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Entrevista Desorden Público

Imagen de fabian

Hace casi treinta años, un grupo de músicos venezolanos comenzó a tocar ska como muchas bandas de la época. Un género nacido de la mezcla del jazz y el calypso y que poco a poco se convertiría en sello indiscutible del mestizaje latinoamericano. A casi tres décadas de haber iniciado su trayectoria, Desorden Público nos regala parte de su historia, sus visiones y su trabajo. Señoras y señores, con ustedes Desorden Público.

 

AcidConga: Para empezar, me gustaría que nos platicaras un poco de su larga historia vista a través del pretexto de su nuevo disco Los Contrarios, ¿en todos estos años a qué han sido contrarios?

Horacio Blanco: Desorden Público es contrario a la inconstancia. Si estamos a la vuelta de tres décadas de trayectoria es porque hemos demostrado que la música es nuestra razón de ser. Hemos visto a lo largo de estos años decenas, quizá cientos, de proyectos que llegaron y se fueron. No solamente en nuestro país sino en toda Latinoamérica. Muchas veces hubo en esos proyectos conflictos de egos, siempre presentes en la música, hubo confusiones acerca de si se estaba ahí por la música o por la fama… y yo, humildemente, afirmo totalmente convenido que nosotros estamos aquí porque la música es la savia del árbol, nuestra razón de ser.

En casi tres décadas hemos visto muchas cosas, algunas de ellas muy difíciles. En el negocio de la música hay dos momentos que son muy difíciles: los momentos de crisis y los momentos de máximo éxito. En la crisis todo es muy claro: si no hay trabajo no hay plata y si no hay plata qué hago… quizá siga o quizá busque otra cosa qué hacer. En los momentos de éxito es cuando normalmente afloran las guerras de egos. Nosotros hemos podido sobrellevar sin problemas los dos momentos. Esa terquedad se debe a que también somos muy buenos amigos. Si un domingo estoy muy aburrido y me dan ganas de ir al cine, ¿a quién llamo para ir al cine? A mis compañeros de la banda. Somos pura familia, literalmente. Yo soy padrino del hijo del bajista y el pianista es padrino del hijo del percusionista… somos una gran familia, pues.

 

AC: Platícanos sobre el disco, ¿qué nuevas traen bajo el brazo?

HB: Tenemos bajo el brazo un disco que se llama Los Contrarios, es el álbum de estudio más reciente y salió en Venezuela en 2011. No es un disco tan nuevo pero continuamos trabajando en su presentación alrededor del mundo con un show muy en la onda de Desorden Público: con mucha adrenalina y con mucha energía. Es un disco que nos tiene muy contentos no sólo por lo artístico y lo musical, sino porque nos ha traído muchas buenas noticias como premios, reconocimientos, buenas ventas… ha sonado en la radio de nuestro país y otras partes. En él contamos con la participación de otros músicos, uno de ellos es Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacuba, él hace un dueto conmigo en “El poder emborracha”, un tema de nuestra autoría.

También incluye un tema de The Clash llamado “City of the Dead” donde colabora Campino, un músico alemán de la banda Die Toten Hosen. Quizá en Latinoamérica el nombre no es tan conocido, salvo en Argentina donde ellos han hecho algunas cosas, pero en Europa, sobre todo en la región germano parlante es un nombre súper reconocido, al grado de que cuando U2 se presentó en Alemania lo invitaron a tocar con ellos. También nosotros tuvimos la oportunidad de tocar en Japón en el festival más importante del ska asiático, el Tokio Ska Jamboree, a lado de la Tokio Ska Paradise Orchestra y estando allá hicimos contacto con la movida ska de Japón. Gracias a esto conocimos a un excelente saxofonista y amigo de nombre Kanikazu Tanaka y también participa en Los Contrarios con su saxo barítono en el tema “Los dados de la muerte”.

 

Cuando uno tiene un proyecto que dura tantos años no es como decir: ahí está la meta y cuando llegue se acabó. No es así. Es como vivir: cuando uno vive quiere ir constantemente renovando sus metas. Así es la música.

 

AC: ¿Su música ha evolucionado desde Estrellas del Caos a Los Contrarios?

