Usted está aquí

Condenados a oír

Imagen de fabian

En ocasiones como estas, cuando un nuevo ciclo comienza quiero decir, vale la pena detenerse a explorar ciertos tópicos que regularmente damos por sentado y dejamos de apreciar. Por ejemplo, paladear letra a letra cada palabra que escribimos y descubrir la maravilla que las une y les da sentido; devorar la meticulosa inmensidad de un nudo en la tabla de nuestra mesa de trabajo o, como en este caso, aventurarse en ciertas minucias de ese elemento que da sentido a la música, el sonido.

 

Les cuento que en la limpieza de fin de año, eliminando archivos y ordenando el caos de mi disco duro, encontré la grabación de una conferencia dictada por Murray Schafer en el marco del Foro Mundial de Ecología Acústica, allá por 2009. Escucharla de nuevo trajo a mi cabeza algunas reflexiones que hoy les comparto, pues quiero pensar que invitarán a más de uno a escudriñar sus hábitos como espectadores de un mundo donde el silencio existe sólo como mera ilusión. Vamos pues.

 

Silencio…

 

…un minuto de silencio, manda el protocolo cuando alguien querido se marcha. Silencio en la sala, ordenan los magistrados cuando los ánimos desbordan. Silencio para entrar al aire, para escuchar misa, para acechar la presa. Silencio pedimos, clamamos, reclamamos. Pero nunca llega. El sonido nos rodea, nos envuelve. Un suspiro, unos pasos, el aire filtrándose, un automóvil en la lejanía. Incluso en este momento: el chasquido del mouse, los dedos bailando sobre el teclado y hasta el susurro mental que acompaña a la lectura.

 

“No existe el silencio para los vivos. No tenemos párpados en los oídos. Estamos condenados a oír”, comparte Murray Schafer, uno de los grandes conocedores del sonido. Los años se le cuelgan de las barbas y su voz fluye despacio. Expone, busca y explica las ideas traduciéndolas a ese absurdo sistema que es la lengua. “Nunca he visto un sonido”. Y ante la obviedad de la sentencia el público dibuja sonrisas. “En el mundo occidental, y por algún tiempo, la vista ha sido el referente para toda experiencia sensorial. Predominaron las metáforas visuales y los sistemas escalares. Se inventaron ficciones interesantes para pesar o medir sonidos: alfabetos, escrituras musicales, sonogramas. Pero todos saben que no se puede pesar un susurro o contar las voces de un coro o medir la risa de un niño”.

 

La pared hueca, la caja vacía

 

Que nuestra era es audiovisual, ya lo han dicho bastante. Castells, Mattelart, Sartori y un largo etcétera de autores que desmenuzan el imperio de la televisión y los medios electrónicos. Haciendo justicia, debemos decir que el sonido, en esa imaginería, aparece siempre como segundo en la lista, como mero artilugio de soporte, pues su control escapa a nuestras posibilidades. Las paredes son quizá la ficción más palpable de nuestra intentona por mantenerle a raya.

 

No podemos controlar al sonido porque a él debemos la revelación de la vida. La vida misma es una extensión del sonido. Los relatos religiosos coinciden en que Dios nombró al mundo y luego lo miró. El cuento de la ciencia inicia con una gran explosión. Incluso en la ficción, Tolkien recrea un universo creado a partir de la música en El Silmarilion.

 

No podemos controlar el sonido porque es volátil, porque es inasible. “Ningún sonido puede ser repetido de manera exacta. Ni siquiera tu mismo nombre. Cada vez que se lo pronuncia es diferente. Y un sonido oído una vez no es lo mismo que un sonido oído dos veces, así como un sonido oído antes no es lo mismo que un sonido oído después. Todo sonido se suicida y no vuelve. Los músicos lo saben. Ninguna frase musical puede repetirse de manera idéntica dos veces. Los sonidos no pueden conocerse de la misma manera que puede conocerse lo que se ve”, apunta el creador del soundscape.

 

No podemos controlar el sonido porque su existencia es más ubicua que nuestra voluntad: “todo en este mundo tiene su sonido, incluso los objetos silenciosos. Conocemos los objetos silenciosos golpeándolos. El hielo es delgado, la caja está vacía, la pared es hueca. He aquí una paradoja: dos cosas se tocan pero sólo se produce un sonido. Una pelota rebota contra la pared, una baqueta golpea un tambor, un arco frota una cuerda. Dos objetos: un sonido. Otro caso en el que 1 más 1 es igual a 1”. El sonido no es como nosotros, no existe en la alteridad, no es: está siendo.

 

Artilugios

 

Audífonos, discos, paredes aislantes, bocinas, tornamesas, Mp3, cassetes, micrófonos, metrónomos, alfabetos, instrumentos musicales, grabadoras, teléfonos. Todos artilugios para intentar amaestrar al sonido, para enjaularlo como a un loro y darle sobadísimas instrucciones de cuándo y cómo participar.

 

Lo cierto es que, a pesar de estar bajo su mando, nunca hemos aprendido a oír. Desaprendimos a leer el mundo a través de sus susurros, de sus lamentos o de su risa. Sordos a causa de un ruido avasallador creado por nosotros mismos, condenamos a los oídos a ser tan burdos como los ojos de un murciélago.

