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“Misty” y “Misterioso”. Incógnitas de lo inabarcable en el horizonte del jazz

Los límites del jazz los establece la imaginación. Un blues desenfrenado y surrealista puede ser tan “jazz” como una balada romántica. Sí, pero ¿qué hay detrás de cada una para poder considerarlas bajo el nombre de este género musical tan complejo? 

El jazz, como concepto y fenómeno sociológico, resulta muy complejo de analizar, jerarquizar, delimitar y estudiar. No por ello es menos fascinante. Pero como género musical presenta también una serie de retos e incógnitas que lo convierten en uno de los más atractivos, complejos y vastos dentro del mundo sonoro.

A pesar de contar con ciertas estructuras rítmicas, parámetros técnicos y fórmulas armónicas en cuanto a la construcción de acordes y estándares, el jazz se ve envuelto en una mística que siempre deja una ventana abierta a la imaginación, en donde todo es posible. Todo. En donde sus horizontes abarcan todo aquello que haya podido ser imaginado, pero también todo aquello que per se sugiere una incógnita, una duda. Tanto es así que los repertorios jazzísticos son ricos, no sólo en temas y estándares, o improvisaciones, sino que cuentan con canciones que van desde una balada hasta un swing, pasando por un beat caótico que emule más bien a una atmósfera punk, sin dejar de lado el pilar que vertebra todo esto: el blues.

“Misty” y “Misterioso” son dos temas imprescindibles en los repertorios de todo aquel que se jacte de conocer a fondo este género musical. Especialmente en el piano. ¿Qué supone esto? Que para saber de jazz es necesario conocer cuantos más temas sea posible. Y en el caso particular de esta comparación, resulta muy interesante poner sobre la mesa dos piezas musicales que nos dicen tanto, pero desde puntos tan divergentes. En términos generales, la primer canción, “Misty”, es una balada muy expresiva, tanto, que puede suponer la creación de una atmósfera melosa o cursi (hágase mención que esto sucede dependiendo de la versión y del ejecutante. No todas las versiones de este tema pecan de excesivamente románticas). En el caso de la segunda, “Misterioso”, como bien indica su nombre, resulta una incógnita sobre lo que sucedía realmente en el entorno social y en el imaginario colectivo de aquel grupo de rebeldes jazzistas: el bebop.

Dos caras de un caleidoscopio

Erroll Garner frente a Thelonius Monk. El éxito comercial frente a la potencial irreverencia de los clásicos rebeldes. La cadencia sencilla y fresca de un tema nacido con alma de mainstream, frente a la cadencia aplastante y bruta de un extrovertido provocador. ¿Por qué poner cara a cara estos dos temas? Si bien el jazz resulta sumamente permisivo es por algo más allá de una casualidad. Ese “algo”, ese beneficio de la duda, resulta en el infinito universo creativo del cual puede echar mano para componer una expresión. Tal vez existan muchos temas que puedan presentarse de forma antagónica, pero este no es el caso. Más que buscar dos papeles que se antagonicen, el objetivo es tener dos ejemplos de temas que, en esencia, no tendrían mucho para ser catalogados dentro del mismo género musical, pero que poco a poco, al irlos descubriendo a fondo se puede apreciar que sí lo tienen. Es más, pueden funcionar como un buen ejemplo para contemplar desde dos ópticas muy distintas a este fenómeno tan rico e inquietante que es el jazz.

A pesar de contar con ciertas estructuras rítmicas, parámetros técnicos y fórmulas armónicas en cuanto a la construcción de acordes y estándares, el jazz se ve envuelto en una mística que siempre deja una ventana abierta a la imaginación, en donde todo es posible. Todo.

“Misty” supone una perspectiva muy melosa, como un dulce, muy amable, muy sencilla y de fácil digestión. Bailable y perfecta para cualquier escena de amor de una película cursi. Por otra parte, “Misterioso” encierra en cada tiempo, en cada compás, en cada silencio y en cada parte, una pequeña pesadumbre o, más bien, una desconexión armónica que para algunos resultaría como una piedra en el zapato. Utiliza el esquema de un blues, pero lo rompe armónicamente. Es irónico, porque juega con el placer desde otra perspectiva, y es, también, incomodo porque tanto la armonía como el solo, sugieren o evocan un ritmo más cadencioso, más vívido, y no lo hace de esa manera. Al contrario, crea letargo, crea parsimonia como el andar de un elefante.

Ted Gioia[1] habla de ambos en un excelente compendio jazzístico, apto para todo público, desde principiantes hasta expertos, pasando por aficionados e iniciados en el arte del disfrute y la ejecución de algún instrumento. El texto recibe el nombre de: El canon del jazz. Los 250 temas imprescindibles. Ahí se encuentran, como bien se indica, doscientos cincuenta temas clásicos del jazz, los cuales el autor considera deben formar parte de todo aquel que pretenda tener un repertorio jazzístico básico. Son muchos los temas de los que habla, pero los dos presentes y analizados en este texto, nos regalan algo más que una simple descripción. Echemos un vistazo a lo que Gioia tiene que decir al respecto.

