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Las cigarras: inclementes timbaleras de los bosques

Imagen de bob

 

El canto de las cigarras puebla los bosques tropicales y templados de cinco continentes. Estos fascinantes hemípteros, símbolo de renacimiento para la cultura china, poseen un estridente chirrido que rivaliza en potencia con nuestros altavoces más sofisticados.

Si he calificado de “inclementes timbaleras” a las honorables cigarras (chicharras o coyuyos, también se les suele decir), no es por compararlas con aquellos que, como el gran Tito Puente, hicieron del famoso instrumento de percusión su razón de vivir; sino que, en efecto, las cigarras utilizan para emitir su canto unos órganos especiales que los biólogos denominan “timbales”. Y lo de “inclementes” no es por ofender a las ya de por sí vituperadas cigarras (recuérdese la popular fábula de Esopo, La hormiga y la cigarra), pero lo cierto es que cualquiera que haya explorado un saludable bosque tropical, especialmente en tiempos de mucho calor, no me dejará mentir que su canto omnipresente abruma sin tregua, fluye en oleadas que se agitan a nuestro paso alertando a todo cuanto allí habita de nuestra incómoda presencia.

A diferencia de Puente o José Luis Quintana “Changuito”, las cigarras no son percusionistas. Sus timbales, si hubiera que clasificarlos bajo el sistema Hornbostel-Sachs, serían una especie de membranófonos resonantes, pues son unos discos estriados que se encuentran a los costados del exoesqueleto de la cigarra que al ser jalados por un músculo que se expande y contrae unas cien veces por segundo, hace que las estrías resuenen, al modo como se puede hacer sonido con una tapa de hojalata o una pasta de engargolar moviéndolas hacia adentro y hacia afuera. El sonido resultante es a su vez amplificado por un saco lleno de aire, ubicado al interior de la cigarra, que funciona como caja de resonancia. De manera que las cigarras tampoco son cantantes; sino más bien eminentes maestras en el raro arte de hacer música contrayendo y relajando su cuerpo.

Aquí un video que muestra cómo funcionan sus timbales:

Si ya de por sí es sorprendente la extraña forma en que estos artrópodos producen su característico sonido, no lo es menos saber que ningún otro insecto puede alcanzar tal potencia sonora. Incluso, dado su pequeño tamaño, el aparato sonoro de las cigarras compite con nuestros altavoces más sofisticados. En este aspecto, entre las cientos de especies conocidas de cigarras, la africana Brevisana brevis se lleva el campeonato, llegando a superar los 105 decibeles a escasos metros de distancia.

En este enlace se pueden escuchar diferentes chirridos de cigarras norteamericanas y enlaces a otros del mundo.  

Además del sonido que las anuncia, las cigarras han ocupado un lugar importante para diversas culturas debido a su peculiar modo de vivir. Dependiendo de la especie, el ciclo de vida de las cigarras puede ir de dos a diecisiete años y pasan la mayor parte del tiempo ocultas bajo tierra, alimentándose de la savia de los árboles. Cuando alcanzan la madurez salen a la superficie para afrontar su inexorable destino: cantar desaforadamente, en el caso de los machos, hasta encontrar una hembra para aparearse y después morir. Las hembras a su vez pondrán huevos y al poco tiempo también morirán. “Más tú, cigarra encantada/ derramando son, te mueres/ y quedas transfigurada/ en sonido y luz celeste” reza un fragmento del poema ¡Cigarra! De García Lorca.

Es justamente el periodo que las cigarras pasan silenciosas e inadvertidas, el que da la impresión de su espontáneo renacer. Así lo concibió la antigua cultura china, que como parte de sus ritos funerarios solían poner una figura de jade en forma de cigarra en la boca de los difuntos al enterrarlos, con la idea de que puedan después renacer. Pero también en otras tradiciones las cigarras fueron relevantes, para los griegos, por ejemplo, las cigarras estaban consagradas a Apolo y en Egipto aparece como símbolo que anuncia la primavera y la renovación de la vida.

En la cultura popular contemporánea también son, hasta la fecha, bastante connotadas. Existen infinidad de canciones, poemas y cuentos dedicados a ellas. No haré aquí un recuento de ellos, me conformo con dejarlos, a modo de homenaje a estos singulares insectos, con la gran canción “Como la cigarra” escrita por María Elena Walsh e interpretada por la gran Mercedes Sosa:

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