<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	>

<channel>
	<title>ACIDCONGA &#187; Roberto Romero</title>
	<atom:link href="http://acidconga.com/author/bob/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://acidconga.com</link>
	<description>Musica</description>
	<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 09:24:18 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.7.1</generator>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Vivir con música</title>
		<link>http://acidconga.com/vivir-con-musica/</link>
		<comments>http://acidconga.com/vivir-con-musica/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 25 Oct 2008 00:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Romero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Filosofí­a Musical]]></category>

		<category><![CDATA[MÚSICA: PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN]]></category>

		<category><![CDATA[Música Clásica]]></category>

		<category><![CDATA[espiritualidad en musica]]></category>

		<category><![CDATA[estetica musical]]></category>

		<category><![CDATA[estetica sovietica]]></category>

		<category><![CDATA[Katharsis]]></category>

		<category><![CDATA[musica educacion]]></category>

		<category><![CDATA[persuacion y musica]]></category>

		<category><![CDATA[poder de la musica]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://acidconga.com/?p=271&amp;langswitch_lang=en</guid>
		<description><![CDATA[
Rodeando Cabo Cultura
La música posee un misterioso sortilegio, que es posible rastrear bajo fenómenos de í­ndole diversa: en la contundencia del tambor que anticipa la batalla, el cuerpo hipnotizado de los danzantes, o el ferviente canto lanzado para conmover  las esferas sagradasâ€¦ Dicho embrujo es capaz de trascender al individuo y contagiar a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://acidconga.com/wp-content/uploads/2008/vivir.png" alt="" align="right" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Rodeando Cabo Cultura</strong></p>
<p>La música posee un misterioso sortilegio, que es posible rastrear bajo fenómenos de í­ndole diversa: en la contundencia del tambor que anticipa la batalla, el cuerpo hipnotizado de los danzantes, o el ferviente canto lanzado para conmover  las esferas sagradasâ€¦ Dicho embrujo es capaz de trascender al individuo y contagiar a la colectividad; capaz de movernos, persuadirnos, o hacernos hablar con nuestros dioses.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">1</p>
<p style="text-align: center;">
<p>En el siglo IV A.C. Platón  y Aristóteles  advertí­an este peculiar poder de encantamiento, al tiempo que lo encausaban hacia la educación del ciudadano. Para ellos la música era capaz de moldear el carácter e infundir valores, de aquí­ su importancia en la polí­tica. Los ecos de esta relación entre música y poder polí­tico han venido resonando por la historia de las culturas; se les escuchó en el potente sonido del tlalpanhuehuetl que anunciaba el inminente combate, se les percibe cuando se canta el himno nacional, o se asoman cada vez que escuchamos alguna canción de protesta.</p>
<p>A veces estos ecos han sido retomados con fuerza por voces radicales como la de la estética soviética, que con el objeto de aprovechar el embrujo para sus fines ideológicos, buscó la manera de exigir a sus compositores ciertos cí¡nones para desempeñar su trabajo creativo. En el Segundo Congreso Mundial de compositores y musicólogos, organizado en Praga en 1948, se le dictó lí­nea al curso de la música soviética, al establecer ciertas condiciones para â€œrescatarâ€ a la música contemporí¡nea. Entre ellas se les pedí­a a los compositores renunciar en su arte a tendencias subjetivistas y expresar ideas e ideales de las masas populares, avocarse al reforzamiento de la cultura nacional y atender las formas musicales mí¡s concretas para llegar con facilidad al pueblo como las óperas, oratorios, cantatas, canciones, etc.</p>
<p>Por todos lados abundan las muestras de esa sutil  capacidad de la música de sumar voluntades a determinadas causas e ideologí­as tan diversas u opuestas como pueden serlo las subculturas actuales, de aquí­ el afí¡n de regular esta capacidad. Otro buen ejemplo por intentar controlarla de manera explí­cita y consciente lo podemos encontrar en el â€œdocumentalâ€ de Michael Moore Bowling for Columbine. Aquí­ se toca tangencialmente esta faceta del embrujo musical, cuando en su búsqueda de explicaciones para la masacre, Moore se topa con que el temor de la sociedad americana, ha desatado una ola de sospecha que  llega no sólo a cualquiera culturalmente diferente, sino también a la música. Una vez mí¡s se escuchan las voces radicales, cuando se organizan protestas de padres de familia contra la música de Marilyn Manson, por considerí¡rsele incitadora a la violencia.</p>
<p><img src="http://acidconga.com/wp-content/uploads/2008/legitimo.jpg" alt="" width="172" height="155" align="left" />Tanto el ejemplo de la estética soviética, como el de los padres de familia del documental, reviven cuestiones polémicas e interesantes, que también rondaron el pensamiento de los griegos antes aludidos, y cuya respuesta en cada caso ha sido siempre afirmativa: ¿es legí­timo hablar de música éticamente incorrecta o correcta?, ¿hay cierta música que conduce a los individuos a ser malos o buenos?, y por lo tanto, ¿Es necesario regular la producción musical en beneficio de un orden social establecido?</p>
<p>Quizí¡ este deberí­a ser el lugar para tratar las cuestiones antes arrojadas, sin embargo, esta serie de artí­culos estí¡ avocada a esbozar un mapa de la vivencia musical, y para cumplir este objetivo regresaré a estas preguntas en el siguiente artí­culo, para mostrar que la faceta social o polí­tica de la música, va ligada a otras no menos importantes.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">2</p>
