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Bill Evans: purista del jazz y maestro de la conjunción entre armonía y melodía

La belleza emanada del piano de Bill Evans se nutre de muchas fibras, tanto técnicas como del alma, que lo llevaron a alcanzar lo sublime en múltiples ocasiones. Más allá de sus probadas aptitudes en el piano, esta figura indiscutible contaba con sólidos conocimientos en técnica, composición y armonía musical desde joven, los cuales le permitieron compartir créditos en los ensambles más afamados en el mundo del jazz al lado de nombres como Miles Davis, Lee Konitz, Charles Mingus, Cannonball Adderley, John Coltrane, Tony Bennett, entre muchos otros. Pero a diferencia de varios de sus contemporáneos quienes incursionaron en distintas fusiones musicales y estilos de vanguardia, él se ancló firmemente al campo purista del jazz. 

Después de haber recibido un premio como “pianista revelación” en el año 1958, Evans se incorporó al sexteto de Miles Davis, formando parte de la composición y ejecución del que es, probablemente, el disco más conocido y afamado del género: Kind of Blue (1959). Su ejecución y contribuciones durante esta producción resultan impecables, pero es con el tema “Blue in Green” con el que los ojos del mundo quedaron rendidos ante su sensibilidad. Pese a la polémica que existe sobre la autoría completa (o compartida, dependiendo el caso) de este tema, lo cierto es que Evans logra un nivel de expresión máximo ejecutando esa balada, la cual permitía un amplio espectro de manifestaciones de sensibilidad por la versatilidad de modos que mostraba (en este caso dórico, lidio y mixolidio). Este tercer track de Kind of Blue fungía como una pausa sumamente cadenciosa y reflexiva a la bomba y al tren desbocado de feeling que le precedían con “So What” y “Freddie Freeloader”. Pero Bill Evans es mucho más que este clásico de clásicos.

Una de las bondades del jazz es que para lograrlo se necesita un amplio y sólido conocimiento sobre composición, construcción armónica, interpretación y, sobre todo, improvisación. Evans lo tenía todo. Técnica, feeling, conocimiento y una vida al borde de la línea en donde la sensibilidad se incentivaba en repetidas ocasiones. Muy común, en los pianistas de su generación, que las bases teóricas musicales estuvieran sustentadas en la música clásica, pero Evans tenía una visión más amplia. El jazz corresponde a un contexto, a un sentido de percepción, a la máxima elevación de la sensibilidad sin desprenderte de lo carnal, y él lo tenía. Fue reconocido por su evolución musical y su talento, pero también se le destacó que fue fiel al jazz durante siempre. Incluso, Miles Davis en su autobiografía comenta que algo que amaba de Bill era ese fuego silencioso en el piano, además de ese sonido que le recordaba a “notas cristalinas” o gotas de agua clara cayendo sobre agua pura.[1] Tal vez sus conocimientos sobre flauta le permitieron expresarse ampliamente también en el campo de la melodía, además de la armonía que tenía ya con el piano.

Pese al multitudinario éxito de Kind of Blue, y su anexión al sexteto de Miles Davis, era sabido que para Evans el proyecto de trío con Scott LaFaro y Paul Motian había sido uno de sus momentos más expresivos, y para muestra queda el álbum Portrait in Jazz. Evans en el piano, LaFaro en contrabajo y Motian en batería lograron el que es para muchos el referente indiscutible del jazz acústico en esencia pura. Este álbum fue recibido positivamente por la crítica del momento, pero posiblemente en la actualidad una de las cualidades que más se le atribuye es que contribuyó a afianzar el jazz como un proyecto de tríos y en acústico. Vamos, no es que esta cualidad le sea exclusiva, pero sí logró expandir su fórmula ampliamente, lo cual permitió que el jazz que se escuchaba en grandes ciudades como Nueva York, París, Buenos Aires o la Ciudad de México tuvieran claramente tintes de este proyecto. “What is this thing called love?” De Cole Porter, y “Autum Leaves” son dos temas indispensables de esta obra musical.

Desgraciadamente, tanto para Evans como para la música y el jazz, LaFaro perdió la vida a temprana edad en un accidente automovilístico. Este hecho inesperado repercutió fuertemente en el estado anímico del pianista, por lo cual se mantuvo alejado de escenarios y estudios de grabación por varios meses, inclusive hay quien habla de años. Una vez asimilada la pérdida de su amigo y colega, Evans se dispuso a la grabación de Conversations with Myself. Además de varios temas propios de autores como Thelonius Monk (“Round Midnight” y “Blue Monk”), esta producción contaba con tres temas en solitario, como “N.Y.C.´s No Lark” (composición propia), y fue con ésta con la que ganó un premio Grammy.

Parecía que, pese a sus sabidas adicciones al alcohol y otras drogas, Evans comenzaba una de sus épocas más prolíficas en cuanto a producción musical y premios alcanzados. En 1968, gracias a su majestuosa presentación en el afamado Festival de Montreux, ganó su segundo Grammy. Y, después de tres años y de haber grabado The Bill Evans Album, obtuvo dos premios Grammy más. Aún así, la sombra de sus adicciones seguía presente en su vida y se mostraría más claramente en años posteriores.

Después de la ruptura con Elaine, su mujer, a principios de la década de los setenta, Evans comenzó una relación nueva con Nenette Zazzara, con quien tuviera un hijo y formara una familia. Como se dijo anteriormente, la sombra de la heroína seguía los pasos de Evans, y se presume que esa fue una de las causas de esta ruptura. En 1979 se unió con Laurie Verchomin, una camarera canadiense quien le acompañó hasta sus últimos días. Ese mismo año sucedió otra gran tragedia en su vida: el suicidio de su hermano, Harry, a quien le habían diagnosticado esquizofrenia. Se cree que este hecho tuvo tales efectos devastadores en Bill Evans, que fue determinante para apresurar su muerte a un año del fatal suceso. También ese mismo año compuso el disco We Will Meet Again, en el cual incluye un tema dedicado a su hermano. Un año más tarde murió a consecuencias de enfermedades mal tratadas y el resultado de sus adicciones a la cocaína, el alcohol y la heroína durante años.

En el caso de este genial pianista, de este referente indiscutible de la armonía en el jazz, de esta pieza clave en la concepción del jazz acústico, el conocer su biografía permite comprender un poco más el grado de sensibilidad transmitido en su ejecución y en sus producciones discográficas. Le es muy atribuida la maestría de combinar simultánea y genialmente estándares armónicos con interesantes temas melódicos. Y no es para menos, esa es una virtud que pocos tienen. Eso requiere de imaginación, conocimiento y alta sensibilidad desarrollada desde los nervios. Su vida fue turbulenta lo que le permitió conocer varios lados oscuros del corazón, pero también pudo apreciar los horizontes de la belleza y el resplandeciente panorama del éxito. Irresponsable sería hablar más al respecto sin haber tenido el placer de conocerle, así que estas palabras únicamente se hacen expresas a raíz de lo que su música logra transmitir a los sentidos. Bill Evans, uno de los mejores pianistas del siglo XX, dejó desde 1980 un legado musical que resulta un patrimonio invaluable tanto en el jazz, como en la música modal y contemporánea.

 


[1] Davis, Miles; Troupe, Quincy (1989). Miles: The Autobiography. Simon and Schuster. Interpretación traducida de la cita: “Bill had this quiet fire that I loved on piano. The way he approached it, the sound he got was like crystal notes or sparkling water cascading down from some clear waterfall. I had to change the way the band sounded again for Bill's style by playing different tunes, softer ones at first.” 

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