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Entrevista a La Pegatina

Imagen de fabian

En ocasiones y montados en la corriente de lo corriente, damos por muertos ciertos sonidos. Los archivamos bajo una lápida, seguros de que nada nuevo pueden dar. Pero suele ocurrir que a punta de bofetones, los músicos nos demuestran lo contrario. Es el caso de La Pegatina, la banda oriunda de Barcelona que ha conquistado a Europa entera con su mestizaje, su fiesta y su amor por los ritmos populares, como la rumba catalana. En esta ocasión, Adrià Salas, su líder y vocalista, nos comparte su historia y algunas opiniones sobre cómo marcha la música en tiempos donde lo fácil se confunde con lo simple.

AcidConga: Para empezar me gustaría que nos platicaras un poco sobre su historia, ¿cómo comienza La Pegatina y cómo ha empezado su carrera?

Adrià Salas: Nos conocimos tocando en la calle, un poco, y tocando también en los locales de encuentro de jóvenes auspiciados por los municipios. Tres de los fundadores somos del mismo pueblo y nuestra historia no es tan particular: eres joven, tomas una guitarra, aprendes a tocar, a versionar a Manú Chao y cuando menos te lo esperas ya estás tocando en donde sea. Comenzamos con canciones propias tocando en bares de amigos, en el metro, en el autobús que nos llevaba de regreso a casa desde Barcelona. Durante cerca de cuatro años estuvimos tocando así y componiendo canciones, habremos dado unos cien conciertos. Luego de eso, en 2007, decidimos lanzar nuestro primer disco. Entonces nos encontramos con Che Sudaka y ellos de alguna manera apadrinaron el proyecto, porque nos enseñaron qué debíamos hacer para poder vivir de la música.

Poco a poco fuimos aprendiendo de ellos y cuando les dijimos que queríamos grabar una maqueta, ellos nos dijeron, no. Graben un disco y no pierdan el tiempo. Entonces contactamos a Gambeat, el bajista de Radio Bemba a grabar con nosotros. Toda esta gente nos enseñó a hacer las cosas de una manera diferente, a luchar por tu trabajo, a aprender a hacer las cosas con pasión e ilusión. Después de aquello se unió más gente al grupo y a partir de ahí, bueno, la acción no ha parado ni un momento.

AC: Ustedes han tenido un gran éxito en Europa y el despegue de su carrera vino con Vía Mandarina, ¿cierto?

AS: Así es, lo grande vino durante el segundo año de girar con Vía Mandarina. Para 2010 comenzamos a salir de nuestro lugar. Todo fue muy rápido y tuvimos que confiar en más gente para que nos ayudara a movernos, aunque nos gusta el trabajo autogestivo, pues estábamos dando, no sé, unos cien conciertos al año y eso complicaba las cosas, pues no podías atender las contrataciones mientras estabas tocando. Tuvimos que contactar a una agencia llamada Sonde 3, que está llevando a más grupos como nosotros, por ejemplo La Raíz o Canteca de Macao.

Fue muy rico este proceso, porque ellos apenas empezaban, lo mismo que nosotros. Tenían algunos contactos en Holanda y en Bélgica. A partir de eso y de que en el grupo hay dos franceses, pues pudimos empezar a salir. Desde 2010 y hasta ahora hemos hecho, no sé, unos trescientos conciertos en Europa. La gente nos ha recibido fenomenal.

AC: Comentabas que con Che Sudaka aprendieron a hacer las cosas de una manera diferente, ¿en qué consiste esto?

AS: Ellos aprendieron de Gambeat y de Manú Chao. Y lo que nos decían en aquel entonces es que si un grupo quería crecer y destacar, debía de tener un buen directo, es decir un espectáculo bien producido, un buen disco y un buen merchandising. Eso era antes, ahora yo sumaría la destreza para saber manejar las redes sociales. Hay que tener proximidad con el público y aprender a olfatear a dónde puede llegar.

AC: Quizá hay quien difiera en el hecho de tener un buen disco, pues se asume que la muerte del disco está muy próxima. Pero al margen de esta opinión, hay algo que sucede ahora y es que las bandas están regresando a los escenarios, al fogueo en vivo.

AS: Esto a mí me gusta mucho. En realidad cuando grabas un disco sucede que para abaratar costos tienes que hacerlo súper rápido y el resultado, a veces, ni te representa. Eres una banda en vivo y una muy distinta en el disco, a veces se pierden los detalles y la expresión total de tu música. Hace unas semanas platicaba con Amparo Sánchez de Amparanoia y me decía que sería bueno reunir a todas las bandas de mestizaje y sacar discos conjuntos con una canción de cada uno para combatir esa costumbre de la gente que consume demasiado rápido. Es decir, tú lanzas un disco que te llevó meses de trabajo y al cabo de una semana la gente lo ha olvidado. El problema para el músico es que debe conservarlo vivo durante dos años para estar girando. Pero como salen muchos discos, la gente no está prestando demasiada atención, sino que están consumiendo contenidos rápidos y fáciles. La propuesta sería lanzar cinco o seis canciones al año que te permitieran cambiar el directo y refrescar el repertorio. En fin, esto hay que pensarlo bien, replantear todo, porque los discos ya no cumplen la función que cumplían antes.

