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2017: la transformación de la música en vivo

Imagen de fabian

Es común en estas fechas encontrar la red un tanto plagada de los recuentos sobre ‘lo mejor del año’ en materia de x o y género musical, así como de las predicciones de muchos colegas al respecto de lo que el ciclo siguiente nos deparará. En los últimos años, debido a las fuertes transformaciones de nuestra querida bestia llamada industria musical, tales predicciones se han enfocado, prioritariamente, en el sube y baja de la distribución de música grabada: los repuntes o desplomes del streaming y la venta de discos.

Sin embargo, esta no es la única rama de la industria que atraviesa por una etapa de metamorfosis, pues el negocio de la música en vivo también ha dado enormes saltos hacia nuevos estatus que aún están por consolidarse. El modelo de negocios de los espectáculos está cambiando, a paso lento si se quiere, y 2017 fue un año de particular importancia pues encontramos algunos de los nortes que, creo yo, serán fundamentales en el futuro inmediato. Vamos pues, querido lector, con un breve recuento de esos planteamientos e intentonas que dieron mucho de qué hablar en este año que se despide.

Programación crossover: romper las fronteras de los géneros

Una de las transformaciones más importantes de la música en vivo en la última década es sin duda el fenómeno que se conoce ya como ‘festivalitis’, o sea, la organización cada vez más pronunciada de festivales musicales tanto en las urbes más pobladas como en localidades con un mercado potencialmente rentable. Hasta hace unos quince años los festivales de renombre podían contarse con las manos y su programación era más o menos similar.

Por supuesto, la música electrónica y el rock son aún los géneros de mayor importancia en el marco de los festivales, aunque de cerca los siguen el jazz y el circuito cada vez más relevante de festivales dedicados a las músicas del mundo. Y aunque han crecido como hongos, la lista de festivales de mayor impacto aún la encabezan Glastonbury, Coachella, Montreal, Montreux, Rock in Rio, Rock al Parque, Primavera Sound y Vive Latino.

Pareciera imposible que en el océano de nuevos festivales a lo largo y ancho del orbe encontrásemos alguno que propusiera algo diferente. Pero no, resulta que en 2017 llegó el Festival Río Babel, cuya primera edición tuvo lugar del 13 al 15 de julio en Madrid y que convocó a 25 mil personas. ¿Qué nos resultó tan interesante de este festival? Que es el primer festival cuya programación es de naturaleza crossover desde su nacimiento. ¿A qué me refiero con esto? A que el resto de los festivales, tienen una vocación genérica y medianamente inflexible. Por ejemplo, sabemos que Montreal es un espacio dedicado al jazz; que Coachella gira en torno al rock y que las múltiples versiones de WOMAD incluyen propuestas de worl music casi exclusivamente.

Pero Río Babel sorprendió con el lanzamiento de su cartel. Aunque es cierto que su programación está mayormente enfocada en las músicas del mundo y el rock iberoamericano, nunca habíamos encontrado tal equilibrio y apertura en el lineup. Así, los asistentes pudieron deleitar sus oídos con propuestas tan disímiles como el brazilectro de Zuco 103; el balkan beat de Goran Bregovic; el funk pop de Los Amigos Invisibles o las fusiones cumbieras de Systema Solar. Tal fue el éxito de este necesario cambio en la lógica de la programación que la edición de 2018 ya ha logrado mover su taquilla con tan solo un artista revelado: Bunbury. Es decir: la gente está comprando a ciegas. Algo similar ocurrió hace unas semanas con el Vive Latino, pues días antes de la revelación del cartel fueron puestos a la venta abonos con precio especial y la venta fue exorbitante. Sin embargo, al revelarse el cartel, apreciamos que su lineup sigue siendo muy similar al de años anteriores.

Seguramente, en el futuro próximo, veremos que más festivales como Río Babel apuesten por la diversidad sonora, ya sea de nueva factura o festivales consolidados que migren hacia una dinámica que busque romper las artificiales barreras de los géneros musicales.

