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Entrevista a Liber Terán

 

Hace algunos años cuando el rock en español, y en especial la escena latinoamericana, estaba en una de sus crestas más altas, nació un pequeño grupo llamado Niños Santos. Era 1989 y Liber Terán comenzaba sus pasos influenciado por las enormes bandas del momento como Radio Futura. Como muchos proyectos, Niños Santos no prosperóAsí es que de niño santo, Liber se convirtió en Adefecio, su segunda banda. Pero el asunto tampoco pasó a mayores. En 1992, Liber inició el despegue de una carrera muy fructífera con Los de Abajo, una de las más queridas bandas mexicanas de los 90.

Con Los de Abajo, Liber no sólo conquistó al público mexicano. Su exquisita fusión, su poder sobre el escenario y su crítica un tanto áspera los llevó a realizar diez giras por Europa, dos por Australia y Nueva Zelanda, dos más por Canadá y una por Estados Unidos, además de conciertos en Japón y Singapur. Quince años de historia en los que grabaron cinco discos de estudio y un en vivo en Los Angeles, quince años de historia que llegaron a su fin en 2007, cuando Liber Terán decidió iniciar un nuevo proyecto.

Como solista ha grabado ya tres álbumes: El Gitano Western, Tambora Sound System y su más reciente producción, Errante. En esta ocasión Liber comparte con Acid Conga cómo ha vivido esa transformación y cómo ahora, en su proyecto solista, se enfrenta a una nueva escena musical.

Acid Conga: Previo a este proyecto como Liber Terán trabajaste varios años con Los de Abajo, liderando la banda. ¿Cómo ha sido tu cambio musical? Con Los de Abajo traían mucha fusión, crítica política y la inclusión de ritmos latinos. Pero ahora vas hacia otro lado. Hay recuperación de la música mexicana, de algunos elementos de la música balcánica, ¿cómo has ido construyendo este cambio?

Liber Terán: En el terreno musical lo que hice al salir de Los de Abajo fue explorar más mis inquietudes por la música norteña, por la música country y folk norteamericana y por la música del este de Europa, sobre todo de países como Yugoslavia, Rumania, Turquía, Grecia, lo que se conoce como la región de Los Balcanes… y prácticamente traté de fusionar las tendencias que fui conociendo durante los años con Los de Abajo, inspirado tanto en soundtracks como Underground de Kusturica y musicalizada por Bregovic y algunas otras cosas que fui descubriendo sobre la marcha.

Realmente lo que encontraba era mucha conexión con la música norteña mexicana. Un buen pretexto fue acercarme a mis raíces rocanroleras, más cercanas a la música de los 50s, como el rockabilly y el rocanrol clásico. Lo que quise fue fusionar todo esto y El Gitano Western fue el banderazo de salida. Fue un disco en el que saqué del baúl de los recuerdos, de mi armario, todas esas cosas que no podía verter con Los de Abajo. En realidad fue como un disco de escape.

Posteriormente lancé Tambora Sound System y me adentré más hacia una fusión que incluía la banda sinaloense. Lo grabé con la banda de la Universidad Autónoma de Sinaloa y el concepto fue grabar con un sonido de banda sinaloense música que tuviera que ver con mis raíces country, rocanroleras y también buscando concretar esa fusión con lo balcánico, sobre todo inspirado en las fanfarrias, que son estas orquestas de alientos rumanas, búlgaras y yugoslavas que de alguna manera son como lo que nosotros tenemos en México y conocemos como tambora, guardando sus grandísimas diferencias, pero también encontrando sus similitudes tanto en la instrumentación como en los elementos rítmicos. Yo lo que traté de hacer fue un disco de fusión y todo esto con un lenguaje también electrónico por momentos. Básicamente eso fue el segundo episodio.

El tercer episodio viene con este disco que se llama Errante, que fue producido por Quique Rangel, bajista de Café Tacuba, y donde me adentro aún más en la música griega y en la música turca, combinada con un lenguaje indie, muy al estilo de la música de los 60, especialmente el disco Revolver  de los Beatles. Lo que hago es un lenguaje vintage muy sesentero pero también con instrumentos como el bozuki, que es la mandolina griega, el salterio que es un instrumento mexicano pero con reminiscencias de medio oriente como el címbalo o el santoori, es nuestra versión mexicana, muy utilizada durante el Porfiriato y que ahora se utiliza muy poco.

