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Miles Davis Genio y Figura
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Por haber cambiado en repetidas ocasiones el rumbo y la historia del jazz, por dar vida al jazz modal, por haber marcado la pauta para la incorporación de innumerables fusiones en este género, por haber labrado la personalidad tonal jazzística, por haber dado la cara de un pueblo y una raza con las notas de su trompeta, por haber dado rienda suelta a la imaginación para innovar en la ejecución, composición e improvisación, por haber sido el músico más vanguardista de todos los tiempos, y por muchas cosas más, Miles Davis es, sin duda alguna, el parteaguas tanto en el jazz, como en la música popular contemporánea. 

 

El objetivo de este texto es únicamente echar un vistazo general a la trayectoria de Davis, haciendo hincapié en algunos de los periodos musicales más relevantes, y haciendo puntual mención de los temas que marcaron y definieron tanto las etapas del jazz, como los cambios sustanciales en la esencia del género. 

 

En su libro El Jazz, el afamado periodista, escritor, productor y crítico berlinés, Joachim E. Berendt, señala cinco fases estilísticas en la trayectoria musical de Davis, las cuales son:

 

1.- Bebop: desde que tocaba con Charlie Parker en 1945 hasta 1948.

 

2.- Cool Jazz: desde la presentación de la orquesta Miles Davis-Capitol en 1948 hasta las grabaciones de gran orquesta de 1957-58 con Gil Evans.

 

3.- Hard Bop: desde el éxito del primer quinteto Miles Davis con John Coltrane en 1955, pasando por los otros muchos quintetos Davis y el sexteto con Bill Evans, más o menos hasta 1963 (durante este periodo se hizo cada vez más claro el estilo de improvisación modal). 1

 

4.- Libertad Controlada: el segundo quinteto de Miles Davis (1964-1968) abstrae la ejecución modal hasta la frontera con el free jazz, sin que Miles llegue a rebasarla por completo. 

 

5.- Eléctrico: desde In a Silent Way (1969) y Bitches Brew (1970), pasando por el funk de We Want Miles (1982) hasta el pop de Miles en You´re Under Arrest (1985) y Amandla (1989). 

 

Independientemente de haber sido motor creador o representante de algunas etapas en el jazz, Davis se distinguió siempre por su carácter vanguardista. Desde el bebop impulsó la llegada del cool jazz por medio de ejecuciones más cadenciosas y armónicas. De ahí llegó al jazz modal haciendo gala de sus conocimientos musicales al jugar con una innumerable cantidad de escalas y tonos. Siguiendo con esta desbocada pasión por explorar en todo lo referente a improvisación logra irrupciones en el free jazz. Después de haber creado el concepto de -libertad controlada-, irónicamente se convierte en el principal impulsor de la creatividad jazzísitica, echando mano de instrumentos y accesorios no acústicos (como la incorporación del pedal wah-wah a su trompeta). 

 

 

Sobre este titán de la música contemporánea se ha dicho y escrito mucho, y tal vez sea Joachim E. Berendt quien lo haya estudiado más a fondo. En su libro El Jazz menciona que probablemente uno de los puntos más importantes en la historia de éste género es cuando Davis conoce y hace amistad con el afamado arreglista, Gil Evans. Junto a otros virtuosos como Kay Winding, Jay Johnson, Lee Konitz, Gerry Mulligan, Kenny Clarke, John Lewis, Al Haig y Max Roach forman la Miles Davis Capitol Orchestra, y acaparan las listas de popularidad en Estados Unidos.

 

Berendt comenta que Israel es la pieza más moderna y emblemática de esta agrupación. -Con sonidos recios y ásperos-, agrega, este tema, en tono menor, hace gala de la quintaesencia del jazz: el blues. Y como era de pensarse, alguien que logró tantas fusiones de géneros distintos en el jazz, no podía dejar fuera al blues, considerado por muchos músicos y críticos como la columna vertebral del jazz.

 

Después del éxito logrado con esta agrupación, en 1955 aproximadamente, Davis llegó a ser el músico estadounidense mejor pagado (y la primera vez en la historia que no era un músico blanco quien ostentaba ese título). Gracias a esto, su imagen y prestigio recorrieron el mundo, causando un ferviente sentido de orgullo negro en Àfrica, Europa y América. Berendt comenta que como consecuencia de tal éxito muchas personas de raza negra comenzaron a bautizar a sus primogénitos como -Miles- o -Miles Davis-. 

 

Y el panorama se entinta de azul. En 1959 la disquera Columbia Records saca a la luz Kind of Blue, uno de los álbumes iconos del jazz. Acompañado de los pianistas Bill Evans y Wynton Kelly, Jimmy Cobb en la batería, Paul Chambers en el bajo, y nada más y nada menos que John Coltrane y Julian -Cannonball- Adderley como saxofonistas, Davis logra la producción discográfica de jazz más vendida de la historia. 

 

Y qué más da. Este álbum incluye el tema So What, considerado por muchos críticos como uno de los más importantes en la historia del género, en donde los solos de Davis y Coltrane logran una pulcritud única en la ejecución, dan cátedra en la improvisación y rompen estereotipos en la composición. Es con este tema que dan vida al jazz modal con sus solos e improvisaciones sobre cualquier cantidad de escalas y no sobre acordes. 

 

Otra de las grandes aportaciones de Davis al jazz fue la utilización de la sordina de aluminio para trompeta. Este aditamento le dio a su música un timbre característico de nostalgia y extrema sensibilidad, y desde que la utilizó por primera vez en 1954, en el tema -Oleo-, se popularizó su uso hasta nuestros días. 

 

¿Cómo lograr alta calidad musical sin abusar de la creatividad? Controlar la libertad es la respuesta que dio Miles Davis. Libertad Controlada fue el concepto que acuñó el famoso trompetista para lograr la convivencia e interacción entre el tradicionalismo y la vanguardia. Al respecto, Berendt utiliza la siguiente cita de Miles: -Mira, no es necesario que toques en forma caótica. Eso no es libertad. Necesitas controlar la libertad-. Y bajo esta pauta se rigió su siguiente quinteto de free jazz formado por Tony Williams en la batería, Herbie Hancock en el piano, Ron Carter en el bajo y Wayne Shorter en el saxofón tenor.

 

El Miles Eléctrico. En lo que pareciera una pérdida de sensatez musical, como lo había establecido en la década anterior con su Libertad Controlada, Davis entra a la década de los setenta dando un viraje de gran importancia en la trayectoria del jazz, es decir, deja a un lado el sonido acústico para ahondar en los instrumentos eléctricos. Suelta el freno sobre su creatividad e incorpora el pedal wah-wah a su trompeta. Por si fuera poco, ejecuta este instrumento con una sola mano, mientras que con la otra se ayuda armónicamente por un teclado. ¿Quién dijo que había que controlar la creatividad y la libertad de creación y ejecución? Ese jazz acústico aparentemente quedaba en el pasado, en donde junto al blues quedaban en el olvido generacional, ya que el nuevo jazz parecía coquetear más con el rock y el funk. 

 

Ahora, hay que destacar que para Miles Davis el rock no fue una prioridad sino una casualidad. Los nuevos recursos que utilizaba sólo eran herramientas para seguir explorando sonidos y continuar con su evolución musical, pero no para lograr un producto similar al rock. Berendt, en El Jazz, menciona que en 1970 Davis se negó a tocar junto a Eric Clapton y Jack Bruce en el festival de Randall´s Island de Nueva York diciendo: - No, no quiero ser hombre blanco. Rock es palabra de blancos-. 

 

Después, hacia finales de esa década y principios de los ochenta, Miles se retiró de los escenarios y las disqueras por un tiempo. Mientras algunos pensaron que su partida era definitiva, otros lo esperaban ansiosamente con algo de dimensiones inimaginables. Y el día llegó. Miles Davis apareció en público en 1981 en el Festival de Nueva York, en donde no sólo lució nuevamente su capacidad de ejecución, sino que mostró a un Miles Davis más armónico con su público y sus músicos (en las dos décadas anteriores, además de su virtuosismo, había logrado destacar por cierta arrogancia ante su público y prensa, además de haber hecho duras críticas y declaraciones contra otros jazzistas). 

 

Regresó, lució y mostró en su última etapa musical a un titán que podía renovarse cada vez que lo quisiera. Incorporó a su música tintes de pop, con bases de free funk, jazz-rock y lo que su mente hiperactiva le ordenara. Influyó de igual manera en la música pop y en artistas como Michael Jackson y Prince. Y desgraciadamente fue en 1991 en que el mundo y la escena musical vio partir a una de las mentes y figuras más creativas de la historia. El 28 de septiembre de ese año Miles Dewey Davis III partía de este mundo, dejando un legado de incalculable valor, tanto para esa generación, como para muchas venideras. 