<p style="text-align: center;">
<p>Ahora bien, el embelesamiento que produce la música no sólo tiene relación con el poder polí­tico, su confabulación social va mucho mí¡s allí¡. El mismo Aristóteles, al hermanarla con la educación, señalaba como otro de los objetivos de la música, la Katharsis; esa suerte de experiencia liberadora y extí¡tica, que detona la comunión emocional de una colectividad. Esa que revienta en los cuerpos ebrios de ritmo, cuya irresistible tendencia los conduce a unirse a otros en el festí­n del baile. Pues no existe celebración o festividad alguna libre del cí¡lido hí¡lito musical.</p>
<p>Aparece ahora otro aspecto del sutil encantamiento musical, referente a su relación con la identidad cultural. La música, es una prí¡ctica compartida que ofrece un marco estético, es decir sensorial y artí­stico, ideal para propiciar el encuentro de oyentes y creadores; de individuos que habitan costumbres, actitudes, lenguajes y rituales en común. Quizí¡ el mejor lugar para hallar este encuentro bajo su manera mí¡s catí¡rtica, sea en el espí­ritu de la fiesta, y el carí¡cter dionisí­aco  que la vincula con la música, pues ella ofrece un territorio común para que aquellos cuerpos moviéndose a distintos ritmos e intensidades, tan aparentemente lejanos y diferenciados unos de otros, por momentos adquieran cierta sintoní­a y simpatí­a capaz de llevarlos a perder su identidad personal para unirse a una colectiva.</p>
<p><img src="http://acidconga.com/wp-content/uploads/2008/identidad.jpg" alt="" width="209" height="293" align="left" />Dado que la identidad de un grupo se construye a partir del reconocimiento de un cúmulo de experiencias compartidas, la música, al permitir el encuentro catí¡rtico, se convierte en un fuerte emblema cultural apegado a la recreación y fortalecimiento de los lazos invisibles que mantienen la unión del grupo. En la corriente unitaria de sonidos que cada pueblo crea, se expresa la cosmovisión de cada cultura; las alegrí­as y glorias, penas y miserias compartidas, encuentran  canales de desahogo en ella.</p>
<p>Los avatares del tango pueden bien mostrar esa identidad catí¡rtica que la música produce.  Nacido en la periferia marginada de las ciudades rioplatenses, el tango desde su origen es expresión de la melancolí­a sobria, sensual y desgarradora, pasional y trí¡gica, del entorno social que lo vio florecer. Desde los oscuros fondos de los arrabales, prostí­bulos y refugios del hampa, pasando por los salones de baile y academias de Montevideo y Buenos Aires, hasta su lanzamiento mundial; por las venas abiertas del tango corre el melancólico desazón  de aquellos para quienes su vida no es mí¡s que un tango que no se ha tocado aún. Como dice Borges en su poema El tango: â€œ( Detrí¡s de las paredes recelosas/ el Sur guarda un puñal y una guitarra.)â€ â€œ[â€¦] El tango crea un turbio/ pasado irreal que de algún modo es cierto,/ un recuerdo imposible de haber muerto/ peleando, en una esquina del suburbio.â€</p>
<p>Antes de que las adoloridas letras empaparan al tango, éste fue pura música y danza, que no por casualidad surgió en los lugares de diversión del arrabal, en los parajes del desahogo, de la catarsis, de la fuga grupal de la hostil realidad, de la identificación emocional en cada giro, en cada â€œochitoâ€, â€œcorteâ€ o â€œanilloâ€â€¦  ¿Qué lugar mí¡s dionisiaco que un prostí­bulo con tango en vivo?</p>
<p>El tango fue popularizí¡ndose y creciendo con el enriquecimiento instrumental, las voces apasionadas de geniales intérpretes como Gardel, el boom de su danza en academias alrededor del mundo, la intrépida revolución de compositores como Piazzola, o las hipnóticas fusiones de Gotan Project . Conforme se dio este proceso, la identidad catí¡rtica del género ha venido amplií¡ndose hasta convertirse en emblema cultural de una extensa región del cono sur y también, en fuente de placer y desahogo para aquellos que en muchas partes del globo, han vislumbrado en los apasionados acordes del tango, ese â€œrecuerdo imposibleâ€, esa huella trí¡gica y emocional que esconde desde sus orí­genes.</p>
<p style="text-align: center;">3</p>
<p>Los encantamientos musicales han sido utilizados para la catarsis lúdica, pero también su impulso hacia la identificación de grupo los han situado en templos y rituales, para recrear los ví­nculos de la colectividad con el mundo sagrado. Todas las grandes religiones del mundo cuentan con música utilizada en  rituales, o como vehí­culo para adoctrinar. Es en estos recovecos sagrados donde se percibe con claridad la unión de las facetas antes descritas, tanto la identidad catí¡rtica,  como la persuasión ideológica.</p>
<p>Una muestra ejemplar de identidad catí¡rtica religiosa, la podemos encontrar en la música tibetana. Esta música, empapada de espiritualidad y volcada hacia los cí­rculos sagrados, muestra su aspecto catí¡rtico en su forma e impacto estético, fruto del marcado simbolismo religioso que cargan consigo los instrumentos y voces que conforman los ensambles que acompañan rituales de carí¡cter diverso.</p>
<p>La música budista tibetana, reservada para su interpretación por monjes, asigna a determinadas sonoridades, relaciones con divinidades tanto agresivas como pací­ficas. Puesto que los instrumentos de diferentes familias, como pueden ser las percusiones y los alientos, corresponde a las voces de ciertas divinidades, el resultado sonoro de cada interpretación no depende tanto de una forma musical preestablecida, sino del avance del ritual, del momento en que se le permite expresarse a cierta divinidad, según la interpretación interna del monje que conduce a los demí¡s mediante cambios en el tempo de lo que se estí¡ tocando.</p>