Incorporo también darbukas y bendires, que son percusiones mediterráneas. Seguimos también con una instrumentación rocanrolera y de repente metemos acordeones, contrabajos, mandolinas irlandesas para darle un toque folk norteamericano, y todo esto con mi búsqueda. Creo que Errante es un paso adelante porque rompe con Tambora Sound System, tiene un sonido más diverso, retoma elementos de El Gitano Western en cuanto a sonido pero es un disco más experimental, por un lado, y más pop, por otro.

AC: Esto que comentas es muy interesante porque en los últimos dos o tres años se ha gestado un movimiento en México que recupera ritmos que son “ajenos” a nuestra tradición musical para incorporarlos en nuevos lenguajes musicales. Hay ejemplos como Klezmerson, la Internacional Sonora Balkanera, la Triciclo Circus Band, que se están tendiendo puentes entre diferentes ritmos. Durante mucho tiempo los ritmos latinos fueron importados desde Europa, ahora somos nosotros quienes traemos ritmos nuevos, o más bien nuevos en nuestro horizonte, para crear lenguajes diferentes. ¿A qué crees que se deba esto?

LT: Bueno, esto es el fenómeno de la globalización en la música. Antes, cuando no existía el mp3, Internet y la música digital, lo que ocurría era que el intercambio musical era más lento o no existía, porque la edición de discos de estas músicas del otro lado del mundo no llegaba a México. Solo la gente que viajaba podía conocerlo. Primero a través de las películas de los 90 que empezaron a traer este tipo de música a acá, como Underground que fue la primera que se conoció aquí, y luego a través de festivales y finalmente con la digitalización de la música. En realidad ahora la posibilidad de conocer música, de intercambiar música, es mucho más rápida.

Se debe a eso, por un lado, pero también a que la identidad del mexicano es una identidad muy ecléctica, todo el tiempo estamos como esponjas absorbiendo cosas el exterior y recreándolas. Aunque quizá no somos el único pueblo con esas características, todos los pueblos son así. Pero las características geográficas de México, debajo de Estados Unidos, nos coloca como el país de paso para Centroamérica y Sudamérica rumbo al norte, además de que somos la llave de Europa hacia Estados Unidos.

México, culturalmente, está en todos lados. Eso nos hace ser mucho más abiertos a las fusiones. Además de que política y culturalmente nos identificamos mucho con el tercer mundo europeo y el de Medio Oriente, porque finalmente son pueblos que siempre han estado debajo de las grandes potencias, así como nosotros hemos estado debajo de Estados Unidos. Los países del ex bloque socialista y los países que están en los Balcanes, como Grecia o Turquía, están debajo de las grandes potencias Europeas y alguna vez fueron imperios, como el Otomano, el imperio Austro-húngaro, igual que nosotros éramos parte del Imperio Español y con ello también nos vino una influencia de la música árabe debido a la ocupación. Todo esto genera una cercanía que hace que esta escena de fusión exista.

AC: El caso contrario. Parece que mientras estamos teniendo una mayor apertura a ritmos y culturas externas, la música tradicional mexicana está atravesando por una etapa en la que el público se está cegando un poco. A pesar de que hay producción, a pesar de que hay mucho talento, no hay demasiados espacios para la difusión.

LT: Yo creo que es parte de la crisis del país. A pesar de que las redes sociales abren una forma más democrática para todas las expresiones independientes de la cultura, el principal medio que la gente consume es la televisión. Lo único a lo que pueden aspirar las personas que hacen arte independiente es algo que esté fuera de ese circuito.

AC: Otra de las consecuencias de la globalización es que ha habido cambios en la industria. Estamos en el vórtice de una transformación de la industria musical en la que ya no podemos hablar como tal de una industria discográfica y el asunto de las redes sociales y una especie de liberación del artista en la que ya no tiene que estar atado a la disquera, ha transformado la relación del artista con la producción, en su papel como hacedor de un producto, y su relación con el público. Ahora parece que la relación es más directa. A ti te tocó todavía estar en esa etapa en la que la disquera era la carta de presentación del artista, ¿cómo te ha tocado vivir esta transición a una etapa en la que hay una mayor libertad creativa pero también una mayor carga de responsabilidad, de mayores tareas?

LT: Creo que todo esto tiene cosas positivas y cosas no positivas. Lo positivo de que ahora las disqueras ya no funcionen como antes es que hay más democracia para todos los artistas. Ya no necesitas de una disquera para editar tu música, ya lo puedes hacer tú solo. Tú puedes armar tu propio sello discográfico y solo tienes que encontrar un distribuidor. Lo que realmente te ofrece una disquera hoy en día es un plus mediático, mercadotécnico, que opera a niveles masivos. Pero para los artistas independientes una disquera a la usanza antigua ya no representa una opción. Una ventaja es que puedes ser más libre, tener más control y ser dueño de tu patrimonio. Así como también puedes distribuir tu música como elijas.