 

Habría que reeducar a los oídos, porque los sonidos nos “hablan de espacios, sean grandes o pequeños, estrechos o amplios, interiores o exteriores. Los ecos y la reverberación brindan información acerca de superficies y obstáculos. Con un poco de práctica podemos comenzar a oír “sombras acústicas”, tal como hacen los ciegos. El espacio auditivo es muy diferente del espacio visual. Nos encontramos siempre en el borde del espacio visual, mirando hacia adentro del mismo con nuestros ojos. Pero siempre nos encontramos en el centro del espacio auditivo, oyendo hacia afuera con el oído”.

 

Quizá por eso la reflexión exige ojos cerrados. Los 180 grados ofrecidos por la vista nos colocan en el borde de un abismo policromo y multiforme que no puede generar sino vértigo. El oído nos convierte en el centro del universo, en el ojo de un huracán donde aprendemos a reconstruirnos en fusión con el resto.

 

Pero abrir los ojos no debería significar bloquear los oídos. El sonido puede contarnos más cosas de las que creemos: “En Ontario la señal para parar de taladrar los arces es cuando se oyen las ranas de primavera; después de ello, el hielo se derrite, la savia es más oscura, el jarabe es inferior. Otro ejemplo: un hombre camina por la nieve. Se puede saber la temperatura a partir del sonido de sus pasos. Es una forma distinta de percibir el medio ambiente; una en el que los sentidos no están divididos; una que reconoce que toda la información está interconectada”, comenta Schafer.

 

Apaguemos por un segundo los ojos para arrojarnos de cabeza en la sonoridad. No por mero ejercicio sensitivo, sino como una forma diferente de comunicarnos con lo otro que vive fuera de nuestro alcance visual, pues “cuando logramos liberarnos del predominio del mundo visual-analítico y lo remplazamos por la intuición y la sensación, comenzamos a descubrir nuevamente la verdadera afinación del mundo y la exquisita armonía de todas sus voces”.

 

Trazos sonoros

 

Murray Schafer: Canadiense. 1933. Compositor. Ambientalista. Creador de los conceptos soundscape y ecología acústica. Genio vivo.

 

Sonido: revelación de la alteridad oculta a los ojos. Alteridad que se recrea en volatilidad y ubicuas ondas de ritmo. Cataclismo de la imagen, sobretodo de la vida cotidiana.

 

Ruido: metamorfosis de armonía en pandemonium. Lupanar agreste donde convergen multitud y asco; verborrea y tormenta. Véase también: guerra, mass media, viernes de quincena, conciencia de diputado.

 

Música: chistera repleta de trucos. Amaestramiento del hombre por el sonido.

 

Soundscapeo Paisaje Sonoro: reconstrucción puntillista del entorno auditivo. Pedacería de voces no escuchadas. Recetario espiritual para la mejor comprensión del myself.

 

Silencio: levísimo soundscape.

 

Desterremos, por unos instantes, la música.

Con toda amabilidad mande usted al carajo los distractores visuales. Primero un paisaje relajante. El trino de un pájaro.

Escuche. Sea capaz de aislar uno sólo del tumulto de avechuchos que charlan en aquel árbol… ahora intégrelos, uno a uno.

Escuche el rozar de sus plumas, las patas que se aferran a las ramas, el canto.

Sumemos un poco de viento cálido. Su sonido: el de una caricia, el de una sábana tibia en domingo sin futbol. Ahora entra en el árbol. Mece las hojas que se seducen entre sí. No olvide los pájaros.

En tercer plano, tintineos metálicos, quizá una campana de viento. Ya tenemos una cama sonora. Plácida. Agreguemos un poco de lo nuestro: el ritmo de nuestra respiración. El roce entre la piel y la tela del pantalón. El susurro de los párpados al cerrarse los ojos.

Un paisaje ingenuo hasta ahora. Aleatoriamente vaya sumando:

 

Licuadora que se enciende

Riña de perros

Risas de anciano

Fuga de gas

Chillidos de rata

Vidrio que se quiebra

Correr de ruedas en asfalto

Orgasmo femenino

Pasos sobre grava

Canto de gallo

Canicas que ruedan

Ducha en pleno

Cuchara entrando en azúcar

 

Amase cada sonido. Conózcalo. Cada uno guarda su historia, cada uno revela un enigma. El goteo de un lavabo puede esconder una respuesta.

Retire los pájaros y el viento. Las ramas que crujen. Añada consignas. Una ráfaga de metralla y el correr de arroyuelos de sangre y lágrimas. No suenan igual que un arroyo de agua clara.

Ahora noticias, el bla bla de los líderes de opinión, el quejido de un micrófono fastidiado de recibir al figurín. Una botella que se quiebra, una naranja que se exprime, un maullido, un tic tac, un relámpago.

Gota que cae tras gota que cae. Aguacero porque la lluvia no suena a mil gotas que caen. En tercer plano, una ola, el mar. Se acerca. Va devorando al resto de sonidos. Segundo plano y se van las voces, la lluvia, la licuadora. Primer plano: el mar apabulla.

Mar y sólo mar y sólo mar y una voz que se pierde: la suya.

También el mar se pierde. Se va apagando. Ya no se escucha.

¿Silencio? No, sólo un pájaro.

 

Publicado originalmente en el número 21
cuento que en la limpieza de fin de año, eliminando archivos y ordenando el caos de mi disco duro, encontré la grabación de una conferencia dictada por Murray Schafer en el marco del Foro Mundial de Ecología Acústica, allá por 2009." data-share-imageurl="">

Estamos en redes ¿ nos sigues ?