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De la Orchestre Nationale de Barbès a la University of Gnawa

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Hace algo más de veinte años, cuando escuchábamos la canción Alaoui de la Orchestre Nationale de Barbès, nos lanzábamos a la pista de baile de Suristán, La Boca del Lobo, El Tío Vinagre o cualquier otro garito que la pinchara. Era un temazo. Muy trance. Música gnawa con reggae, raï y rock. Una combinación, en aquellos momentos, novedosa y explosiva. El grupo se había formado en 1995 en el barrio parisino que dio nombre a la banda y lo integraban músicos franceses, argelinos, tunecinos, marroquíes y portugueses.

Uno de sus miembros fundadores,  Aziz Sahmaoui, cantante, compositor y a cargo del ngoni y la mandola (de la familia de la mandolina), tras trabajar con Joe Zawinul, el guitarrista francés Nguyên Lê y El Niño Josele, y recorrer los escenarios de medio mundo, prendió la llama en 2011 de la University of Gnawa en un barrio parisino -donde vive desde hace veinte años, aunque nació y creció en Marrakech-, arropado por músicos senegaleses, malienses y marroquíes, como Cheik Diallo a la kora, Adhil Mirghani a la percusión, Hervé Samb a la guitarra y Jon Grandcamp a la batería. Con el groove, la improvisación, y el equilibrio entre la música gnawa, la escritura y la melodía por bandera, han construido dos discos y están preparando el tercero.

Aziz Sahmaoui además se ha involucrado en una organización llamada Afrikayna (‘Hay África’ en lengua dariya) para ayudar a músicos y profesionales de la danza y del teatro africanos a moverse por otros países del continente, una plataforma que les gestiona y cubre los viajes mientras que el país que los recibe les facilitan el alojamiento. “La vida del músico es buscarse la vida, luchar y padecer (…) La confianza vuelve cuando te dedicas a la música con respeto, cuando vas a lo profundo, cuando buscas con trabajo tu camino, porque hay un camino”, declaraba con vehemencia a www.elpais.com recientemente. 

Hace algo más de veinte años, cuando escuchábamos la canción Alaoui de la Orchestre Nationale de Barbès, nos lanzábamos a la pista de baile de Suristán, La Boca del Lobo, El Tío Vinagre o cualquier otro garito que la pinchara. Era un temazo. Muy trance. Música gnawa con reggae, raï y rock. Una combinación, en aquellos momentos, novedosa y explosiva. El grupo se había formado en 1995 en el barrio parisino que dio nombre a la banda y lo integraban músicos franceses, argelinos, tunecinos, marroquíes y portugueses." data-share-imageurl="">

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