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Dizzy para presidente

En el año de 1964 por primera vez un músico de jazz se postuló para las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Se trata de Dizzy Gillespie: virtuoso trompetista, co-autor del género bebop y cómico humanista.

En el vasto anecdotario de la escena del jazz, más bien poblado de historias oscuras y desenfrenadas, se encuentran registradas las elecciones generales de 1964, año en que Dizzy Gillespie se postuló para la presidencia de los Estados Unidos, proponiendo un gabinete al estilo all-stars, conformado por: Duke Ellington (Secretario de Estado) Peggy Lee (Ministra de Trabajo), Max Roach (Ministro de Defensa), Miles Davis (Director de la CIA), Charles Mingus (Secretario de la Paz), Thelonius Monk (Embajador Plenipotenciario), Louis Armstrong (Ministro de Agricultura), Ray Charles (¡cómo no!, Director de la Biblioteca del Congreso) y Mary Lou Williams (Embajadora ante la Santa Sede). De haber sido electo, hoy la Casa Blanca se conocería como la “Casa del Blues”, Barack Obama no hubiera sido el primer presidente negro, quizás ni siquiera presidente, y la guerra de Vietnam se hubiera detenido ese mismo año y no una década después. La convicción en su candidatura era tal, que al ser cuestionado sobre el porqué de su campaña durante una entrevista para la Jazz Magazine en 1970, contestó: “¡Porque Estados Unidos me necesitaba!”.

“Cualquiera podría haber sido un mejor presidente que aquellos que teníamos en esos tiempos, con sus mentiras y vacilaciones acerca de los derechos civiles y humanos de los negros y llevando adelante guerras secretas contra gente de todo el mundo”.  Dizzy Gillespie

Aunque carecía de carrera estrictamente política, Dizzy había sido reconocido desde 1956 como Embajador Cultural Oficioso de los Estados Unidos. Cargo promovido por Adam Clayton Powell, vocero del barrio de Harlem ante la cámara de representantes (quien además contaba con el mérito de haber sido el primer hombre de ascendencia afro-americana en acceder al congreso). Por otro lado era miembro activo de CORE (Congreso para la igualdad racial), una de las cuatro mayores asociaciones en la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana, así como colaborador de una variedad de proyectos impulsados por Martin Luther King, James Farmer y John Lewis. De tal forma que cuando el periodista Ralph Gleason le sugirió hacer su propio programa polìtico, Gillespie decidió lanzar la campaña “Dizzy for President”, con el fin de vender artículos y así recaudar fondos para CORE y la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, liderada por Martin Luther King. La campaña fue coordinada por Jean Gleason, la esposa de Ralph, quien se encargó de que pronto se vendieran pins y escudos de Dizzy por todo el país y, finalmente, saltándose las primarias, se inscribiera oficialmente la campaña. En apoyo al proyecto, el letrista de bebop John Hendricks, escribió la letra del slogan publicitario sobre el tema “Salt Peanuts”, compuesto por Dizzy, el cual fue regrabado por su quinteto:

DizzyPese a lo previsto, la campaña trascendió más allá del chiste, pues además de lograr una importante recaudación, sirvió para llamar la atención sobre algunos temas de derechos humanos de los que tanto evitaban hablar los políticos. Cada vez más, Dizzy fue asumiendo un discurso vetado de los grandes mítines, defendiéndolo en numerosas entrevistas: expresó su compromiso con la igualdad laboral (llegando incluso a proponer que las entrevistas de trabajo se hicieran con sábanas blancas en la cara para evitar discriminación racial), el reconocimiento diplomáticos de China (que hasta 1979 no se hizo efectivo), la Guerra de Vietnam, la sanidad y la educación gratuitas, e incluso propuso ideas bastante originales como la creación de clubes nocturnos en los que los músicos de jazz pudieran ser contratados por el gobierno, protegidos como un bien de interés patrimonial. Cuando dejaba de lado el tono serio proponía cosas como mandar al menos un astronauta negro a la luna, que de no ser encontrado sería él mismo. Pero aún en estas ocasiones, no dejaba de utilizar un sarcasmo ultra crítico, como cuando propuso que el gobernador de Mississippi, Ross Barnett, un conocido racista, fuera condecorado con el cargo de director de la Agencia de Información del Congo, o que el gobernador de Alabama, George Wallace,  autor de la frase “segregación ahora, segregación mañana, segregación para siempre”, fuera designado a combatir en Vietnam. Con la misma ironía propuso que Malcolm X, el importante líder musulmán, fuera elegido Procurador General, pues decía que era alguien de quien convenía ser amigo antes que enemigo.

