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Blues a fondo

(Dedicado a mi padre, por enseñarme que la música entra por los sentidos, se siente con el corazón y se guarda en el alma. Y por enseñarme que el único límite de la imaginación es el miedo.)

 

Más allá de las teorías que sostienen que el blues nació como un cántico de libertad en las plantaciones algodoneras del sureste de Estados Unidos, o que los ensayos más antiguos de este género se remontan a las estructuras armónicas creadas por esclavos de la África musulmana, gracias a instrumentos arcaicos parecidos al banjo y al violín, se puede afirmar que el blues es mucho más que un género musical y que una forma de expresión, es un sentimiento. No basta con dominar la técnica en la ejecución, o contar con amplio conocimiento sobre armonía, para poder comprender la suma complejidad sentimental que abarca. Un tema puede ser leído directamente de una partitura y podrá expresar cada una de las indicaciones armónicas y de tiempo, pero no será un blues si la batuta musical no la lleva el alma. Impredecible, irónico, explosivo, así como sencillo y complejo a la vez, resulta este género. Impredecible porque nunca sabes qué depara. Irónico por la combinación de armonías mayores con letras de lamento, y viceversa. Explosivo por la fuerza con la que irrumpen sus improvisaciones y por la presencia que tiene cada nota en su haber. Sencillo y complejo a la vez, ya que todo lo rebuscado que pueda llegar a ser, siempre estará acotado por los límites de la sencillez.

 

¿Es entonces el blues más que un sentimiento? Sí, el blues nace de una intensa emoción y encuentra en la música un canal para expresarse. En sus letras no son las palabras las que llevan el mensaje, sino la interpretación. Es la voz lastimada de un cantante lo que revela el verdadero significado, la voz de lamento, la voz de burla, la voz mordaz.

 

Ahora, de acuerdo con Joachim E. Berendt, en su libro El jazz, el blues puede ser desmenuzado y analizado desde seis puntos básicos que son: ambiental, racial, sociológico, melódico, armónico y formal. En pocas palabras, por los vínculos y asociaciones que tiene con la sociedad, y por su composición musical. Partiendo de esta base, a continuación ahondaremos un poco más al respecto.

 

De origen marginal

 

"Ningún hombre blanco ha sentido jamás el blues, porque ningún hombre blanco ha tenido jamás preocupaciones". Esta frase fue acuñada por Huddie William Ledbetter, mejor conocido como Leadbelly, uno de los pioneros del género. Entonces, si el blues nace en el seno de la comunidad afroamericana marginada, ¿qué sucede con los grandes blueseros blancos como Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan? Sencillo, el blues tiene origen en las sociedades marginales, obreras y con penurias en la cotidianeidad, no en una cuestión racial. Ha sido la voz de aquellos que se toman un respiro de la vida, y de quienes han fungido como cronistas de las vicisitudes que emana el lado oscuro del corazón. Es por esto que la sociedad de clase media-baja y obrera de Inglaterra en la década de los sesenta, quedara maravillada y sumamente identificada con el blues, mismo que adoptarían como una forma de expresión.

 

Atrapado en el blues. Para explicar la esencia de este género, nuevamente nos remitimos a las palabras de Leadbelly, quien responde con la primera oración de este párrafo ante las siguientes interrogantes:

 

- "Cuando estás en la cama y te mueves de un lado para otro y no te puedes dormir, ¿qué es lo que te pasa?"

 

- "Cuando estás frente a la mesa puesta y ves tu plato con pollo asado y arroz, y te alejas temblando y dices, -Dios me ampare, no puedo comer ni dormir, ¿qué es lo que me pasa?"

 

Hasta la llegada del rock & roll, a mediados de la década de los cincuenta, las letras en los temas de blues plasmaban las penurias y lamentos de la clase obrera y campesina afroamericana. "I´ve got the blues so bad, it´s hard to keep me from crying", decía John Lee Hooker. "Nobody knows you, when you´re down and out", cantaba Bessie Smith. O como T-bone Walker, quien decía que al final de todo, sólo quedaba un blues (ejemplos tomados de El jazz por Joachim E. Berendt).

