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Entrevista a Todd Clouser

Imagen de fabian

En ocasiones, cuando uno tiene un sueño, las circunstancias se acomodan de tal manera que todo sale a pedir de boca y cada día es una oportunidad para materializarlo. Pero otras veces, la gran mayoría debo decir, la vida nos va llevando por otros caminos, sepultando aquel sueño en los más ocultos cajones de la habitación. Cuando eso sucede, solemos olvidarlos y seguir adelante, pero hay gente que se niega a abandonarlos.

Uno de esos personajes nos acompaña hoy: Todd Clouser. Nacido en Minneapolis y egresado del Berklee College of Music, este singular artista emborronó cuadernos con la música que le gustaría tocar pero que no había podido cristalizar. Luego de algunos viajes y desencuentros se trasladó a México, donde conoció al bajista Aarón Cruz y al baterista argentino Hernan Hecht.

Ahí comenzó la historia de un grupo que ha sorprendido a propios y ajenos por la frescura de su propuesta: A Love Electric, una banda singular que deambula sin prejuicios por los terrenos del funk, el jazz y el rock y cuyo líder nos cuenta parte de su historia y nos comparte sus opiniones sobre la música y los tiempos que corren.

AcidConga: ¿Qué es A Love Electric?

Todd Clouser: A Love Electric es un power trio con el que tratamos de tocar algo así como rock creativo, rock con influencias de jazz y algunas otras cosas. El trío está integrado por Aarón Cruz en el bajo, Hernan Hecht en la batería y yo en la guitarra y la voz: hablo, canto y grito, entre otras cosas. La historia comenzó hace unos cuatro años, cuando yo me fui a vivir a México. Vivía en Los Cabos y estuve tocando y componiendo sin tener nada claro. Una vez en Guadalajara, unos amigos me dijeron que tenía que conocer a Hernan Hecht, porque seguro que habría clic con él. Entonces le mandé un mensaje por Facebook, nos conectamos y empezamos a tocar. Hace dos años de eso.

AC: Dos años en los que han producido cuatro discos, ¿cómo ha sido ese proceso de trabajo tan prolífico?

TC: La idea para mí era producir tres discos en un año, porque llevaba ya varios años componiendo. Cuando me reuní con Aarón y Hernan les comenté que tenía mucha música compuesta y empezamos a trabajar con ella en vivo. Dimos muchos conciertos y giras en Europa y Estados Unidos y después comenzamos a grabar. Los primeros tres discos son instrumentales y están más orientados hacia el jazz-rock, o como se le quiera llamar, no importa el género. Para el cuarto disco, The Naked Beat, estoy cantando, pues eso me ofrece más oportunidades expresivas. Pero además de eso, creo que es el disco más honesto que hemos lanzado.

AC: Es un disco muy peculiar porque ciertamente no es de fácil clasificación. Encontramos sonidos muy cercanos al rock psicodélico de los setentas, hay algo de funk e influencias de Mike Paton. Cuéntanos algo sobre tu formación como músico y de todos esos sonidos que incorporas a la propuesta de A Love Electric.

TC: Claro… qué bueno que mencionas a Mike Paton porque me encanta. Es un grande. Yo crecí escuchando música que rompe géneros: Hendrix, Miles Davis y músicos así. Me encanta la improvisación cuando aparece en el rock o el funk. Pero también crecí escuchando blues del Delta y música folklórica de Estados Unidos. Tengo muchas influencias musicales y trato siempre de considerarlas para componer. También se me dio durante algún tiempo viajar y aprender nuevos beats, buscar cosas nuevas en la vida y en la música. No le tengo miedo a la mezcla y por eso creo que no tengo prejuicios contra ningún género aunque no me considero parte de ninguno.

Mis influencias como músico, y que no son las mismas que las de Aarón y las de Hernan, están en el rock y en el jazz. Podría decirte, por ejemplo, de Nirvana. Nirvana es importante para mí. Pero también Mike Paton, John Zorn y todo el downtown scene. Al mismo tiempo, siento mucho respeto por el dirty blues, el blues del Delta que se toca con una guitarra y una voz, como Muddy Waters. Y creo que una última influencia es la música góspel, la música espiritual, no importa si viene de África, de la India o de las iglesias bautistas.