<p>Lo que se pretende conseguir con ello son estados de trance meditativo, pues ellos consideran que existe una relación entre los sonidos de los instrumentos y los sonidos interiores que escuchan ciertos lamas, al alcanzar grados avanzados de meditación. Ello nos habla de que la música para esta cultura, funciona para generar un éxtasis en el oyente que lo vincule con lo sagrado, es decir, con aquello esencial e indemne que se supone fundamenta todo. La música, al estar ligada a la meditación que es la prí¡ctica budista mí¡s notable, es camino para encontrar el â€œdespertarâ€ (nirvana), hacia esa realidad que se encuentra mí¡s allí¡ del mundo de las apariencias, dentro de las que se encuentra el â€œyoâ€.</p>
<blockquote><p>El viaje cartogrí¡fico continúa su curso, el naví­o ha abandonado esos territorios cargados de rí­os y bahí­as balbucientes, para internarse en otros mí¡s rí­spidos, donde poderosas corrientes tienden a empujar la nave hacia la costa. Allí¡ a lo lejos, tierra adentro, entre la espesura selví¡tica, se escucha un fuerte golpeteo constante que advierte un patrón; signo evidente de la presencia de seres humanos. Sin embargo, el sonido lejos de atraer al marinero cartógrafo y a la tripulación, los asusta, y en vez de detenerse a investigar siguen su curso. Avanzan delineando el litoral hacia el Sur y dí­as después de la región de los atemorizantes tambores, una noche estrellada, divisan sobre la playa algunas fogatas alrededor de las cuales, hermosas mujeres desnudas y hombres ebrios, bailan al son de una melodí­a pegajosa. Los tripulantes no soportan las ganas de bajar las anclas y unirse a tal fiesta, pero son persuadidos de continuar el viaje por el cartógrafo, que también deseaba unirse al jolgorio, pero recuerda el efecto que puede tener el canto de las sirenas, y atemorizado ante la posibilidad de sucumbir en su tarea cartogrí¡fica, les prohí­be detenerse. Las jornadas transcurren y la brújula poco a poco indica una desviación del terreno hacia el Este y luego hacia el Noreste. Justo ahí­ donde su curso se torna Norte franco, en un atardecer soleado, empiezan a oí­r desde tierra algunos cantos, pero esta vez no desean alejarse ni acercarse, sino sólo tomar aliento,  relajarse con el distante e hipnótico sonido y seguir adelante, olvidando por momentos todo lo que el viaje les ha implicado, sin deseo alguno de saber hacia donde los conduce el recorrido emprendido. Dí­as después, el marinero logra unir sus trazos y cae en la cuenta que esa región habitada, es sólo un cabo de ese territorio al que todaví­a no le encuentra fin, llamado por él mismo Música. A ese cabo decide llamarle Culturaâ€¦</p></blockquote>
</blockquote>
<p><a href="http://www.facebook.com/share.php?u=http://acidconga.com/vivir-con-musica/"><img src="http://acidconga.com/wp-content/plugins/addtofacebook/facebook_share_icon.gif" alt="Share on Facebook"></a></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://acidconga.com/vivir-con-musica/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>La vivencia musical</title>
		<link>http://acidconga.com/la-vivencia-musical/</link>
		<comments>http://acidconga.com/la-vivencia-musical/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 25 May 2008 11:37:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Romero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Filosofí­a Musical]]></category>

		<category><![CDATA[MÚSICA: PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://acidconga.com/la-vivencia-musical/langswitch_lang/en/</guid>
		<description><![CDATA[  
Cartografí­as sin fin   
Este artí­culo es el comienzo de una serie  que pretende tratar la vivencia musical, abarcar algunos puntos azarosos de la inagotable fuente que es la experiencia de la música. Para esto se unirá a varios temas que permitan, como en una ruta de cabotaje, ir costeando diferentes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://acidconga.com/wp-content/uploads/2008/musicamap.jpg" alt="" width="413" height="293" align="right" /> <strong><span class="Apple-style-span" style="font-style: italic"></span> </strong></p>
<p><strong><span class="Apple-style-span" style="font-style: italic"><span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold">Cartografí­as sin fin</span> </span> </strong> <span class="Apple-style-span" style="font-style: italic"></span></p>
<p>Este artí­culo es el comienzo de una serie  que pretende tratar la vivencia musical, abarcar algunos puntos azarosos de la inagotable fuente que es la experiencia de la música. Para esto se unirá a varios temas que permitan, como en una ruta de cabotaje, ir costeando diferentes sitios para idear un mapa de esta vivencia. Como todo mapa que ha sido trazado mediante la antigua técnica del cabotaje, este serí¡ sólo  representación de un viaje, indicio de un gran territorio del que se quiere conocer sus alcances.</p>
<p>Mas un mapa sólo adquiere su sentido no por la cantidad o precisión de los puntos señalados, sino por ese espacio real y concreto, multiforme y habitable, al que señalan las manchas, lí­neas y curvas. í‰stas sólo cobran relevancia si comprendemos que esos puntitos del mapa remiten a determinados parajes, a determinados puertos y ciudades por donde se puede caminar. El mapa es pues una red de relaciones que nos permiten establecer distancias, orientarnos, movernos hacia otro sitio habitable.</p>
<p>Así­ este mapa de la vivencia musical, sólo adquiere sentido al ser contrastado con la experiencia de la música; esa que se vive cuando la sentimos y escuchamos. Los artí­culos que siguen son pues representaciones para orientarnos en el vasto terreno que es el mundo vivencial de la música, indicios de un universo que hay que recorrer con el oí­do y el tacto; nodos reflexivos que permitan establecer relaciones, lugares cuyo espacio entre uno y otro puede ser rellenado con cuantos puntos se quiera.</p>
