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De outsider a insider. Crónica de una transición personal

Imagen de fabian

¿Cuántos no hemos soñado con formar parte de nuestra banda favorita? Para que eso llegara a suceder, se necesitan por lo menos unas cuantas coincidencias. En primer lugar, que la agrupación esté en la búsqueda de un nuevo integrante o de un reemplazo, en segundo, que logres tener contacto, por mínimo que éste sea, con alguien de la banda y, finalmente, no olvidemos que hay que saber tocar algún instrumento o cantar. Por azares del destino conseguí que estas condiciones se cumplieran y ser parte (aunque por breve tiempo) de Andy Mountains, una de las bandas que más me gustan y que, a mi parecer, cuentan con mayor potencial en la escena independiente de México.

 

He aquí la crónica que cumple además, una función catártica para tratar de asimilar lo acontecido en tan poco tiempo.

 

Andy Mountains es un grupo de folk pop ruidoso que cobró notoriedad en 2011 cuando su canción “Tahoma 32” logró sonar en las dos únicas estaciones de radio de la ciudad de México que programan música independiente. Es así como se colocó en el lugar 47 del conteo de las 105.7 mejores canciones del año de la estación Reactor 105.7 y su primer EP, de nombre EPEP apareció en el conteo de los mejores EP's de 2011, según el programa Mercado Negro de Ibero 90.9. Fue en ese momento cuando descubrí a una banda que se alejaba de las tendencias musicales del momento y que sonaba como una propuesta novedosa y divertida dentro del panorama, a veces predecible, de la música en México.

 

 

¿Qué es lo que les hace diferentes? Su música mezcla buen humor con calidad musical, algo que no siempre ocurre. Como ejemplo de su ingenio me remito al nombre de algunas de sus canciones como “No mames que te encontré”, que hace alusión a la sorpresa de haberse encontrado a la mujer ideal o “Matías y el pastel de fresas”, que está basada en un cuento infantil publicado en los libros de texto gratuito de la década de los noventa. Además de esas cualidades, me parecía que no tenían grandes pretensiones, es decir, poseían esa graciosa inocencia de quien descubre que es bueno haciendo lo que le gusta, sin reparar si alguien le presta atención. Pero, precisamente gracias a esa inexperiencia, Andrés, Pepe, Mariana, Ernesto y Vélez no supieron cómo lidiar con ese éxito, que por poco que fuera, era mucho más del que esperaban.

 

A pesar de que varios de sus integrantes ya habían formado parte de otras agrupaciones musicales, nunca pensaron que una canción que hablara de las distintas formas tipográficas de querer a alguien (el verso de “Tahoma 32” dice: “Te quiero con negritas / te quiero con mayúsculas / con puntos suspensivos) les permitiera salir del anonimato artístico. Debido a esa sorpresiva atención a la que se vieron expuestos, tuvieron que tomar decisiones que a la distancia, ellos mismos reconocen, no fueron las más adecuadas. Una de ellas fue la publicación del video promocional para su primer sencillo. A pesar de haber dos versiones del mismo, con ninguno quedaron totalmente satisfechos y los resultados no fueron los esperados. De cualquier forma, la prensa seguía hablando de ellos, aunque no necesariamente fuera para elogiarlos.

 

En septiembre de 2011, Club Fonograma, uno de los blogs especializados en música independiente hispanoamericana más prestigiosos del momento, no se tocó el corazón al reseñar el EPEP y lo describió como plano, tonto, desafortunado, incómodo, aburrido, horrible, irritante y molesto. Por otro lado, en mayo de 2012, Red Bull Panamérika, otro de los blogs más importantes en el medio, incluía su canción “Hoy me gusta mi peinado” en el Music Alliance Pact, gracias al cual, la reseña de esta canción apareció en más de 34 blogs especializados alrededor del mundo. La música de Andy Mountains había podido llegar a latitudes tan lejanas como Australia, China, Finlandia, Japón, Rusia o Turquía gracias a esta iniciativa en la que representó a nuestro país. Al mismo tiempo, ellos seguían tocando y vendiendo sus discos en los venues de moda como el Centro Cultural de España, el Caradura, la Casa del Lago o el Imperial, lo que motivó que la primera edición del EPEP se agotara y tuvieran que reeditar recientemente un segundo tiraje con un nuevo corte de nombre “Ahora soy tres” y versiones low-fi acústicas de algunas de sus canciones.