 

¿Cuánto tiempo pasará para que la música vuelva a encontrar otro motor de cambio, otro visionario, como Miles Davis?, ¿cuándo será que la música encuentre otro rumbo como los que dictó Davis?, ¿quién será el nuevo profeta de la música contemporánea? Evidentemente estas interrogantes no tienen respuesta aún, ya que probablemente sean varias las generaciones que tengan que pasar para poder terminar de digerir toda la riqueza que brindó Miles Davis a la composición, ejecución y comprensión de la música. Tal vez aún no hemos logrado comprender sus aportaciones en la totalidad, y tal vez aún falte mucho por explotar su legado. Lo único seguro es que para volver a un periodo de importante innovación musical será necesario tener presente la obra de este genio, de esta figura, y entonces se podrá dar un paso seguro hacia el futuro de la música contemporánea.

 

 

1.- Jazz Modal es una forma de interpretación en el jazz basada en el extenso uso de escalas (más allá de las conocidas mayor y menor)  para las improvisaciones, produciendo una riqueza tonal mucho mayor. 

Ecos prehispánicos en la contemporaneidad
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Los Binni Zaa (gente-nube), a quienes los aztecas denominaron zapotecas en la etapa precolombina, siempre buscaron guardar en la memoria generacional su lengua, mitos y leyendas, que constituyen el pilar fundamental de la cosmovisión de los Binni Za, así como sus tradiciones, los sonidos y danzas que acompañaron sus ritos transmitidos en tradición lírica.

 

Los Binni Zaa, son una cultura mesoamericana asentada en lo que actualmente conocemos como el estado de Oaxaca, en México, que floreció en Monte Albán y posterior a su migración, en Guie’ Ngola (piedra grande), ubicado en Tehuantepec, en el sur de la República Mexicana.

 

 La  cultura Zaa  se dispersó en valles centrales, la sierra (norte y sur) y en el Istmo de Tehuantepec, teniendo más de 12 variantes de su lengua en diferentes pueblos del estado oaxaqueño. En el presente artículo sólo referiré a la música de los Binni Zaa, asentados en la región más estrecha de México, el Istmo.

 

Tanto la lengua como la música, sufrieron mutaciones a través del tiempo debido a factores migratorios. Refiero a la lengua por ser de carácter tonal y porque es en ella donde considero se halla la sonoridad más antigua e importante, que refleja el alma de la música de los Binni Zaa.

 

Actualmente es difícil precisar la diversidad de instrumentos con los que hicieron música los Binni Zaa, y sólo algunos datos se pueden extraer de los hallazgos. Por ejemplo, el investigador Agustín Delgado encontró en Tehuantepec una flauta de hueso grabado con la figura de “un venado atravesado por un dardo”, en dicha exploración encontraron también cascabeles de cobre y figurillas que se deduce fueron silbatos.

 

Entre la instrumentación conocida mediante algunas imágenes se encuentra la flauta, concha de tortuga, teponaztle y huéhuetl, que se considera estuvieron ligados a danzas ceremoniales.

 

Posterior al mestizaje colonial, en el siglo XIX llegaron otros instrumentos de cuerda como la guitarra y la vihuela, así como instrumentos de viento como la trompeta, variedad de saxofones, clarinetes y nuevas percusiones que terminaron por integrar un nuevo formato musical actualmente conocido como “bandas de música”, en los diferentes pueblos de la región istmeña.

 

Emergen de manera natural trovadores que aprenden a ejecutar la guitarra, y que no sólo acompañaron los cantos litúrgicos, sino que también empezaron por cantar en su propia lengua las composiciones que emanaban de su inspiración, cantares en los que se relataban acontecimientos o simplemente referían al sentimiento amoroso o alegre de vida, adoptando claramente la tradición juglar llegada de Europa.

 

El segundo sincretismo musical dotó de nuevos esquemas musicales a los Binni Zaa, para llevarlos a la constitución de una forma musical que denominaron sones, además de sumar las estructuras de las polkas que llegaron  en la colonización, constituyéndose de esta manera la nueva plataforma musical en estas tierras.

 

A pesar de esta nueva convivencia sonora, los Binni Zaa no se apartaron de su lengua ni de la sonoridad de los instrumentos prehispánicos. En las nuevas formas de convivencia como las mayordomías y las nuevas ceremonias religiosas –generadas con la doctrina cristiana-, emplearon un nuevo aerófono llamado Pitu gueere  (flauta de carrizo), en sustitución de la flauta de hueso.

 

La flauta de carrizo cuenta con una embocadura en forma de tubo de órgano y un tapón de cera de colmena, que termina por formar el canal de aire de la embocadura, que tiene siete agujeros y con el extremo exterior abierto. Algunos piensan que la flauta evolucionó de tres agujeros a siete para así poder ejecutar las escalas europeos.

 

El siguiente instrumento es el Bigu (caparacho o concha de tortuga) idiófono que debe invertirse para ser ejecutado con astas de venado, y el tambor que puede estar hecho de una sola pieza de madera, cerrada  en ambos extremos con piel de venado o chivo y afinado con una cuerda tensada en los anillos de los aros que estiran la piel, ejecutándose con un par de baquetas gruesas.

 

La llegada de la guitarra sexta propició la integración de duetos y tríos, pero gracias al esfuerzo de ejecutantes que se aferraron no sólo al instrumento de carrizo, sino que fueron capaces de crear nuevas composiciones con la instrumentación heredada de sus antepasados, nació el reciente repertorio de lo considerado prehispánico.

 

 

Por ejemplo, en Juchitán, Oaxaca, Cenobio López Lena, fue un pitero ciego que compuso temas como Carreta guiee’ (carreta florida), Guchachi reeza (iguana rajada), Telayú (Amanecer), Bere le’le (Alcaraván) -donde se imita el sonido que emite esta especie-, y Son mbioxho (danza del viejo). Mientras que en Tehuantepec podemos encontrar Saa Beedxe (la danza del tigre), Saa benda bisiaa’ (danza del pescado), Cutinti que se toca en el dxi beu (día de luna), cuando inicia una festividad tradicional de corte religioso.

 

En el relevo generacional, se fueron constituyendo nuevos grupos que buscaron la polifonía a partir de la instrumentación básica de la música prehispánica. De ahí nacen el grupo Bigarii (la Cigarra), Gugu Huiini (tortolita), guidxi guiee (pueblo florido), entre otros.

 

El pitero era quien amenizaba las diferentes fiestas, las “labradas de cera” -donde se elaboraban las velas para la festividad del santo patrón en la comunidad-, y la alegría de las bodas.

 

Actualmente son muy pocos los que elaboran las flautas de carrizo en la región istmeña, aunque es necesario decir que las nuevas tendencias musicales llegadas con la apertura que brinda la interculturalidad cibernética –que acorta las distancias de convivencia musical-, no han afectado del todo la identidad musical con raíces prehispánicas de los Binni Zaa.

 

El repertorio actual del instrumento prehispánico incluye la adaptación de temas y canciones que las nuevas tendencias musicales y el público exigen en la convivencia cultural diaria. De ahí que se ejecuten sones como La sandunga, La Llorona, La Martiniana, El Fandango, valses, polkas, entre otros géneros del folclor mexicano y otros ritmos musicales.

 

Los ecos sonoros más antiguos de los Binni Zaa, aún se conservan en la musicalidad de la lengua y en la música ejecutada con estos tres instrumentos (flauta, caparazón de tortuga y caja), que busca abrirse paso entre las nuevas generaciones, incluso con nuevos esquemas de ensamble, ante el desafío de la convivencia contemporánea de la música en el mundo.

La otra cara de la música mexicana
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Hoy día a nivel mundial cuando se habla de música tradicional mexicana generalmente se le asocia con la música ranchera debido a la difusión masiva que gozo el cine de oro mexicano allá por los años treinta a los sesenta.  Por razones históricas se le atribuyo a la música mexicana este estereotipo, un estereotipo creado por el gobierno de esos años y demás interesados los cuales querían fomentar el nacionalismo.

 

Se pretendía hacer creaciones estilizadas las cuales cumplieran patrones estéticos para así tener una proyección internacional. Sin embargo solo con el hecho de pensar en la extensión geográfica de este país, es suficiente para poder tener en cuenta la variedad de músicas que existen realmente.  Desde mi punto de vista, todas las músicas que pasan desde la Huasteca, por la llanura del Sotavento hasta los estados del sur como Oaxaca y Chiapas, gozan de una pureza e identidad ajena a esas músicas rancheras. Las músicas de todas estas regiones pueden llegar a tener mucha fuerza, ya a que comparten raíces de mayor profundidad étnica a su vez de contener elementos folklóricos con mucho bagaje cultural y bastante historia. Todas estas músicas forman parte de un México desconocido para muchos, pero por su singular estética no tardará en ser contemplada a nivel internacional, si no es que ya lo es.

