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Acid de Ray Barretto

Imagen de pablo

En los barrios del Bronx y del Harlem de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, se gestó a principios de los años sesenta una combinación de ritmos que fusionaban el soul, el jazz y los ritmos afro-latinos. A este estilo se le conoce como boogaloo o latin soul, y uno de los grandes exponentes de este género fue Ray Barretto , un conguero de origen puertorriqueño que llevó esta fusión a su máximo esplendor con su disco Acid , publicado en 1968 por Fania Records.

Ray Barretto es, sin duda alguna, un músico de referencia tanto en el jazz latino como en la llamada salsa dura. Como varios de sus contemporáneos, inició su camino por la música en el jazz y el swing, antes de incursionar en el mundo de los ritmos latinos y afro-caribeños. Después de haber hecho su servicio militar en el ejército norteamericano, regresó a la ciudad de Nueva York a mediados de los años cuarenta y empezó a tocar con bandas de jazz de la ciudad. Una década más tarde, reemplazó nada más y nada menos que a Mongo Santamaría en la orquesta de Tito Puente , y en un abrir y cerrar de ojos Barretto se convirtió en el percusionista más buscado de la ciudad de Nueva York. Cuenta la leyenda que el mismo Charlie Parker se fijó en él por su “hipnótica” manera de tocar las percusiones. Su talento era admirado y reconocido, por lo que llegó a grabar y tocar en vivo con personajes de la talla de Dizzie Gillespie, Cannonball Adderley, Cal Tjader, Max Roach, Art Blakey y Kenny Burrell , por nombrar sólo algunos.

A principios de los años sesenta, la ciudad de Nueva York vio el surgimiento de diversos ritmos muy bailables que buscaban satisfacer las ganas de moverse de la inquieta juventud neoyorkina. Entre estos sobresale un estilo llamado Pachanga¸ popularizado por la música de Arsenio Rodríguez y Tito Puente. Bajo esta línea, Ray publicó la canción “El Watusi”, que a la postre se convertiría en la primera canción latina en figurar en las listas de popularidad del año 1963. Asimismo, esta pieza marcaría el inicio del boogaloo, un ritmo marcadamente latino que se haría muy popular no sólo en Estados Unidos sino en varios países de América Latina. Este estilo surgió fundamentalmente de la combinación de ritmos afro-cubanos con el soul, un género musical que empezaba a tener una gran difusión gracias al establecimiento de dos disqueras claves, Stax y Motown Records, y al sobresaliente éxito de un tal llamado James Brown . Los latinos, en la búsqueda de un sonido propio, le apostaron a la fusión de ritmos bailables y populares de aquellos años, con toda la riqueza musical de su cultura. Así, el boogaloo era una mezcla de son, güajira, guaracha, mambo, soul y R&B, entre otros.

Durante esos años, Barretto grabó una serie de discos para Tico y United Artists que lo consolidarían como uno de los artistas de jazz latino más importantes de la escena musical y no sólo como un músico de estudio más. En 1967 firmaría un contrato con Fania para convertirse en el director musical de las Estrellas de Fania. Fue en esta disquera donde empezó a incorporar más elementos de rock y funk en sus composiciones. La primera entrega de Ray para esta disquera fue Acid ¸ un disco que marcó definitivamente la historia de la música y, en opinión personal, es el disco que mejor muestra la fusión de ritmos latinos con el soul de los afroamericanos.

El disco empieza con un obligado con trompetas, congas y timbales, seguido por las notas de un piano que marca un ritmo claramente latino. Instantes después se le unen la clave, el güiro, los timbales y una línea de metales inspirados en el sonido de las bandas de funk de aquel entonces. Mientras la línea de bajo asimila un tumbao, las congas de Barretto adornan la música con intervenciones esporádicas por aquí y por allá. Al instante, un coro de hombres anuncia “a todos los pollos que quieran gozar, el nuevo Barretto le invita a bailar”. Enseguida empieza el solo de una trompeta que suelta notas al aire, como si fuera un solo de jazz, nada más que con un fondo tropical, por llamarlo de alguna manera. Y así, en un par de compases, Ray Barretto ha logrado captar tu atención por los siguientes 40 minutos. Querrás bailar, querrás pegarle a la mesa al ritmo de la clave, te preguntarás a ti mismo “¿por qué no encontré este disco antes?”. Los pedazos que siguen no hacen más prender la fiesta. Conforme avanza el disco, te vas dando cuenta que es mucho más funky de lo que esperabas, pero mantiene ese toque latino con sonido orgánico, que lo distingue sobre todo lo que has escuchado antes. Ritmos como el son se mezclan fácilmente con sonidos kitsch y grooves inspirados en el R&B. El resultado es un sonido fresco e innovador que como bien dice en la canción “Soul Drummers”, es difícil de resistirse. Y es que también, el disco está repleto de gritos y frases que te invitan a empaparte de este nuevo ritmo y a dejarte llevar por ese estilo lleno de energía y de feeling latinesco. Así era el boogaloo, una mezcla de lo latino con lo afro-americano, un sonido fresco con un ritmo pegajoso. Ray Barretto llevó a este género a la máxima apoteosis con este disco.

Un año después del lanzamiento de Acid , el boogaloo desapareció para dar paso a lo que a la postre sería la salsa. Ray Barretto continuó sacando discos y experimentado con nuevos sonidos y estilos. A principios de los años setenta, su trabajo se orientó más hacia el rock y el funk. Sin embargo, se erigió como un actor fundamental para el desarrollo de la salsa y del jazz latino. En 1973, varios de sus músicos lo abandonaron para formar la orquesta Típica 73¸ la cual se convertiría en una de las bandas más importantes de salsa de aquellos años.

Ray Barretto tiene en un su haber una infinidad de discos, y sin duda hay placas que fueron más importantes o mostraron un trabajo de mayor calidad que el de Acid. Sin embargo, este es un disco de gran relevancia por su aportación a la música y sobre todo una piedra angular para el camino que seguiría la música latina al interior de los Estados Unidos. Esta no se podría entender sin el trabajo y aportación de un personaje como este.

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