 

En estos momentos, Andy Mountains se encuentra en el proceso de postproducción de lo que será su primer LP llamado Mi oficio es arder. Este disco está planeado para salir en el verano y tiene colaboraciones con el músico experimental Juan Pablo Villa y el vocalista de la banda La Gusana Ciega, Daniel Gutiérrez. Además, está producido por Catsup, ex-integrante de la banda pionera del indie nacional Quiero Club y al parecer será masterizado por Ernesto García, quien ha trabajado en los dos últimos discos – Hu hu hu y Mujer Divinade Natalia Lafourcade. Si algunos consideraban que la música de Andy Mountains era demasiado infantil con base a su primera producción discográfica, seguramente no podrán decir lo mismo de este material. Mi oficio es arder está compuesto por ocho cortes que tienen como eje temático el camino del héroe, es decir, las diferentes etapas por la que transitan los personajes protagónicos de toda epopeya; la partida, la llamada a la aventura, el rechazo de la misma, el inicio de las pruebas, el umbral, la iluminación y el regreso. Los títulos de las nuevas composiciones como “Silencio”, “Bosque”, “La Ciencia del sueño” o “Lugares de fuego”; denotan un crecimiento que sirvió para intitular el artículo de Dafne Arredondo para la revista Indie Rocks!  “De niños al abismo de la madurez”.

 

Mi primer acercamiento con ellos fue al organizar un evento en la Antigua Academia de San Carlos, un recinto histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, ubicado en el corazón de la capital. Con motivo del 40 aniversario del autogobierno de la Facultad de Arquitectura de esa casa de estudios, se planeó un pequeño festival que incluía como plato fuerte a Andy Mountains y a La Banderville, otra (banda altamente recomendable que en algún momento compartió bajista con la banda a la que nos abocamos ahora). De alguna forma conseguí el correo de Andrés, vocalista del grupo y después de algunas negociaciones accedieron a tocar en dicho evento que se realizó de manera totalmente autogestiva y que dicho sea de paso, al final del día terminó con pérdidas económicas, pero sirvió como aprendizaje para todos los involucrados.

 

Después de ese primer encuentro con los músicos de Andy Mountains, pasó un tiempo hasta que el verano pasado entré a trabajar en una escuela. Una nueva coincidencia hacía que encontrara a Pepe, baterista de la banda, el cual sería mi compañero de trabajo. Ambos éramos nuevos y aunque él estaba en preescolar y yo fungía como profesor de música en primaria y secundaria, me daba gusto encontrar una cara conocida en mi primera experiencia laboral. Las coincidencias no paraban ahí, un par de meses más adelante, asistí al coloquio “Pensamiento Mítico y Creación Musical” en Cuernavaca, Morelos. Ahí casualmente, encontré a Andrés, vocalista de Andy Mountains, dando una conferencia sobre la música de John Cage. En ese mismo coloquio, participaba el director de mi escuela y uno de los profesores a quien más admiro, por lo que resultó bastante sorprendente encontrarme a Andrés, que alguna vez estuvo en una banda de surf y punk, en un ambiente propiamente académico. Además de ser miembro de Andy Mountains, Andrés es sociólogo y se especializa en estudiar la sociología de la música, ese era el motivo por el cual ambos nos encontrábamos en ese lugar.

 

Después de la clausura del coloquio un grupo de amigos fuimos a celebrar. Fue en ese momento en el que surgió la idea de colaborar con su proyecto musical, pero mi intención no era tocar con ellos, sino ser su manager. Andrés accedió y pactamos una junta un par de semanas después. Así fue como pensamos en un proyecto de medios para promocionar Mi oficio es arder. Pero sin siquiera haber pasado un mes, sucedió algo que ninguno esperaba: la salida de uno de sus integrantes. Vélez, el tecladista de Andy Mountains le decía adiós a la banda.

 

La salida de Vélez de la alineación original de Andy Mountains, planteaba una serie de problemáticas a los demás integrantes de la banda ya que se encontraban en plena grabación de su siguiente producción discográfica y retrasaba los planes que tenían. En ese momento, me llamaron para sustituir a Vélez en los teclados. De manera inmediata accedí y empezamos a realizar la transición lo más naturalmente posible. Él se ofreció a enseñarme las canciones, posteriormente tocamos juntos en una sesión acústica para el aniversario del programa Clickaporte de Ibero 90.9 y finalmente se dio el cambio de estafeta en la última tocada del año en un pequeño bar del barrio de Coyoacán. Ese momento, por demás emotivo, fue compartido con las familias y los amigos cercanos de la banda. Sin duda significaba el cierre de un ciclo importante dentro de la misma.