 

Columna vertebral del jazz y la música popular

 

El jazz toma la base armónica y rítmica del blues, y a partir de ahí desarrolla toda su complejidad hasta la máxima expresión. Por otra parte, el blues, siempre acotado por la sencillez técnica y armónica, logra sus expresiones más complejas gracias al feeling. El jazz despilfarra creatividad rítmica y ahonda en el inconmensurable universo de la armonía, mientras que el blues escarba y hurga hasta lo más profundo de lo humilde, lo compacto y lo sencillo. Para hacer jazz, es indispensable hacer antes un blues.

 

Absolutamente incomprensible sería entonces el jazz, sin haber digerido previamente las pautas formales de su antecesor. Conocer y comprender la estructura del twelve-bar blues (estructura de doce compases), es el primer paso para identificar el origen de cualquiera de las variantes del jazz, y por ende la peculiar complejidad que cada una de éstas pueda lograr. También resulta indispensable tomar en cuenta la blue note (quinta disminuida) en lo que originalmente era una escala pentatónica. Joachim E. Berendt traza una línea cronológica vertical, simulando una columna vertebral, en donde muestra cada una de las etapas tanto del blues como del jazz y la interconexión entre ellas. A finales del siglo XIX, las distintas influencias musicales que nutrieron la cultura de las sociedades del sureste norteamericano, consolidan los inicios de lo que hoy conocemos como blues. Hacia finales de la primer década del siglo XX a la variante de este género se le conoce como folk blues (característico por un sonido muy acústico, simple en la ejecución, y sumamente cadencioso), la cual da origen y sirve como pilar para el jazz de Nueva Orleans. Durante las décadas de los veinte y treinta el blues clásico se consolida como la expresión más pura y completa de este género, y es precisamente esta variante la que da origen al boogie, al Chicago blues, y a la que posiblemente sea la de mayor importancia técnica y rítmica en el jazz: el swing. Para la década de los cuarenta y cincuenta, ambos, blues y jazz, se popularizaban cada vez más en ciudades como Chicago, Nueva York, Nueva Orleans, y San Francisco en Estados Unidos, París, Londres, Berlín, Munich y Viena, en Europa, y otras grandes ciudades del mundo como Montreal, Ciudad de México y Buenos Aires.

 

A partir de la década de los cuarenta el blues se transforma en rythm and blues, dando origen al famoso y aclamado bebop en el jazz. En términos más estrictos musicalmente hablando, este subgénero brindó una de las aportaciones más exquisitas para el jazz: la quinta disminuida descendente o flatted fifth. Posteriormente, en la década de los cincuenta, aparece un alquimista del feeling, Miles Davis, y nace lo que ahora conocemos como cool bop y hard bop, subgéneros caracterizados por la amable cadencia (en el primero), y por la intensidad rítmica (en el segundo). Incluido también durante esta década sale a la luz John Coltrane, quien rompe con toda formalidad y modos tradicionales en la composición y ejecución, y siguiendo los pasos de Davis, incorpora cualquier cantidad de influencias al jazz (pero siempre fiel a las bases del blues).

 

Vale la pena mencionar que en esa misma década la capacidad del blues de influir en otros géneros sobrepasaba ya por amplio margen los límites del jazz, dando vida al que posiblemente, sea el género más popular del mundo: el rock & roll. Elvis Presley, El rey, tomó el blues, lo aceleró en tiempo, le imprimió una voz potente, pulcra y varonil, y se encargó de popularizar esos cambios a lo largo y ancho del globo terráqueo. De igual manera, Bill Haley, acercaba más este género al público blanco con su éxito Rock Around the Clock, inclusive haciendo presentaciones en Buenos Aires (1958) y la Ciudad de México (1960).

 

Para Joachim E. Berendt, The Beatles y Bob Dylan son inconcebibles sin el blues, ya que ambos parten de dos importantes variantes del género, rythm and blues (en el caso del conjunto inglés), y del folk blues (para el cantautor norteamericano). También comenta que Dylan es injustamente llamado "el primer poeta verdadero de la música popular", ya que esta declaración sentencia al olvido a los muchos cantantes de blues afroamericanos que utilizaron sus cantos y poemas para llevar a los oídos del mundo la música popular.

