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“Blue in Green” Un poema hecho balada

Efectivamente, un poema hecho balada. La armónica conjunción que se logra con la conformación de cada una de las partes de “Blue in Green” la convierten en el detalle de distinción que engalana la cadencia de Kind of Blue. Sentimiento profundo, un hito del feeling en balada y un interludio de pausa virtuosa, son algunos atributos que definen a esta indudable joya musical. Pieza fundamental de la que es, probablemente, la obra maestra del jazz.

 

En números anteriores ya hemos dedicado estas páginas a la biografía y al análisis de algunas obras de Miles Davis y John Coltrane, y en esta ocasión lo haremos nuevamente. Blue in Green, el tercer track de Kind of Blue, es ahora el protagonista. Además de ser pieza fundamental (por un sinfín de razones y valoraciones) de la obra completa, este tema está dotado de un fuerte carácter individual. Por la cadencia y el espacio de respiro que aporta, por la compleja elegancia que logran los modos dórico y mixolidio en esta balada jazzística, y sobretodo, por la rica ambivalencia que representa, tanto en conjunto como individualmente, Blue in Green es un clásico de la música modal, del jazz y del patrimonio cultural intangible.

 

Más allá de la polémica sobre su autoría (hay quien sostiene que fue Davis quien la escribió, hay quien le da todo el crédito a Bill Evans, y hay quien apuesta por la coautoría), esta pieza resulta una de las dos baladas maestras de Kind of Blue, además de Sketches of Spain. ¿Por qué destacar esta cualidad en primera instancia? En esta publicación hemos abierto en repetidas ocasiones el cuestionamiento sobre si “todo” el jazz es bueno, o si la música adquiere altas valoraciones sólo por ser considerada bajo el género jazzístico, y es justo este tema, este magnífico clásico, el que demuestra que lo bello o lo genial en el jazz va mucho más allá de cuestiones técnicas y que, a pesar de lo inclusivo en cuanto a ritmos y armonías que puede ser el género, siempre habrá un hilo conductor que vertebre su condición de jazz. Kind of Blue es una de las grandes obras maestras musicales en la historia de la humanidad y está nutrida en el presente por una innumerable cantidad de valoraciones y atributos, y uno de ellos es el de ser un referente de la riqueza de atemporalidad rítmica que tiene el jazz.

 

Después de escuchar So What y Freddie Freeloader entra Blue in Green marcando una pausa rítmica, cambio de paso, un beat que pone en sintonía la respiración con el latido del corazón, y que muestra que el amplio espectro del jazz es mucho más grande que las vertientes cronológicas que lo limitan a la construcción bidimensional del tiempo en 1959, año en que fue escrita. Su condición de balada dota de calidad tanto al disco entero, como a ella misma en solitario. Actualmente, una de las críticas mejor sostenidas en el mundo del jazz es que, en muchos casos, la riqueza rítmica así como la obsesión por el perfeccionamiento técnico en la ejecución, han convertido a muchas obras e interpretaciones jazzísticas en “planas”, sin cadencia, sin alma, y sin feeling de conjunto armónico (no confundir con feeling de ejecución individual).

 

Un antes y un después. El segundo track del disco Freedie Freeloader es una variación de un twelve-bar blues en Si, en donde el pianista es Winton Kelly (famoso por su dominio y expresión bluesística, lo cual resultaba mucho más acorde para acercar el tema a la perfección purista). Y, respecto a los solos, Miles Davis, John Coltrane, Cannonball Adderley y Kelly hacen lo respectivo. Este complejo, pero rico y alegre blues es siempre un referente para aquellos que sostienen que el jazz es una variante o una complejísima expresión del blues. Y, de cierta forma, da continuidad a la revolución en la música contemporánea (por la creación del jazz modal) que logró So What, nueve minutos con veintidós segundos antes. Pero, ¿qué sucede de pronto? Después de la magistral ejecución y de riqueza en expresiones de improvisación entra un elegante freno sonoro que vira el rumbo armónico, rítmico y de expresión logrado hasta el momento. En el piano, ahora Bill Evans, abre con una progresión de acordes que cimbran el alma de la misma manera como hace con la tarola que se percibe muy ligeramente de fondo (detalle sumamente valorado para quienes gustan de las delicadezas de la música orgánica).

 

Sobre sus virtudes en el tan amplio, pero complejo, campo de la improvisación, es gracias a la incorporación de los modos dórico y mixolidio lo que le brindan frases contrastantes pero dotadas de exquisitez armónica en sintonía con la base de Winton Kelly. Actualmente, la sobrexplotación del virtuosísimo y de la gran competencia que existe entre músicos para ver quién logra “lo más imposible”, ha desvirtuado (en muchos casos, no en todos) la elegancia y la utilización de la riqueza en modos musicales de expresión. Ubicándonos en el contexto de 1959, el haber utilizado los dos modos anteriormente mencionados de esa manera para dar profundidad al tema era algo poco usual. Más cuando en aquel entonces la apuesta fuerte era basarse en escalas mayores y menores, en el estado más puro, para improvisar principalmente en el blues y las baladas. El modo mixolidio permite una amplitud armónica tonal mucho mayor, ya que sugiere un fraseo en otras escalas distintas a la de la armonía base, pero que se complementan muy bien. Quienes las usan constantemente sugieren que “no es un modo aplicable para todos los casos ni todos los géneros”, pero en esta pieza funciona perfectamente.

 

 

Kind of Blue es una obra y producción musical que merece ser desmenuzada y estudiada bloque por bloque, paso por paso, nota por nota, tema por tema para lograr extraer de ella toda la riqueza que encierra. Sus planeación, así como su alto grado de improvisación, le dotan de exquisitos matices que hacen de este disco lo que para muchos es la gran obra maestra del jazz. Opiniones y análisis hay tantísimos sobre cada una de las piezas que lo componen, pero en este caso quisimos enfocarnos únicamente a Blue in Green, la primera balada de esta creación. Más allá del disfrute de este tema, in purezza, vale la pena retomar la base del piano para deleitarse con cada una de sus pausas, cada ola cadenciosa, cada sorpresa armónica y cada acorde tan brutalmente sensible. Afortunados son aquellos que la pueden interpretar en piano para darle la expresión propia, para empaparse del alma misma, aunque sean muy, muy pocos. Hay quien habla de temas prohibidos (es decir, aquellos que fueron tan magistralmente compuestos y ejecutados que sería una ofensa reproducirlos en versión propia públicamente. En ocasiones, ni profesionales), y este debería ser uno de ellos. No es que la intención de la oración anterior busque sentenciar a la “no reproducción” de Blue in Green, pero intenta dejar claro que la riqueza que encierra es difícilmente imitable. ¡Qué joya! Contados son los casos en donde los silencios  saben mucho más que muchas notas

 

Publicado originalmente en el número 21
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