Misty

“Misty”, compuesta por Erroll Garner, y con letra de Johnny Burke, alcanzó la fama internacional gracias a la producción cinematográfica Play Misty for Me (1971),en la cual Clint Eastwood es el protagonista. El libro de Ted Gioia es rico en anécdotas e información adyacente a los temas, y respecto a éste comenta que Eastwood tuvo que desembolsar veinticinco mil dólares para poder utilizarlo en su película. También expresa que: “… tengo la impresión que la mayoría de los músicos de jazz sólo toca esta canción cuando se la pide alguien del público, de la misma forma que la película de Eastwood –su debut como director, dicho sea de paso- cuenta la historia de una mujer obsesiva que, entre otras cosas, no para de telefonear a un locutor de radio para pedirle que ponga ‘Misty’ ”.

Sobre su composición, pese a considerarla dentro de este exquisito y bien formado repertorio, en donde figuran no sólo clásicos, sino temas reconocidos dentro y fuera del mundo del jazz, no habla precisamente maravillas de ella. “La balada de Garner está bien compuesta, desde luego, y la línea melódica ascendente que desemboca en el puente y que, en el espacio de tres compases, abarca más de una octava, resulta muy espectacular; pero la canción ha padecido demasiadas versiones empalagosas a lo largo de los años, y hoy por hoy ni las grandes figuras del jazz lo tienen fácil para devolverle la dignidad perdida.” Gioia la tacha de “demasiado barroca”, y agrega que pese a las reconocibles virtudes de Garner como pianista (sobretodo en lo que a los movimientos rápidos y medio-rápidos se refiere), la composición de “Misty”, igual que temas como “Nightwind”, “Solitaire” y “Passing Through”, fueron creados para agradar más a un público cercano al pop que al auténtico y tan celoso jazz. ¡Qué fuertes declaraciones para un tema que el autor mismo decide incluir en un repertorio de “imprescindibles”!

Además, menciona que “Misty” estuvo a punto de no formar parte de Heavenly, una producción discográfica de Mathis, pero que el cantante le había garantizado a Garner, a quien conocía de tiempo atrás, que la pieza sería grabada.[2] Aún así, con la polémica que la rodea, esta canción se convirtió en un gran éxito de la lista Billboard. Y, para mayor desconcierto de muchos, tanto la grabación de Garner como la de Mathis forman parte del Salón de la Fama del Grammy.[3]

“Misty” supone una perspectiva muy melosa, como un dulce, muy amable, muy sencilla y de fácil digestión. Bailable y perfecta para cualquier escena de amor de una película cursi. “Misterioso” encierra en cada tiempo, en cada compás, en cada silencio y en cada parte, una pequeña pesadumbre o, más bien, una desconexión armónica que para algunos resultaría como una piedra en el zapato. Utiliza el esquema de un blues, pero lo rompe armónicamente.

Tal vez, de acuerdo con lo que dice a continuación Gioia, fue Sarah Vaughan quien le dio otra oportunidad de ser revalorada a la tan controversial, “Misty”. “… pero hay que reconocerle a Sarah Vaughan el mérito de haber añadido “Misty” a su repertorio antes incluso que Mathis publicase su sencillo. La cantante registró la canción en una sesión de 1958 celebrada en París, con un arreglo de Quincy Jones, y en lo sucesivo la interpretaría con frecuencia”[4]. Ahora bien, después de todo lo anterior, el autor de los “250 imprescindibles” comenta que sus versiones instrumentales favoritas son aquellas interpretadas en formación de trío grabadas por Ahmad Jamal en 1965, la cual lleva un “trasfondo” funky. También menciona, ya en épocas más recientes, la versión del trombonista Steve Turre, de 1999, la cual cuenta con la presencia de Ray Charles, lo cual la hace más atractiva, como él mismo sentencia.

Finalmente, en lo referente a “Misty”, en el texto de Gioia cierra así: “En la década de 1970, la película de Eastwood podría haber servido para que Misty recuperase parte de la respetabilidad perdida; pero Ray Stevens contrarrestó de sobra esa posibilidad con una versión lamentable estilo country que triunfó en las listas en 1975 (suerte de continuación de su superéxito del año anterior, “The Streak”). Aunque Stevens insistió en que ni él ni sus músicos se reían “de la canción, sino con la canción”, el resultado fue una horterada sin paliativos. El cantante obtuvo un Grammy y dio a los músicos de jazz otro motivo para no arrimarse a esta pieza. Pero de poco les sirve, pues entre el público siempre hay alguien que, como la trastornada de la película, les pide que toquen ‘Misty’.”