<p align="center"><strong>Vivir sin música</strong></p>
<p><em> Primeros trazos</em></p>
<p><img src="http://mariaamoros.files.wordpress.com/2006/12/music.jpg" alt="" width="297" height="310" align="left" /> ¿Cómo imaginar nuestra vida sin música? Sin duda alguna, si nuestra vida careciera de ella, serí­a un error. Pero mí¡s allí¡ de esto, la música guarda una relación secreta e í­ntima con nuestras vidas, un ví­nculo indisoluble que se extiende por las paredes que contienen eso que cada quien llama â€œmi vidaâ€. La música ha sido nuestra aliada desde la caverna uterina de la que alguna vez salimos y desde la caverna que habitaron los primeros hombres. Ambas han estado invadidas de música.</p>
<p>La caverna uterina lejos de permitir un aislamiento mudo, es caja acuosa de resonancia. A través de ella las vibraciones impelen al futuro poblador del mundo, invaden su profunda tranquilidad. Primero como sensaciones tí¡ctiles que recorren la delgada piel, los músculos, órganos y huesos en formación. Luego van adquiriendo nuevas cualidades y matices que hablan, que emocionan y sobresaltan, tranquilizan y curan. Ha nacido el oí­do, ha nacido la música, ha nacido el lenguaje, aunque aún no hemos nacido nosotros. Ha surgido la incansable tarea de encontrarle patrones a las vibraciones, mas no hemos tenido noción alguna del mundo del que provienen.</p>
<p>Para este oscuro momento de nuestras vidas, obnubilado por nuestra súbita inmersión en el mundo, no se puede hablar de un entendimiento del lenguaje de las palabras, de  un lenguaje en el que una imagen acústica designe directamente cosa alguna o estado de cosas. Sin embargo es posible hablar de un lenguaje musical estrechamente ligado a las emociones, que se vale de elementos melódicos, rí­tmicos, tí­mbricos, y demí¡s elementos que utilizamos para hacer y comprender  música. Dentro de la esfera prenatal estos elementos musicales nos  generan emociones y estados de í¡nimo, nos detonan sensaciones placenteras o desagradables. Ya desde esa esfera primera que nos contiene, las bases del conocimiento por venir se expresan a través de estos elementos. Probablemente la identificación y reidentificación se produce antes que con cualquier otra cosa, con el sonido, en ese mí¡gico encuentro con la voz de la madre.</p>
<p>Los hombres de las cavernas comenzaron la complejización del lenguaje a partir de la comunicación musical, adscribiéndole un sonido, una etiqueta sonora a lo que querí­an designar. Para los primeros hombres la música fue una eficaz herramienta para comprender las señales del mundo y aproximarse a la interioridad de los demí¡s. Permitió organizar el pensamiento en estructuras que otro puede seguir, nos abrió las puertas al distanciamiento de lo que se sitúa enfrente.</p>
<p>Pronto nuestro afí¡n por controlar y entender lo que nos rodea nos llevó a sobreponer el lenguaje de las palabras a la música. Al comienzo  sólo como lenguaje hablado, aún sumergido en el campo auditivo, y luego escrito, pasando a formar parte también de un nuevo sentido: la vista. De manera conjunta con la sofisticación y refinamiento del lenguaje, las virtudes cognoscitivas de la música fueron y son hasta la actualidad aprovechadas por el hombre. Las encontramos en el bebé que apenas y puede abrir los ojos pero reconoce la voz de la mamí¡, no por lo que dice sino por la pura familiaridad del sonido. Las hallamos en el reconocimiento del llanto y la risa, que sin decir nada concreto nos informan del estado aní­mico de quien las expresa, en la constante utilización del ritmo por la tradición oral, en el melodioso discurso de los oradores retóricos. El poder de la música se utilizó para enseñarnos el abecedario y las tablas de multiplicar a través de pegajosas cancioncillas, y se manifiesta hasta en las cómicas inflexiones de voz que utilizan los adultos para dirigirse a los niños pequeños.</p>
<p>Nuestra primera aproximación lingí¼í­stica que nos acompañarí¡ por el resto de nuestra vida, es musical en el sentido de que la comprensión arcaica y primigenia se produce a través de la identificación de patrones rí­tmicos, melódicos, intensivos, y demí¡s elementos bí¡sicos desde los cuales entendemos a la música.</p>
<p>El marinero destinado a la travesí­a cartogrí¡fica ha zarpado, y en sus primeros trazos de bahí­as y desembocaduras de rí­os, la idea de que ha iniciado un viaje interminable lo captura. Cae en la cuenta de que el territorio a cubrir va a requerir de una abstracción brutal, si es que quiere abarcarlo todo en un mapa. En su versión final, esos trazos que describen las formas caprichosas de la bahí­a frente a sus ojos tendrí¡n que desaparecer para unirse a otros que cubran mí¡s. Por el momento sólo ha bordeado una pequeña parte del territorio que denomina Música, una corta región cargada de rí­os que se empeñan en comunicar y bahí­as que insinúan en sus formas llaves de conocimiento.</p>
<p><a href="http://www.facebook.com/share.php?u=http://acidconga.com/la-vivencia-musical/"><img src="http://acidconga.com/wp-content/plugins/addtofacebook/facebook_share_icon.gif" alt="Share on Facebook"></a></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://acidconga.com/la-vivencia-musical/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Música: El poder de la expresividad abstracta</title>
		<link>http://acidconga.com/musica-el-poder-de-la-expresividad-abstracta/</link>
		<comments>http://acidconga.com/musica-el-poder-de-la-expresividad-abstracta/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 02:02:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Romero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Filosofí­a Musical]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://acidconga.com/?p=100</guid>
		<description><![CDATA[¿Ha notado alguien que la música Libera al espí­ritu?
