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¿Tienen música los animales?

¿Y si toda nuestra música estuviera impulsada por un instinto tan animal como el de apareamiento? ¿Y si los grandes músicos como Bach, Mozart o Beethoven no hubieran estado más que explotando su sex appeal? No es descabellado pensarlo de una estrella del rock.

 

Largas y apasionantes pueden ser las reflexiones en torno a nuestro comportamiento musical ¿Qué nos gusta? ¿Por qué? ¿Qué está de moda? ¿Qué tipo de música nos gusta más? Pero siempre queda sin contestar esa pregunta esencial, madre de todas las demás: ¿Por qué tenemos música? Y es que la música no sólo ha estado presente, de alguna u otra forma, durante toda la historia europea, sino que no se ha encontrado todavía una sola cultura que no tenga su propio mundo sonoro. Incluso cuando cada cultura tiene su propia definición -algunas ni siquiera tienen una palabra equivalente- siempre podemos encontrar manifestaciones sonoras paralelas a eso que nosotros llamamos música. Desde los habituales festivales de Europa, hasta las recitaciones del Corán: en todas partes el ser humano se expresa a través de los sonidos, ya sea para hablar con los dioses o para pasar un buen rato, siempre existe un mundo sonoro aparte del lenguaje hablado.  

 

Si está presente en todas las culturas, podemos decir que es algo propio del ser humano, pero ¿es acaso único en él? ¿Tienen música los animales? Cuestión tremendamente difícil de contestar, pero precisamente por eso llena de interés, pues no sólo nos ayudaría a conocer mejor el mundo que nos rodea, sino que iluminaría campos sobre nuestra propia música como su origen o su función. No es que vayamos a encontrar a un delfín, pluma en mano, componiendo su próximo canto a la alegría, pero que es posible encontrar en los animales discursos sonoros que bien pueden entenderse como una música no desarrollada, como una pre-música que cumple una función similar a nuestro enorme mundo musical.

 

Por supuesto, los mayores protagonistas en esta cuestión no pueden dejar de ser los pájaros. Aunque hay otros muchos animales en los que se han oído armoniosos discursos como en las ballenas o en los delfines, ha sido siempre a los pájaros a los que se les ha atribuido una mayor dote musical. Popularmente siempre se ha hablado de su canto, compositores como Olivier Messiaen se han inspirado en las melodías que cantan en los bosques y las selvas e incluso algunas culturas justifican su música como una emulación de la de aquellos.

 

Pero, ¿acaso los pájaros hacen música?, ¿o es que su lenguaje nos parece demasiado melodioso y, arbitrariamente, lo equiparamos a nuestra música? No hay demasiadas formas de saber si el canto de los pájaros se parece más a nuestro lenguaje hablado o a nuestra música, no tenemos la capacidad para conocer cómo interpretan o sienten estos sonidos, pero a través de su forma y su función podemos intuir la respuesta a alguna de estas cuestiones.

 

Las investigaciones sobre el campo han observado, como cualquiera que haya ido un poco al campo también lo habrá hecho, que el canto de los pájaros está organizado en pequeñas frases que se repiten. Sus cantos no provienen de la combinación espontánea de distintos sonidos, sino que diferentes frases están ya establecidas y se combinan y repiten en ciclos. Como parece, sus cantos no surgen de la creatividad espontánea de cada animalito, sino que cada uno va interpretando su pequeño o gran repertorio de pequeños motivos. Obviamente esta organización dista enormemente de la estructura de nuestra música, pero al fin y al cabo organizan los sonidos. Además todo este orden se basa en la existencia de dos fenómenos que son esenciales en nuestra música: la existencia de tonos fijos y la transposición. Sin embargo, esto no es prueba suficiente para afirmar que los pájaros tienen música, al fin y al cabo ellos utilizan los sonidos como medio de comunicación ¿No deberíamos pues hablar del lenguaje melodioso de los pájaros?