 

Se pueden ver premoniciones de una nueva música mexicana; se rompe el estereotipo y se avanza al conocimiento de la diversidad. De manera comercial ya destacan exponentes como Lila Downs o un Café Tacuba que introducen a la corriente principal (mainsteam) sones de estas regiones. Ya se puede ver por ejemplo a Los Cojolites y a Mono Blanco participando en festivales internacionales y bandas sonoras de películas de distribución masiva. Músicos de gran talla como Ry Cooder o The Chieftains no dudan en hacer colaboraciones con grupos de intenciones tradicionalistas como Los Folkloristas. Los estudiosos de músicas cultas no me dejaran mentir, ya que estas premoniciones vienen en un inicio desde los cuarenta como la famosa composición Huapango, de José Pablo Moncayo. De manera personal yo estoy completamente atraído por el son jarocho, pues me parece que tiene lo necesario para ser apreciado por todos sin importar de dónde vengan.

 

El son jarocho y el fandango, legado del mestizaje

 

Cada vez que escuchamos la palabra “fandango” nos pueden venir a la mente un sin fin de significados, pero dado su origen cercano a la danza y a la musica, creo yo que existen tres formas claves de interpretación de lo que es el fandango. La primera sería en referencia a la tradicion popular que se celebraba en los pueblos por toda la península Ibérica. La segunda forma sería aquella fusión de este baile de exhibición con el flamenco, siendo actualmente considerado como un palo del mismo. Y la tercera, de la cual hablaré, es aquella tradición festiva veracruzana que por su complejidad e historia se puede considerar hasta una disciplina artística, tanto dancística como musical.

 

Obviamente la raíz de estos tres tipos de fandango, etimológicamente hablando, es española, sin embargo no se puede decir con certeza si su origen musical sea meramente español, dado que aquellos bailes populares, ya contenían elementos tanto de los esclavos de color como de la cultura de los Tuxtlas, es decir es algo así como los cantes de “ida y vuelta”. De hecho un diccionario de la época define el fandango como un “Baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias"[1]. Pero como la pretensión no es encontrar el eslabón perdido, mejor adentrémonos al fandango de tradición jarocha.

 

Aquí el fandango es toda la ceremonia donde por excelencia se escucha el famoso son jarocho. Un producto de la transculturación indígena, hispana y africana, famoso por su riqueza y picardía. Famoso por contar con un extenso repertorio de canciones populares que mantienen sus orígenes regionales. Dentro de la música mexicana, el son jarocho juega una parte fundamental. A la vez que conserva su autonomía, este son ha influido en músicas de otras regiones. El son jalisciense conocido por su representación mariachi y quizá el más conocido, le debe mucho al son jarocho. A veces suelo decir a las personas que nunca lo han oído, que el son jarocho es como los mariachis pero sin ser ranchero, es decir es un son más de campo, de puerto y definitivamente con otra chispa, que gracias a su autonomía cultural consta de elementos únicos, como por ejemplo su instrumentaría.

 

Instrumentación

 

Dentro del son jarocho, es la jarana la reina indiscutible de entre todos los instrumentos. Es un instrumento parecido a la guitarra que lleva la armonía y se ejecuta con rasgueos sincopados. Tiene diferentes variaciones por su tamaño y por su tipo de afinación, sin embargo todas comparten 5 órdenes de cuerdas de las cuales las tres centrales son dobles, pueden ser octavadas o al unísono. Podemos encontrar la jarana tercera, la más grande, que mide aproximadamente 90 cm; la jarana segunda de entre 70 a 80 cm, la jarana primera de entre 55 a 70 cm, hasta el diminuto mosquito.

 

Sin soslayar los demás instrumentos que complementan la parte armónica, encontramos el requinto, instrumento también fundamental de este son. El requinto es el que juega a manera de contrapunto con el canto y cuenta con propiedades melódicas y rítmicas particulares. Como la jarana, éste también varía en sus tamaños. Luego está la leona, a veces llamada bocona, vozarrona o totolona, que se encarga de definir los graves. Por último, dentro de la sección armónica y melódica, agregando un timbre especial, encontramos el arpa jarocha, una voz más que le da carácter y riqueza tímbrica.

 

Como parte percutiva de bastante singularidad, está la quijada de burro, que se toca utilizando una baqueta mediante la cual se hacen vibrar los dientes, generando un sonido parecido al güiro, pero con su denominación de origen. Para complementar, otra parte percutiva de vital importancia es el zapateado, que es cuando los bailadores se convierten en instrumentistas.

 

De vez en cuando se llegan a ver panderos, violines y contrabajos, utilizados para darle más riqueza tímbrica, aunque no son considerados como instrumentos tradicionales jarochos. Sin embargo es bueno pensar que este son, así como debe conservar su raíz y tradición, también debe evolucionar para hacer del género una música con muchas variantes tímbricas que se sumen a la riqueza en los arreglos y la composición.

 

Estructura musical

 

Como toda la música, el son jarocho se puede desglosar en su parte armónica, su parte melódica y su parte rítmica. La voz, el requinto y el arpa siempre se encargan de llevar la parte melódica, es decir, la tonada que más resalta. Las jaranas dan la armonía, pero también juegan un papel crucial en la rítmica, pues dependiendo el tipo de rasgueo, se puede definir el son en cuestión.

 

La tradición lírica del son jarocho proviene de la poética española, en donde cuartetas, sextetas y décimas tienen gran preponderancia como se puede ver claramente en las canciones populares españolas. Sin embargo, el son jarocho se caracteriza por una peculiaridad sobresaliente, la asombrosa capacidad de improvisación a la hora del fandango. El cantante principal compone de manera espontánea versos que generalmente tienen algo que ver con lo que está pasando en el fandango, logrando así capturar a los asistentes con la intención de hacerlos participar declamando sus decimas o respondiendo al pregonero principal.

 

Hace algo de tiempo tuve la oportunidad de estar en un restaurante típico en Tlacotalpan, Veracruz, allá en las orillas del Río Papaloapan siendo testigo del fandango en su estado más puro. El pregonero, al ver que lo estaba filmando con la cámara que llevaba, declamó algunos versos que hacían referencia a la molestia que le causaba el que lo filmaran e invitándome a sentarme o a cantar, y todo esto de manera poética y cantada. Es esta la peculiaridad picaresca a la que me refiero. Sus famosas décimas improvisadas hacen que este son sea algo único. A la hora del fandango se llegan a ver auténticas contiendas poéticas llevadas al canto.



[1]Diccionario de autoridades, Real Academia Española, Tomos I-VI, 1er. edición, publicada 1726-1739. Editorial Gredos: 1963.

 

La revolución musical
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Despuntaban los albores del siglo de las luces y mientras la razón se desprendía de la tutela de la fe, desde los fríos coros de iglesias monumentales o desde inmensos salones de castillos suntuosos, el sonido de un hombre estallaba una revolución. Johann Sebastian Bach (1685-1750), a través de su prolífico universo contrapuntístico de cantatas, oratorios, corales, pasiones y conciertos, liberaba al lenguaje musical del lenguaje de las palabras. Con la explosión de su música, en la indagación inusitada de las formas musicales y su maestría para hacer dialogar varias líneas melódicas, Bach le muestra al mundo que la música puede ser en sí misma un lenguaje, una generadora de ideas que no requieren interpretaciones alegóricas o traducciones al lenguaje de las palabras.

 

Pero quizá he querido decir mucho en muy poco, antes de hablar de la emancipación de la música que Bach legó, cabe aclarar un poco el proceso del que su genio es culmen.

 

Antes del Barroco, estilo al que se le decreta final con la muerte de Bach, y del Renacimiento, que en su giro humanista arrastra consigo también a la música, el Medioevo libraba una discreta lucha por liberar al lenguaje musical de los textos religiosos. De ello nos hablan los sistemas de notación medievales que comenzaban a desdoblar las coordenadas sobre las que el universo musical se movería. El desarrollo de la notación neumática (800-1200), que representaba vagamente los cambios de altura de la melodía, abría la brecha hacia la exploración del pensamiento musical más allá de las entonaciones fonéticas dictadas por los textos litúrgicos cristianos, y hacia el desarrollo de la polifonía, el arte de los mundos melódicos paralelos.  