¿Que da alas a los pensamientos?
¿Que se vuelve uno tanto más filósofo cuanto mí¡s
músico se vuelve? El cielo gris de la abstracción,
como rasgado por rayos; la luz, lo bastante ví­vida
para alumbrar la entera filigrana de las cosas;
los grandes problemas, al alcance de la mano;
y el mundo, contemplado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;"><em>¿Ha notado alguien que la música Libera al espí­ritu?<br />
¿Que da alas a los pensamientos?<br />
¿Que se vuelve uno tanto más filósofo cuanto mí¡s<br />
músico se vuelve? El cielo gris de la abstracción,<br />
como rasgado por rayos; la luz, lo bastante ví­vida<br />
para alumbrar la entera filigrana de las cosas;<br />
los grandes problemas, al alcance de la mano;<br />
y el mundo, contemplado como desde lo alto de<br />
una montaña. Acabo de definir el pathos filosófico.</em><br />
<strong>Friedrich Nietzsche<br />
</strong></div>
<p><img src="http://www.acidconga.com/wp-content/uploads/2007/09/claven.jpg" alt="" width="95" height="225" align="right" /></p>
<p>La abstracción es entendida tradicionalmente como un proceso en el que se busca llegar a los aspectos mí¡s generales de las cosas; se busca llegar a aquello esencial y común a ellas. Esto es ví¡lido para el conocimiento tanto cientí­fico como filosófico, que tienen pretensiones de verdad, aunque quizí¡ para otros í¡mbitos humanos como el del arte, se pueda hablar de otro tipo de abstracción. En este sentido me parece que la música como quizí¡ ningún otro arte, es capaz de expresar aquello que parece mí¡s abstracto y recóndito del enigmí¡tico espacio interior. Esto lo explicaré retomando a Nietzsche y la posible â€œfilosofí­a de la músicaâ€ que se puede rastrear en su obra.</p>
<p>La música tiene gran relevancia en el pensamiento nietzschiano debido a su relación con uno de sus conceptos clave: La vida. Nietzsche con una clara influencia de Schopenhauer en El nacimiento de la tragedia, nos habla de la vida como fuente de las individuaciones, mismas que al momento de producirse desgarran la unidad primordial de la vida, de aquí­ que ella sea en esencia dolor y sufrimiento por la unidad perdida. Mas la vida vuelve siempre a reintegrarse con la muerte que implica su invariable renovación. Tras este cristal sólo hay un devenir constante que implacablemente se ha de cumplir.</p>
<p><img src="http://www.acidconga.com/wp-content/uploads/2007/09/tragedia.jpg" alt="" width="217" height="282" align="left" />Ante esto surge en la antigí¼edad griega el pensamiento trí¡gico que asume lo anterior a partir de la afirmación de la vida y de la muerte, de la unidad y separación eternas; de lo apolí­neo como principio de individuación y lo dionisiaco como afirmación total de la vida. En este sentido, el arte trí¡gico con la música en su centro, lleva este pensamiento al campo de las representaciones con las cuales se vuelve soportable la tragedia que conlleva el vivir, de manera que el arte se convierte en la verdadera tarea metafí­sica, y por lo tanto mí¡s abstracta, del hombre.</p>
<p>La música se encuentra en el centro del arte trí¡gico por su poder de expresividad abstracta que le viene de su carí¡cter aconceptual y afigurativo que nos permite ir mí¡s allí¡ de tal o cual dolor, alegrí­a o cualquier otro sentimiento, enfrentí¡ndonos con el Dolor, el Sufrimiento y la Alegrí­a primordiales. A través del oleaje del ritmo se nos manifiesta lo apolí­neo, así­ como en la corriente unitaria de la melodí­a y la armoní­a se nos presenta lo dionisiaco. Así­ la música en su soberaní­a e independencia de las imí¡genes y los conceptos nos toma de la mano conduciéndonos a una abstracción muy diferente de aquella propia del conocimiento, a una abstracción cuya referencia se encuentra en un sentimiento; en la pureza de las emociones en sí­ mismas, mí¡s allí¡ de lo falso y lo verdadero, de lo bueno y lo malo. Con esto pretendo mostrar el poder que tiene la música para expresar algo tan abstracto que se vuelve inefable; sólo asequible por medio de una experiencia sensual (estética).</p>
<p>Ahora bien, ya en un artí­culo anterior hablaba del poder de representación concreta que tiene la música cuando la referí­a al espacio, con éste lo que pretendo es completar ésta visión de la música con la parte de representación de lo abstracto. Así­ lo que se evidencia es la gran versatilidad emocional de la música, que trabaja a varios niveles de expresividad representativa (abstracta o concreta).</p>
<p>La música puede expresar sentimientos en sí­, pero también funciona evocando sentimientos mí¡s particularizados en experiencias humanas, moviéndose entre í¡mbitos abstractos y concretos indistintamente. Lo que estí¡ en juego son precisamente las emociones, que cautivas de la nostalgia que causa el lejano rastro de un recuerdo olvidado, se dejan llevar en el espacio y en el tiempo, arrastrí¡ndonos del lí­mite al centro y en todas direcciones.</p>
<p>De cierta manera, aquel que se enfrenta a una experiencia musical realiza una interpretación emocional siempre abierta debido a que por momentos la relacionamos con la experiencia concreta; vivida y compartida. Mientras que en otros momentos nos es difí­cil relacionarla con algo que hayamos vivido con los demí¡s, o con algo que hayamos encontrado en el mundo, la relacionamos entonces con algo incomunicable que no cabe en imí¡genes y conceptos, que tan sólo podemos experimentar e interpretar emotivamente como respuesta al estí­mulo musical.</p>
