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El Rock en México a través de la voz de sus artistas

Imagen de pablo

 

El rock en México ha tenido un camino difícil. Se dice que inició en los años cincuenta, cuando las orquestas de jazz y de mambo empezaron a incluir este ritmo en su repertorio. Después tuvo un periodo breve de desarrollo, donde las principales bandas se dedicaban a copiar y adaptar los éxitos de rock and roll americano en versiones en español. Espantados por las malas influencias que el género podría causar en la sociedad, el gobierno prohibió definitivamente los conciertos de rock durante los años setenta, prohibición que terminó hasta bien entrada la siguiente década. Hasta ahora, las investigaciones sobre la escena rockera nacional se han detenido con la última oleada de bandas mexicanas, como son Caifanes, Café Tacuba y Molotov. Estas tuvieron gran impacto y se sabe que su éxito se debió en parte al apoyo y promoción que recibieron de las disqueras trasnacionales. Sin embargo, con la entrada del siglo XXI y de la revolución que ocasionó el Internet, la industria discográfica ha pasado malos ratos y no ha logrado (o no ha querido) colocar a otra banda del tamaño de las antes mencionadas.

 

En Acidconga estamos interesados en conocer qué es lo que está pasando con la escena nacional, pero sobre todo, cómo le están haciendo los artistas para sobrevivir. Para esto, charlamos con Alejandro Otaola, guitarrista de la desaparecida Santa Sabina, una de las bandas mexicanas que más visibilidad tuvo durante los años noventa. Su relato de vida es un intento por entender el pasado y lo que está pasando en la actualidad. Como contexto, durante los años ochenta salió a escena una nueva oleada de bandas de rock, gracias al apoyo de disqueras como Polydor y WEA que firmaron artistas locales que venían tocando en el “underground”. Sin embargo, no fue hasta entrados los años noventa cuando BMG Ariola crea el subsello Discos Culebra y se da el verdadero boom de bandas mexicanas, entre las cuales estaba Santa Sabina.

 

“En esas primeras épocas pasaba algo muy curioso: los discos se hacían a la usanza tradicional. Se rentaba un estudio, se grababa el disco y después se mandaba masterizar a algún otro estudio. Algunas bandas grababan en México, pero a partir de cierto momento como que empezó a circular más dinero en la industria y las bandas mexicanas empezaron a grabar los discos en el extranjero. Los empresarios de las disqueras sintieron que había mercado, y entonces empezaron a hacer las grabaciones como le hacían con los artistas de pop, que eran en estudios fuera de México, porque aparentemente ahí era donde había mejores estudios.

 

“Entonces, el presupuesto que se tenía asignado para sacar un disco se contemplaba en qué estudios se iba a grabar, con qué ingeniero y en qué país. También estaba el cuánto se le iba a invertir en promoción. Un día, me acuerdo haber visto una hoja donde decía que uno de los discos iba a llegar al lugar trece de Nielsen. Y cuando salió el sencillo ese fue el lugar al que llegó. Lo que pasa es que las disqueras compran espacios en las radios o en los canales de televisión, lo que significa que va a sonar cierto número de veces y va a llegar tal lugar en el “hit parade”…  Y eso fue lo que pasó.”

 

AC: ¿cómo era la relación del artista con la disquera?