 

El remplazar a un integrante que había estado desde el inicio de la corta pero fructífera historia de Andy Mountains, implicaba un reto bastante importante. El hecho de sustituir a alguien nunca es agradable, diría más bien que es incómodo si de cuestiones artísticas se trata. Los primeros ensayos solo veía y trataba de no estorbar en el funcionamiento de ese engranaje de personas. Poco a poco empecé a tocar, primero una canción, después un par y cuando tuve que tocar el set completo de canciones en un ensayo, el nerviosismo se apoderó de . La interpretación de una persona jamás será igual a la de otra, por más que las notas estén colocadas en tiempo y lugar, el feeling, groove, flow o de la forma que usted guste llamarlo, no es el mismo de un sujeto a otro, por lo que llenar los zapatos de Vélez aún es una tarea pendiente.

 

Una banda es un ente orgánico que cobra vida propia y que funciona como un todo, o como diría Alexandre Dumas, todos para uno y uno para todos. En este sentido, un grupo es igual de fuerte que el miembro más débil del mismo por lo que cualquier cosa que le suceda a uno de sus integrantes repercute aunque sea de manera indirecta en los demás. Esa y muchas cosas las aprendí al estar al interior de un grupo que ya tiene un camino recorrido. Pero además se logra ver la dinámica al interior de la misma y se descubre a cada una de las personas que la conforman, más allá del ente uniforme llamado Andy Mountains. Sus relieves, contrastes y claroscuros van saliendo a la luz mientras más se convive con ellos, y se les llega a conocer de manera personal, diría yo, como amigos. La barrera que existe entre artista y público, (la cual considero un artificio de la mercadotecnia para vender más discos de las grandes “estrellas”) se desdibuja dando lugar a una nueva dinámica social y a una nueva relación simbiótica que a lo que más se podría asemejar, es a una relación de pareja, pues ambas requieren reciprocidad, respeto, comunicación y compromiso, además de que son, a veces, relaciones demandantes y no exentas de conflicto.  

 

Dejé mi efímera labor de manager y paramos la actividad con la finalidad de que el inicio del año sirviera para recobrar nuevos ánimos. Sin embargo, una nueva noticia surgiría antes de que cerráramos el 2012. Me habían aceptado en una universidad del extranjero para estudiar durante el siguiente semestre. Forzado por las circunstancias, durante la cena de fin de año de la banda tuve que decirle a los miembros del grupo que me iría en un par de meses. El destino nuevamente se mostraba incierto para una agrupación que está pensada para contar con cinco integrantes y no menos. La comunicación, la confianza y el compromiso a los que hacía alusión líneas arriba, eran puestos en duda ya que en el momento de aceptar formar parte de Andy Mountains no había planteado las posibilidades de obtener una beca a la cual había aplicado un año antes.

 

Dos de mis más grandes sueños: viajar por el mundo y tocar con una banda que admiro, se cumplían simultáneamente, lo que me hacía tener que decidir por uno de los dos. Inevitablemente decidí aceptar la beca pues de no hacerlo se me cerraban las puertas para estudiar en el extranjero más adelante. La disyuntiva para ellos era esperar a que regresara y retrasar aún más los planes que tenían para lo que será su primer disco en forma o empezar a buscar un reemplazo. De elegir esta segunda opción, no se sabía si ese reemplazo sería definitivo o temporal. Ya que no se logró un consenso en aquella noche que se antojaba de risas y brindis, se postergó la decisión hasta inicios de este año.

 

Finalmente llegó enero y optaron por la opción de buscar un sustituto sin que aún se sepa si el cambio será permanente o momentáneo. Creo que en estos momentos nadie lo sabe, pues el nuevo integrante, quien también toca en la agrupación Nos Llamamos, tendrá que pasar por todo el proceso de acoplamiento por el que yo también pasé y que aún ahora no termina de estar completo. Solo el tiempo lo dirá, pero es precisamente de lo que carece Andy Mountains, pues sus aspiraciones los hacen querer estar en el Vive Latino 2014 y para ello requieren estar en el imaginario del público, lo que se logra con su nuevo disco en las tiendas. Es por ello que si no están en el line up del festival musical más importante de Iberoamérica, según sus organizadores, se auguran nuevos cambios en la alineación de la banda.

 

Hasta aquí la agitada historia de cómo se puede pasar de ser fan a tocar con una de tus bandas favoritas y regresar a ser fan sin morir en el intento. Hagamos un breve recuento de lo que sucedió: pasé de ser parte del público a productor de eventos. Después fungí como manager y poco después me encontraba siendo intérprete de las canciones que alguna vez canté desde el otro lado del escenario. Finalmente, me encuentro en otra faceta, como periodista, escribiendo desde un enfoque completamente subjetivo la experiencia vivida desde adentro de una banda que recomiendo ampliamente, no sólo porque hasta el momento forme parte de ella, sino porque probablemente al momento de que lean esto, ya no sea un miembro de la misma y de cualquier forma se las recomiendo.

 

(Publicado originalmente en revista correspondiente al número 15)
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