Suenan muy duras las palabras de Gioia, pero finalmente la incluye en su repertorio de imprescindibles. Ya sea para deleite del público (al que él claramente sentencia como inexpertos y con mal gusto, o poco conocimiento jazzístico), o porque realmente es una balada bien construida y que, independientemente de su controversial historia, tiene potencial para ser versionada desde distintos puntos de vista. Pobre “Misty”, emula a un niño sobreprotegido y lleno de dulzura, pero al cual el mundo real y crudo le da la espalda por celos, envidia y sobrado cariño.

Misterioso

En contraparte con la dulzura del primer tema, tenemos a este blues que nace desde la irreverencia conocida y reconocida de Thelonius Monk. Si bien, guste o no guste, “Misty” es un tema digerible y amable, de esos que entran bien por medio de una línea melódica “linda”; “Misterioso” resulta todo lo contrario, más cuando es puesta en contexto. Pocas cosas pueden ser tan atractivas para un amante del blues como encontrar alguna estructura de su género predilecto en un estándar de jazz, pero ¿qué es lo que sucede en este caso? La obra de Monk, es cierto, parte de un blues, pero uno poco ortodoxo. También es un blues de doce compases innovador e igual que el carácter de su compositor: rebelde.

Al respecto Gioia dice lo siguiente: “La melodía de la canción sigue un esquema previsible y se toca con un ritmo constante que acentúa los pulsos fuertes del compás, sin síncopas ni silencios. Hasta entonces, ninguna canción de jazz había sonado así, y los antecedentes más obvios son temas clásicos del género novelty… o si acaso, las escalas y ejercicios que tocan los estudiantes de piano para mejorar la independencia de los dedos. La melodía discurre infatigable arriba y abajo, trazando a porfía su recorrido en una hilera ininterrumpida de ocho notas, cada una de las cuales va seguida de su intervalo de sexta ascendente, bien de mayor o de menor.”[5]

Además, agrega que “… no son los ingredientes jazzísticos más habituales… pero combinar esta pauta melódica con una estructura de blues de doce compases y añadiéndole un poco de cromatismo, Monk crea algo surrealista, un ejercicio para piano procedente de un universo alternativo. La canción, como es obvio, impone sus limitaciones a los instrumentistas –quien quisiera divertirse que escuche a varios baterías tratando de imprimir swing a esta melodía sin síncopas-; pero también los induce a abordar el formato del blues desde una perspectiva distinta, a saber: planteándosela no tanto como una progresión genérica sobre la que improvisar frases y riffs consabidos, sino más bien como una extensión de la singular sensibilidad personal de Monk.”[6] Compleja construcción desde lo rítmico hasta lo armónico. Como se mencionó al principio de este escrito, es tal vez, esa sugerencia/carencia de un swing en el ritmo lo que aletarga o le imprime un sentido de pesadez a este tema. No es que ello lo haga malo, todo lo contrario, lo convierte en sumamente atractivo por lo rebelde y lo agresivo que resulta. Es verdad, no es un tema para todos los oídos. De hecho, entre muchos iniciados, no es uno de los preferidos para adentrarse al jazz.

Monk participa en muchas de las versiones de este tema, y el primero fue grabado en la reconocida casa Blue Note. Gioia recomienda, en especial, la versión de 1991 a cargo de Ornette Coleman. Ahora bien, resulta muy interesante cuando estudiantes de jazz, o músicos que apenas comienzan su carrera, intentan esta pieza. Definitivamente es para valientes, ya que representa un gran reto por todo aquello que sugiere y de lo que se desprende para ser una pieza “linda” y “amable” como lo es “Misty”.

No se trata de cuál es mejor o cuál es peor. Son dos temas abismalmente distintos. Cada uno ofrece ricos panoramas para contemplar al tan complejo mundo del jazz. Uno es una balada romántica, mientras el otro es un blues surrealista. Uno es ligero y el otro indigerible. Pero cada uno tiene lo necesario: esencia y personalidad. Dos puntos básicos para poder decir que un tema de jazz es de calidad. Parece lógico, pero es necesario hacer mención de la importancia que tiene este género musical al abrir las puertas a tantas opciones rítmicas, melódicas y de construcción armónica, ya que eso es lo que nos lleva a preguntarnos, ¿qué es el jazz?

 

Originalmente publicada en el número 29

[1] Ted Gioia es músico, compositor, historiador, profesor y productor de jazz.

[2] Ted, GIOIA, El canon del jazz. Los 250 temas imprescindibles, Turner Noema, Madrid, España, p.389.

[3] Idem.

[4] Idem.

[5] Ibid, p. 386.

[6] Ibid, p. 387.

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