AO:En ese entonces era curioso. Digamos que en las disqueras los ejecutivos toman las decisiones administrativas, las cuales se realizan en función de lo económico y no de lo artístico. Como músico, tenías voz y voto, por ejemplo, en las portadas y en el arte. puedes decir hagamos esto y lo otro, pero todo eso son cosas que vas a pagar eventualmente. En algún momento tienes que negociar con ellos qué cantidad de flaps va a tener el booklet, cuántos colores, porque todo implica costos. Por eso los booklets de los discos eran color de un lado y blanco y negro del otro. La trampa con las disqueras es que te aplican el famoso adelanto de regalías, por todo ese tiempo que tardas en componer y grabar un disco. Pero ese dinero lo vas a pagar con la venta de los discos, y es un porcentaje tan pequeño que te tardas siglos en pagarlo. Por ejemplo, el porcentaje que le toca a una banda por la venta de un disco es irrisoria: el disco cuesta 100 pesos en la tienda, de ahí la tienda se queda con 20 pesos, la distribuidora se queda con otros 20 pesos  y entonces de esos 40 pesos, al grupo le toca 6%, que se reparte entre todos los miembros de la banda. El resto es lo que vas pagando de la deuda que adquiriste con la disquera.

 

AC: ¿Cómo fue el momento en que salieron de la disquera?

AO:Lo que estaba sucediendo era que ya había llegado una siguiente oleada de bandas. Alguna empezaba a hacer cierto ruido, una disquera le invertía y esa banda se volvía un putazo, como Molotov, Control Machete o Plastilina Mosh. Entonces el resto de las disqueras sentía que debían tener su versión de Molotov o de Control Machete, y entonces sólo firmaban bandas que estuvieran en ese canal y a las bandas que llevaban un rato empezaban a sugerirles que hicieran música en ese canal. A nosotros nos empezaron a pedir música más comercial y nos impusieron a un director que iba a decidir qué canciones quedaban y cuáles no. Fue así que optamos por la independencia. Nosotros tuvimos la suerte de estar en una disquera y sacamos cuatro discos con mucha difusión, por lo que ya mucha gente nos conocía. Entonces, hicimos ese primer disco independiente en el año 2000. Ahí fue donde aprendimos un poco sobre la buena administración que tiene que haber en la independencia, porque es cuando te empieza a caer el veinte de todos los gastos que implica hacer un disco, desde cuánto te va a costar el estudio, el arte, la maquila, etc.

En ese entonces, no había una industria independiente establecida. Me acuerdo que tuvimos que ir al mercado del disco, a juntas con distribuidores para mostrarles las rolas, y ellos oían lo que hicimos y no entendían nada porque están acostumbrados a vender otro tipo de productos. Para el primero no fue fácil, pero el siguiente, Espiral, lo sacamos con la disquera Intolerancia y lo distribuimos con Fonarte Latino y ya fue algo mucho más planeado, hecho con un paso más firme y ya no tanto a ciegas.

 

AC: Uno tiene la ilusión de que cuando una banda estaba en una disquera le iba mejor que estando en la independencia. ¿Qué beneficios te daba en ese entonces estar en una disquera?

AO:Ahorita el esquema de las disqueras ha cambiado un poco pero no tanto. En realidad, más que estar protegido, estar en una disquera te da mayor visibilidad, y la cosa ha ido cambiando con los años, pero en esas épocas, los grupos que aparecían en la televisión sólo eran grupos que tenían disqueras. Ahorita ya llega a suceder, pero antes las bandas que no estaban firmadas no aparecían en esos espacios. Sus videos no los pasaban en Telehit ni MTV. Las disqueras eran las que invertían en hacer un video. Estar en una disquera te daba visibilidad mediática sobre todo. Sin embargo, eso no significaba que la distribución fuera chida, ni que económicamente se estuviera administrando bien tu dinero. Al final nunca te enterabas de cómo eran las cuentas. Eso es lo chido de la independencia: sabes cuánto te cuesta maquilar un disco, cuánto le quieres invertir en promoción, etcétera. O sea, decides. Antes no.

 

AC: ¿Qué cambió entre los noventa y los dos mil?