HB: Hay mucha coherencia entre ambos discos. Me parece que en este último hay una banda mucho más cohesionada. Me explico: en el año 2001 hubo una fractura en Desorden Público, de los miembros originales la mitad se fue y la mitad se quedó. El primer álbum que nosotros lanzamos con la banda reformada fue Estrellas del Caos y poco a poco la banda se fue consolidando de nuevo. En este disco, la comunión entre músicos se solidificó. En términos de composición y de creatividad es mucho mejor. Me explico más: Estrellas del Caos es un disco que se grabó en un proceso, mientras que Los Contrarios se grabó en un momento. Para Estrellas del Caos la grabación duró meses, se grababa una parte un día, luego la banda se iba de gira y regresaba al estudio. Pero para Los Contrarios paramos todo, nos convencimos de que era el momento de grabar y lo hicimos sin pausa. Eso está muy presente en el disco.

 

AC: Hace poco lanzaron un disco acústico, Orgánico, cuéntanos un poco sobre él.

HB: Después de muchos años en este negocio, uno como creativo necesita siempre nuevos retos, reoxigenar las cosas. En algún momento a Caplís, nuestro bajista, se le ocurrió montar las canciones en el formato desconectado, como se le ha llamado. Y pensamos, ¿por qué no? Veamos qué pasa. A él también se le ocurre el título Orgánico y creo que funciona bastante bien para definir lo acústico. Entonces decidimos presentar a la banda en este formato. También resulta que a lo largo de mucho tiempo hemos lanzado temas promocionales a la radio. Cada vez que lo hacemos procuramos que ese tema tenga varias versiones para que los programadores tengan opciones diversas: está la versión del disco, la extendida, la versión en vivo, a veces le hemos pedido a DJ’s que hagan versiones en remix más cercanas a la onda dance, a veces hemos hecho versiones en dub cuando son más cercanas al reggae… y hemos hecho versiones acústicas, siempre con la idea de promocionar un tema. A lo largo de los años, esas esporádicas versiones acústicas estaban huérfanas discográficamente hablando. Entonces decidimos armar un disco que recopilara los temas acústicos que hemos grabado a lo largo del tiempo.

 

Así nació Orgánico y ha sido muy bien recibido, lo mismo que los shows que hemos montado para presentarlo. Ese disco tiene un montón de rarezas además. Cuando estábamos promocionando el disco Diablo estábamos en México y la estación radiofónica Orbita organizó un concierto que se transmitió en vivo desde el estudio de grabación del Instituto Mexicano de la Radio. Eso fue hace una década, y era la explosión de los unplugged en Latinoamérica. Nos propusieron hacerlo y aunque nosotros no estábamos muy preparados para hacerlo aceptamos el reto. En el disco vienen incluidos tres temas de aquel concierto. Y vienen otras cosas, por ejemplo, la versión cumbiamba mix, que así le llamamos, de la “Danza de los esqueletos” que incluye una marimba y un tambor ecuatoriano llamado bombo legüero, experimentos que fuimos haciendo con los años. También viene una versión de “Valle de balas” en la que colabora Fermín Muguruza, en ese entonces le dimos la libertad de que hiciera cosas y en el estudio escribió una canción en euskera que suena muy bien… aunque yo no entiendo muy bien el idioma. Discográficamente hablando es lo que le sigue a Los Contrarios.

 

Además de eso, estamos presentando otro material que es Los Contrarios en Europa. Nos fuimos de tour con un modesto equipo de producción audiovisual que se encargó de documentar nuestra más reciente gira por el viejo continente y en ese DVD no sólo se muestra lo que es obvio, la banda sobre el escenario y todo lo que implica el show, sino también lo que va más allá de la tarima en un tour: el cansancio, los autobuses, dónde se duerme, cómo se come, visitar esas ciudades europeas que son súper lindas, el shopping, todo lo que hace uno cuando viaja. Ese es nuestro material más fresco y que incluye también parte de nuestros más grandes éxitos.

 

AC: A ustedes les ha tocado trabajar las dos formas de la industria: primero estuvieron con Sony Music y ahora como independientes, ¿cómo se sienten más a gusto?

HB: Mientras fuimos parte de Sony Music nos manejamos como una banda independiente, explico la contradicción: aunque es cierto que Sony ponía la plata para las grabaciones y hacía la distribución y hacía todo lo que hace una compañía disquera, nosotros nunca, nunca, nunca, cortamos nuestros cables con lo que hace una banda nacida en el underground. Y eso pasa por la autogestión, y la autogestión pasa por, obviamente, componer tus canciones, decidir cuál será la imagen de la banda, todas las decisiones que tuvieran que ver con la creatividad siempre pasaron por Desorden Público. Entiéndase con esto que aunque formáramos parte de esa megatransnacional del disco nunca fuimos un producto de ellos. Y ahora que somos independientes nos manejamos más corporativamente. Somos una banda que financia sus producciones, que se encarga de hacer lo que formalmente haría una casa disquera, pero organizamos esto de la manera más gerencial posible. Esto se entiende porque en tiempos de crisis, por lo menos en nuestro país hay una crisis financiera severa, a los músicos se nos exige doble creatividad: la creatividad artística propia de un músico y la gerencial; tenemos que hacerlo porque si no lo hacemos nosotros, quién lo hace. De algún modo somos los ejecutivos de nuestros proyectos. En nuestro caso hay como un yin y yang, nunca hemos sido totalmente independientes ni totalmente corporativos.

