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Cuando todavía quedan resabios de la realidad

En 1959 Julio Cortázar publicó el libro Las Armas Secretas, el cual contiene El Perseguidor, cuento del que me gustaría compartir algunas reflexiones y comentarios.

 

Considerado por algunos su mejor cuento, por otros criticado y tildado como un cuento largo o una novela corta, pero más allá del gusto, lo digno de destacar de esta lectura es el análisis de la realidad que hace Cortázar en la personalidad del protagonista, Johnny Carter (quien representa la vida y la concepción de ella de uno de los jazzistas más reconocidos, Charlie Parker).

 

Más allá de simplemente encarnar a un virtuoso incomprendido, este famoso saxofonista tenía una peculiar opinión de la vida, del tiempo, las personas y sus relaciones, y en concreto de la realidad. Bruno, el narrador, amigo y biógrafo de Johnny logra conocerlo más allá de la opinión pública y capta su obsesión por vivir en un estado de atemporalidad, en donde parece despreciar la comodidad, los lujos y el reconocimiento, refugiándose en el mañana y en el ayer, pero nunca en el presente. -Esto lo estoy tocando mañana- frase que emana de este jazzman durante un ensayo que deja atónitos a los presentes, en donde parece que su objetivo es dejar claro que le resulta inútil que le reconozcan o que le aplaudan por que él es el único que puede comprender la complejidad de lo que ejecutó.

 

Tanto la parte gráfica y descriptiva del personaje, así como el ambiente en el que se desarrolla esta historia parecería ser discordante con los estereotipos e ideales de las sociedades francesa y norteamericana de mediados del siglo XX. Johnny es representado en medio de la inmundicia y cuadros depresivos, personalmente oscuro hasta lo más hondo de su corazón, y en general una persona que no compartía los valores ni el modus vivendi de la sociedad. Tal vez con la palabra, actitud, forma de vivir y presencia únicamente denotará letargo y apatía, pero cuando hacía uso del lenguaje musical a través de su saxofón, todo comenzaba a armonizarse y a darle cierta razón a su forma de vivir. Bruno, como crítico de jazz, entendía que la música de su amigo era armónicamente bella, pero de muy difícil comprensión, que tal vez el único que la lograba digerir o entender era el mismo Johnny, por que nadie más la vivía de esa manera. ¿Cómo algo tan bello y armónico podí a emanar de algo tan oscuro?, ¿cómo alguien tan incoherente e irreverente, podía ser tan sabio?, ¿cómo alguien tan disfuncional, podía describir la belleza y lo armónico con tanta exactitud? Estas tal vez fueron algunas incógnitas que se plantearon una y otra vez quienes lo conocieron.

 

Con todo lo anterior se logra comprender que esta es la historia de alguien que juega un papel de perseguir un momento, pero que termina siendo perseguido sí mismo. Es la narración de alguien que encuentra en la improvisación la mí¡s grande cualidad de la belleza, de lo único, de lo armónico.

 

Amigos, caballeros, jazzistas, tanto genios como comunes y corrientes, El Perseguidor es una lectura que recomiendo para quienes gustan del jazz, y para quienes aún se fascinan por los misterios que resguardan las notas conjugadas con los silencios en un espacio y tiempo determinados.

 

Esperen la segunda parte en la revista de Mayo..

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