AO:Yo siento que algo que modificó todo fue de entrada el Internet, porque abrió un canal de promoción o distribución que ya no dependía de las disqueras, ya no estaba controlado por nadie, era democrático y accesible para todos. Eso significó un cambio en muchos sentidos. Gracias al Internet ahora tenemos todas las redes sociales. Antes de eso, no había un espacio en el que la gente estuviera en contacto contigo. También, ahora con Internet ya cualquiera puede subir su música. Si lo ves desde el lado democrático está chingonsísimo, pero desde el lado artístico no estoy seguro, porque significa que hay una mayor oferta de cosas que no necesariamente significa que todas son chidas. Ahora hay gigabytes de basura en la red. Por supuesto, también hay cosas muy buenas, pero el problema es que todo se masifica y te vuelves una gota más en el océano. Por ejemplo, el myspace, esa red ya nadie la usa y ahora es como una especie de cementerio cibernético musical.

 

AC: ¿Qué pasa entonces con la escena del rock?

AO:Pese a que las disqueras tenían bandas haciendo cosas, yo siento que para el público se volvió más atractivo lo que estaba sucediendo fuera de los medios tradicionales de comunicación. La gente se empezó a abocar a lo que estaba pasando en Internet y las redes sociales, porque era lo que estaba a su alcance. Ya no necesitas prender la TV o tener televisión de paga. Apareció ese momento en que la música y el disco dejó de ser físico y lo puedes descargar por Internet. Ahorita las disqueras han tenido que ir transformando su manera de promover y distribuir la música, pero se tardaron en darse cuenta.

 

AC: ¿Tú cómo viviste ese proceso?

AO:En mi caso, hubo un tiempo que tocaba simultáneamente en Santa Sabina y en La Baranca. Ambas bandas habían pasado por disqueras grandes, tuvieron cierta visibilidad y llegaron a tener público cautivo. Sin embargo, ambas entraron en una pausa y me aventé en hacer mi primer disco solista, con cd y dvd, una cosa multimedia. A esas alturas jamás pensé, ni me interesó, ir con una disquera. Lo que yo estaba haciendo era un disco un tanto radical. Más bien pensé en sacarlo con Intolerancia, que era un sello independiente, que se especializa todavía en cosas propositivas. Entonces salió de manera tradicional y se distribuyó en tiendas. Tuve la suerte de que el DVD ganara premios y me sirvió para empezarme a posicionar con una identidad propia. Como todo en la vida, vas dando pasos sin saber exactamente hacía dónde vas, pero al menos estás en movimiento. Gracias a ese disco, me invitaron a la Cineteca Nacional a musicalizar una película muda en el 2009. Las funciones fueron un éxito y la experiencia se repitió y de ahí grabé un disco en vivo. En esas épocas tuve un problema de salud asmática, y mis amigos armaron una colecta para apoyarme en mis gastos, y entonces cuando salí del hospital, había recibido tan buena onda de tantos lados que decidí regalar ese disco. Fue como una manera de agradecer. También es una especie de “statement” político-músico-cultural al mismo tiempo. Me estoy situando fuera de la industria tradicional donde el músico transforma al consumidor, al público, lo que genera otro tipo de vínculo que después de lo que me pasó estando en el hospital, dije: es que es hacia allá donde va la cosa. En un año se distribuyeron 10 mil copias.

 

AC: ¿Cómo haces tú para sobrevivir con este tipo de proyectos?

AO:Para sobrevivir hago muchas cosas. Actualmente toco en vivo con Iraida Noriega, hago musicalizaciones de películas mudas, como la del Hombre de la Cámara, acabo de estrenar un power trío con Aarón Cruz y Patricio Iglesias, también toco con San Pascualito Rey, doy clases, de repente salen cosas para hacer música para un jingle, publicidad o con suerte hacer algo en cine. Entre todas esas cosas es que uno sobrevive. Ahorita son muy pocos, yo creo que sólo Caifanes, Café Tacuba, Molotov y Zoé, son de las pocas bandas que pueden sobrevivir solamente de tocar la música de esa banda. Si llegas a ese nivel de éxito no necesitas hacer otra cosa, pero en mi caso, la música que yo hago no es algo comercial y jamás va a tener ese tipo de proyección. Tampoco está diseñada para que le guste a un chingo de gente. Eso no me interesa, porque entonces parasobrevivir de la música no se vuelve una cuestión económica, sino una cuestión de espíritu. Entonces tener que hacer todas esas cosas de dar clases, tocar en varias bandas, es lo que hace que cada vez que me subo a tocar mi música sea el güey más feliz del universo.