 

La posibilidad de construir la música mediante una concepción espacial de la tonalidad, que Guido d’Arezzo, en el siglo XI ideo mediante una estructura de líneas y espacios (pauta), plantó la semilla para que el pensamiento musical se desplegara verticalmente, la perspectiva de la música como arquitectura permitía la elevación de la armonía. Pero aún se requería dar bases firmes a esa otra dimensión en la que se expresa la música: el tiempo. Fue un siglo después que Franco de Colonia comenzó a estabilizar los valores rítmicos de las notas en relación a su forma sobre el espacio pautado.

 

Ya avanzado el Renacimiento, con una simbolización más ceñida del espacio y el tiempo musicales, con el pentagrama y el compás, los compositores comenzaron a desencadenar el lenguaje musical, volcándolo hacia el cosmos interior humano. El Cantus Firmus en sus expresiones seculares o religiosas se constituye como el centro en torno al cual girará la polifonía y el incipiente contrapunto. La vuelta hacia la interioridad del hombre desprendiéndose de las alturas divinas y del lenguaje de las palabras, presagiaba la insurrección de la música. Pero aún quedaban batallas que librar.

 

Es entonces cuando el Barroco hace su entrada triunfal. Frente a la homogénea polifonía renacentista de superficies lisas y armonías modales, la música barroca responde con un nuevo suelo armónico dictado por un bajo capaz de plegarse y desplegarse por encima o por debajo del conjunto de las voces, que aunado al creciente uso de las escalas mayores y menores, y el estilo concertante que antepone diferentes grupos vocales o instrumentales, deja el terreno listo para que la música comience a dialogar. El Barroco echa a andar el diálogo musical en muchos planos: pone diversas melodías a platicar entre sí, voces solistas o grupales a entretejer sus conversaciones, y a la música occidental en general la comunica con el misterioso mundo emocional.

 

Para cuando Bach irrumpió en escena, el Barroco se había asentado sobre una gramática y una semántica musicales bastante delineadas. Por una parte, la gramática musical queda trazada por el andamiaje tonal y armónico, y por otra, la semántica queda plasmada  en las emociones a través de la Teoría de los afectos. Claudio Monteverdi (1564-1643), es un referente obligado en este momento. El compositor de Cremona fue uno de los compositores que mejor comprendió la relación entre la música y los sentimientos, sus madrigales y óperas, mediante el uso extendido de la disonancia que se resuelve y las diferentes sonoridades que logró sacarle a los instrumentos y a la voz, buscan hacer coincidir la música con los sentimientos expresados por las palabras. El fluir del discurso con sus avatares conseguía con la obra de Monteverdi, reflejarse y magnificarse sentimentalmente gracias al discurso paralelo de la música. Sin embargo, aunque Monteverdi comprende y maneja el potencial sentimental de la música, su obra aún está maniatada por el sentido de las palabras.

 

En cambio, la impronta de Bach descubre en todo su esplendor la relación abierta del discurso musical con las emociones, esas cuyos amargos o dulces matices no caben en el lenguaje de las palabras.  Si en Monteverdi y sus coterráneos la música da el importantísimo paso hacia la expresión de sentimientos, es decir, de objetos determinados que podemos aprehender con las palabras (afecciones pasionales como en los madrigales de Monteverdi, hasta manifestaciones de la naturaleza como las programáticas Cuatro Estaciones  de Vivaldi), en Bach somos transportados al mundo de las emociones, al espacio de las afecciones que sólo podemos sentir, gozar o sufrir de manera personal más allá de lo que compartimos mediante el lenguaje de las palabras. Bach moldea el discurso musical hacia aquellos caminos del hombre, en los que sus sucesores clásicos y románticos se dieron vuelo.   

 

El asunto medular que hasta ahora he querido señalar, ha sido el de explicar un poco el edificante transito del pensamiento musical occidental relativamente inmediato a Bach, para mostrar cómo en su complejización se va perfilando un lenguaje propiamente musical capaz de comunicarse con las profundidades humanas sin la mediación de las palabras.  Ahora bien, si estamos de acuerdo en que la música es también un reflejo del mundo ideológico en que se gesta, como lo muestra Eugenio Trías en El canto de las sirenas,  encontraremos que el proceso expuesto procede también de la vuelta histórica que el hombre progresivamente hace hacia sí mismo.

 

De acuerdo con el filósofo barcelonés, en consonancia con el espíritu científico del Renacimiento, el avance del logos musical queda marcado por la unificación que da la “privilegiada perspectiva del observador humano”, aquella que poco a poco descubre la introspección de la filosofía humanista. La relación de la música con el yugo de la religión a cuestas pasa de la develación de la “Idea Teológica” con el gregoriano, a la exploración de la “Idea Cosmológica” propia del Renacimiento temprano, para desembocar en la “Idea Psicológica” que el Barroco, empañado por la ilustración pujante, manifiesta. La división de la fe religiosa de la Reforma de Martín Lutero, contribuye también en cierta medida a la separación de la música, pues su afán por desprenderse de las viejas prácticas del canto gregoriano y sacerdotal, despejó la cancha para la inventiva de corales y nueva música para los oficios religiosos.

 

El Barroco tardío con Bach en la cúspide, culmina la tarea de esta revolución musical que empieza a vislumbrarse desde finales de la Edad Media. Él logra que la música adquiera, frente al acompañamiento de los textos religiosos, su pleno estatuto de lenguaje significante de la subjetividad. En otros términos, se develan las infinitas posibilidades de pensar y sentir estrictamente en clave musical, lo que permite entonces hablar de la música como arte, en el sentido moderno del término.

 

Me parece que si observamos la obra de Bach tras una lente bifocal podemos encontrar el sentido del cambio de paradigma musical que representa. Desde un ángulo sensual, su inmensa riqueza polifónica recorre los recovecos emocionales desde una perspectiva nueva: si bien, matizando un poco lo que aquí he dicho, la música del compositor que nos incumbe guarda una relación de simbolización con los textos religiosos, como menciona Albert Schweitzer en su texto Palabra y sonido en Johann Sebastian Bach, lo novedoso es que no representa el texto en su movimiento y desarrollo, sino más bien desnuda la emoción esencial y la expresa en sus peculiaridades y guiños. Si para algunos de los que crecimos en la tradición del cristianismo muchos de los episodios bíblicos nos parecen familiares, lo mágico de su música está en lograr que esa misma historia que ya conocíamos recobre la posibilidad de conmovernos. Su capacidad prodigiosa para transmitir esencias emocionales a través de complejas ideas musicales también se aprecia en todo su esplendor en su obra instrumental, basta escuchar los Conciertos de Brandemburgo, las sonatas para violín o las suites para violonchelo, para descubrir entre todo ese embrollo contrapuntístico y armónico, emociones sobrecogedoras.    

 

Desde otra óptica, la consolidación del lenguaje musical bachiano, explora la forma en que podemos pensar música, hacer ingeniería y matematizar el cosmos sonoro, a veces desafiando la gravedad. Anton Webern alguna vez dijo que toda la música se encontraba contenida en Bach, y podemos concordar con él cuando escuchamos obras como los libros de El clave bien temperado, donde el alucinante vuelo de la armonía y los modos tonales alrededor de un centro “temperamental”, explora de forma abrumadora el tablero sobre el que movería sus fichas la música occidental hasta nuestros días. Incluso Webern y sus contemporáneos que juegan fuera del tablero al disolver la tonalidad, se escapan por las líneas de fuga que Bach esbozó en sus aventuras musicales.

 

A través de la prolífica indagación de las estructuras de la armonía, el tono y el tiempo, Bach consigue un ensanchamiento del pensamiento musical, pues nadie había logrado mostrar  con tal vehemencia, las capacidades de combinación del entrelazamiento de melodías, de incluir dentro de una misma masa sonora un universo armónico de tensiones y relajaciones, ascensiones y descensos, luces y sombras, que resultan en el enriquecimiento desmedido de las formas de expresión del lenguaje musical.

 

Finalmente tal complejización contrapuntística del Barroco tardío, amenazó con convertirse en un manejo técnico y cerebral de las emociones, lo que condujo al agotamiento del estilo para dar paso al Clasicismo, que flexibiliza la relación entre las estructuras musicales y las emociones que el Barroco abrió.

 

Hoy, a 261 años de la muerte de Bach, amén de las transmutaciones que el lenguaje musical ha sufrido, su obra sigue viva, su revolución continua siendo la base del aprendizaje de compositores y músicos –no conozco ningún músico clásico, profesional o amateur, que entre su repertorio memorístico no pueda tocar siquiera un Minuet de Bach-, e invita, frente a la espectacularidad y potencia de los recursos tecnológicos e instrumentales del mundo moderno, que han tendido a la repetición de esquemas, a explorar las infinitas posibilidades expresivas del lenguaje musical.

