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Ecos prehispánicos en la contemporaneidad

Los Binni Zaa (gente-nube), a quienes los aztecas denominaron zapotecas en la etapa precolombina, siempre buscaron guardar en la memoria generacional su lengua, mitos y leyendas, que constituyen el pilar fundamental de la cosmovisión de los Binni Za, así como sus tradiciones, los sonidos y danzas que acompañaron sus ritos transmitidos en tradición lírica.

Los Binni Zaa, son una cultura mesoamericana asentada en lo que actualmente conocemos como el estado de Oaxaca, en México, que floreció en Monte Albán y posterior a su migración, en Guie’ Ngola (piedra grande), ubicado en Tehuantepec, en el sur de la República Mexicana.

La  cultura Zaa  se dispersó en valles centrales, la sierra (norte y sur) y en el Istmo de Tehuantepec, teniendo más de 12 variantes de su lengua en diferentes pueblos del estado oaxaqueño. En el presente artículo sólo referiré a la música de los Binni Zaa, asentados en la región más estrecha de México, el Istmo.

Tanto la lengua como la música, sufrieron mutaciones a través del tiempo debido a factores migratorios. Refiero a la lengua por ser de carácter tonal y porque es en ella donde considero se halla la sonoridad más antigua e importante, que refleja el alma de la música de los Binni Zaa.

Actualmente es difícil precisar la diversidad de instrumentos con los que hicieron música los Binni Zaa, y sólo algunos datos se pueden extraer de los hallazgos. Por ejemplo, el investigador Agustín Delgado encontró en Tehuantepec una flauta de hueso grabado con la figura de “un venado atravesado por un dardo”, en dicha exploración encontraron también cascabeles de cobre y figurillas que se deduce fueron silbatos.

Entre la instrumentación conocida mediante algunas imágenes se encuentra la flauta, concha de tortuga, teponaztle y huéhuetl, que se considera estuvieron ligados a danzas ceremoniales.

Posterior al mestizaje colonial, en el siglo XIX llegaron otros instrumentos de cuerda como la guitarra y la vihuela, así como instrumentos de viento como la trompeta, variedad de saxofones, clarinetes y nuevas percusiones que terminaron por integrar un nuevo formato musical actualmente conocido como “bandas de música”, en los diferentes pueblos de la región istmeña.

Emergen de manera natural trovadores que aprenden a ejecutar la guitarra, y que no sólo acompañaron los cantos litúrgicos, sino que también empezaron por cantar en su propia lengua las composiciones que emanaban de su inspiración, cantares en los que se relataban acontecimientos o simplemente referían al sentimiento amoroso o alegre de vida, adoptando claramente la tradición juglar llegada de Europa.

El segundo sincretismo musical dotó de nuevos esquemas musicales a los Binni Zaa, para llevarlos a la constitución de una forma musical que denominaron sones, además de sumar las estructuras de las polkas que llegaron  en la colonización, constituyéndose de esta manera la nueva plataforma musical en estas tierras.

A pesar de esta nueva convivencia sonora, los Binni Zaa no se apartaron de su lengua ni de la sonoridad de los instrumentos prehispánicos. En las nuevas formas de convivencia como las mayordomías y las nuevas ceremonias religiosas –generadas con la doctrina cristiana-, emplearon un nuevo aerófono llamado Pitu gueere  (flauta de carrizo), en sustitución de la flauta de hueso.

La flauta de carrizo cuenta con una embocadura en forma de tubo de órgano y un tapón de cera de colmena, que termina por formar el canal de aire de la embocadura, que tiene siete agujeros y con el extremo exterior abierto. Algunos piensan que la flauta evolucionó de tres agujeros a siete para así poder ejecutar las escalas europeos.

El siguiente instrumento es el Bigu (caparacho o concha de tortuga) idiófono que debe invertirse para ser ejecutado con astas de venado, y el tambor que puede estar hecho de una sola pieza de madera, cerrada  en ambos extremos con piel de venado o chivo y afinado con una cuerda tensada en los anillos de los aros que estiran la piel, ejecutándose con un par de baquetas gruesas.

La llegada de la guitarra sexta propició la integración de duetos y tríos, pero gracias al esfuerzo de ejecutantes que se aferraron no sólo al instrumento de carrizo, sino que fueron capaces de crear nuevas composiciones con la instrumentación heredada de sus antepasados, nació el reciente repertorio de lo considerado prehispánico.

Por ejemplo, en Juchitán, Oaxaca, Cenobio López Lena, fue un pitero ciego que compuso temas como Carreta guiee’ (carreta florida), Guchachi reeza (iguana rajada), Telayú (Amanecer), Bere le’le (Alcaraván) -donde se imita el sonido que emite esta especie-, y Son mbioxho (danza del viejo). Mientras que en Tehuantepec podemos encontrar Saa Beedxe (la danza del tigre), Saa benda bisiaa’ (danza del pescado), Cutinti que se toca en el dxi beu (día de luna), cuando inicia una festividad tradicional de corte religioso.

En el relevo generacional, se fueron constituyendo nuevos grupos que buscaron la polifonía a partir de la instrumentación básica de la música prehispánica. De ahí nacen el grupo Bigarii (la Cigarra), Gugu Huiini (tortolita), guidxi guiee (pueblo florido), entre otros.

El pitero era quien amenizaba las diferentes fiestas, las “labradas de cera” -donde se elaboraban las velas para la festividad del santo patrón en la comunidad-, y la alegría de las bodas.

Actualmente son muy pocos los que elaboran las flautas de carrizo en la región istmeña, aunque es necesario decir que las nuevas tendencias musicales llegadas con la apertura que brinda la interculturalidad cibernética –que acorta las distancias de convivencia musical-, no han afectado del todo la identidad musical con raíces prehispánicas de los Binni Zaa.

El repertorio actual del instrumento prehispánico incluye la adaptación de temas y canciones que las nuevas tendencias musicales y el público exigen en la convivencia cultural diaria. De ahí que se ejecuten sones como La sandunga, La Llorona, La Martiniana, El Fandango, valses, polkas, entre otros géneros del folclor mexicano y otros ritmos musicales.

Los ecos sonoros más antiguos de los Binni Zaa, aún se conservan en la musicalidad de la lengua y en la música ejecutada con estos tres instrumentos (flauta, caparazón de tortuga y caja), que busca abrirse paso entre las nuevas generaciones, incluso con nuevos esquemas de ensamble, ante el desafío de la convivencia contemporánea de la música en el mundo.

Binni Zaa (gente-nube), a quienes los aztecas denominaron zapotecas en la etapa precolombina, siempre buscaron guardar en la memoria generacional su lengua, mitos y leyendas, que constituyen el pilar fundamental de la cosmovisión de los Binni Za, así como sus tradiciones, los sonidos y danzas que acompañaron sus ritos transmitidos en tradición lírica." data-share-imageurl="">

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