 

AC: Además de su trabajo como creativos y gerentes de su proyecto, ustedes hacen labor de difusión y producción a través de Radio Pirata y Radio Pirata Records, platícanos sobre esto.

HB: Bueno, Desorden Público se ha mantenido siempre muy inquieto, además de la banda tenemos otros proyectos paralelos que son como contornos del plato principal. Ahí se encuentran Radio Pirata y Radio Pirata Records que lo llevamos Caplís y yo desde 1992. Radio Pirata es un programa de radio cuya razón de ser es difundir ska, reggae y onda mestiza con muchísimo énfasis en Latinoamérica. En algún momento lo lógico fue convertir a Radio Pirata en Radio Pirata Records y dedicarnos a producir. El sello cuenta ya con 17 producciones, que no es tan poco, y hay bandas de reggae, de ska, de punk, un par de recopilatorios de ska venezolano, etcétera.

Eso es por una parte. Por otra, Caplís y Danel, que son el bajista y el baterista de Desorden Público, tienen un proyecto musical llamado The Clutch, una banda homenaje a The Clash, tocan puros covers de la banda. Danel también es baterista de La Sonora Ponzoña que es una banda de hip-hop experimental. Magú, nuestra segunda guitarra es guitarrista y co-cantante en una banda llamada Circo Vulcano, que está más cercana al sonido balcánico y nuestro trompetista, Noel Mijares, tiene una big band de ska jazz llamada El Arca. Por mi parte, he sido invitado a cantar un montón de cosas que pareciera que no tienen mucho que ver con Desorden Público, jazz, folklórica, etcétera, pero que cuando uno tiene tanto tiempo en una escena, pues es natural que te inviten. Eso me ha dado la oportunidad de crecer mucho.

 

AC: Hay en YouTube algunas versiones sinfónicas de sus canciones, ¿de dónde salió esa idea?

HB: Originalmente eso se hizo para celebrar los 25 años de Desorden Público, en 2010. Hay una orquesta muy representativa de Caracas, que es la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Ellos se pusieron en contacto con nosotros y me dijeron, mira, la Orquesta está cumpliendo 30 años y ustedes 25, qué les parece si hacemos algo juntos. Aceptamos y un músico de esos enormes y buenísimos hizo unos arreglos para Desorden y Orquesta, aunque suene gracioso el nombre. El proyecto entonces se convirtió en poner en tarima a los nueve músicos de Desorden Público y sumarles 81 músicos más. Éramos 90 músicos tocando nuestros temas. Fue increíble.

Además hubo el auspicio de la Alcaldía de Caracas en esa oportunidad y los conciertos que hubo fueron en dos espacios abiertos, dos plazas: una en el este y otra en el oeste de la ciudad. Caracas es una ciudad cuya forma geográfica es similar a un óvalo, entonces está claramente dividida en este y oeste, no solamente por geografía, sino también por demografía, la gente del este es diferente a la del oeste. El show consistía en lo siguiente: había una obertura con la orquesta donde Desorden no salía, es decir, una especie de resumen de lo que se va a escuchar más tarde, para los que no sepan en qué consiste una obertura. Dentro de ese pequeño “popurrí”, tocaban fragmentos de las canciones y el público las iba reconociendo, muy divertido. Viene entonces la entrada de Desorden Público y comienza el show de ambas bandas, wow, lo recuerdo muy vivo.

 

En algún momento del concierto la Orquesta se retira y Desorden Público se queda solo. Entonces le digo al director de la Orquesta, Rodolfo Saglimbeni, imagínenlo a él con todo lo que implica ser un director de orquesta, con esa actitud seria, solemne, que nos acompañe en la tarima con el siguiente tema, no tenía que hacer nada, sólo quedarse, y él acepta la invitación. Lo que tocamos fue un tema de nuestro primer disco, “Esto es ska”, una canción para que la gente se vuelva loca. La olla, el slam que también le llaman, en ese momento fue una locura, una masa de gente saltando y bailando y el maestro Saglimbeni se quedó asombrado… y bueno, supongo que no se esperaba ver eso en algún concierto suyo. Hubo una comunión entre los dos lenguajes musicales excelente, el lenguaje sinfónico y el desordenado. Hicimos dos shows, uno en el este, en el Bulevar de Sabana Grande y otro en el oeste, en una región que se llama Caricuao. Y al día siguiente nos fuimos a Japón, fue un regalo increíble por nuestros 25 años.