Ogun Afrobeat, Precursores en España
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Los orishas yorubas han llegado a Iberia encarnados en 7 músicos. Poseen un carácter irascible ante los que se rehusan al baile. Con instrumentaria de hierro y espíritu de agasajo están induciendo un nuevo ritual en las pistas de baile.

 

Así es, esta banda de origen madrileño, liderada por el nigeriano Akin Dimeji Onaz, ha tomado su nombre de aquel dios Yoruba del hierro, Ogun, el cual no les queda nada mal, ya que, tanto el carácter como la potencia que los caracteriza tienen tal presencia, que será imposible resistirse a la seducción de sus encantos.

 

Precursores del afrobeat en Madrid y declarados discípulos de Fela Kuti, prometen diversificar la complacencia del público español para así traer una nueva cadencia y una aventurada propuesta, que no hace falta más que oír una vez para saber lo grande que puede llegar a ser. A pesar de tener menos de un año de trayectoria, esta banda está compuesta por músicos ya de bastante experiencia en los escenarios.

 

Akin Onaz, baterista, realza su canto para conversar con el barrito de los metales. Dani Niño, saxo barítono, nos recuerda aquel sonido de Egypt 80 a la par del saxofonista Pablo Hernández y el trompetista cubano Frank Satiuste. La inteligencia y sagaz armonía del californiano Isaac Shamam (teclados), hace que se conjunte una buena ambientación añadiendo detalles sencillos, ademas de agregar un ingrediente propio del dub. Sin dejar de lado la buena ejecución de la imprescindible percusión (Luis Taberna), propia de una banda de afrobeat.

 

Ogun Afrobeat fluctúa desde el jazz y el funk hasta un highlife de los rincones más recónditos del sur de Nigeria, por lo que Acidconga se siente más que satisfecho de hacer de este ensamble una entrevista, que apuntala la calidad y los estilos que buscamos y la promoción de este tipo de artistas.

 

ACIDCONGA: ¿Cómo ves el escenario que vive el jazz acá en Madrid, está en auge actualmente?

 

AKIN ONAZ: Existe bastante movimiento de jazz en Madrid, muy buenos músicos, buena audiencia, hay muchos espacios, desde bares y salas de concierto hasta festivales de gran importancia.

 

AC: Bueno, sabemos que vosotros no sólo hacéis jazz sino que le agregan un ingrediente muy importante que es lo que les da su identidad, el afrobeat, ¿puedes comentarnos algo sobre este género, y por qué incursionan en él?

 

AO: El afrobeat es un ritmo, una actitud, pero principalmente es sobre una cultura (Yoruba). Estos elementos son los que Fela Kuti Ilevó a lo que hoy se entiende como afrobeat. Yo he vivido ya cuatro años en Madrid -hay tantos estilos-, yo he tocado jazz, bebop y otros. Antes de Ogun Afrobeat yo tocaba en un grupo que se llamaba Afro SouI Tounsting. Este grupo era más del tipo de ritmos africanos con algo de blues, hubo distintos miembros en el grupo… no se Iogró concretar… Deja te comente algo sobre el afrobeat, este es un ritmo más festivo, es un ritmo que te hace mover aunque no sepas bailar. No es como el jazz que tiene diferentes cambios, en el Afrobeat hasta el bajo te dice algo, la percusión, la batería, todos juegan un papel y sobre eso entra la voz, pero el ritmo no deja de fluir.

 

AC: ¿Cómo empezó Ogun Afrobeat?

 

AO: Después de estar tocando bastante jazz acá en Madrid, empecé a notar que faltaba música africana. Sé que existe en Barcelona más movida de este tipo -algo que me encanta-, pero me preguntaba por qué no había afro por acá, ya que es muy buena música que la gente no conoce pero que al conocerla le llega a gustar. Decidí llamar a algunos amigos y les comenté sobre iniciar un grupo con el nombre de Ogun Afrobeat, ahí fue cuando el nombre vino a relucir. Ahora ya llevamos casi un año juntos y al parecer está gustando mucho al público. Estamos teniendo bastantes bolos y mucha gente está viniendo a los clubes donde tocamos, puede ser que entren sin referencia pero ya dentro del club les encanta y se quedan a escuchar.

 

AC: Sabemos que el afrobeat en sus inicios tenía connotaciones políticas, Fela Kuti defendía algo así como africanismo. ¿Acaso Ogun mantiene este mismo espíritu? Si no tiene connotaciones políticas quizás haya algo en relación al resguardo de las costumbres yorubas

 

AO: Lo que Fela trajo al afro fue esto (política), Fela Kuti viene del mismo país de donde yo vengo, la misma ciudad: Lagos. Hay muchas cosas que están pasando ahora. Es difícil encarar al poder y hablar lo que esta pasando en el país, hablarle al presidente y a la gente a cargo. La forma más fácil de poder hacerlo es a través de la música. ¡Vamos!, ¿no todos hablan inglés? Fela aparte de cantar en Yoruba cantó en inglés africano para transmitir su mensaje. Pero Ogun no es Fela, Ogun es más sobre fiesta, sobre bailar, sobre pasarlo bien para hacer a la gente sonreír. Hacemos lo mismo que hizo Fela musicalmente pero enfatizamos en la fiesta.

 

AC: El jazz y el blues se han importado a todo rincón del mundo y bien se sabe de sus raíces africanas. Luego empezó a importarse el bossanova y las músicas latinoamericanas, que como sabemos tienen también una raíz común, África. Finalmente ya existe música africana pura importable con una difusión bastante notoria, ¿crees tú que llegue a transcender como las músicas antes mencionadas?

 

AO: La música afro hoy en día es una fusión muy compleja, ya que tiene demasiadas raíces, es decir tiene demasiados tipos de donde parte y un sinfín de fusiones. De donde yo provengo existen diversos estilos como el apala, jujú, highlife o el shewele, todos estos estilos son orígenes del afrobeat. Fela Kuti lo que hizo fue llevar esto a Europa y EEUU. La música que llega a un sitio extranjero siempre tiene diferentes tipos de impacto y se fusiona con lo que ya existe, como es el caso del funk. El Afrobeat es la concepción occidental de todo un bagaje de ritmos de origen nigeriano y en general africanos.

 

AC: Háblanos de las futuras actividades de Ogun Afrobeat, nuevo disco, gira, algún festival, próximos bolos…

 

AO: Todos nosotros somos músicos de jazz por lo que nos la vivimos tocando fuera. Hemos tenido muy poco tiempo en estudio. Ahora solamente tenemos un EP con cinco temas pero estamos pensando en un futuro disco no muy lejano.

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  • Ogun Afrobeat, Precursores en España

    Los orishas yorubas han llegado a Iberia encarnados en 7 músicos. Poseen un carácter irascible ante los que se rehusan al baile. Con instrumentaria de hierro y espíritu de agasajo están induciendo un nuevo ritual en las pistas de baile.

     

    Así es, esta banda de origen madrileño, liderada por el nigeriano Akin Dimeji Onaz, ha tomado su nombre de aquel dios Yoruba del hierro, Ogun, el cual no les queda nada mal, ya que, tanto el carácter como la potencia que los caracteriza tienen tal presencia, que será imposible resistirse a la seducción de sus encantos.

     

    Precursores del afrobeat en Madrid y declarados discípulos de Fela Kuti, prometen diversificar la complacencia del público español para así traer una nueva cadencia y una aventurada propuesta, que no hace falta más que oír una vez para saber lo grande que puede llegar a ser. A pesar de tener menos de un año de trayectoria, esta banda está compuesta por músicos ya de bastante experiencia en los escenarios.

     

    Akin Onaz, baterista, realza su canto para conversar con el barrito de los metales. Dani Niño, saxo barítono, nos recuerda aquel sonido de Egypt 80 a la par del saxofonista Pablo Hernández y el trompetista cubano Frank Satiuste. La inteligencia y sagaz armonía del californiano Isaac Shamam (teclados), hace que se conjunte una buena ambientación añadiendo detalles sencillos, ademas de agregar un ingrediente propio del dub. Sin dejar de lado la buena ejecución de la imprescindible percusión (Luis Taberna), propia de una banda de afrobeat.

     

    Ogun Afrobeat fluctúa desde el jazz y el funk hasta un highlife de los rincones más recónditos del sur de Nigeria, por lo que Acidconga se siente más que satisfecho de hacer de este ensamble una entrevista, que apuntala la calidad y los estilos que buscamos y la promoción de este tipo de artistas.

     

    ACIDCONGA: ¿Cómo ves el escenario que vive el jazz acá en Madrid, está en auge actualmente?

     

    AKIN ONAZ: Existe bastante movimiento de jazz en Madrid, muy buenos músicos, buena audiencia, hay muchos espacios, desde bares y salas de concierto hasta festivales de gran importancia.