<p><a href="http://www.facebook.com/share.php?u=http://acidconga.com/musica-el-poder-de-la-expresividad-abstracta/"><img src="http://acidconga.com/wp-content/plugins/addtofacebook/facebook_share_icon.gif" alt="Share on Facebook"></a></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://acidconga.com/musica-el-poder-de-la-expresividad-abstracta/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>¿Cuí¡l es la buena música? Acercamiento al juicio de gusto y de valor en música</title>
		<link>http://acidconga.com/hello-world/</link>
		<comments>http://acidconga.com/hello-world/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Oct 2007 10:49:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Romero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Filosofí­a Musical]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://acidconga.com/?p=1</guid>
		<description><![CDATA[â€œCasi todas las músicas sólo producen un efecto mágico a partir del
 momento en que oí­mos hablar en ellas el lenguaje del propio pasadoâ€
Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano.





Cuando una obra musical inunda nuestros oí­dos por vez primera inmediatamente empezamos a juzgarla, algunas veces nos bastan unos cuantos compases para decir â€œesto es basuraâ€, mientras que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right"><em>â€œCasi todas las músicas sólo producen un efecto mágico a partir del</em><br />
<em> momento en que oí­mos hablar en ellas el lenguaje del propio pasadoâ€</em><br />
Friedrich Nietzsche, <em>Humano, demasiado humano.</em></div>
<div align="right">
<div align="right">
<div>
<p align="justify">
<div style="text-align: center"><img src="http://www.acidconga.com/wp-content/uploads/2007/09/espacio.jpg" /></div>
<p align="justify">Cuando una obra musical inunda nuestros oí­dos por vez primera inmediatamente empezamos a juzgarla, algunas veces nos bastan unos cuantos compases para decir â€œesto es basuraâ€, mientras que otras necesitamos escuchar la música varias veces para agarrarle sabor. Sin embargo, ¿serí¡ posible fijar ciertos criterios para determinar cuí¡l es la buena música y cuí¡l no?</p>
<p align="justify">Me gustarí­a empezar haciendo una distinción importante. Se refiere a la distinción entre lo que aquí­ llamo juicio de gusto y juicio de valor, pues a menudo solemos confundirlos, mas estarí¡s de acuerdo en que no porque algo no nos <em>guste </em>, podemos decir que es <em>malo </em> o viceversa.</p>
<p align="justify">Así­, los juicios de gusto tienen que ver con la interpelación estética que la música nos lanza y su respectiva respuesta en nosotros mismos, es decir, que tanto nos â€œllegaâ€, que tanto nos enchina la piel, nos prendeâ€¦ , qué tipo de emociones y sentimientos nos detona, aunque muchas veces solo resumamos esto en un simple â€œesta rola me lateâ€ o no. En cambio, los juicios de valor tienen que ver con la bondad o maldad de algo, y dependen de la evaluación, comparación y jerarquización de lo que estamos escuchando, lleví¡ndonos a hacer afirmaciones del tipo â€œesta banda es mejor que estaâ€ o â€œel reggaetón es mala músicaâ€.</p>
<p align="justify"><img align="left" src="http://www.acidconga.com/wp-content/uploads/2007/09/valor.jpg" />En nuestra vida cotidiana solemos confundir estos juicios y partir del hecho de que cierta música nos guste o no, para decir que es buena o es mala. En cambio, el <em>crí­tico musical </em> (aquel a quien la pregunta del tí­tulo debiera competer) sabe consciente o inconscientemente, que si su crí­tica dependiera de exponer puros juicios de gusto, se toparí­a con un callejón sin salida pues no pasarí­a de ser un comentario incapaz de ofrecer elementos para valorar la música. Y es que parece ser que los juicios de gusto nos remiten al espacio misterioso e incuantificable de la subjetividad y como dice el dicho â€œen gustos se rompen génerosâ€. Entonces el crí­tico se ve en la necesidad de recurrir a otras afirmaciones a partir de las cuales podrí¡ valorar aquella música que pretende criticar.</p>
<p align="justify">Los argumentos para emitir juicios de valor sobre la música fluctúan entre criterios del carí¡cter propio de la música o externos a ella. Los primeros se refieren a los elementos que conforman el fenómeno musical â€œen sí­â€, es decir, aquellos que contribuyen directamente a que la música se dé en el tiempo ya sea abstracta o materialmente. Así­ los elementos a evaluar, comparar y jerarquizar serí¡n consideraciones como el talento de los músicos, calidad en la interpretación y producción, caracterí­sticas del género, manejo de estructuras rí­tmicas, melódicas y armónicasâ€¦</p>
