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Diego García “El Twanguero”

Viajero sin rumbo fijo dentro de las artes sonoras. Su voz, a través de la guitarra, se torna polifacética en lo que a la pluralidad etnomusical concierne. Las seis cuerdas, su pasaporte. Y el “twang” su identidad. Cronista del desarrollo guitarrístico “de raíz” desde distintas latitudes. Por esto y mucho más, Diego García escribe con tinta de gloria la partitura musical de la banda sonora perteneciente a tantos pueblos y culturas. 

La relación entre la guitarra y el alma de su ejecutante resulta en una simbiosis espiritual que evoluciona a través del tiempo. La consolidación de un sonido propio por medio de las artes hexacordales es un constante reto en donde el hombre ha aprendido a transmutar su voz vía el instrumento. Nada sencillo, aunque es algo que muchos, a lo largo de la historia de esta relación, han intentado dominar. Isaac Albéniz, Andrés Segovia, Eric Clapton y Albert King, entre tantos, han estado cerca, pero la guitarra es un instrumento rebelde y celoso que no cede tan fácil ante cualquiera que pretenda darle voz. Aún así, hombres como los recién mencionados han logrado conquistarla.

Diego García encarna todo lo anterior. Es heredero fiel de la fina estampa y del prestigio que luce la guitarra española de cara al mundo. Pero es también un alma viajera que busca la esencia y la raíz de otras voces, de otros tonos gestados en indistintas latitudes. Es, de igual manera, un aventurero sonoro con una visión universal sobre todo aquello que las múltiples técnicas y sensibilidades guitarrísticas pueden ofrecer.

El “Twanguero”, como mucha gente lo conoce, tiene un don. Y no sólo respecto a las habilidades en la ejecución de su instrumento, sino en la capacidad de sentir, apreciar, valorar, interpretar y traducir lo que la guitarra, en sus formas más naturales, nos intenta decir. Fascinado por las “músicas de raíz” se ha empapado, además de las técnicas, de las esencias armónicas, de composición y del sentimiento de aquellos géneros americanos como el tango, ragtime, blues, jazz y el bolero. Ese don es el que le permite combinar y proyectar las dos mejores escuelas que un músico puede lucir: la formal y la de calle. Su formación estructurada y académica, desde el conservatorio, le permite una óptica que armoniza perfectamente con el gusto, sabor y calambre que puede ser sentido en las calles de Madrid, Buenos Aires, Los Ángeles, Nueva York y la Ciudad de México. Su Valencia natal fue testigo de alguien que trazó sus primeros pasos en la carrera musical apreciando el arte popular: la guitarra de España. Sus cuatro producciones discográficas, Octopus (2005), Twanguero (2008), Brooklyn Sessions (2010) y Argentina Songbook (2013), además de las múltiples colaboraciones con artistas de la talla de Diego “El Cigala”, Andrés Calamaro, Fito Páez y otros tantos, le valen ser una de las guitarras más prestigiadas y universales que la España contemporánea puede presumir.

Yo aprendí a tocar escuchando a Atahualpa Yupanqui y a Scotty Moore, a Jimi Hendrix y Los Panchos.

World Groove: ¿Por qué la Martin (acústica), y la Gibson 295 (scotty moore) son tus guitarras predilectas?, ¿qué otras guitarras utilizas? Se te ha visto con una Tele con brazo de strato, y son Stratocaster.

Diego García: Estas guitarras se convirtieron en mis favoritas por dos razones: la primera porque les encontré el alma después de mucho tiempo tocándolas y escuchándolas. Con la Gibson ya pasaron veinte años de relación y puedo decir con seguridad "que ya nos conocemos". La Martin acústica fue un flechazo. La encontré hace años en Nueva York y pasé mucho tiempo buscándole la esencia. Es una 0-17 de 1932 y tiene un sonido muy peculiar. La segunda razón es sencilla: de momento no encontré nada que me hiciera cambiar. Es cierto que tengo muchas guitarras, de muchos tipos. Telecasters antiguas, custom shop, stratos varias y una Gretsch de 1957, que es mi nueva adquisición y que realmente supera al resto (sin contar las dos favoritas). Por supuesto puedo tocar con cualquier guitarra, pero la relación artista-instrumento es algo muy importante que algunos músicos pasan por alto y que yo cuido mucho.