AC: En esto tienes razón: el modelo de negocios debe ser replanteado. La gente que defiende a ultranza la venta de discos físicos, tarde o temprano se quedará atrás. Ustedes, y algunas otras bandas como Canteca de Macao han optado por distribuir su música de manera gratuita a través de sus páginas web, ¿qué sentido tiene esto?

AS: Al principio esta práctica fue un poco inducida por las propias disqueras: nosotros fuimos a presentar, como en el viejo esquema, nuestro trabajo a las discográficas y ninguna quiso tomarlo. La opción que nos pareció obvia es que si nadie nos quería contratar y nosotros buscábamos que la gente escuchara nuestra música debíamos regalarla, al final saldrían conciertos, daba igual. Así empezamos y funcionó a tal grado que ahora todos los grupos de Barcelona que están iniciando hacen lo mismo, se convirtió en una fórmula que te garantiza tener más conciertos y de que la gente te escuche, porque la gente no va a comprar un disco que no sabe de qué estilo es ni nada más.

Nosotros lo hemos equiparado con esto: cuando tú vas a una tienda de ropa, por ejemplo, antes de comprar una camisa o un pantalón, primero te lo pruebas, porque no sabes si te va a gustar o no. Esa es la principal diferencia: primero escucha el disco, y luego si te gusta y vienes a un concierto, con eso nos has pagado… o compra el disco y después del concierto te lo firmamos, así tendrá un valor añadido. O simplemente difúndelo, haz que tus amigos sepan que existe esta banda que toca así y también con eso nos pagas. Garantizas que podamos seguir tocando.

AC: Este es un poco el encanto que tiene este nuevo contexto tecnológico: el público deja de ser pasivo y se involucra para ayudarte.

AS: Al menos aquí está funcionando. No sé si en Latinoamérica está pasando lo mismo, pero por lo menos en España el tema del crowdfunding está cobrando mucha fuerza. Se buscan mecenas entre la gente para que paguen tu disco antes de que lo grabes. Esa es una opción. También sucede que la gente ha cambiado. Hace poco leía en un artículo que el público ha cambiado: ya no quiere ser tu admirador, quiere ser tu amigo. Eso cambia las reglas del juego. Tienes que estar al día, y el día de hoy las redes sociales, un poco en la dinámica del Gran Hermano, ayudan a eso: la gente quiere saber continuamente qué estás haciendo. Claro, no es tan fácil, hay que equilibrarlo.

Nunca sabremos hasta qué punto es bueno continuar teniendo admiradores y dedicar el tiempo que inviertes en las redes sociales a crear, a hacer canciones, a preparar un directo o a entrar al estudio a grabar discos. Muchas bandas no tienen el tiempo necesario para esto o no saben repartirse bien las labores. A veces hay molestias porque uno tiene que llevar las redes y otro no hace nada. Es una situación compleja.

AC: ¿Estás de acuerdo entonces en esta nueva visión en la que el músico además de músico debe ser una especie de empresario?

AS: Un poco. También depende del contexto. Ahora en España la cosa marcha peor que en otros lugares. Por ejemplo, en Francia, los músicos tienen un estatuto diferente: si tú haces por lo menos cuarenta conciertos al año tienes derecho a seguridad social y puedes ir al médico gratuitamente durante ese año. Igualmente si estás en paro, si no tienes conciertos, recibes ayuda del gobierno, pues están conscientes de que el músico no sólo trabaja en los conciertos: hay ensayos, hay grabación de discos, etcétera.

En España es enteramente diferente y tarde o temprano llega el momento en el que tienes que convertirte en una empresa. Ahí empiezan movimientos económicos que no estaban programados. Tú eres músico y no sabes nada de esto. Tienes que buscarte un gestor, alguien que sepa administración y que pueda mover el dinero para poder vivir.

AC: Tocas un tema un poco delicado, los tiempos de crisis. Mucha gente asegura que las artes salen de alguna manera beneficiadas durante las crisis, porque se convierten en el soporte de la gente y porque son una manera no violenta de canalizar la frustración. La alegría en la música, al menos en el contexto Iberoamericano, se ha convertido en una manera de mantenerse firme. ¿Cómo ves esto?

AS: Antes esto era tal cual lo dices. Ahora es un poco diferente: a través de las redes sociales la gente comparte los videos de las manifestaciones de otros lugares, o cómo se generan las revueltas contra los gobernantes. Pero sólo está compartiendo a través de Facebook. Parece que la guerra se está dando en Facebook y en Twitter… y la gente no sale a la calle, como debería. Eso es algo que no nos debemos permitir.