<p align="justify">Por otro lado, estí¡ la evaluación, comparación y jerarquización de criterios externos a la música que también se suelen aplicar para emitir juicios de valor. Estos criterios abarcan un inmenso y creciente número de vertientes que responden a distintas ópticas sobre lo que la música es, y sus relaciones con todo lo demí¡s que influye en ella. Ya sea que se tome a la música en tanto arte, como medio de entretenimiento, como un negocio o artí­culo de consumo, en su inserción a tendencias estéticas determinadas, como transmisora de sentidos, etc. Lo que se critica es el origen, función y finalidad de la música que desemboca en argumentos crí­ticos con tintes, polí­ticos, económicos, sociales, mercadológicos, históricos, etc. Que funcionan para descalificar o acreditar determinada obra musical.</p>
<p align="justify">Hasta el momento sólo he hecho una serie de disecciones sobre el modo en que juzgamos a la música y los argumentos que comúnmente se utilizan para valorarla con un mero afí¡n explicativo. Ahora, para poder decir algo respecto a la pregunta ¿cuí¡l es la buena música? Recurriré a algo que es común al juzgar en general, esto es, el hecho de que tanto el juicio de gusto como el juicio de valor dependen de ejercicios de interpretación.</p>
<p align="justify"><img align="right" src="http://www.acidconga.com/wp-content/uploads/2007/09/musica.jpg" />Decir que el juzgar estí¡ atado a la interpretación significa que estí¡ sujeto a determinados horizontes de sentido, a ciertos marcos referenciales desde los cuales se interpreta. Estos horizontes y marcos son como una especie de cristales tras los cuales vemos la realidad, y corresponden a nuestro prejuzgar.</p>
<p align="justify">Nuestros prejuicios, dejando atrí¡s su connotación negativa, y viéndolos como pre- juicios, como precedentes de nuestros juicios, <em>hablan el lenguaje de nuestro propio pasado </em>; de aquello que nos ha sido entregado culturalmente, de nuestra ideologí­a, de eso que ha conformado nuestra historia personal.</p>
<p align="justify">Así­ cuando escuchamos música y nos disponemos a juzgarla, entran en juego una serie de concepciones personales sobre lo que se nos ha presentado en la vida como música y la aproximación que hemos tenido a ella. Difí­cilmente nos gusta la música que no ha estrechado lazos con nuestro pasado, como puede ser la música étnica china por dar un ejemplo, a menos que nos hayamos formado el gusto por ella.</p>
<p align="justify">De igual manera habrí¡ música que nos toque fibras profundas por el simple hecho de que forma parte de una época de nuestra vida, o estuvo presente en momentos agradables, es decir, porque se ha creado en la experiencia, un ví­nculo emocional con ella. Cuando nos aproximamos a música nueva que nos agrada, hay formas musicales que reconocemos pues las hemos escuchado antes, y formas musicales desconocidas. También cuando hacemos una valoración de la música entran en juego nuestros prejuicios bajo la forma de ideologí­a, de ideas arraigadas (aunque no inamovibles ni estí¡ticas) sobre las expectativas que tenemos de la música, sobre su función, o su mismo concepto.</p>
<p align="justify">Ahora si después de este aburrido rodeo, me parece pertinente contestar a la pregunta inicial: ¿Cuí¡l es la buena música?</p>
<p align="justify">Partiendo de lo que aquí­ he planteado, creer que es posible fijar criterios absolutos para determinar cuí¡l es la buena música o cuí¡l no lo es, me temo que es caer en una trampa, pues nuestros juicios de cualquier í­ndole, estí¡n condicionados por la historicidad que los posibilita, por esos cristales a través de los cuales miramos a la música, que pueden ser tan multicolores y diversos como lo es la historia de cada uno de los posibles oyentes.</p>
<p align="justify">Pero si no es factible ofrecer criterios fijos para determinar qué música es mejor que otra, entonces ¿Qué le queda por hacer al crí­tico musical?</p>
<p align="justify">Creo que bajo esta perspectiva, lo que le queda es asumir su papel de <em>intérprete </em>. El crí­tico como intérprete es aquel que partiendo de la esfera del sentido común, se hace consciente de sus propios prejuicios que entran en juego al momento de criticar, pero también de esos marcos referenciales que dieron lugar a determinada música, de las condiciones que permitieron y motivaron la aparición de lo que se escucha.</p>
<p align="justify">El crí­tico-intérprete sabe que la música se puede valorar y disfrutar desde muy diferentes perspectivas, así­ su tarea reside en ofrecer interpretaciones creativas e innovadoras sobre lo que se escucha, generar nuevas formas de aproximación a la música, nuevos cristales para valorarla y experimentarla.</p>
<div align="justify">La crí­tica en este sentido, se vuelve un esfuerzo creativo como lo es la música misma, siempre abierto a nuevas interpretaciones. Se convierte en una guí­a para que el escucha encuentre intereses y criterios propios, para que oiga, piense y sienta la música desde otros í¡ngulos. Quizí¡s la tarea del crí­tico-intérprete sea hoy mí¡s urgente que nunca pues la imposición de gustos y criterios ha sido copada por el sistema de mercado.</div>
</div>
</div>
</div>
<p><a href="http://www.facebook.com/share.php?u=http://acidconga.com/hello-world/"><img src="http://acidconga.com/wp-content/plugins/addtofacebook/facebook_share_icon.gif" alt="Share on Facebook"></a></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://acidconga.com/hello-world/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>El silencio: Espacio y contemplación</title>