 

Indiscutiblemente B.B. King, David Gilmour, Eric Clapton, Robert Johnson, y Jimmy Hendrix, durante la década de los sesenta, fueron los principales voceros del blues. Gritaron al mundo por medio de sus guitarras, que pese a la apertura musical y creatividad que reinaba en el mundo, el blues seguía más vivo que nunca. Vivo en otro sentido, ya que se manifestaba en el rock, en el jazz y en el progresivo, pero seguiría siendo el punto de partida para cualquier forma de expresión musical. En la década de los setenta surgieron el soul y el funk, géneros nacidos en el seno de los ghettos afroamericanos en Nueva York. Ahora la temática era más sexual. El origen etimológico de la palabra funk es aún discutido, pero la gran mayoría de las teorías hacen referencia a significados relativos con el olor corporal u olor a sexo. Característico por su contratiempo en el ritmo, bases planas, pero con importantes improvisaciones en la guitarra y progresiones creativas en el bajo. El soul, más que sexual, es erótico, cadencioso, y se caracteriza por el protagonismo de la voz (en muchos de los casos, de voz femenina). Como ejemplo del soul y el funk, podemos mencionar a James Brown, considerado por muchos como el "hombre más importante en el negocio de la música", y "el padrino del soul".

 

A partir de 1980 resurge un gusto por el jazz de los años cincuenta y por el blues clásico, pero ahora con un sonido más digital y menos rupestre. Mientras Eric Clapton combinaba su gusto por este género con las baladas románticas, dejando atrás una época rockera y de psychodelia, nacía (comercialmente) una estrella bluesera, Stevie Ray Vaughan. Considerado por muchos como el mejor guitarrista de todos los tiempos. Heredero del sonido y técnica de Clapton, Albert King y Jimmy Hendrix. Rápido, pulcro, fuerte, imponente, virtuoso, y sensible como pocos. Este texano revive la esencia de los clásicos y la lleva a los escenarios más importantes del mundo como el Festival de Jazz de Montreux y el Carnegie Hall de Nueva York.

 

Leyendas de las seis cuerdas

 

Sin duda alguna, es la década de los sesenta cuando el gusto popular da amplio reconocimiento a la guitarra como un actor protagónico tanto en el blues, como en el jazz y el rock & roll. Respecto al último género, distintos guitarristas como Eric Clapton, Jimmy Hendrix y David Gilmour, entre otros, se distinguieron por hacer gala de la creatividad tanto técnica en la ejecución, como en la exploración de nuevos sonidos con efectos, amplificadores y guitarras, pero por más que se hayan dado a la innovación, toda su obra cuenta con la inconfundible marca de una estricta formación en el blues.

 

Rey de reyes. Considerado como uno de los guitarristas más influyentes de toda la historia, el embajador del blues, Riley B. King, o B.B. King, como es conocido popularmente, ha sido siempre un referente para el blues y constantemente es citado como principal influencia de grandes guitarristas entre los que figuran Eric Clapton y John Mayer. Con Lucille, su guitarra, imprimió su sello personal a la música moderna y contemporánea en temas como: The Thrill is Gone (compuesto por Rick Darnell y Roy Hawkins), Everyday I Have the Blues, Sweet Little Angel, y muchísimos más.

 

Irónicamente llamado Slowhand, Eric Clapton es el ejemplo más claro de que el blues no es exclusivamente de los afroamericanos. Técnicamente creativo e impecable en la ejecución, y con un feeling tan peculiar que le ha valido ser considerado como uno de los blueseros más influyentes de la historia. Humilde y siempre alabando a sus mentores como Robert Johnson y B.B. King. Ha formado parte de los carteles más importantes, compartiendo el escenario con B.B. King, Buddy Guy, Albert King, Mark Knophler, John Mayer y muchos otros más. La biografía y obra de este hombre es fascinante e interminable, por eso únicamente nos limitamos a adularlo en breves líneas, no sin antes decir, que si en la palabra blues la “b” es por B.B. King, y la “l” es por Leadbelly, entonces la “e”, sin duda alguna, es por Eric Clapton.

 

Por el honor que le merece ser uno de los géneros más influyentes en la historia musical, este artículo debería extenderse hasta llegar a dimensiones enciclopédicas, pero desgraciadamente no puede ser así. ¿Cuál será el futuro del blues?, ¿cómo se manifestará en nuevos géneros musicales?, ¿quiénes serán las nuevas leyendas? Aún es muy pronto para poder responder con exactitud a estas interrogantes, pero sí podemos inferir que todavía existe mucho potencial en él para continuar evolucionando, y para seguir dando muestras consumadas de todo lo que los más profundos sentimientos tienen que decir.

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