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Degustación sonora: jazz y vino vistos desde una misma perspectiva

Los festivales y eventos internacionales en donde estos dos placeres se combinan temáticamente crecen con furor en la actualidad, pero ¿cuáles son los puntos de contacto entre ambas expresiones artísticas?, ¿en qué se parecen el jazz y el vino? 

El vino y el jazz son dos expresiones en las cuales las capacidades artísticas se hacen expresas. Ambas ponen a prueba la imaginación, el arte y la improvisación. El jazz abarca mucho más que un simple género musical, y el vino también llega a dimensiones mucho más elevadas que las que un simple caldo con contenido alcohólico puede tener. Ambos, tanto el vino como el jazz, nacen de formatos, estándares, pero esa no es su esencia, sino elevar el espíritu a lo más alto que se pueda llegar. El contraste, la armonía, la disociación y la imaginación son componentes indiscutibles en ambas expresiones.

El jazz tiene texturas. El vino también. El jazz tiene armonía y una diversidad infinita en los juegos que la componen. Y en el vino sucede lo mismo. Las mezclas son la capacidad de evolucionar en productos de mejor calidad, siempre. Las capacidades de imaginar un ritmo nuevo, un contacto musical intercultural de nueva creación siempre enriquecerán los horizontes que delimitan al jazz. En el mundo del vino esto no es la excepción. Cada año trae un clima distinto, a hombres y manos distintas que crean, con materia prima nueva, otros productos que son el resultante de su pasión y la imaginación, justo como sucede cada que un ensamble jazzístico se encuentra para crear simplemente música.

Y así es, “simplemente música y simplemente vino”, y en su sencillez yace la complejidad. Todo es materia prima elevada a la rendición de la pasión. Pero el arte se encuentra viviendo en la imaginación de quienes deciden dar vida a estas expresiones de alto nivel de exquisitez. Un vino nunca sabrá de la misma forma, porque está sujeto a nuestras emociones .Y lo mismo sucede con el jazz, un estándar puede ser tocado igual, pero jamás su expresión ni su interpretación. Los hombres cambian y así lo hacen los sentidos, por lo tanto nunca podemos sentir de la misma forma las cosas. El jazz y el vino son placeres indescriptibles porque siempre los viviremos de distinta forma. Tal vez ahí se encuentre su fascinante y embriagante encanto. ¿Cuántas veces buscamos vivir el mismo tema de la misma forma?, ¿cuántas veces nos aferramos a las características de un caldo o de una uva buscando un placer perdido en tiempo pasado?

En ambas expresiones, sus procesos son extensos y complejos. Elaborar vino lleva un largo trayecto en donde la uva viaja desde su tierra natal, en donde se empapa de un sinfín de características contextuales, hasta la botella. Y en el jazz es lo mismo, éste sigue viajando a través del tiempo desde los cánticos cronistas de los campos del sur de Estados Unidos en forma de blues. El jazz es cronista, a su vez, del paso del hombre en el tiempo y a lo largo de distintos contextos de locura. Así ambas expresiones, vino y jazz, son testigos fieles de todo aquello que hace al hombre saberse alguien en el tiempo. 

 

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