Para mí, la música es algo muy espiritual y está conectada con otras cosas que nada tienen que ver con lo plástico de la imagen o los géneros. Eso sirve para vender y es como decir: somos parte de este club y tienes que comprar nuestros discos. ¡No estamos en ningún club! Y yo admiro mucho a la gente que no trabaja así, que se desmarca y quiebra los géneros. Thelonius Monk, por ejemplo. En fin, podría hacer una lista muy larga de estas influencias.

AC: ¿Por qué el cambio de lo instrumental a lo lírico?

TC: Además de la composición musical, yo escribo poesía y es natural para mí, escribir letras para mi música. Pero no las había cantado y quería hacerlo con A Love Electric. Así es que durante un ensayo con Aarón y Hernan llegué con una letra y canté. A ellos les gustó el resultado y decidimos explorar e investigar por ese camino para The Naked Beat. Nos pareció obvio que debíamos seguir ese camino en este momento.

En las letras hay cosas muy personales, como en el tema “Not hurt”, que es sobre un amigo que estaba muy enfermo y se fue. Después de eso pensé que había sufrido mucho y que de alguna forma había obtenido su libertad. En general intento crear una vibra, una escena de todo lo que veo. Por ejemplo, en “The Naked Beat” cuento mi experiencia en Nueva York. Existe este mito de que Nueva York es un oasis creativo, pero en este momento, aunque claro que tiene su historia, estás en Times Square y todo es Applebee’s, Starbucks, Jamba Juice, todo eso… y bueno, no son más que observaciones mías. Y las transmito porque tengo la esperanza de que despertemos con la música y podamos expresar lo que llevamos dentro. Nuestra voz es válida y la música puede transportar cualquier cosa.

AC: ¿Como artista intentas huir de la furia del consumo, de la invasión de las marcas y los patrones o cómo ves todo este renovado escenario del consumismo?

TC: Todavía tengo fe en la gente, en el público en general. Si estoy en Oklahoma o en Alemania o en donde sea, creo que aún llevamos algo en el interior que nos hace humanos. Pero hoy el capitalismo total es muy pesado. Todo el miedo generado por las ideas de que no hay algo más y que no hay existencia si no compras cosas, es muy triste, es gente trabajando para el dinero. Por mi parte, y también por la de Aarón y Hernan pues lo hemos platicado mucho, nuestra intención con A Love Electric es hacer algo sin ilusión y sin decepción. Me explico: en la industria de la música muchas veces se tiene un artista y lo que se hace es crear una imagen, una ilusión de ese artista: por ejemplo, un crazy punk de Los Angeles lleno de tatuajes que graba un tema para vender y ya. No es muy honesto… no quiero ser cínico, pero veo esto. Para mí eso es basura, es un truco, no tiene nada que ver con cómo somos en verdad y eso genera decepción. Nuestro sueño es romper con esto.

AC: ¿Entonces ustedes no buscan posicionarse bien, no les interesa el sistema industrial de la música?

TC: Cuesta mucho trabajo desmarcarse, pero por ahora nos funciona. Pero mi idea es tocar todos los días y seguir creando. No buscamos nada más allá de eso. Sin embargo la maquinaria de la industria musical es muy fuerte. Seguramente si nos integraran a la máquina saldríamos al público y venderíamos muchos millones, pero para mí eso sigue siendo un truco lleno de ilusión y de decepción. Y para eso tendríamos que cambiar. Por ahora sólo queremos seguir hablando honestamente, porque lo otro nos obligaría a hacer política. En todo lo que hacemos hay política, también en la música, pero cuando eso se vuelve el centro de todo, pierdes el corazón y el alma de la música. Nosotros buscamos romper con esto, y también con los géneros. Todas las reglas y los estándares no existen, la música solo existe entre el músico y el público.

AC: ¿Cómo es su relación con el público ahora que existen estos medios, como las redes sociales, que les permiten estar en contacto directo con él y evitar toda la burocracia de la industria?