 

AC: ¿Cómo los ha recibido el público europeo, hay problemas con el idioma, cantan las canciones?

HB: Tocamos exactamente lo mismo en Venezuela que en otras partes del mundo. Es nuestra música, nosotros no es que acomodemos los shows o “traduzcamos” las canciones, imagínate. Obviamente, entre canción y canción, explicamos un poco el contexto de las canciones. Imagínate por ejemplo en Hungría, en Asia, en la República Checa: somos una banda totalmente nueva y si uno logra conectar con el público explicándole de dónde venimos y por qué hacemos lo que hacemos, crea un vínculo con ellos porque muchos no van a entender el contenido de las letras. Normalmente lo hacemos en inglés porque es la manera más fácil. Cuando te montas y le explicas a la gente: bueno, vamos a tocar una canción que habla de la violencia en Latinoamérica, el público presta atención porque quiere saber algo nuevo. Es como si viniera una banda de, no sé, Tailandia, y te dijera: vamos a tocar una canción que habla de nuestra devoción hacia el dios del agua… te llama la atención y quieres saberlo. Hablamos de nuestra realidad y eso siempre da hambre.

 

Otra cosa que nos encanta y funciona muy bien es jugar con el público. El público europeo tiene algo maravilloso y es que es como naíf, un poco inocente. Uno no pensaría que es así, pero lo cierto es que los latinoamericanos somos más ácidos, más rebuscados. Si uno le dice a un público europeo: ahora todos se agachan y levantan una mano y se meten un dedo en la oreja, lo hacen, son como niños. Si uno intenta eso con un público latino, muchos van a pensar, yo no hago eso, quien es él para decir que yo me meta un dedo en la oreja. Allá si lo hacen. Aprovechamos esas ventajas que tiene el público europeo. Pero uno también tiene que poner de su parte. Por ejemplo, de un tiempo para acá, Alemania nos ha ofrecido muchos shows y nosotros nos hemos puesto a estudiar alemán. Es el intercambio de culturas lo que nos hace ricos.

 

En Europa hemos tocado en festivales de 8 ó 10 mil persona en Suiza, hasta un antro para cincuenta personas en Viena. Nosotros no tenemos complejos con eso, nada de que somos Desorden Público y sólo tocamos en los grandes festivales, no. Ir a Europa o a cualquier lado también es tocar en bares, es una energía distinta y maravillosa: cuando uno baña con su sudor al que está en la primera fila es algo interesante de vivir.

 

AC: ¿Y qué prefieres, el bar o el masivo?

HB: Wow… qué prefiero. Son dos maneras distintas de presentarse. Pero yo podría decir que me gusta más el antro. Ojo, con esto no quiero decir que no me gustan los estadios. Cuando uno tiene una gran masa de gente es increíble, pero cuando puedes verle la pupila del ojo al que tienes enfrente, el ritual del concierto es mucho más explosivo, la energía, aunque sea menos cantidad de personas crea algo distinto. La conjunción del dar y recibir, que es lo que vive un músico en una tarima, es mucho más intensa.

 

AC: En su momento ustedes fueron pioneros de una especie de movimiento que buscaba una integración de los músicos latinoamericanos y que de pronto se perdió, ¿qué opinan de esto?

HB: Los años noventa fueron muy importantes para esto que comentas, porque además de que fue un muy buen momento de creatividad para los latinos, fue el momento del rencuentro con la raíz, del orgullo de ser latinoamericano y aspirar a un mundo mejor. Había también una intensa comunión ideológica entre muchas de las bandas. Eso fue una ola y al bajar la intensidad muchas bandas se fueron quedando en el camino, hay nombres que simplemente ya no están. Pero el hecho de que haya bajado la intensidad no quiere decir que desapareció. Las cosas cambian y hoy día contamos con todo este tema de las redes sociales, que sí ayudan pero no son la panacea. Hoy día es más fácil compartir, te vas a YouTube y si buscas una banda, la vas a encontrar. Pero también hay que aprovechar lo otro: cuando tú vas a un festival a un país que no es el tuyo, es el momento de buscar nuevos amigos y crear lazos, eso es muy importante, aprovechar el backstage para ver qué nace.