     

    AC: Bueno, sabemos que vosotros no sólo hacéis jazz sino que le agregan un ingrediente muy importante que es lo que les da su identidad, el afrobeat, ¿puedes comentarnos algo sobre este género, y por qué incursionan en él?

     

    AO: El afrobeat es un ritmo, una actitud, pero principalmente es sobre una cultura (Yoruba). Estos elementos son los que Fela Kuti Ilevó a lo que hoy se entiende como afrobeat. Yo he vivido ya cuatro años en Madrid -hay tantos estilos-, yo he tocado jazz, bebop y otros. Antes de Ogun Afrobeat yo tocaba en un grupo que se llamaba Afro SouI Tounsting. Este grupo era más del tipo de ritmos africanos con algo de blues, hubo distintos miembros en el grupo… no se Iogró concretar… Deja te comente algo sobre el afrobeat, este es un ritmo más festivo, es un ritmo que te hace mover aunque no sepas bailar. No es como el jazz que tiene diferentes cambios, en el Afrobeat hasta el bajo te dice algo, la percusión, la batería, todos juegan un papel y sobre eso entra la voz, pero el ritmo no deja de fluir.

     

    AC: ¿Cómo empezó Ogun Afrobeat?

     

    AO: Después de estar tocando bastante jazz acá en Madrid, empecé a notar que faltaba música africana. Sé que existe en Barcelona más movida de este tipo -algo que me encanta-, pero me preguntaba por qué no había afro por acá, ya que es muy buena música que la gente no conoce pero que al conocerla le llega a gustar. Decidí llamar a algunos amigos y les comenté sobre iniciar un grupo con el nombre de Ogun Afrobeat, ahí fue cuando el nombre vino a relucir. Ahora ya llevamos casi un año juntos y al parecer está gustando mucho al público. Estamos teniendo bastantes bolos y mucha gente está viniendo a los clubes donde tocamos, puede ser que entren sin referencia pero ya dentro del club les encanta y se quedan a escuchar.

     

    AC: Sabemos que el afrobeat en sus inicios tenía connotaciones políticas, Fela Kuti defendía algo así como africanismo. ¿Acaso Ogun mantiene este mismo espíritu? Si no tiene connotaciones políticas quizás haya algo en relación al resguardo de las costumbres yorubas

     

    AO: Lo que Fela trajo al afro fue esto (política), Fela Kuti viene del mismo país de donde yo vengo, la misma ciudad: Lagos. Hay muchas cosas que están pasando ahora. Es difícil encarar al poder y hablar lo que esta pasando en el país, hablarle al presidente y a la gente a cargo. La forma más fácil de poder hacerlo es a través de la música. ¡Vamos!, ¿no todos hablan inglés? Fela aparte de cantar en Yoruba cantó en inglés africano para transmitir su mensaje. Pero Ogun no es Fela, Ogun es más sobre fiesta, sobre bailar, sobre pasarlo bien para hacer a la gente sonreír. Hacemos lo mismo que hizo Fela musicalmente pero enfatizamos en la fiesta.

     

    AC: El jazz y el blues se han importado a todo rincón del mundo y bien se sabe de sus raíces africanas. Luego empezó a importarse el bossanova y las músicas latinoamericanas, que como sabemos tienen también una raíz común, África. Finalmente ya existe música africana pura importable con una difusión bastante notoria, ¿crees tú que llegue a transcender como las músicas antes mencionadas?

     

    AO: La música afro hoy en día es una fusión muy compleja, ya que tiene demasiadas raíces, es decir tiene demasiados tipos de donde parte y un sinfín de fusiones. De donde yo provengo existen diversos estilos como el apala, jujú, highlife o el shewele, todos estos estilos son orígenes del afrobeat. Fela Kuti lo que hizo fue llevar esto a Europa y EEUU. La música que llega a un sitio extranjero siempre tiene diferentes tipos de impacto y se fusiona con lo que ya existe, como es el caso del funk. El Afrobeat es la concepción occidental de todo un bagaje de ritmos de origen nigeriano y en general africanos.

     

    AC: Háblanos de las futuras actividades de Ogun Afrobeat, nuevo disco, gira, algún festival, próximos bolos…

     

    AO: Todos nosotros somos músicos de jazz por lo que nos la vivimos tocando fuera. Hemos tenido muy poco tiempo en estudio. Ahora solamente tenemos un EP con cinco temas pero estamos pensando en un futuro disco no muy lejano.

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  • Blues a fondo

    (Dedicado a mi padre, por enseñarme que la música entra por los sentidos, se siente con el corazón y se guarda en el alma. Y por enseñarme que el único límite de la imaginación es el miedo.)

     

    Más allá de las teorías que sostienen que el blues nació como un cántico de libertad en las plantaciones algodoneras del sureste de Estados Unidos, o que los ensayos más antiguos de este género se remontan a las estructuras armónicas creadas por esclavos de la África musulmana, gracias a instrumentos arcaicos parecidos al banjo y al violín, se puede afirmar que el blues es mucho más que un género musical y que una forma de expresión, es un sentimiento. No basta con dominar la técnica en la ejecución, o contar con amplio conocimiento sobre armonía, para poder comprender la suma complejidad sentimental que abarca. Un tema puede ser leído directamente de una partitura y podrá expresar cada una de las indicaciones armónicas y de tiempo, pero no será un blues si la batuta musical no la lleva el alma. Impredecible, irónico, explosivo, así como sencillo y complejo a la vez, resulta este género. Impredecible porque nunca sabes qué depara. Irónico por la combinación de armonías mayores con letras de lamento, y viceversa. Explosivo por la fuerza con la que irrumpen sus improvisaciones y por la presencia que tiene cada nota en su haber. Sencillo y complejo a la vez, ya que todo lo rebuscado que pueda llegar a ser, siempre estará acotado por los límites de la sencillez.

     

    ¿Es entonces el blues más que un sentimiento? Sí, el blues nace de una intensa emoción y encuentra en la música un canal para expresarse. En sus letras no son las palabras las que llevan el mensaje, sino la interpretación. Es la voz lastimada de un cantante lo que revela el verdadero significado, la voz de lamento, la voz de burla, la voz mordaz.

     

    Ahora, de acuerdo con Joachim E. Berendt, en su libro El jazz, el blues puede ser desmenuzado y analizado desde seis puntos básicos que son: ambiental, racial, sociológico, melódico, armónico y formal. En pocas palabras, por los vínculos y asociaciones que tiene con la sociedad, y por su composición musical. Partiendo de esta base, a continuación ahondaremos un poco más al respecto.

     

    De origen marginal

     

    "Ningún hombre blanco ha sentido jamás el blues, porque ningún hombre blanco ha tenido jamás preocupaciones". Esta frase fue acuñada por Huddie William Ledbetter, mejor conocido como Leadbelly, uno de los pioneros del género. Entonces, si el blues nace en el seno de la comunidad afroamericana marginada, ¿qué sucede con los grandes blueseros blancos como Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan? Sencillo, el blues tiene origen en las sociedades marginales, obreras y con penurias en la cotidianeidad, no en una cuestión racial. Ha sido la voz de aquellos que se toman un respiro de la vida, y de quienes han fungido como cronistas de las vicisitudes que emana el lado oscuro del corazón. Es por esto que la sociedad de clase media-baja y obrera de Inglaterra en la década de los sesenta, quedara maravillada y sumamente identificada con el blues, mismo que adoptarían como una forma de expresión.

     

    Atrapado en el blues. Para explicar la esencia de este género, nuevamente nos remitimos a las palabras de Leadbelly, quien responde con la primera oración de este párrafo ante las siguientes interrogantes:

     

    - "Cuando estás en la cama y te mueves de un lado para otro y no te puedes dormir, ¿qué es lo que te pasa?"

     

    - "Cuando estás frente a la mesa puesta y ves tu plato con pollo asado y arroz, y te alejas temblando y dices, -Dios me ampare, no puedo comer ni dormir, ¿qué es lo que me pasa?"

     

    Hasta la llegada del rock & roll, a mediados de la década de los cincuenta, las letras en los temas de blues plasmaban las penurias y lamentos de la clase obrera y campesina afroamericana. "I´ve got the blues so bad, it´s hard to keep me from crying", decía John Lee Hooker. "Nobody knows you, when you´re down and out", cantaba Bessie Smith. O como T-bone Walker, quien decía que al final de todo, sólo quedaba un blues (ejemplos tomados de El jazz por Joachim E. Berendt).