Tu política debería ser algo más groovie

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Así que escoge a un presidente que le ponga swing

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Lo interesante es que todas éstas propuestas que podrían parecernos inocentes, tuvieron un impacto popular notable, ocasionando que en ocasiones Dizzy tuviera que parar conciertos al grito de “Dizz for Pres”. En aquellos años en los que el voto de la población negra era un voto seguro para el Partido Demócrata, aunque sólo fuera por afectar al Partido Republicano, la campaña inevitablemente tenía implícito el mensaje “no tenemos que votar por ustedes” (en palabras de John Hendricks). Por esta razón ejerció presión sobre los políticos para hablar de estos asuntos que estaban totalmente fuera de su discurso, preocupados por perder el voto afroamericano. Por otro lado lanzaba la pregunta ¿Qué pasaría si fuera elegido un presidente negro, y encima músico?, algo que hasta entonces era totalmente impensable.

Por desgracia, aunque a finales de 1964 la Sociedad John Birks se encontraba activa en 25 estados del país, Dizzy no llegó a las votaciones,  mucho antes de la recta final la campaña fue abandonada, azotada por la realidad de dos acontecimientos: el rechazo por parte del estado de California para incluir a Dizzy en las listas electorales y el anuncio de Barry Goldwater (significativamente apodado “Mr. Conservador”) como candidato del Partido Republicano a la presidencia. Principalmente este último, y sus ideas radicales, preocupaban a Gillespie, pues temía favorecer su campaña afectando al candidato demócrata Lyndon B. Johnson (tal era el revuelo que había creado). Por ello, finalmente acabó votando por el demócrata y trató de convencer a todos sus amigos de que así lo hicieran, por más que difería de su ideal presidencial. Como él mismo expresó en una entrevista: “Pienso que Estados Unidos necesita un presidente que tenga una visión espiritual de las cosas, desde un punto de vista puramente humanista por el bien del género humano. Este tipo de punto de vista es el más importante, a mi parecer, en un hombre de Estado. Hay que ir más allá de las divisiones para buscar la unidad”. Pero no iba a cruzarse de brazos, pues ser utópico no era propio de él.

Quizás porque el jazz se ha vuelto un género chic y ya nadie se atreve a negar su valor “alto cultural”, a menudo se olvida su contexto original, más bien marginal. La discriminación racial, aún en los años sesenta, seguía siendo la mayor debilidad social de Estados Unidos; así que el jazz creció como la flor de loto en medio de un pantano de violencia y miseria extrema. Por ello el episodio político de Dizzy es realmente significativo como acto subversivo, sobre todo porque no debería serlo en un país “democrático”, que se dice defensor de la libertad. Posteriormente otros músicos han evidenciado esta falsa política fuera de Estados Unidos. En 1979, el artista de afrobeat, conocido revolucionario, Fela Kuti, se postuló para las elecciones presidenciales de su país, Nigeria, pero fue rechazado. Haciendo caso omiso de la indirecta, por utilizar un eufemismo, se volvió a presentar en 1983, lo cual le mereció persecuciones policiales y finalmente el encarcelamiento por contrabando, donde permaneció 20 meses hasta el cambio de gobierno. Igualmente en Haití, el guitarrista Wyclef Jean presentó una campaña sincera por la presidencia, pero está fue rechazada por razones poco claras de residencia. Si no fuera por Ronald Reagan, cualquiera diría que hay un complot para impedir que los artistas lleguen a ostentar cargos públicos (léase con una alta dosis de sarcasmo).

Es verdad que el apodo Dizzy (mareado) fue atribuido a Gillespie por llevar los chistes demasiado lejos, hábito por el que era bien conocido. Y quizás por ello nunca desmintió que su campaña fuera algo serio, por más que la revistió de un sarcasmo pomposo. No obstante, la broma fue corta y la hazaña no volvió a repetirse (aunque en 1971 hizo amago de ello). Esto se debe a que a finales de los sesenta Gillespie adoptó la religión bahai, la cual le impedía realizar cualquier actividad política. Y es que Gillespie, pese a todo, era un hombre de convicciones espirituales, de esos en lo que el sentido del humor se debe entender como una manifestación elevada de humanidad. El actor Jake Broder, quien durante las elecciones de 2004 dirigió el musical teatral Vote Dizzy, en la víspera de las primeras elecciones ganadas por Obama, expresó de maravilla esta idea: “Cuando profundizas en la mayoría de la comedia, a menudos encuentras enojo y furia…. pero no con Dizzy. Profundiza ahí y sólo encontraras amor”.

Al final Gillespie sí llegó en numerosas ocasiones a la Casa Blanca, aunque no como presidente, sino como intérprete e invitado de honor. Entre ellas se cuenta la célebre presentación que dio en el palacio con Max Roach en 1978, cuando juntos, sólo trompeta y batería, interpretaron una versión improvisada de “Salt Peanuts”, como parte de un festival de jazz en la Casa Blanca, a petición de “su alteza” Jimmy Carter (como tuvo la osadía de llamarlo Dizzy frente a todos sus invitados). Nixon también quiso colaborar con Dizzy y hacerlo de nuevo embajador de la cultura norteamericana, sin embargo no compartió su idea de “el jazz como un lenguaje universal”, al que Dizzy quería desvincular de cualquier tipo de discurso nacionalista. Así la cosa, el único recuerdo de aquel programa presidencial se conserva en el album Dizzy for President, el cual es una reedición hecha en 1997 a partir del  concierto dado en 1963 por Gillespie en el Festival de Jazz de Monterey, en el cual podemos escuchar, cincuenta años después, “Salt Peanuts” con la letra de Jon Hendricks: ¡Vote Dizzy, Vote Dizzy!