		<link>http://acidconga.com/el-silencio-espacio-y-contemplacion/</link>
		<comments>http://acidconga.com/el-silencio-espacio-y-contemplacion/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Apr 2007 10:41:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Romero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Filosofí­a Musical]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://acidconga.com/?p=62</guid>
		<description><![CDATA[â€œEl silencio eterno de los espacios
infinitos me produce espanto.â€ Pascal  

Hablar del silencio es hablar de uno de esos conceptos que sólo se vuelven plenamente significativos por el contraste con su opuesto, con aquello que niega: el sonido. Es decir, sólo podemos entender qué es el silencio en función de lo que es sonido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="storycontent"><em>â€œEl silencio eterno de los espacios<br />
infinitos me produce espanto.â€ Pascal  </em></p>
<p align="left">
<p align="left">Hablar del silencio es hablar de uno de esos conceptos que sólo se vuelven plenamente significativos por el contraste con su opuesto, con aquello que niega: el sonido. Es decir, sólo podemos entender qué es el silencio en función de lo que es sonido y viceversa. Como todo concepto que depende de su contrario, el silencio se puede afirmar como universal y absoluto, aunque sólo sea como parámetro ideal y no como algo que necesariamente sea posible experimentar, por ejemplo podemos decir que algo es bello, pero no que algo es la belleza, pues todo lo que encontremos en el mundo susceptible de atribuirle esta propiedad, nunca superarí¡ a la belleza ideal y absoluta. Asimismo, podremos encontrarnos en situaciones silenciosas, pero nunca experimentar el silencio como absoluto.</p>
<p align="left">Esta afirmación encuentra su correlato fí­sico, pues la posibilidad del silencio absoluto radica en la posibilidad de un vací­o absoluto, de un lugar o región donde no haya ningún medio de propagación ni ninguna fuente sonora. Pero seguir esto es verse de nuevo enredado en la misma trampa, pues el vací­o, como el mismo silencio, sólo se entiende en función de su contrario; lo lleno. Así­, hablar de un encuentro con el silencio o con el vací­o, resulta algo imposible ya que en último término un encuentro de este tipo implica que por lo menos me encuentro yo allí­ contemplando.</p>
<p align="left">Lo que me parece interesante de esto es ver esa estrecha relación entre el silencio, el espacio y la contemplación. El silencio requerirí­a precisamente de un espacio infinitamente vació para experimentarse, de aquí­ que la contemplación de ello produzca espanto como a Pascal, pues irremediablemente remite a la soledad, al estar únicamente consigo mismo.</p>
<p align="left">A partir de esta situación hipotética, que supone la imposibilidad del silencio absoluto, ahora hablaré del silencio como experiencia que tiende hacia ese absoluto aunque nunca lo alcance, y su relación con el sí­ mismo, el espacio y la contemplación.</p>
<p align="left">El silencio guarda una estrecha relación con la contemplación ya que contemplar requiere hacer a un lado o callar todo aquello que sea posible decir para simplemente dejarse llevar por aquello que se pretende contemplar, dejar que transcurra, que invada y borre ese espacio necesario para que exista sonido alguno. Pero entonces, la contemplación silenciosa tiene mí¡s que ver con la identidad entre lo contemplado y aquel que contempla, que con su división, tiene mí¡s que ver con â€œel unoâ€ que con â€œlos muchosâ€. Desde esta perspectiva, la relación con el sí­ mismo se amplí­a al punto en que no es posible distinguirlo de lo que se contempla.</p>
<p align="left">En este sentido el silencio es apertura, una apertura que rompe el sonido que siempre se empeña en transmitir significados uní­vocos, como las palabras a las cosas, o el trino que remite al pí¡jaro, pero no para caer en el sin sentido, pues el silencio no es tampoco carente de significados, sino que nos permite siempre romper los significados impuestos y abrirnos a la posibilidad de múltiples significados insinuados, imaginados o deseados. De aquí­ la importancia del silencio para el arrebato estético o mí­stico, pues el silencio en tanto apertura, permite romper esas identidades que parecen mí¡s sólidas, para acceder a una identidad plena.</p>
<p align="left">Así­ el silencio permite también borrar el espacio, entendido como aquello que nos permite identificar un objeto de otro y establecer relaciones fijas entre ellos, como aquello que limita y da forma a los objetos, ya que el silencio permite acceder a esa dimensión mí¡s allí¡ de las identidades impuestas por el sonido.</p>
</div>
<p><a href="http://www.facebook.com/share.php?u=http://acidconga.com/el-silencio-espacio-y-contemplacion/"><img src="http://acidconga.com/wp-content/plugins/addtofacebook/facebook_share_icon.gif" alt="Share on Facebook"></a></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://acidconga.com/el-silencio-espacio-y-contemplacion/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