     

    Columna vertebral del jazz y la música popular

     

    El jazz toma la base armónica y rítmica del blues, y a partir de ahí desarrolla toda su complejidad hasta la máxima expresión. Por otra parte, el blues, siempre acotado por la sencillez técnica y armónica, logra sus expresiones más complejas gracias al feeling. El jazz despilfarra creatividad rítmica y ahonda en el inconmensurable universo de la armonía, mientras que el blues escarba y hurga hasta lo más profundo de lo humilde, lo compacto y lo sencillo. Para hacer jazz, es indispensable hacer antes un blues.

     

    Absolutamente incomprensible sería entonces el jazz, sin haber digerido previamente las pautas formales de su antecesor. Conocer y comprender la estructura del twelve-bar blues (estructura de doce compases), es el primer paso para identificar el origen de cualquiera de las variantes del jazz, y por ende la peculiar complejidad que cada una de éstas pueda lograr. También resulta indispensable tomar en cuenta la blue note (quinta disminuida) en lo que originalmente era una escala pentatónica. Joachim E. Berendt traza una línea cronológica vertical, simulando una columna vertebral, en donde muestra cada una de las etapas tanto del blues como del jazz y la interconexión entre ellas. A finales del siglo XIX, las distintas influencias musicales que nutrieron la cultura de las sociedades del sureste norteamericano, consolidan los inicios de lo que hoy conocemos como blues. Hacia finales de la primer década del siglo XX a la variante de este género se le conoce como folk blues (característico por un sonido muy acústico, simple en la ejecución, y sumamente cadencioso), la cual da origen y sirve como pilar para el jazz de Nueva Orleans. Durante las décadas de los veinte y treinta el blues clásico se consolida como la expresión más pura y completa de este género, y es precisamente esta variante la que da origen al boogie, al Chicago blues, y a la que posiblemente sea la de mayor importancia técnica y rítmica en el jazz: el swing. Para la década de los cuarenta y cincuenta, ambos, blues y jazz, se popularizaban cada vez más en ciudades como Chicago, Nueva York, Nueva Orleans, y San Francisco en Estados Unidos, París, Londres, Berlín, Munich y Viena, en Europa, y otras grandes ciudades del mundo como Montreal, Ciudad de México y Buenos Aires.

     

    A partir de la década de los cuarenta el blues se transforma en rythm and blues, dando origen al famoso y aclamado bebop en el jazz. En términos más estrictos musicalmente hablando, este subgénero brindó una de las aportaciones más exquisitas para el jazz: la quinta disminuida descendente o flatted fifth. Posteriormente, en la década de los cincuenta, aparece un alquimista del feeling, Miles Davis, y nace lo que ahora conocemos como cool bop y hard bop, subgéneros caracterizados por la amable cadencia (en el primero), y por la intensidad rítmica (en el segundo). Incluido también durante esta década sale a la luz John Coltrane, quien rompe con toda formalidad y modos tradicionales en la composición y ejecución, y siguiendo los pasos de Davis, incorpora cualquier cantidad de influencias al jazz (pero siempre fiel a las bases del blues).

     

    Vale la pena mencionar que en esa misma década la capacidad del blues de influir en otros géneros sobrepasaba ya por amplio margen los límites del jazz, dando vida al que posiblemente, sea el género más popular del mundo: el rock & roll. Elvis Presley, El rey, tomó el blues, lo aceleró en tiempo, le imprimió una voz potente, pulcra y varonil, y se encargó de popularizar esos cambios a lo largo y ancho del globo terráqueo. De igual manera, Bill Haley, acercaba más este género al público blanco con su éxito Rock Around the Clock, inclusive haciendo presentaciones en Buenos Aires (1958) y la Ciudad de México (1960).

     

    Para Joachim E. Berendt, The Beatles y Bob Dylan son inconcebibles sin el blues, ya que ambos parten de dos importantes variantes del género, rythm and blues (en el caso del conjunto inglés), y del folk blues (para el cantautor norteamericano). También comenta que Dylan es injustamente llamado "el primer poeta verdadero de la música popular", ya que esta declaración sentencia al olvido a los muchos cantantes de blues afroamericanos que utilizaron sus cantos y poemas para llevar a los oídos del mundo la música popular.

     

    Indiscutiblemente B.B. King, David Gilmour, Eric Clapton, Robert Johnson, y Jimmy Hendrix, durante la década de los sesenta, fueron los principales voceros del blues. Gritaron al mundo por medio de sus guitarras, que pese a la apertura musical y creatividad que reinaba en el mundo, el blues seguía más vivo que nunca. Vivo en otro sentido, ya que se manifestaba en el rock, en el jazz y en el progresivo, pero seguiría siendo el punto de partida para cualquier forma de expresión musical. En la década de los setenta surgieron el soul y el funk, géneros nacidos en el seno de los ghettos afroamericanos en Nueva York. Ahora la temática era más sexual. El origen etimológico de la palabra funk es aún discutido, pero la gran mayoría de las teorías hacen referencia a significados relativos con el olor corporal u olor a sexo. Característico por su contratiempo en el ritmo, bases planas, pero con importantes improvisaciones en la guitarra y progresiones creativas en el bajo. El soul, más que sexual, es erótico, cadencioso, y se caracteriza por el protagonismo de la voz (en muchos de los casos, de voz femenina). Como ejemplo del soul y el funk, podemos mencionar a James Brown, considerado por muchos como el "hombre más importante en el negocio de la música", y "el padrino del soul".

     

    A partir de 1980 resurge un gusto por el jazz de los años cincuenta y por el blues clásico, pero ahora con un sonido más digital y menos rupestre. Mientras Eric Clapton combinaba su gusto por este género con las baladas románticas, dejando atrás una época rockera y de psychodelia, nacía (comercialmente) una estrella bluesera, Stevie Ray Vaughan. Considerado por muchos como el mejor guitarrista de todos los tiempos. Heredero del sonido y técnica de Clapton, Albert King y Jimmy Hendrix. Rápido, pulcro, fuerte, imponente, virtuoso, y sensible como pocos. Este texano revive la esencia de los clásicos y la lleva a los escenarios más importantes del mundo como el Festival de Jazz de Montreux y el Carnegie Hall de Nueva York.

     

    Leyendas de las seis cuerdas

     

    Sin duda alguna, es la década de los sesenta cuando el gusto popular da amplio reconocimiento a la guitarra como un actor protagónico tanto en el blues, como en el jazz y el rock & roll. Respecto al último género, distintos guitarristas como Eric Clapton, Jimmy Hendrix y David Gilmour, entre otros, se distinguieron por hacer gala de la creatividad tanto técnica en la ejecución, como en la exploración de nuevos sonidos con efectos, amplificadores y guitarras, pero por más que se hayan dado a la innovación, toda su obra cuenta con la inconfundible marca de una estricta formación en el blues.

     

    Rey de reyes. Considerado como uno de los guitarristas más influyentes de toda la historia, el embajador del blues, Riley B. King, o B.B. King, como es conocido popularmente, ha sido siempre un referente para el blues y constantemente es citado como principal influencia de grandes guitarristas entre los que figuran Eric Clapton y John Mayer. Con Lucille, su guitarra, imprimió su sello personal a la música moderna y contemporánea en temas como: The Thrill is Gone (compuesto por Rick Darnell y Roy Hawkins), Everyday I Have the Blues, Sweet Little Angel, y muchísimos más.

     

    Irónicamente llamado Slowhand, Eric Clapton es el ejemplo más claro de que el blues no es exclusivamente de los afroamericanos. Técnicamente creativo e impecable en la ejecución, y con un feeling tan peculiar que le ha valido ser considerado como uno de los blueseros más influyentes de la historia. Humilde y siempre alabando a sus mentores como Robert Johnson y B.B. King. Ha formado parte de los carteles más importantes, compartiendo el escenario con B.B. King, Buddy Guy, Albert King, Mark Knophler, John Mayer y muchos otros más. La biografía y obra de este hombre es fascinante e interminable, por eso únicamente nos limitamos a adularlo en breves líneas, no sin antes decir, que si en la palabra blues la “b” es por B.B. King, y la “l” es por Leadbelly, entonces la “e”, sin duda alguna, es por Eric Clapton.

     

    Por el honor que le merece ser uno de los géneros más influyentes en la historia musical, este artículo debería extenderse hasta llegar a dimensiones enciclopédicas, pero desgraciadamente no puede ser así. ¿Cuál será el futuro del blues?, ¿cómo se manifestará en nuevos géneros musicales?, ¿quiénes serán las nuevas leyendas? Aún es muy pronto para poder responder con exactitud a estas interrogantes, pero sí podemos inferir que todavía existe mucho potencial en él para continuar evolucionando, y para seguir dando muestras consumadas de todo lo que los más profundos sentimientos tienen que decir.