La desventaja es que la gente ya no compra discos como antes. Se siguen vendiendo discos pero a una escala mucho menor. El CD está tendiendo a desaparecer porque se está vendiendo mucho más el formato digital, se está reglamentando una nueva forma de vender la música porque también con este asunto de la distribución digital hubo un gran debate sobre si la música debería ser gratis o no y es donde el asunto es polémico porque está bien para el público que la música sea gratis pero no está bien para el artista. Uno que vive de esto piensa que es bueno que puedas regalar tu música, pero por otro lado no es muy justo que la piratería de tu música se dé a una gran escala sin tener normatividad. La música finalmente tiene derecho de autor y propiedad intelectual.

Creo que ahí es donde hay mucha polémica, porque hay muchos artistas en el medio que en este boom de independencia piensan que lo mejor es que la música sea gratuita y que la gente que trata de reglamentar la descarga de música en Internet es gente tacaña. Para poner las cosas en su justo lugar, yo creo que es importante tener en cuenta que si el artista quiere regalar su música puede hacerlo, pero si el artista no la quiere regalar debe haber candados para que la música tenga un precio y cueste realmente lo que cuesta.

Por otro lado, durante la época de los Beatles, cuando el negocio discográfico era un gran emporio, había muchos artistas que una vez siendo famosos podían ya no tocar en vivo y vivir de las regalías, lo que era de alguna forma positivo. Pero esto ya no existe, ahora tienes que tocar en vivo para poder subsistir. El músico que no toca en vivo es un músico que está muerto con la gente. Lo que no puede ver la gente en Internet es el show en vivo.

Aunque haya grabaciones tuyas en YouTube, una computadora nunca va a poder igualar la esencia del acto en vivo. El acto en vivo se ha consolidado ahora como lo que se vende mejor.  Esto es una dualidad, es tanto positivo como negativo, porque el músico que no toca en vivo está muerto, para convencer a la gente tienes que ser bueno en vivo y eso aumenta la calidad de la música, aunque ya no tengas los mismos ingresos de antes. Pero lejos de ver lo negativo yo creo que es bueno que haya cambiado.

AC: Dicen que todo cambio es bueno. Dicen. Lo que es cierto es que es inevitable. Ahora a tus casi cuarenta años, ¿cómo has cambiado, en qué frecuencia lírica y mental está Liber Terán que ya no es el mismo Liber Terán de Los de Abajo?

LT: Fíjate que ahora me gusta mucho escribir sobre el lado introspectivo del ser humano. Yo soy una persona muy introspectiva, un poco ensimismada, veo la vida a partir de las reflexiones, a partir de esta capacidad de revisión interna del ser humano. Yo soy un amante de las canciones que sentimentalmente  te desnudan y te hacen hablar de tus sentimientos. De un tiempo a la fecha le he tomado gusto a las baladas que pueden hablar de tristeza, de alegría, de abandono, de misterio, de búsqueda espiritual, sin caer en un rollo esotérico… de un lenguaje más humano.

Errante, el nuevo disco, habla de personajes trasnochados que buscan la coherencia entre música y mujeres en medio de una cantina, hasta gente que acaba de encontrar el amor de su vida y agradece día a día al sol que acaba de salir y que viven felices. O gente que anda deambulando, que anda vagabundeando tratando de romper con su pasado. Es un disco un poco existencial.  Me he convertido en un escritor de canciones que escribe de adentro para afuera.

Porque en el fondo, creo que lo importante es decir realmente lo que sientes, cómo lo ves y ser honesto con lo que haces…yo creo que es un principio fundamental hoy en día, en estos tiempos en los cuales cada vez es más difícil tener una ideología política, una ideología religiosa, una ideología en la vida. Estamos perdidos, estamos en unos tiempos en los cuales hay un extravío de ideales.

La música es ese oasis donde te puedes agarrar de muchas maneras. Y el músico se dedica básicamente a curar la neurosis colectiva de la banda, de la raza. El músico es este personaje que regala momentos gratos y también momentos en los cuales uno puede olvidarse de que haya tanta locura y tanta hostilidad en el mundo y recordar que la vida puede ser un poco más disfrutable con la música. Yo creo que es como una buena medicina, una buena vitamina que a cualquier ser humano lo hace vivir mejor.

 

 

(Publicado originalmente para el N10, Octubre 2012)
Hace algunos años cuando el rock en español, y en especial la escena latinoamericana, estaba en una de sus crestas más altas, nació un pequeño grupo llamado Niños Santos." data-share-imageurl="">

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