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El silencio: Espacio y contemplación

El silencio eterno de los espacios infinitos me produce espanto.

- Pascal

 

Hablar del silencio es hablar de uno de esos conceptos que sólo se vuelven plenamente significativos por el contraste con su opuesto, con aquello que niega: el sonido. Es decir, sólo podemos entender qué es el silencio en función de lo que es sonido y viceversa. Como todo concepto que depende de su contrario, el silencio se puede afirmar como universal y absoluto, aunque sólo sea como parámetro ideal y no como algo que necesariamente sea posible experimentar, por ejemplo podemos decir que algo es bello, pero no que algo es la belleza, pues todo lo que encontremos en el mundo susceptible de atribuirle esta propiedad, nunca superarí¡ a la belleza ideal y absoluta. Asimismo, podremos encontrarnos en situaciones silenciosas, pero nunca experimentar el silencio como absoluto.

 

Esta afirmación encuentra su correlato físico, pues la posibilidad del silencio absoluto radica en la posibilidad de un vací o absoluto, de un lugar o región donde no haya ningún medio de propagación ni ninguna fuente sonora. Pero seguir esto es verse de nuevo enredado en la misma trampa, pues el vacío, como el mismo silencio, sólo se entiende en función de su contrario; lo lleno. Así , hablar de un encuentro con el silencio o con el vacío, resulta algo imposible ya que en último término un encuentro de este tipo implica que por lo menos me encuentro yo allí contemplando.

 

Lo que me parece interesante de esto es ver esa estrecha relación entre el silencio, el espacio y la contemplación. El silencio requeriría precisamente de un espacio infinitamente vació para experimentarse, de aquí que la contemplación de ello produzca espanto como a Pascal, pues irremediablemente remite a la soledad, al estar únicamente consigo mismo.

 

A partir de esta situación hipotética, que supone la imposibilidad del silencio absoluto, ahora hablaré del silencio como experiencia que tiende hacia ese absoluto aunque nunca lo alcance, y su relación con el sí mismo, el espacio y la contemplación.

 

El silencio guarda una estrecha relación con la contemplación ya que contemplar requiere hacer a un lado o callar todo aquello que sea posible decir para simplemente dejarse llevar por aquello que se pretende contemplar, dejar que transcurra, que invada y borre ese espacio necesario para que exista sonido alguno. Pero entonces, la contemplación silenciosa tiene mí¡s que ver con la identidad entre lo contemplado y aquel que contempla, que con su división, tiene mí¡s que ver con "el uno" que con "los muchos". Desde esta perspectiva, la relación con el sí mismo se amplí a al punto en que no es posible distinguirlo de lo que se contempla.

 

En este sentido el silencio es apertura, una apertura que rompe el sonido que siempre se empeña en transmitir significados uní vocos, como las palabras a las cosas, o el trino que remite al pájaro, pero no para caer en el sin sentido, pues el silencio no es tampoco carente de significados, sino que nos permite siempre romper los significados impuestos y abrirnos a la posibilidad de múltiples significados insinuados, imaginados o deseados. De aquí la importancia del silencio para el arrebato estético o mí stico, pues el silencio en tanto apertura, permite romper esas identidades que parecen mí¡s sólidas, para acceder a una identidad plena.

 

Así el silencio permite también borrar el espacio, entendido como aquello que nos permite identificar un objeto de otro y establecer relaciones fijas entre ellos, como aquello que limita y da forma a los objetos, ya que el silencio permite acceder a esa dimensión más allá de las identidades impuestas por el sonido.

El silencio eterno de los espacios infinitos me produce espanto.

- Pascal

 

Hablar del silencio es hablar de uno de esos conceptos que sólo se vuelven plenamente significativos por el contraste con su opuesto, con aquello que niega: el sonido. Es decir, sólo podemos entender qué es el silencio en función de lo que es sonido y viceversa. Como todo concepto que depende de su contrario, el silencio se puede afirmar como universal y absoluto, aunque sólo sea como parámetro ideal y no como algo que necesariamente sea posible experimentar, por ejemplo podemos decir que algo es bello, pero no que algo es la belleza, pues todo lo que encontremos en el mundo susceptible de atribuirle esta propiedad, nunca superarí¡ a la belleza ideal y absoluta." data-share-imageurl="">

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