 

AC: ¿Cuál es tu próximo proyecto musical?

AO:El siguiente disco que voy a editar es a dueto con Iraida Noriega y queremos que sea de distribución gratuita. Pero ahora quiero experimentar con las nuevas tecnologías, porque quiero distribuirlo como una aplicación. Te describo la idea: hay una hora de música, pero ahora yo siento que la gente que escucha música no se sienta a escucharla. Como ahora tienes en un ipod 20 horas de música, ya ni te clavas. Entonces la idea es que cuando abras esos 60 minutos de música, no vas escuchar todo el material, sino que la app va a diseñar al azar ciertas canciones y entonces lo que escuchas es un disco que dura 40 minutos. Las rolas van a estar fracturadas y va a tener un modo caleidoscópico donde todos esos fragmentos van a ir cambiando de lugar, provocando que cada vez que lo escuches sea una experiencia diferente. Esa es la idea.

Lo que grabé con Iraida tiene mucha improvisación involucrada, por eso quería que saliera algo diferente; la misma rola con Iraida nunca sale igual. Hay cosas que se mantienen como una progresión de acordes o un pulso o un ritmo, pero eso siempre nos sirve de pista de despegue para que cada vez que lo tocamos suceda algo nuevo, como si fuera la primera vez que tocamos esa rola.

 

AC: La pregunta del millón, ¿hacia dónde crees que va todo esto?

AO:¿Es la típica verdad? Yo también a veces hago la pregunta, pero nadie sabe… No sé exactamente qué es lo que va a pasar con los discos en el sentido que los conocemos, donde está contenida la propuesta musical. Se ha ido erosionando el contenedor. Los acetatos eran una cosa chingona, de un tamaño grande con portadas increíbles, por eso te sumergías 40 minutos en el acetato, y las portadas y las letras, era un súper viaje. Cuando se volvieron un CD tenían mayor capacidad de espacio y mayor fidelidad. Pero es una fidelidad digital, no una ergonómica con la que oye tu oído. Lo analógico está diseñado para que tu oído capte los sonidos, lo digital es una cosa completamente prístina en un rango de frecuencias más grandes, superior e inferior al que tu oído naturalmente escucha. Curiosamente cuando la música se empezó a digitalizar se ganó en fidelidad pero no necesariamente se aprecia mejor. Es más, se percibe peor, por eso hay gente que todavía busca el acetato. Entonces cuando llegó el ipod la gente empezó a preferir tener más música, que escucharla con mayor fidelidad. No sé en qué momento la humanidad empezó a preferir la portabilidad de la música sobre su fidelidad. Entonces es probable que cada vez haya menos contenedores físicos para la música. En ese sentido, no sabría qué es lo que va a pasar con el contenedor, pero lo que yo sí espero que pase es que haya un revaloramiento de la música en vivo, porque eso sí es una experiencia que no se ha modificado. Se trata de que una persona vaya a recibir una serie de frecuencias intangibles que no se pueden ver, no se pueden oler, pero que te hacen sentir. El testificar en persona a un grupo de músicos tocando música, esa es una experiencia que ningún CD, acetato o mp3 puede contener. Una carta de amor no es lo mismo que ver una persona. Por eso, espero que se revalore la música. 

 

 

(Publicado originalmente en revista correspondiente al número 15)
México ha tenido un camino difícil. Se dice que inició en los años cincuenta, cuando las orquestas de jazz y de mambo empezaron a incluir este ritmo en su repertorio." data-share-imageurl="">

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