Usted está aquí

Entrevista a Iraida Noriega

Imagen de fabian

Sólo algunos iniciados pueden comprender el jazz. Una idea común que pretende mostrarnos a los músicos y escuchas del género como entes elevados dotados con una inteligencia superior. Nada más falso que esto, pues el jazz nació en la calle, en la vida comunal, en los márgenes que se abrazan para no sentirse solos. En esta ocasión, dos jazzistas mexicanos descomunales comparten con nosotros su forma de ver, vivir y entender el jazz. Una deliciosa charla entablada en alguna terraza de la Ciudad de México con Iraida Noriega e Israel Cupich

Entre “La gran manzana” y “La región más transparente”

AcidConga: Tienes ya 25 años trabajando en el ambiente musical y muy específicamente en el jazz, ¿cómo llegaste ahí, de qué manera comenzó tu historia en la música?

Iraida Noriega: Mi padre también fue músico, cantante y pianista en el ámbito jazzero. De alguna forma nací encaminada hacia allá. Mucho después, cuando regresé de estudiar en Nueva York, Roberto Aymes, un excelente contrabajista de la generación de Eugenio Toussaint, me invitó a formar parte de su ensamble. Con él grabé dos discos y pude conectarme con los músicos de mi generación: Gabriel González, Diego Maroto, Emiliano Marentes… más adelante comencé a tocar con Agustín Bernal y Tony Cárdenas, hasta llegar a Israel Cupich, con quien estoy trabajando ya un segundo proyecto. Lo demás ha sido dar los pasos que nos va marcando el caminito.

AC: Tuviste la oportunidad no sólo de tocar con quienes se convertirían en los grandes del jazz mexicano, sino también atestiguar dos escenas muy importantes de la música contemporánea: la de Nueva York y la de la Ciudad de México. Tienen sus coincidencias en términos musicales: muchos géneros, mucha gente trabajando, ¿en cuál de ellas te sentiste más cómoda?

...la situación de Nueva York es diferente, es como si el planeta estuviera compactado en una isla, las influencias de género y de culturas en Nueva York son mucho más globales. En México hay mucha más identidad, es más propio: el jazz que está surgiendo en México es muy particular y el sonido neoyorquino tiene demasiadas influencias.

IN: Yo me regresé de Nueva York porque sentí que no conocía bien mi tierra. Yo nací en México y desde muy pequeña me fui a vivir a Nueva York. Luego volví acá a los siete años y cuando tenía catorce regresé a Nueva York.  Cuando estaba estudiando allá me di cuenta de que no sabía mucho sobre México, eso me trajo de regreso y decidí recorrer el país a través de la música y lo he logrado. ¿Qué diferencia hay entre una y otra? Creo que el hambre, la búsqueda y esta necesidad de expresión feroz son afines a ambas realidades. Claro, la situación de Nueva York es diferente, es como si el planeta estuviera compactado en una isla, las influencias de género y de culturas en Nueva York son mucho más globales. En México hay mucha más identidad, es más propio: el jazz que está surgiendo en México es muy particular y el sonido neoyorquino tiene demasiadas influencias. Para mí el sentido de comunidad es muy importante y la vida en Nueva York tiende hacia la soledad. Por lo menos mi vivencia allá fue así. En México me siento definitivamente mejor.

AC: Cuando regresas te encuentras con un momento muy interesante del jazz mexicano: por un lado todavía tienes la oportunidad de crecer con los personajes más importantes de los últimos tiempos, pero también te toca la transición hacia una nueva escena, una escena a la que por cierto no se le ha hecho justicia. Ambas escenas comparten ese sentido comunitario que mencionas, un tanto por las amistades y un tanto por las condiciones del propio género, que aún conserva cierta marginalidad, por lo menos en este contexto. ¿Cómo lo viviste?

IN: Pues creo que nunca me hubiera involucrado en este mundo de la música si no existiera un gozo enorme. Nunca he sido la clase de artista que dice: pues no me prende tanto pero de cualquier forma lo hago. Y sí, la consigna ha sido tocar con los amigos. Lo que pasa con el jazz es que, a diferencia del rock donde se arman bandas y lo que se recuerda es el nombre de la banda, este círculo está compuesto por seres muy individuales que con gran facilidad comulgan unos con otros. Todo mundo se ubica como individuo pero ves todo el tiempo una interacción, el mentado interplay que también es parte de la naturaleza del jazz.