 

Pero ¿cómo utilizan esta “música”? ¿Qué transmiten los animales con sus sonidos? Aunque existen casos en los que se utilizan para transmitir mensajes concretos, algo que sería equiparable a nuestro lenguaje hablado, la mayoría los utiliza como una forma de comunicación afectiva, transmitiendo estados emocionales. Los sonidos de los animales no funcionan como palabras que hacen referencia a cosas; cada motivo de un pajarito no tiene asociado un significado concreto, los motivos se utilizan como una mera combinación de tonos y dependiendo de la situación el animal transmite una cosa u otra. Si ya esto podría parecerse mucho a nuestra música, la similitud se vuelve mayor cuando observamos que los pájaros alargan sus cantos, no para decir más cosas, sino para decir lo mismo de muy distintas formas. ¿No consiste en eso nuestra música? Creo que todo el mundo estará de acuerdo en que los mensajes que transmiten las canciones pueden ser resumidos en una simple frase y, sin embargo, la canción bien puede durar diez minutos. La música, al final, no es más que una forma de comunicación afectiva a través de sonidos y, si lo comparamos con nuestro lenguaje hablado, acaba siendo una forma muy simple de comunicación y, sin embargo, la más efectiva y la que más profundamente nos influye.

 

Teorías aparte, hay muchos otros datos que nos impiden ver un paralelismo entre estos comportamientos sonoros. Uno de ellos es el hecho de que los primates, especie animal más cercana al ser humano, carecen de cualquier tipo de comportamiento que pueda parecerse a nuestro comportamiento musical. Por otra parte, nuestra música conlleva una creatividad que no se ha visto en los animales. Éstos no intervienen intelectualmente, simplemente repiten patrones aprendidos. No hay noticias de animales que improvisen, y tampoco las hay de animales que utilicen nada similar a un instrumento musical o que interpreten canciones en conjunto. Sin embargo, nada de esto es prueba suficiente para negar la presencia de una pre-música en el mundo animal, sus carencias se pueden explicar fácilmente como una falta de desarrollo.

 

Si realmente existiera un paralelismo entre esta pre-música y la nuestra ¿podríamos decir que nuestra música tuvo, en su origen, la misma función que ésta? En cuanto al canto de los pájaros, se ha observado que tiene mayoritariamente una función de cortejo siendo los machos quienes se esfuerzan por tener un repertorio más variado para atraer a las hembras. Si esto hubiera sido el origen de la música humana, tendría razón Darwin quien entendió la música, o al menos su origen, como la versión humana de las llamadas de cortejo de los animales ¿Y si toda nuestra música estuviera impulsada por un instinto tan animal como el de apareamiento? ¿Y si los grandes músicos como Bach, Mozart o Beethoven no hubieran estado más que explotando su sex appeal? No es descabellado pensarlo de una estrella del rock. ¿Y si el talento musical fuera una capacidad positiva para la supervivencia de la especie? Algunos científicos ya han comenzado a hacerse esta pregunta aunque no dejan de ser meras conjeturas.

 

La cuestión es enorme y no deja de estar llena de incógnitas e hipótesis. Nada en este campo puede decirse con certeza. Bajo nuestro ojo humano, podemos interpretar todo como una analogía de nuestro mundo, aunque no tenga porque ser así. Pero es muy difícil no preguntarse si hay un origen biológico en nuestro comportamiento musical cuando este está presente en todos los humanos. Si la música fuera tan sólo una forma de cultura, existiría, en alguna parte del mundo, una sociedad que no precisara de ella.

 

La música tiene numerosas funciones en nuestras sociedades, desde la comunicación, la expresión emocional, hasta el entretenimiento y el goce estético, pasando por otras tan esenciales como el refuerzo de identidad y creación de una cultura común. Funciones que, en definitiva, son formas de mejorar la convivencia en sociedad, al igual que mejorar la calidad de vida de sus individuos, ¿no es esto otra forma de asegurar la supervivencia de la especie? Está claro que el ser humano es un animal social y la música es uno de sus más eficaces instrumentos para asegurar su cohesión. Por tanto, no es muy atrevido asegurar que el ser humano necesita la música. Y me viene a la cabeza esa frase ya tan manida de Nietzsche ‘sin música la vida sería un error’, pero es que igual sin música la vida no sería posible.

Largas y apasionantes pueden ser las reflexiones en torno a nuestro comportamiento musical ¿Qué nos gusta? ¿Por qué? ¿Qué está de moda? ¿Qué tipo de música nos gusta más? Pero siempre queda sin contestar esa pregunta esencial, madre de todas las demás: ¿Por qué tenemos música? Y es que la música no sólo ha estado presente, de alguna u otra forma, durante toda la historia europea, sino que no se ha encontrado todavía una sola cultura que no tenga su propio mundo sonoro." data-share-imageurl="">

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