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El sonido de Camarón “enchufado” treinta años después

El treinta de diciembre del año pasado, en la sección dedicada a cuestiones musicales y artísticas del reconocido periódico El Mundo, aparece una de las imágenes más icónicas de la fusión musical, un clásico, y algo más que una simple fotografía: Camarón de la Isla portando una Stratocaster. Esta simple “imagen” sugiere mucho más que al mesías del flamenco ejecutando un instrumento electrónico. El que este venerado artista se haya dejado retratar contento y alegre con esa guitarra, clásico de clásicos, supone lo que para muchos ha sido un tema tabú: la evolución y la fusión del flamenco con otros géneros.

Junto a Paco de Lucía, que en paz descanse, José Monje Cruz (alias Camarón), creó un formato y un estilo musical al que popularmente se le conoce como flamenco. Parece muy obvia o muy simple la previa declaración, pero no lo es. Este género, al menos en la concepción de producción discográfica, se engendró en un formato de más conocido. Éste constaba, en la mayoría de los discos, de un compendio de alegrías, tarantas, una que otra bulería, así como de un par de tangos o tanguillos de Cádiz. Para muchos, como es el caso de Javier Limón[1] o Diego “El Cigala”, ese formato se ha sobreexplotado y el flamenco se ve en una situación complicada en la actualidad, es decir: reinventarse o no. Para muchos puristas la segunda opción no tiene lugar a dudas. Pero lo irónico es que quien marcó la pauta de la evolución, así como las capacidades innatas del cambio, fusión y crecimiento en el flamenco, fue el mismo Camarón de la Isla.

Darío Prieto[2], el autor de la nota en el periódico anteriormente mencionado, abre su nota de la siguiente manera: “El disco más revolucionario de la historia del flamenco. El más importante. El que fusionó tradición y modernidad de una forma pluscuamperfecta. Los superlativos se agolpan cuando llega el momento de hablar de La Leyenda del tiempo”. Este 2014 se celebran los 35 años de la producción del disco menos popular, menos vendido y menos alabado del titán de titanes del flamenco, no obstante se realiza una remasterización y reedición la cual saldrá al mercado próximamente. En la nota el autor presenta algunos fragmentos de una entrevista con Ricardo Pachón, el productor original de este álbum, y revela ciertos pareceres que nutren el debate sobre si el flamenco debe o no reinventarse abriéndose a la evolución y la fusión musical. “La foto que marca aquella época es Camarón con la stratocaster”, de acuerdo con Pachón, mientras lo compara con la electrificación de íconos como Bob Dylan. Añade que muchos músicos flamencos, propios de la época, eran amantes y escuchas de rock, pese a que se dedicaran a interpretar otro género. Ante la pregunta de , “¿Y no hubo ningún miedo al dar aquel paso?” propuesta por Prieto, Pachón responde: “El único que se tenía que haber asustado, que era Camarón, no lo hizo. Tomatito . Llegó con 17 años de Almería y se encontró con aquella banda de locos… Sufrió mucho, porque pensaba que estábamos insultando el flamenco, haciendo un sacrilegio”.

Esta entrevista revela que sin duda alguna, guste o no, La Leyenda del Tiempo es un disco que generó y sigue generando polémica sobre la esencia de este género tan celoso. Una producción que suponía la apertura no sólo musical, sino cultural, de los músicos flamencos de los años setenta. Nadie puede ser completamente ajeno a los contextos internacionales y a las corrientes culturales y contraculturales que repercuten más allá de las fronteras originales, y el caso de Camarón no es la excepción. Es verdad que los ímpetus de exploración musical y espiritual del autor de esta producción discográfica le llevaron a coquetear con otros géneros musicales más rockeros, funkeros y experimentales, pero eso lejos de insultar al flamenco, únicamente suponía que estaba más vivo que nunca.

La Leyenda del Tiempo es un disco que generó y sigue generando polémica sobre la esencia de este género tan celoso. Una producción que suponía la apertura no sólo musical, sino cultural, de los músicos flamencos de los años setenta.

De acuerdo con Pachón, Camarón “no soportó ser un dios para su pueblo”. Comenta que entre los gitanos no había líderes, ni médicos, ni arquitectos ilustres, pero Camarón sí logró destacar como alguien icónico. Esta situación fue algo muy difícil para el cantaor y lejos de engrandecerle le causaba una gran angustia, expresa el productor. En la actualidad, no sólo los gitanos, mucha gente seguidora del género se abandera del purismo para preservar, bajo el cobijo de la tradición, la esencia del flamenco en su estado más impoluto, pero esto lejos de enriquecerlo únicamente lo priva de las capacidades de adaptarse a otros contextos. Es verdad que lo que hacen artistas como Diego “El Cigala” o Chambao representa algunos tintes flamencos tanto en España como en el extranjero, pero eso sigue siendo algo completamente exótico y ajeno al género desde el punto de vista de los puristas. Ahora bien, ¿limitar el flamenco a los cánones del purismo es anclarlo a su desaparición, o al menos a la involución?

La respuesta a esta interrogante es igualmente polémica que el simple hecho de plantear la cuestión. No existen respuestas perfectas ni realidades intactas, como dijera el periodista y analista musical, Juan Villoro. El flamenco resulta un lenguaje, una forma de expresión, una forma de vida y el reflejo de un pueblo, pero ello responde a contextos, aunque sean los más puristas, pero hasta ellos no resultan ajenos al paso del tiempo y al cambio. Cada expresión, cada nota y cada tema están, invariablemente, destinados a ser interpretados en distintos contextos debido al transcurso temporal. Entonces, ¿vale la pena seguir escuchando el flamenco únicamente en su forma original?, ¿seguirá llamándose así si es que se abre definitivamente a la fusión con otros géneros y otros tiempos?

La entrevista de Darío Prieto a Ricardo Pachón revela algunas respuestas que sugieren, si no una completa y vertiginosa transformación, sí la intrínseca oportunidad de que la música evolucione dependiendo del alma de sus ejecutantes en relación a sus tiempos y contextos. Esto, desde la óptica de todos los purismos independientemente de la temática, es negado, pero no impensable. Puede que exista un punto medio en donde tradición y evolución puedan caminar de la mano. La esencia permanece en los tiempos, en los palos, en las escalas y en las formas tradicionales del flamenco, las cuales siempre pueden adaptarse a ligeros cambios contextuales que respondan a las inquietudes y percepciones de nuevos aires.

El flamenco, como música viva, y su capacidad de ser interpretada desde otras ópticas quedó evidenciada desde La Leyenda del Tiempo, incluso hay quien sostiene que desde antes. La reinterpretación de esta producción está en espera de la respuesta popular, pero a treinta años de su lanzamiento comercial. Los tiempos no cambian la esencia, pero sí la manera en que es percibida.


[1]En el pasado número del mes de enero del presente año la columna “Yo el Otro” contiene una entrevista con Javier Limón expresando sus deseos de renovar y ampliar los formatos de producción discográfica en el flamenco.

[2]Autor del artículo “Camarón no soportó ser un dios para su pueblo”, publicado el 11 de diciembre de 2013 en el periódico español El Mundo. 

Junto a Paco de Lucía, que en paz descanse, José Monje Cruz (alias Camarón), creó un formato y un estilo musical al que popularmente se le conoce como flamenco." data-share-imageurl="">

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