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El Free Jazz y su libertad cosmopolita

Amigos, caballeros, melómanos y demás, en esta ocasión hago hincapié en una de las variantes del jazz más complejas e interesantes, tanto por la diversidad de influencias que componen sus cimientos armónicos, como por la riqueza en la improvisación que dieron las aportaciones de sus ejecutantes.

Después del swing y el bebop, a finales de la década de los cincuenta surge este nuevo retoño del jazz llamado free jazz, el cual consta de cinco puntos esenciales, de acuerdo a Joachim E. Berendt en su libro El Jazz, que son:

-Una irrupción en el espacio libre de la atonalidad.

-Una concepción rítmica que se distingue por la disolución del metro, el beat y la simetría.

-La irrupción de las –músicas del mundo- en el jazz, el cual se ve repentinamente confrontado con todas las grandes culturas musicales, desde África hasta la India, y desde Arabia a Japón.

-El realce del momento de intensidad, en forma desconocida en anteriores estilos del jazz. (El autor también menciona que los músicos del free jazz hacen un auténtico –culto a la intensidad-).

-Una extensión del sonido musical, que invade el ámbito del ruido. (¡Cuidado! ruido no significa estridencia).

El último punto va de la mano del segundo. El ruido en el jazz puede ser entendido de  distintas maneras, ya que abarca diferentes rubros como la ruptura del orden de los tiempos y métricas, anteriormente conocidas en el bebop. Además, los oídos de aquel entonces catalogaron de ruidoso el free jazz porque no lograban comprender una armoniosa composición nutrida de escalas arábigas, amalgamadas con el beat de un blues o de un swing, y en donde los solos de saxofón, piano o contrabajo lograban extensiones tan largas como la inspiración de los ejecutantes dictara.

Don Heckman, crítico y músico neoyorkino, dijo alguna vez: “Creo que durante toda la historia del jazz hay una tendencia de crecimiento libre, en dirección a la liberación de la idea improvisadora de las limitaciones armónicas”. Esta cita describe óptimamente la esencia del free jazz, es decir, la libertad de jugar con distintas métricas y armonías. Esta liberación supone un nuevo eslabón en la tradición jazzística, no una ruptura, y abre paso a todas las posibilidades para descubrir nuevos horizontes en la improvisación.

Cosmopolita y portavoz de la autoexploración espiritual, el free jazz no sólo rompió límites y estereotipos en la música, además, fue una manifestación artística que invitó a la reivindicación de los derechos de los negros en Estados Unidos y puso en duda algunas bases cristianas. Berendt menciona en El Jazz una cita al respecto del escritor afroamericano, James Baldwin: “Todo el que desee llegar a ser un ser humano verdaderamente moral deberá divorciarse primero de todas las prohibiciones, crímenes e hipocresías de la Iglesia cristiana. La idea de Dios sólo es válida y útil si puede hacernos más grandes, más libres y más capaces de amar”. De esta manera músicos como John Coltrane, Herbie Mann, Art Blakey, Randy Weston y Ornette Coleman, entre otros, fusionaron en el jazz armonías y métricas tanto de música árabe como de la India. Berendt también hace mención de la riqueza rítmica que tiene la música clásica india, ya que se basa en talas (series y ciclos rítmicos de enorme variedad, los cuales van desde 3 hasta 108 golpes), y sostiene que esta separación de la uniformidad en 4/4 (el tiempo más simple y común en la música popular) es lo que fascina a los jazzistas modernos.

John Coltrane

Irónicamente su estancia en el mundo fue relativamente corta, ya que murió a los 41 años de edad, pero una de sus más reconocidas aportaciones a la música fue el sentido de atemporalidad en el jazz. Extendió los solos de su saxofón (tenor y soprano) tanto como su imaginación se lo permitió. Icono y maestro de la improvisación. Jugó con armonías arábigas e indias sobre bases de blues, y rápidamente esas aportaciones comenzaron a captar la atención del mundo entero, a tal grado que la frase más famosa sobre su ejecución fue: “Lo único que puedes y debes esperar de Coltrane es lo inesperado”, publicada por Zita Carno en la revista Jazz Revue.

Después de haber tocado con Miles Davis y Thelonius Monk, en 1960, ya como líder de su cuarteto, decide lanzar My Favourite Things, álbum que resulta ser todo un éxito gracias a la entonación nasal de una zourka (instrumento árabe muy parecido al oboe) en su saxofón soprano. Esta innovación evidenciaba claramente las influencias de la música árabe en la nueva variante del jazz. Un año más tarde, graba Olé Coltrane (con la disquera Atlantic) y African Brass (con la disquera Impulse) en donde hace cada vez más evidente la incorporación de escalas y armonías hispano-moriscas e indias a su música.

Para él la religión jugó un papel fundamental, porque entendió que si elevaba su sentido de espiritualidad, podría entonces ampliar su creatividad musical. Explorando la música oriental, y haciéndola cada vez más presente en sus composiciones, manifestó una firme posición ante la apertura espiritual que existía en la India y en algunos países árabes. Para Coltrane (o simplemente Trane como se le conocía popularmente) el concepto de deidad resultaba sinónimo de libertad, de integración en la diversidad, que si bien podía concretarse armónicamente en su música, también debería ser posible entre las personas. A Love Supreme, una de sus obras más complejas y reconocidas, es considerada por muchos críticos como el disco en donde llegó a su punto más álgido en la composición, y con una mayor impresión de lo espiritual. Este álbum consta de cuatro temas definidos por el mismo autor como una mezcla de “elegancia”, “elevación” y “entusiasmo”, en donde logra esta ofrenda a lo incorpóreo, a lo místico, y a la libertad.

Ya en 1964, muchos defensores de los derechos de la población afroamericana en Nueva York, habían encontrado en la música de Coltrane una manifestación artística que reivindicaba la Nueva Música Negra. Un año después ofreció un concierto en la Black Arts Repertory School, en donde el entonces director, Leroi Jones (también escritor y poeta), lo calificó de “orientalista”, de ser portavoz de un lenguaje de paz y unidad, y de poseer la energía rítmica negra en el blues dentro del plano de la reflexión.

En fin, profundizar en el free jazz, así como en la vida y obra de John Coltrane, llevaría a escribir textos de dimensiones enciclopédicas, pero seguramente más adelante le daremos continuidad a este tema con algún otro artista o disco en particular. Para aquellos amantes del blues, la música étnica y el jazz; Equinox, Blue Train y A Love Supreme son, en definitiva, unas excelentes recomendaciones para deleitarse con la libertad cosmopolita de este género.

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