De lo marginal a lo comunitario

AC: ¿A pesar de que ya existe el Día Internacional del Jazz y festivales en todo el mundo, el jazz conserva aún ese carácter un poco marginal?

IN: Definitivamente. Si nos asomamos un poco a los orígenes del jazz, la semilla de donde proviene es la marginación de la comunidad negra en Estados Unidos. Brota desde ahí, en su esencia tiene el tinte marginal. Sin embargo, creo que eso puede y ha mutado. Si hacemos a un lado los contextos sociales, económicos y culturales, la naturaleza del jazz es la comunión. En general la música crea espacios de convivio, así es. Uno no puede marginar algo cuya naturaleza es ofrendar. Yo he escuchado a muchos jazzistas de diversas generaciones y orígenes decir: “vamos a tocar jazz, esta es una música muy elevada para ustedes, quizá no la entiendan”… y así no debe de ser, sino tocar y ofrendarlo para quien lo quiera.

Cada uno de los músicos tenemos una historia que contar en la que “teóricamente” vas a una comunidad donde nunca han escuchado jazz y “teóricamente” no tendrían por qué recibirlo. ¿Sabes qué? Es en los lugares donde mejor recepción tiene la música. Lo que quiero decir con esto es que la marginalidad se ha convertido en una predisposición del músico, una actitud. Yo creo que debemos romper con esa actitud y pasar a este tema de lo comunitario.

Si hacemos a un lado los contextos sociales, económicos y culturales, la naturaleza del jazz es la comunión. En general la música crea espacios de convivio, así es. Uno no puede marginar algo cuya naturaleza es ofrendar.

AC: Es curioso cómo se ha transformado esto, porque el jazz nació como decías: era el discurso de una comunidad, marginada, pero comunidad al fin. Pero de pronto pasó de ser un género nacido de lo popular a ser una música muy elitista. Es decir, se mantuvo en el margen, pero por otras causas. Tengo la esperanza de que la mayoría de los jazzistas prefieran la marginalidad popular en la que pueden acercarse a otras realidades ignoradas que la marginación elitista en la que sienten estar por encima de todos.

IN: Pues es que de últimas la necesidad artística busca vociferar algo que te sucede a ti y que seguramente no eres el único al que le está pasando: es una expresión del colectivo. Creo que hacemos mal queriéndonos quitar de ese lugar porque a final de cuentas el arte es una expresión de lo colectivo. Tú canalizas algo que es una situación de todos, por qué quererlo apañar.

AC: Cuando el jazz se sabe abrir, cuando puede mutar, genera algo mágico que es la posibilidad de servir como puente entre géneros diversos y sus realidades culturales. En el caso particular de México, esto está muy presente. ¿Cómo lo ves?

IN: Con el paso de los años yo cada vez estoy más confundida y me pregunto constantemente qué es el jazz…

Israel Cupich: Fíjate que hasta hace unos años podíamos hablar de tocar música mexicana mezclada con jazz o con no sé qué, pero esto ha cambiado, el libro ya se abrió y todo es globalizado. Ahora puedes escuchar muchas fusiones nuevas. La terminología de world music acabó sirviendo para todo, aplicándose a todos los estilos. El hecho de que toques jazz en el lugar en donde vives lo dota de su propio swing, su propia esencia. No necesariamente tienes que grabar arreglos de canciones tradicionales mexicanas para decir que es una fusión. Uno está permeado por los sonidos de su lugar de origen, pero no sólo de eso, sino también de muchísimas otras cosas, de todo tipo de música: rock, pop, la música que escuchaba en donde creció, etcétera, y eso se refleja al momento de tocar. Afortunadamente se ha perdido ya esta onda de decir: este el jazz tradicional, el jazz verdadero, el jazz que sí es jazz.

IN: Ahí es en donde yo me pierdo, porque no hay punto de encuentro. Permíteme voltear la cosa y preguntarte qué entiendes tú por jazz.

AC: Pues es una pregunta curiosa, porque no estoy convencido de que podamos hablar de géneros cerrados. La música siempre ha fluido y no le gustan las etiquetas. Ahí donde haya un músico hay historias y hay influencias diferentes que él integra a su lenguaje. Quizá más que hablar de géneros, debiéramos hablar de estilos, de familias: asociaciones rítmicas o melódicas muy generales en los que el músico plantea un lenguaje particular. La etiqueta sé que funciona a nivel comercial pero no es del todo correcta para definir la música. Pero también pasa que no existe mucha comprensión entre los diversos lenguajes o entre las realidades sociales y culturales que los generan. Creo que por eso me encantan los círculos de jazzistas: por su apertura hacia lo diferente.