Circuitos locales: quebrar la centralización de las grandes urbes

Otro de los cambios que pudimos apreciar en este año fue el crecimiento de los circuitos locales para la presentación de conciertos y el desarrollo de oportunidades para los profesionales de la música. Dos casos son de singular relevancia en este punto: el aumento de las cities of music avaladas por la UNESCO y la puesta en marcha de Circuito Indio por Vive Latino, en México.

Hablemos del primer caso. En 2004, la UNESCO creó la Red de Ciudades Creativas, una plataforma que busca reconocer y poner en contacto a aquellas urbes donde las actividades creativas tienen un nicho inmejorable de desarrollo. Dicha red, y el programa que la sostiene, clasifica a las ciudades en siete categorías específicas: artesanías y arte popular, diseño, cine, gastronomía, literatura, artes digitales y, por supuesto, música. Desde su origen en 2004 hasta finales de 2016, la red estuvo formada por 180 ciudades de 72 naciones, siendo solo 18 las urbes especializadas en el ámbito musical.

Sin embargo, durante el año que termina 64 ciudades más, es decir poco más del 30% de ciudades avaladas en 12 años, se unieron a la red en todas las disciplinas. En el caso específico de la música, 12 localidades más pasaron a formar parte de la red de cities of music a lo largo del mundo:

    • Almatý, Kazajstán
    • Amarante, Portugal
    • Auckland, Nueva Zelanda
    • Brno, Chequia
    • Chennai, India
    • Daegu, República de Corea
    • Frutillar, Chile
    • Kansas, Estados Unidos
    • Morelia, México
    • Norrköping, Suecia
    • Pésaro, Italia
    • Praia, Cabo Verde

Como puede apreciarse, ninguna de las nuevas ciudades musicales es capital de su respectivo país ni forma parte, a excepción quizá de Daegu, de las gigantes metrópolis del mundo, donde se supone que las artes encuentran su desarrollo óptimo. Esto nos revela que la tendencia centralizadora del desarrollo artístico se está quebrando y que el arte no necesita estar sujeto ni a las políticas ni a los mercados de las capitales o las megalópolis.

Abordemos pues, el segundo caso. En mayo de 2017 fue presentado ante la prensa mexicana un nuevo proyecto de la familia Vive Latino: el Circuito Indio (así nombrado por ser tal marca de cerveza su principal patrocinador). Básicamente, Circuito Indio es una red de trabajo para las presentaciones en vivo que incluye a foros pequeños, artistas, medios de comunicación, públicos y patrocinadores. Su lógica: durante ciclos de cuatro semanas, 12 carteles –en principio así fue aunque luego se redujo a 6- girarían por 12 ciudades mexicanas, tocando los jueves, viernes y sábados en foros con capacidades de entre 200 y 600 asistentes.

Entendida como ‘red de trabajo’, cada actor debía realizar tareas específicas, incluido el artista. Si la venta de boletos era modesta, las ganancias se repartían 50%-50% entre los artistas y el propio Circuito Indio; 70-30 si superaban los 50 boletos vendidos, siendo la ganancia mayor para el artista, y 80-20 en el caso de alcanzar el sold out. Los foros conservaron íntegras las entradas por consumo. ¿Lo mejor de todo? El artista solo tenía que invertir en difusión, pues los gastos de alimentación, transporte y hospedaje fueron cubiertos por la organización y el público tenía la oportunidad de ver shows de artistas consagrados, en desarrollo y emergentes, en un espacio íntimo de su ciudad.

Detalles más, detalles menos, entre los meses de mayo y diciembre, Circuito Indio organizó 8 ciclos que incluyeron a 103 solistas o agrupaciones y sumaron un total de 780 conciertos con poco más de 90 mil asistentes a ellos. El modelo por sí mismo es interesante y aunque en palabras de sus organizadores estará sujeto a ajustes, su lógica apunta en un sentido muy cercano al desarrollo de las cities of music: la descentralización de la música en vivo y el desarrollo de redes de intercambio de experiencias.

