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Debate versus Análisis versus todo lo demás. Anarquía en la opinión.

 

Debate enfrentado con la opinión, y éstos con el análisis. Ignorancia frente a complicidad, jerarquías e industria, lucha de poderes e intereses en un contexto sonoro que pretende posicionarse para captar cada vez más público. Ley de la oferta y la demanda y el mundo musical no es ajeno a este fenómeno. Todos contra todos. Y mientras más lejos de mi, mejor.

 

Así es como, a simple vista, se puede admirar el panorama musical internacional. Independientemente del género, las músicas del mundo (ojo, no músicas folklóricas o etno) buscan reivindicarse cada vez más. Sesgarse de lo otro, de lo no común, de lo que no embona en el estereotipo (aunque éste sea de “alternativo”). Lo pop para las masas, para los “no melómanos” y el jazz para los “especializados”. Mentira, estereotipo, Disneylandia. Mejor, limitémonos a diferenciar lo popular-industrial y lo de artístico-especializado-complejo. Ambos rubros pueden ser de buena o mala calidad. Hay tan buen pop así como buen jazz, pero también los hay tan malos como todo en la vida.

 

Es verdad, que en términos sonoros, hacer jazz requiere de estudios más especializados y una técnica instrumentística de alto desarrollo, pero eso no resulta en una indiscutible garantía para lograr la calidad. Así es, el jazz también puede tener fallas. Errores o vacíos, como se quiera ver, pero no sólo por ser jazz tiene que ser bueno. Y lo mismo sucede con todos los géneros musicales. También es verdad que con muy poco (y hoy día con prácticamente nulo) conocimiento musical se puede lograr un disco, banda, canción o género pop (pop de popular y véanse todos los géneros que abarcan las estaciones de radio y medios impresos de altas ventas) que alcance el éxito comercial.

 

Por desgracia vivimos en sociedades que, en vez de fomentar la amplitud de gustos, que permitan la incorporación de elementos de todas las músicas posibles, nos inculcan la reivindicación, la segregación y la imposición. Mi gusto sobre el tuyo. Y tristemente así es en todos los géneros. Claro, salvo honrosísimas excepciones.

 

Existen revistas “especializadas” que suelen captar muchos lectores mediante debates o contiendas reivindicativas como A versus B. Los buenos contra los malos. Beatles contra Rolling Stones, B.B. King versus Clapton, y un sin fin de imbecilidades contextuales similares. También, estas publicaciones gustan del abuso en la jerarquía instrumentística, es decir: listas y encuestas. “los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos”, “las 10 mejores bandas del rock”, “el artista más influyente de la década”. Y el único objetivo es posicionar, iconizar y lograr la incondicional idolatría a determinados artistas.

 

Y lo mismo con estaciones de radio. ¿Quiénes son esos “líderes de opinión”?, ¿saben realmente algo sobre teoría musical, composición, armonía, industria, trayectoria artística? Si las respuestas a las interrogantes anteriores son afirmativas, entonces existe un claro problema en esos supuestos “comunicólogos”, ya que en repetidas presentaciones, publicaciones y spots lo único que dejan claro es que su opinión corresponde a los intereses de ciertas industrias, grupos de poder, y lo peor (ya que eso, depende desde donde se mire, puede que no sea tan malo): no tienen ni la menor idea de las cuestiones anteriormente planteadas y utilizan la sentencia en su opinión como pilar indiscutible de la calidad. ¡Una desgracia para quienes buscan enriquecerse musicalmente! La industria ha sido muy ingrata con muchos artistas, géneros y contextos musicales que merecen, o merecían, otra suerte. Y por su trayectoria, conocimiento y reconocimiento popular, no por otra cosa.

 

Este tema resulta muy complejo, y parece irresponsable no  mencionar o especificar nombres o marcas, pero la verdad es que todos somos cómplices de una u otra forma. Muy injusto sería tratar un tema tan general y culpar sólo a algunos, sin hacer previamente una auto reflexión. E, insisto, no intenta señalar a un grupo, estación o publicación en específico, sino abrir la reflexión sobre el contexto internacional de la industria musical.

 

¿Por qué se siguen explotando íconos del “rock” (hay quien insiste que sólo son pop) como The Beatles? (a sabiendas que ninguno de los cuatro integrantes fue el mejor, individualmente, de su época. Para comparaciones sobran nombres como Eric Clapton, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Jimmy Page, John Bonham, Jeff Beck, Robert Plant, Keith Richards, Mick Jagger, Pete Townshend, Santana, John Paul Jones, etc…) ¿por qué pese a que el jazz ha incursionado en tan distintos panoramas y fusiones como ha sido posible sigue siendo visto como un género para “melómanos”, “especializados”, “cultos” (cuando en su esencia resultaría el género más incluyente y popular)? ¡Qué territorio tan inhóspito!, ¡Qué irreverencia en esas palabras!, ¡Salten fanáticos, acusen, señalen y manifiesten su ceguera! Y ¿por qué a la reivindicación y no la inclusión?

 

Insisto, esto no es señalar, no se trata de degradar, por que sólo se lograría el efecto contrario. Incluir, no excluir. Cuestionemos, reflexionemos y pidamos productos de calidad en revistas y estaciones de radio. No nos conformemos con “sólo lo que ponen” o “sólo lo que publican”. ¿Quiénes están detrás de toda la industria?, ¿Quiénes hacen dinero de las modas sonoras?, ¿Quiénes deciden qué es lo que debemos leer y qué es lo que debemos escuchar? Si la música funciona como la política, entonces no hay vuelta atrás. ¡Viva la anarquía sonora!, ¡Derrumbemos las barreras institucionales de la industria!, ¡Liberemos nuestros oídos y quitemos las bandas de nuestros ojos sonoros!, ¡Escuchemos lo que nos dé la gana, independientemente del medio, género, o publicación! Abramos los oídos y cerremos los ojos para escuchar mejor. Punto. 

 

 

 

(Publicado originalmente en revista correspondiente al número 16)
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