El tema de fondo es la pluralidad. Punto. Y si en algún momento la exiges, también debes practicarla desde el lugar en el que estés.

IN: Una vez Magos Herrera dijo algo muy cierto en una entrevista: que el jazz era un género generoso. Es decir que por su propia naturaleza de improvisación, su lenguaje es muy flexible. Creo que esto ya no es exclusivo del jazz: la propia necesidad de expresión y de comunión está flexibilizando otros lenguajes musicales. En el rock se ha dado mucho. Por ejemplo, la inclusión en el Vive Latino de Los Tigres del Norte es algo que antes no hubiéramos visto. El tema de fondo es la pluralidad. Punto. Y si en algún momento la exiges, también debes practicarla desde el lugar en el que estés.

Nuevos senderos

AC: Por ahora estás muy activa con un proyecto muy interesante y que es esta recuperación de temas de la cultura popular, del rock y del pop principalmente, para llevarlos al jazz. No es la primera vez que se hace y en esta ocasión lo trabajas con tres genios: Israel Cupich, Roberto Blanco y Gustavo Nandayapa. Cuéntenos sobre él.

IC: La generación de la que somos parte Iraida y yo, porque Gustavo y Roberto son más jóvenes, tuvo una relación importante con esta música. En esa etapa en la que vas saliendo de la secundaria y entrando al bachillerato nuestra generación encontró algo nuevo: ya no sólo se escuchaba el rock de Londres o el rock de Estados Unidos, sino que empezaron a nacer grupos mexicanos, sudamericanos, españoles. Hubo este boom que para muchos fue emblemático. Iraida nos planteó este proyecto y nosotros aceptamos encantados. Lo que buscamos no es sólo tomar una canción de Mecano y cantarla como se cantaba sumándole unos acordes extraños para que parezca jazz. Siento que el trabajo de arreglos que hizo Iraida fue muy bueno. Eso siempre se agradece por su carácter sorpresivo.

IN: Pues es que son rolas que escuchamos cuando éramos muy jóvenes. En esa edad tú estás muy pegado a un flow colectivo pero evidentemente hay algo más profundo que te engancha ahí. Con el paso de la vida uno va entiendo mejor por qué. Por ejemplo, “Me cuesta tanto olvidarte”, que era una canción super melosa,  cuando la vuelves a escuchar dices: chale, tuve que dejarte y no porque quisiera sino porque no había de otra… y estoy muy sacada de onda por eso. Yo entendí lo que decía porque lo viví, me conecté con ese sentimiento y planteé un arreglo bastante rabioso. Porque la onda para mí no era estar triste, sino francamente muy enojada.

Otro ejemplo es la canción de Elton John, “Sorry seems to be the hardest word”, que conecta muy bien con la saudade: el arreglo fue muy fácil de hacer pensando en el bossa, por su nostalgia y su melancolía. Fue casi natural. Y con cada canción hay una vivencia conectada. Claro, es bien padre escuchar “Help” en su versión original, pero cuando hice el arreglo de verdad estaba en una etapa en la que pedía a gritos auxilio. Por eso el arreglo tan intrincado y tan angustioso. Cada rola tiene un arreglo vivencial, reflejan un estado anímico.

IC: Tampoco es que todas las canciones estén ligadas a este sentimiento de rabia o de angustia, porque el tratamiento que el trío les dio fue muy contenido musicalmente. Eso genera un equilibrio entre cómo interpreta las letras Iraida y cómo las entiende el grupo. No todo es punk y enojo, sino que también buscamos un equilibrio: el repertorio elegido por Iraida es para cortarse las venas, pero con un tratamiento distinto a esos sentimientos.

AC: ¿Cuáles son tus expectativas para el futuro?

IN: Pues aunque el manual dice que no hay que tener expectativas de ningún tipo, sí quisiera que este sentido de comunidad se solidifique más. En eso sí quiero trabajar y también en que cada vez seamos más autogestivos, más independientes. Pero que la independencia se traduzca en un bienestar… ¡por mí y por todos mis compañeros!

Publicado originalmente en el número 28

Estamos en redes ¿ nos sigues ?