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Géneros singulares: nuevos aires del frevo

Imagen de fabian

A pesar de la enorme diversidad de músicas albergadas a lo largo y ancho de Brasil, es común que la gente piense, de inmediato, en sus dos géneros insignes: la samba y la bossa nova. Pero Brasil cuenta con una gama amplísima de familias musicales: maxixe, choro, forró, axé… Hoy me permito sugerirles un ritmo frenético y lleno de vida: el frevo y sus novísimos aires.

Una de las joyas más preciadas de Brasil, a nivel internacional, es su carnaval de Río de Janeiro. Año con año, las vivas imágenes del Samódromo del Marqués de Sapucaí inundan los medios del mundo entero. Pero no es la única festividad que en tiempos de carnaval reviste las calles brasileñas. Bastantes kilómetros al norte de Río se encuentra el estado de Pernambuco. Ahí, en las ciudades de Olinda y Recife, el carnaval tiene también mucho que ofrecer, musicalmente hablando. Fue ahí donde nació el frevo.

Los estudiosos del género ubican su génesis a finales del siglo XIX, pero todos están más o menos de acuerdo en que su consolidación como género se daría entre los años 20s y los años 30s. El frevo, como muchas otras músicas de este continente, es un ritmo mestizo en el que los elementos africanos y europeos son fácilmente reconocibles. Pero en su formación, a diferencia de otras músicas, pueden paladearse ingredientes puramente jazzeros.

Dicen también sus estudiosos que existen tres tipos de frevo: el frevo-da-rua, instrumental y muy enérgico; el frevo-canção, más calmo y con letra, y el frevo-de-bloco, que también cuenta con letra pero cuya instrumentación es un tanto distinta a los otros dos. La diferencia consiste en que en las dos primeras formas del frevo resaltan los instrumentos de viento y las percusiones, mientras que el frevo-de-bloco es interpretado por formaciones llamadas orquestras de pau e corda, mismas que incluyen instrumentos como guitarras, violines, cavaquinhos y bajos.

El frevo, decíamos, logró consolidarse como género alrededor de los 30s, teniendo como sus máximos exponentes a Matias da Rocha, Eucário Barbosa y Guedes Peixoto, en el frevo-da-rua; Nelson Ferreira y Capiba, en el frevo-canção, y Romero Amorim, Bráulio de Castro, Luiz Faustino y los hermanos Raul y Edgar Moraes, en el frevo-de-bloco. La importancia de sus aportes y composiciones llegó a tal grado que, en 2012, la UNESCO declaró al frevo Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Como le pasa a muchos otros ritmos ‘tradicionales’, el frevo ha permanecido más o menos intacto en su interpretación o ha tomado caminos diversos dando lugar al nacimiento de nuevos estilos, como el axé. Pero siempre hay espíritus inquietos con ganas de renovar. Desde hace unos años, en Pernambuco y en otros estados, algunas bandas han venido generando propuestas que si bien parten del frevo, tienden lazos con muchas otras tradiciones musicales.

Está, por ejemplo, la Spok Frevo Orquestra, que explota los componentes jazzísticos del frevo para crear un sonido enérgico, refinado y muy llenecito de improvisación. Tal es su calidad que, algunos meses antes de morir, el maestrazo Naná Vasconcelos consideró a esta orquesta uno de los proyectos más ambiciosos de la música brasileña contemporánea. Fundada en 1996 por Inaldo Cavalcante, mejor conocido como Maestro Spok en la música de su país, está banda es una verdadera maravilla.

Un tanto más tradicional resulta el sonido de la Orquestra Popular Bomba do Hemetério. En sus composiciones encontramos un frevo que, si bien se ancla en la formación tradicional del género, también explora las capacidades de la improvisación y un frenesí que coquetea con las descargas eufóricas de las mejores fanfarrias balcánicas. Otra agrupación que merece la pena escuchar es la Orquestra Frevo Diabo, quienes llevan el festivo género a los terrenos del funk y el jazz eléctrico.

Fuera de las orquestas, tenemos el disco Sangue Negro que Amaro Freitas lanzó el año pasado. Este es un disco muy peculiar pues su base no es el frevo, sino el jazz. La singularidad es que varios de los temas de este álbum tienen una rítmica de frevo sobre la que se desliza el quinteto que Freitas armó para este trabajo. Uno de los aires más interesantes.

Cierro con una banda por demás extraña: Ali na esquina. ¿Por qué es extraña? Porque su propuesta es una fusión de frevo, choro, forró y alguna que otra samba con ritmos como el rock, el bluegrass, el dixieland y el blues. Aunque al sonido le falta un grado de maduración, su disco debut contiene algunos temas, como “O frevo mais rápido do oeste”, bastante bien logrados.

Y bueno, a darle play y a gozar de la música

Una de las joyas más preciadas de Brasil, a nivel internacional, es su carnaval de Río de Janeiro." data-share-imageurl="">

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