En el caso de las artes, hay otra cosa: es demasiado fácil escribir algo reivindicativo. Creo que hay que buscarle ahí una vuelta de tuerca para crear algo que a la gente le llegue, pero que no sea lo de siempre. Lo de siempre ya está hecho y no sirve. Hay que buscar escribir de otra manera, porque si no un montón de gente se pone a escribir sin saber escribir… es lo que suelen decir de los músicos, que no somos poetas. Hay que buscarse el ingenio por algún lado, estás transmitiendo emociones y sensaciones y para que la música emocione también debe contar con una buena letra. Por mucho que tú escribas algo que llame a la revuelta, si no despierta emociones no sirve de nada. Escribir: “venga, todos a la calle” no le llega a nadie ni sirve de nada.

Hubo una cosa que escuché el otro día en la radio: hablaban de un escritor que dedicó toda su obra a la rebelión. Escribió sobre su país, en una época concreta marcada por las guerras. Ellos decían que este autor cobró mucha relevancia porque su obra en el momento fue muy interesante, pero al ser algo temporal no pasaría a la historia. Ahí hay un dilema: creo que tú puedes escribir algo que sea el reflejo de lo que pasa y que pueda de alguna manera ayudar, pero en realidad la música es arte y debes buscar la emoción. Puedes escribir, sí, algo que reivindique, pero la naturaleza del arte, emocionar, no debe estar por debajo de esto. La música es algo mucho más amplio que la reivindicación.

AC: En este sentido, cuéntanos algo sobre su estilo musical, sobre su propuesta. Ustedes pertenecen a una segunda generación de bandas que apuestan por la fusión, por el mestizaje y que tienen su antecedente en Manú Chao, Dusminguet, Sergent García y otras tantas bandas. ¿Por qué seguir esta línea?

AS: Ahora que lo mencionas te cuento que nosotros éramos, somos, muy seguidores de Dusminguet. Ellos son nuestro gran referente porque para empezar son de aquí y para seguir fueron los primeros que hicieron canciones bailables en catalán. Eso no existía. No podías bailar de esa manera cantando en catalán. Ellos trajeron mucha música de Latinoamérica que nadie aquí conocía: vallenato, cumbia, bachata. Quizá no sean ritmos que estén asociados con la música elegante, por así decirlo. Pero lo cierto es que te hace sentir bien y es hermosa.

Por otra parte, nosotros no quisimos tomar tanto como base los ritmos latinos, sino el ritmo de acá, que es la rumba catalana. Claro, ese estilo se presta mucho para fusionar porque al final es familiar. Dicen que la rumba catalana provino de Cuba. Los gitanos recuperaron la rumba original, cubana, y la utilizaron para hablar de gente que estaba en la cárcel y de amores prohibidos y a través de estos temas criticaban al gobierno. Eso es algo que nosotros hemos recuperado pero cierta gente no lo acaba de comprender por lo mismo que te decía, están buscando temas fáciles y si no haces algo súper explícito, no lo captan.

Por ejemplo, en la canción de “El Curandero” del último disco, parece que hablamos de un ser místico, pero en realidad estamos criticando los recortes en materia de sanidad que se han impuesto en nuestro país. Otro ejemplo, en la canción “Ara ve lo bo” decimos: “cuando todo estalló, me cogí de una madera, vine flotando hasta aquí, de ninguna manera, nunca me mojé”… en realidad de lo que habla es de la gente que se deja llevar por la corriente pero no tiene un pensamiento propio. Hay muchos temas.

Volviendo al tema de la música, debo confesar que nosotros tomamos la rumba catalana, pero no la tocamos de una manera pura, por decirlo así, sino que la enriquecemos. A veces le ponemos un toque de salsa, la hemos mezclado con merengue, etcétera. Esto se dio porque nosotros nacimos como banda en un momento donde la rumba catalana volvió, muchos viejos músicos se subieron de nuevo a los escenarios. Fue un momento especial porque nos dimos cuenta de que había un vacío muy injusto: mucha gente, a través de nosotros, descubrió a bandas tan importantes como Ojos de Brujo o Dusminguet… nosotros íbamos comenzando y no les llegábamos ni a los zapatos a estas bandas de mestizaje.

AC: ¿Qué busca La Pegatina en su labor creativa?

AS: Desafortunadamente, la música de mestizaje está un poco desprestigiado por culpa de la escena pop-rock o indie. Les parece que son mucho mejores porque el hecho de que nosotros hagamos algo aparentemente más simple, le resta valor a nuestro trabajo. A través de nuestro último disco, Eureka!, nosotros pretendemos reivindicar tanto el término mestizaje como las músicas populares y el humor. El humor es algo que parece muy fácil y en realidad es muy difícil hacer reír a alguien, hacerlo bailar también lo es. Hacer música divertida no es sencillo. Pero asumimos el reto y hacemos nuestra música. 

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