Booking inteligente: fracturar la lógica de los intermediarios

La tercera transformación incipiente que presenciamos en 2017 está mucho más vinculada con la tecnología: el booking inteligente, es decir, la llegada de una nueva plataforma para la contratación de shows en vivo. Esa plataforma se llama Viberate y su desarrollo se remonta a 2015. En aquel año, los creadores de Topdeejays.com, un sitio en el que se evalúa el desempeño de los DJs del mundo, decidieron dar un salto enorme hacia el futuro.

Hasta este momento, Viberate funciona como una suerte de IMDb –Internet Movies Database, la plataforma donde se almacena la información de las producciones filmográficas- de la música en vivo. Tres tipos de perfiles pueden encontrarse en dicha plataforma: artistas, venues y eventos. Al ingresar, el usuario puede tener una idea muy clara del posicionamiento de los dos primeros en las redes sociales, así como descubrir los eventos próximos en su ciudad. Además de esto, puede colaborar en el crecimiento de la base de datos ingresando más perfiles de artistas, venues y eventos.

Tal como se presenta ahora resulta una herramienta muy útil en dos sentidos: para la promoción y para la selección. Por un lado, el artista puede promover su trabajo –y muchos descubrirán que aunque no se han inscrito ya están ahí gracias a los usuarios- y, por el otro, analizar las condiciones y posicionamiento de los venues en los que van a tocar o descubrir nuevos foros para llevar su propuesta a dichas tarimas. De igual forma sucede con los venues: promueven su lugar y descubren talento para llevar a ellos.

Pero esto no es, ni con mucho, lo más interesante de Viberate. Sucede que la idea de estos emprendedores digitales es revolucionar la industria de los espectáculos en vivo… ¿y cómo pretenden hacerlo? Optimizando la intermediación o, en su caso, eliminándola. Y es que ahora que ya han perfeccionado los procesos por los cuales se incrementa su base de datos, darán más pasos adelante. El primero de ellos, el que está en desarrollo ahora mismo, es crear los perfiles de ‘organizadores de eventos’, en los que caben productoras y oficinas de representación. Paso modesto, pues se trata solo de expandir la base de datos.

Los siguientes pasos, programados para desarrollarse entre 2018 y 2019, sí que son radicales. El primero de ellos es integrar a la plataforma la compra de boletos, con la inclusión de ticketeras digitales. El segundo, crear un sistema de ‘reserva digital’ en el que el artista, venue o agencia pueda solicitar una presentación en vivo. El tercero… hacer realidad dicha presentación a través de contratos inteligentes llevados a cabo en la plataforma y pagados con su propia moneda electrónica, llamada Vibe (VIB).

La existencia de tal criptomoneda ya es un hecho y en septiembre de este año se liberaron 120 millones de ellas, cuyo valor inicial fue de 0.1 dólares y que se agotaron en el tiempo record de poco menos de 5 minutos. Para que se den una idea de qué tan relevante ha sido el trabajo de Viberate basta saber que, al día de hoy, el VIB ha incrementado su valor a 0.4 dólares y que puede ser intercambiado por otras criptomonedas. Así pues, en el futuro próximo, la contratación de eventos en vivo es muy posible que migre hacia los entornos digitales, simplificando el papel de los intermediarios (oficinas de booking, productoras de eventos) o, en algunos casos, eliminándola completamente.

Como puede usted ver, querido lector, 2017 fue un año particularmente especial para el negocio de la música en vivo, pues la construcción de lineups no genéricos, la posible migración a la criptoeconomía y la reactivación o creación de circuitos locales revelan que el modelo de negocios del tour y el festival necesitan refrescarse. Veremos qué sucede, ya les seguiré contando.

 

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