TC: Para mí, la música es algo muy personal. En ambos sentidos: tanto al escuchar a mis bandas favoritas como cuando estoy tocando. Es algo muy muy personal. Cuando hay burocracia inmiscuida, la música está perdida, no hay arte. Es un show, unos colores, unos sonidos, pero no es espiritual, es otra cosa.

Yo no veo diferencia entre la banda y el público, es una comunidad. Es importante que todos estemos ahí juntos, porque si no, no hay energía, no hay música. El público debe de ser tu amigo, en verdad. Pero cada lugar es diferente y siempre encontrarás reacciones diferentes ante tu música. Nosotros hemos tocado mucho en México, Estados Unidos y Europa. En México hemos sido muy bien recibidos, tenemos un público que nos reconoce y nos sigue, aunque es pequeño todavía.

Si hablamos de Estados Unidos, bueno, para empezar es un país enorme. Cada lugar es diferente, por ejemplo en San Francisco o Portland, la gente nos ha entendido muy bien, creo que hay más soñadores allá y es más internacional. Pero si vamos, no sé, a Oklahoma, la reacción es otra. No nos odian, pero les crea conflicto: ¿está bien esto? Hay un baterista de Argentina, alguien de México y otro más. La gente se confunde. Eso me gusta. Me gusta romper, sorprender a la gente. Decirle que hay más posibilidades y opciones que todo lo que aparece en la prensa y en el cine, fuck all that shit, hay algo más importante que eso: hay arte, hay música, hay comunidad.

En Europa también es otra cosa. Por ejemplo en Alemania la gente llega a escuchar. Les gusta mucho la música y están callados todo el tiempo. Quizá no estén gritando y deformando la cara todo el tiempo, tienen reacciones menos expresivas, pero también están emocionados. Es algo muy bonito ver cómo la gente ve, siente y vive la música.

AC: Me gusta esta idea que has venido manejando: la música como una comunidad. Más que un arte o un producto, la música construye comunidades. ¿Puedes abundar en la idea?

TC: La música es una manera de comunicar. Comunicas sentimientos que tienes por una persona en especial o lo que quieres o lo que amas. Es algo muy básico y está antes de tener estudios y grabaciones y todo eso. Tenemos la necesidad, no sé por qué, de comunicarnos y algunos lo hacemos mediante la música. Es una manera de hablar de algo muy profundo y personal para ti pero que llega a otros y lo entienden perfectamente. Cuando tocas y estás diciendo algo que es muy fuerte para ti, el otro escucha y conecta tus sentimientos con sus propios recuerdos. Esto es lo que entiendo por comunidad. Somos humanos, tenemos los mismos sentimientos, deseos, problemas, todo. Por eso estamos compartiendo la creación honestamente.

AC: ¿Crees que sucede lo mismo en la comunidad compuesta por los músicos? Porque da la impresión de que mientras el público se ha abierto, la comunidad musical se ha ido cerrando. El resultado es que los músicos jóvenes no están generando propuestas más sólidas.

TC: Esto es cierto y es problemática. Creo que principalmente es falta de curiosidad y de auto cuestionamiento. ¿Por qué? Por miedo, ¿Por qué estoy tan seguro de que estoy haciendo lo correcto y tengo todo lo que necesito? Por miedo, por miedo a no tener razón. Es eso: yo sólo toco jazz porque es lo mejor y soy el que toca más rápido y bla bla bla y todo lo demás es basura. Eso es miedo, es falsa confianza.

¿Por qué no tomar una música y romper con lo común para expresar algo nuevo? No, lo que hay ahí es el deseo de pertenecer a algo: yo quiero ser jazzista y voy a buscar un libro sobre jazz y voy a estudiar las escalas y a interpretar temas de Charlie Parker y ya. Eso es bueno como ejercicio pero no te da voz. Tú qué vas a decir, tú qué puedes decir. Para tener tu voz tienes que considerar todo, es decir, quitarse la frase de “esto no es para mí” y permanecer abierto y dispuesto a aprender siempre. La cultura de las escenas y los géneros es sólo para consumir, pero no existe en verdad. No tiene sustancia, sólo es algo que alguna gente cree. La música está sufriendo por falta de imaginación. Es necesario echar a andar la imaginación y creer que se puede hacer algo nuevo.

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