbum de Hancock, el intervalo más largo desde su Takin´Off. No obstante su carrera sigue muy activa, aunque más enfocada en dar conciertos. Pocos son los artistas que con casi 75 años hilan dos giras en un año, como ha hecho recientemente Hancock que actualmente se encuentra dando conciertos en Estados Unidos tras una larga gira por Europa. Verdaderamente es un caso para la ciencia, que nunca deja de sorprendernos por su vitalidad y modernidad. 

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