 

El problema para la música latinoamericana no son los artistas, en toda la región hay propuestas muy interesantes. El problema es otro. Por ejemplo, irse a Europa y dar una gira es muy fácil porque hay una conexión entre los locales nocturnos y los festivales. Eso no ocurre en Latinoamérica. Hay locales que se mantienen y tienen una buena infraestructura para los conciertos, pero gran parte del trabajo es improvisada y es muy difícil para el músico proponer una gira donde toques en varias ciudades. A la fecha, nosotros hemos tocado muchísimo más en Alemania que, por ejemplo, en nuestro país vecino que es Colombia. Hemos tocado más veces en Hungría que en Brasil. Vean el mapamundi, qué ridiculez es esta, pero tiene mucho que ver con los circuitos de trabajo.

 

Otra gran diferencia que tiene la música del primer mundo comparada con la latinoamericana es la industria que los apoya. Más allá de los circuitos de locales, que acá no existen, una banda latinoamericana que va a grabar un videoclip cuenta con un presupuesto de 2 mil o 5 mil dólares, pon eso a competir con una banda norteamericana que cuenta con 250 mil dólares, la diferencia es importante y es real en términos de producción y de calidad. Muchas veces en Latinoamérica podemos gozar de mayor creatividad al momento de proponer cosas, pero cuando lo comparas en términos de poder cristalizarlas, la competencia es muy injusta. No falla la creatividad, lo que falla es el músculo que la apoya.

 

AC: ¿Qué le falta por vivir a Desorden Público después de casi treinta años de carrera?

HB: Vamos a ver si me explico. Cuando uno tiene un proyecto que dura tantos años no es como decir: ahí está la meta y cuando llegue se acabó. No es así. Es como vivir: cuando uno vive quiere ir constantemente renovando sus metas. Así es la música. Nosotros llegamos a vender triple platino de un disco, wow, llegamos al techo de lo que se podía llegar al menos en un país como el nuestro. ¿Y luego qué, se acabó la banda? No, al día siguiente todo es igual. Tienes que volver a oxigenar, tienes que seguir componiendo nueva música, tienes que seguir proponiendo cosas, tienes que seguir enamorando a la gente, porque eso también es parte de nuestro trabajo, enamorar. Mientras tú tengas eso presente, no te vas a agotar.  Estamos listos para lo que venga, lo que nos falta es seguir trabajando duro, durísimo.

 

AC: ¿Qué pide Desorden Público para el futuro?

HB: Pues lo mismo que en la música que hacemos. Vivimos en un mundo que necesita tolerancia, respeto, unidad y ayuda a los otros. Cuando componemos un tema no buscamos los temas de moda, sino volteamos hacia lo que está pasando en nuestras ciudades, nuestros países. Nosotros no perdemos de vista que somos músicos y como tales nuestra función es entretener, que la gente baile, ría, la pase bien, se sienta bien. Eso debe estar presente siempre, nosotros no somos una ONG o un partido político, eso está bien claro. Pero más allá de eso, nuestras letras y nuestra actitud para con la música dicen muchas cosas. Creo que nos merecemos un mundo mejor y si nosotros podemos ser parte del soundtrack de ese mundo, maravilloso.

 

AC: Cuéntame una canción.

HB:“Cristo Navaja”

Es una canción que cuenta la historia de un hombre que va por un tianguis, un mercado de calle, y una mujer se le cruza en el camino. Una mujer muy enigmática, con un ojo de vidrio, como una hechicera. Se cruza en su camino y le ofrece en venta un crucifijo. Este hombre se sorprende y decide comprárselo. Cuál es su sorpresa: que ese crucifijo guarda dentro de una navaja desplegable y piensa: wow, esto es un artículo religioso que sirve para mi fe, pero también me sirve para defenderme de los amigos de lo ajeno. Es un cuento corto convertido en canción y una metáfora de Latinoamérica, porque Latinoamérica está construido de eso, de la fe y la violencia. Aunque esa historia es ficción, el Cristo navaja es real y lo compramos en México. Es como un souvenir, un llaverito, pero es un objeto increíble”.

 

Publicado originalmente en el numero 21
AcidConga: Para empezar, me gustaría que nos platicaras un poco de su larga historia vista a través del pretexto de su nuevo disco Los Contrarios, ¿en todos estos años a qué han sido contrarios?

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