 

Dizzy Gillespie

John Birks “Dizzy” Gillespie (1917 - 1993) nació en Cheraw, Carolina del Sur, donde su padre era el director de una banda musical. Con nueve años comenzó a tocar el piano y a los doce el trombón y la trompeta, instrumento al cual dedicó casi toda su carrera, abriéndolo a nuevas posibilidades armónicas e improvisatorias, hasta entonces insospechadas. Sus primeras interpretaciones las hizo junto a las big bands de Edgar Hayes y Teddy Hills, y posteriormente junto a Cab Calloway y Ella Fitzgerald, dándose a conocer por su forma excéntrica de tocar. Al respecto el famoso crítico de jazz Scott Yanow escribió para su biografía en Allmusic:  “Gillespie era un intérprete tan complejo que sus contemporáneos tuvieron que imitar a Miles Davis y Fast Navarro en su lugar…”

Finalmente durante los años cuarenta adoptó un papel primario en el desarrollo del bebop junto a Charlie Parker, Max Roach, Thelonius Monk y Bud Powell, género que se diferenciaba radicalmente del swing por sus ritmos violentos y armonías inusuales. Principalmente junto a Charlie Parker grabó numerosos temas, pasando a la historia como un dueto clásico. Sin embargo, a diferencia de éste, Dizzy escribió mucha música sobre el pentagrama y se preocupo por enseñarla a las nuevas generaciones, asentando así sus principios teóricos. Tras años de freelance, a partir de 1946 se dedicó casi por completo a la dirección de su banda durante cuatro exitosos años, junto a la cual llegó a ser nombrado “Embajador del Jazz” en Medio Oriente. Paralelamente participó del movimiento de música afrocubana, de por sí influenciada por el bebop. Algunas de sus colaboraciones más memorables fueron junto a Chano Pozo, a quien incluyó en su grupo, y Mario Bauza. En cierto sentido, Dizzy es uno de los padres del latin jazz, pues su música está plagada de ritmos caribeños que en ocasiones él mismo interpretaba en las percusiones. El auge de estos años está marcado por su participación en la película Jivin´in bebop, donde interpreta junto a su orquesta ocho de sus temas más famosos, entre ellos “Jazz in Tunisia”, “Salt Peanuts” y “One Bass Hit”.

Por dificultades económicas, en 1950 tuvo que disolver su banda volviendo a la interpretación con pequeñas agrupaciones y viejos colegas, entre ellos Charlie Parker, hasta su muerte en 1955. A partir de 1953 su sonido adquirió un nuevo giro, cuando en los camerinos alguien se sentó en su trompeta dejándola completamente doblada. A partir de entonces Dizzy Gillespie fue asociado siempre a su instrumento, único en el jazz: la trompeta de campana doblada.

Hasta su muerte fue el mayor divulgador del bebop, siendo incluso criticado por nunca haber abandonado este estilo. No obstante se puede apreciar que Gillespie, como los grandes músicos, con cada grabación fue madurando y enriqueciendo su estilo. Su visión de la música y su carrera ha quedado plasmada en su autobiografía de 1979, To be or not to bop. Su legado no ha dejado de ser reconocido hasta nuestros días, aunque no fue sino hasta este año de 2014 que fue incluido en el Hall of Fame del jazz. Actualmente una organización en su nombre continúa apoyando a músicos de todo el mundo y dando conciertos: The Dizzy Gillespie Bands. Su cara, inevitablemente cómica, inflando los mofletes al tocar, es sin duda uno de los rostros más característicos de la música contemporánea.

En el vasto anecdotario de la escena del jazz, más bien poblado de historias oscuras y desenfrenadas, se encuentran registradas las elecciones generales de 1964, año en que Dizzy Gillespie se postuló para la presidencia de los Estados Unidos, proponiendo un gabinete al estilo all-stars, conformado por: Duke Ellington (Secretario de Estado) Peggy Lee (Ministra de Trabajo), Max Roach (Ministro de Defensa), Miles Davis (Director de la CIA), Charles Mingus (Secretario de la Paz), Thelonius Monk (Embajador Plenipotenciario), Louis Armstrong (Ministro de Agricultura), Ray Charles (¡cómo no!, Director de la Biblioteca del Congreso) y Mary Lou Williams (Embajadora ante la Santa Sede)." data-share-imageurl="">

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