WG: En la constante búsqueda de un sonido propio, ¿qué elementos destacas, además del twang, en tu sonido?, ¿qué buscas o qué desearías lograr para tu sonido en el futuro?

DG: La esencia de mi sonido eléctrico está basada en el personaje de El Twanguero. No sólo implica el inevitable sonido Twang característico de Duane Eddy, Shadows o Ventures, sino que añade una característica muy importante: el viaje musical y el acercamiento a las músicas americanas del norte y el sur del continente. Es la guitarra eléctrica de raíces que se funde con la tradición hispana y latinoamericana: tango, folklore, mambo, swing, surf y música española se dan la mano en un viaje constante y real que es mi vida como músico.

Yo encontré mi sonido hace tiempo. En realidad siempre lo tuve, lo único que hice fue perfilarlo durante años y eventualmente mostrarlo al mundo a través de mis canciones, en las que "canto" con la guitarra. Mi objetivo siempre es mejorar en este campo, tratar de llegar con esto a gente normal, gente que no son músicos. Ese debería de ser el objetivo de cualquier músico.

la música no son lo estilos, son las personas. A mí no me gusta el blues, el jazz o el flamenco. A mi me gusta Albert King, Bill Evans y Camarón.

Luego tengo mi parte de "fingerpicker", que es la tradición de tocar bajos, melodías y armonías simultáneamente, y de hecho creo que soy el único en España (y de países de habla hispana) que hace esto. Yo empecé a tocar este estilo hace más de 20 años y suelo girar mucho por el mundo tocando solo. En los noventa tuve una banda pionera en Ragtime y Fingerpicking llamada Gallopin´Guitars y de alguna manera siempre me ha gustado mantener esta vertiente. Siempre en mis discos incluyo uno o dos temas en este estilo. Para primavera del próximo año voy a sacar un EP de Guitarra: Fingerpicking "made in spain".

WG: ¿Qué aportaciones técnicas y sonoras le has dejado al tango, al flamenco, al bolero o a otras músicas folklóricas?

DG: Yo creo que salvando a Manuel Galban, que es el primer twanguero de la historia, no se había hecho nada parecido a mi acercamiento al repertorio latinoamericano. Se hicieron desde la guitarra jazz, como Luis Salinas, pero nunca desde un punto de vista de guitarra eléctrica de raíces. Yo aprendí a tocar escuchando a Atahualpa Yupanqui y a Scotty Moore, a Jimi Hendrix y Los Panchos.

WG: Si describieras tu relación con la guitarra, ¿cómo sería ésta?

DG: La mía es una relación de completo amor por el instrumento y por la música en general. Yo no tengo esa relación amor-odio que tienen algunos guitarristas. Y cuando no se deja tocar la aparco unos días y luego veo a ver si se deja. Llevo treinta años entregado al instrumento y sigo con la ilusión intacta.

WG: Fusión. ¿Cuál es tu opinión sobre esta palabra/concepto para referirse al contacto entre distintas músicas tradicionales en variados contextos?

DG: Yo creo que el futuro de la música está en las fusiones de estilos. Pero bien hechos y estudiados, claro. Y siempre sin perder la personalidad del músico. Porque la música no son lo estilos, son las personas. A mí no me gusta el blues, el jazz o el flamenco. A mi me gusta Albert King, Bill Evans y Camarón.

WG: ¿Cuál es tu opinión sobre el purismo en músicas tradicionales como el flamenco, el tango o el bolero?

DG: Yo creo que la pureza es necesaria para mantener los valores de un grupo social y una forma de vida. Luego están los músicos como yo que aprenden de esas corrientes y adaptan lo que quieren a su lenguaje. Porque la música esta ahí para eso, ¿no?

WG: ¿Consideras que el intercambio cultural entre las músicas tradicionales sea una oportunidad para que sigan evolucionando?

DG: Por supuesto que sí. Además hay muchas más conexiones entre la música de raíces de las que imaginamos. El ritmo, por ejemplo, es un nexo común entre los estilos de ida y vuelta entre Europa y África con América. De hecho algunos palos del flamenco provienen de ese intercambio y de Cuba salieron muchas cosas hacia el mundo muy importantes, como el son, el danzón y la rumba.

WG: ¿Cómo vislumbras el futuro del flamenco, el tango y el bolero?, ¿hacía dónde van?

DG: Creo que está habiendo una vuelta al origen. Después de pasar por la era de la fusión con el jazz o el rock los estilos como el folklore suramericano, el tango y el flamenco están más vivos y puros que hace veinte años. El son jarocho, el tango en la zona sur de Buenos Aires y el folklore en Salta están a un nivel muy alto de expresión y compromiso con lo que realmente son y de donde realmente provienen.

WG: ¿Cómo vives, hoy en día, la escena rockera en Madrid a diferencia de otras ciudades como Buenos Aires, Nueva York o Ciudad de México?

DG: Pues bastante pobre, la verdad. Hay una especie de locura colectiva por la música indie, que respeto aunque no me gusta, pero echo de menos la figura del rocker urbano, al estilo de Rosendo o Extremoduro, que se cagaban en todo y servía para arengar a la gente del pueblo y además eran sencillos y populares, como los refranes. Ahora todos quieren ser Radiohead, que es una banda que me encanta, pero no saben quién es Link Wray, el inventor de la distorsión.

A mí me gusta mucho el rock garage, vi a los Ramones tocar hace años y me encanta ese formato musical y conceptual. Imagino que habrá una escena under en todas las grandes capitales pero lamentablemente el rock dejó de serlo hace muchas décadas.

WG: De todo lo que has encontrado en la música argentina, ¿qué es lo que más valoras, o te ha marcado?, ¿cómo elegiste el repertorio para Argentina Songbook?

DG: El disco es como un diario del año que viví en Buenos Aires. Estudié guitarra tanguear, escuche mucha música y me relacioné con artistas locales. Fue una experiencia muy enriquecedora de la cual aprendí mucho. También me trajo quebraderos de cabeza, pero viendo el resultado me compensa.

El repertorio fue elegido entre muchos temas que me recomendaban amigos como Fito y Andrés y grabé muchos demos para llegar a un punto concreto.

WG: Para ti, ¿cuál es la esencia del blues?

DG: El blues tiene esa capacidad, como todas las músicas de raíces, de trasmitir el sufrimiento y las pasiones de un grupo social determinado. En este caso de los negros esclavos que fueron obligados a trabajar en las plantaciones yankees y que con su "quejio" y siglos de cultura africana crearon un estilo nuevo allá en el otro lado del charco. Luego llegaron los blancos, que con mayor o menor acierto reinterpretaron esos sonidos y los acoplaron a su lenguaje. Yo no me considero en absoluto un guitarrista de blues, pero es un estilo que me inspiró mucho, sobre todo el estilo West Coast.

WG: ¿Cuándo sentiste tú el blues?

DG: Muchas veces. Cuando vi a BB King por primera vez,o Albert Collins, Buddy Guy y a Hubert Sumlin.

WG: ¿Qué es lo que más te llama la atención en la escena de blues de Madrid o, si es el caso, de otra ciudad?

DG: No sigo mucho lo que ocurre aquí en Madrid. Conozco a los históricos como a  Tonky de la Peña, Simón o Caporuscio, grandes guitarristas y amigos. Pero a mí la escena que me gusta es la de California, donde voy a tocar bastante a menudo. Junior Watson, Little Charlie, Dave Gonzalez y Rick Holmstrom, que son los verdaderos herederos de T-Bone Walker y es el blues que a mí me gusta. Pocas notas y buen tono.

WG: ¿Cómo se vive el proceso de composición, arreglos y grabación con “El Cigala”?

DG: Es bastante natural. El deja tocar y normalmente sólo haces dos tomas. Por eso hay que estar muy concentrado porque sabes que esa queda ya para siempre, (ríe).

WG: ¿Qué has aprendido de haber trabajado con Andrés Calamaro?, ¿qué le has aportado al repertorio de Calamaro?, ¿en qué tema te has involucrado más?

DG: Creo que hicimos muy buena dupla cantante-guitarrista. El confiaba mucho en mí y me dejaba tocar lo que quisiera. Fue una experiencia muy edificante. Además aprendí mucho del negocio de la música sólo de estar con él.

WG: Desde tu perspectiva, ¿cuál es el valor real de vivir de la música?, ¿qué te ha dado el ser guitarrista?, ¿alguna vez dudaste, seriamente, en dedicarte a otra cosa que no fuera la música?

DG: Poder hacer lo que te gusta y vivir de ello ya es el éxito en sí mismo. Yo siempre viví de la guitarra. Desde los quince años, así que la profesión la tengo dentro. A veces te va mejor, otra peor, pero bueno aquí seguimos dando guerra.

 

 

 

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