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Recomendaciones

  • World Music
    Spanish Harlem Orquesta y su Niuyorican Sound

     

    Desde su llegada en el 2002, la Spanish Harlem Orquesta se ha establecido como una abanderada de la música latina contemporánea. Dirigidos por Oscar Hernández, pianista, arreglista y productor de renombre mundial, los trece miembros estelares de esta banda han reintroducido los sonidos clásicos de la salsa de Nueva York entre los amantes de esta música por todo el mundo.

    Mantienen vivo el estilo y el sonido original de la vieja escuela de Nueva York o la llamada salsa dura que interpretaron en su tiempo los pioneros. “Ese sonido se ha perdido y queremos mantenerlo vivo para educar a las nuevas generaciones (y aficionados en general de esta música), en lo que son las verdaderas raíces musicales de nuestra cultura”, agrega Hernández. Y es verdad que han traído de nuevo la esencia de lo que hace a esta música grande manteniendo vivo el espíritu de la salsa, en sus grabaciones o presentaciones alrededor del mundo.

     

    La Spanish Harlem Orquesta carga con el estandarte del orgullo latino en Nueva York, ya que el verdadero Spanish Harlem es un microcosmos de los latinos en la gran manzana, un sitio importante para su cultura, así como Harlem los es para los Afro-americanos, por eso han adoptado su nombre de allí. Con su primer álbum Un Gran Día en el Barrio, se abrió el camino para que esta banda saliera del anonimato y se perfilaran para ser los herederos de la gran Fania All Stars. Lo confirmaron después con su segundo disco:Across 110th Street, disco que logró juntarlos con el maestro Ruben Blades, que participa en cuatro temas. El Sr. Blades empieza la fiesta con “Un gran día en el barrio”, escrito por Ray de la Paz(vocalista de la banda), y con este tema establece el estilo para el resto de la grabación. Sus improvisaciones son tan afiladas y tan divertidas como siempre, dejándonos saber que no ha perdido su toque. Rubén también canta un clásico de Joe Cuba y otro de Justo Betancourt, pero es su propia composición, “Tú te lo pi pí”, con un coro que te dejará doblado de la risa y que nos recuerda lo buen cuentista  que es. La producción obtuvo el Grammy en el 2004 y está realizado en vivo, en un estudio sin técnicas o efectos especiales, con la producción de Oscar Hernández y Aaron Levinson.

     

    United We Sing, es el tercer disco de la banda, en este la Spanish Harlem Orquesta continúa fusionando el sonido clásico con lo contemporáneo, pero además ofrece una refrescante originalidad. Nueve de las canciones son composiciones originales, basadas en la identidad extraordinaria que la banda ha creado con la inspiración del legado musical de El Barrio, una pulsante comunidad hispana al Este de Nueva York, localizado al Sur de la calle 125 donde surgió el boogaloo, el latin soul y la salsa. Una producción explosiva que supera a sus anteriores.

     

    En el 2010 editan el cuarto álbum titulado Viva La Tradición, una colección de 12 temas llenos de influencias de los años 20, manteniendo la salsa dura de sus predecesores. El material se basa en la inspiración de la historia de la música y las tradiciones duraderas, impresas en las nueve composiciones y arreglos de su líder, Oscar Hernández, además de contar con el apoyo de Gil López, otro compositor y arreglista de renombre. El disco les hizo incluir otro Grammy en su colección, sin que nadie los detenga o les haga sombra en lo que refiere a esa categoría.

     

    Ahora preparados para su décimo aniversario, refrendan el título de la banda actual de salsa más importante de este siglo, sin temor a exagerar. 

     

     

    http://spanishharlemorchestra.net/

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  • Blues
    Marc Monster & the Olives, Apuesta Chilanga

    Con Marc Monster como frontman, esta banda, nacida en la Ciudad de México, sale a la luz a finales del 2007 invitando a rescatar el sonido original del blues, pero tomando como estandarte la originalidad.

     

    -Mientras se sigan tocando covers, poco podrá mejorar y evolucionar el blues-, dice Marc, sobre este género, insistiendo en que aún hay mucho por componer. Temas como New Orleans, Saint Marie, y NY is in Cuba, exhiben un marcado interés por retomar el sonido acústico en el blues, ya que el actor protagónico es el piano, a la usanza antigua. Por otra parte, la guitarra acústica es quien da la cara en las seis cuerdas, capturando así el ambiente del blues estilo New Orleans.

     

    Simplemente un sentimiento. Así define esta banda la esencia del género. -Si todo se puede jazzear, entonces todo se puede blusear-, responden cuando se les cuestiona sobre la versatilidad del blues y la capacidad de seguir trascendiendo. Pudiendo seguir la línea de blueseros contemporáneos, es decir, dando prioridad a instrumentos eléctricos, fusionando blues con rock, pop, y otros géneros, Marc Monster & The Olives viran encuentrando en el folk blues y en el classic blues una forma original de combinar un sonido de antaño con letras de temas más actuales.

     

    ¿Es el blues una moda? Para esta banda chilanga, es más que una moda, ya que siempre lo será y por ende es un clásico. Más allá de los grandes temas blueseros, y de los iconos que los han compuesto, ejecutado y llevado al estrellato, el blues busca encajar en nuevas generaciones, para que de esa manera siga latiendo con el mismo fervor que lo ha hecho desde hace más de 100 años. Que siga siendo un foro de expresión para la libertad, para el éxtasis, para la ironía y para un sentimiento común multigeneracional son los objetivos de esta banda.

     

    Amigos, damas y caballeros, independientemente de la latitud en la que se encuentren, los invitamos a conocer a esta banda que ya comienza a expandir sus horizontes musicales en México y Estados Unidos, prometiendo cautivar a los oídos europeos y de cualquier lugar que abra su corazón para el nuevo sonido del blues.

     

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  • Jazz
    ¿Quién es Ibrahim Electric?

     

    Copenhague, Dinamarca. Corría el verano del 2006 en Copenhague, Dinamarca. Era una tarde agradable, soleada, sin lluvia y sin nubes. En los países escandinavos, días como estos son pocos, por lo que todo el mundo deja de hacer sus labores y aprovecha para salir a los parques, tirarse a tomar el sol y pasar un rato agradable en los espacios exteriores. Por esos días, estaba el festival de jazz de la ciudad. 1000 conciertos en 10 días no suenan nada mal para un país con 5 millones de habitantes y un idioma incomprensible. Daba emoción ver que entre los estelares del cartel estaban Herbie Hancock, Tony Allen, Pat Metheny, Sergio Mendes, John Scofield, Diane Reeves, Bill Frisell, Brad Mehldau, Fred Frith, Mike Stern y un largo y largo etc. Sonaba bien, pero los precios de sus conciertos eran prohibitivos para un estudiante como yo, por lo que me tuve que consolar pensando que por un momento estaba viviendo en la misma ciudad que todos esos grandes músicos. Había que buscar entonces los eventos gratis y al aire libre. Algo bueno, bonito y barato debe haber entre todo este talento. Fue así como descubrí a Ibrahim Electric.

     

    El texto del evento los presentaba como una de las bandas de jazz más populares del país, por el derroche de energía y swing en sus presentaciones en vivo, así como su sonido rock-funk-jazzero que los caracterizaba. El lugar era una explanada junto a unas bodegas no muy lejos del centro de la ciudad. La plaza estaba abarrotada de jóvenes daneses, bellezas escandinavas y curiosos perdidos dentro de las actividades del festival. Fue un concierto grande, emocionante y vibrante. El clímax llegó cuando empezaron a tocar un tributo a Fela Kuti (algo parecido se puede escuchar en el disco Ibrahim Electric Meets Ray Anderson, 2006). No podía creer que un trío de güeros daneses tocaran de esa forma y con tanta energía.

     

    En sus composiciones exploran las fronteras sonoras entre el jazz, el rock, el afrobeat, el blues y hasta el surf. Es como una especie de banda de garaje setentera, pero con una base rítmica sólida y jazzera, batería con mucho Groove, el inconfundible sonido rústico del Hammond B-3 y los brillos agudos y oxidados de una telecaster. Sin duda una gran banda con jazzistas que han decidido llevar la improvisación y libertad del jazz hacia el Groove y el rock. Los miembros de esta banda se han hecho un nombre por sí solos en la escena del jazz europeo y mundial. Cada uno ha ganado premios dentro y fuera de su país como jóvenes talentos del jazz. Como muestra, Niclas Knudsen (guitarra) ganó el Gexto Jazz Competition en 1996 y 1999, y recibió el Roland Music Award en la categoría de músico joven en 1998. Por su parte, Stefan Pasborg (batería) ha sido galardonado como solista en eventos como el Jazz European Contest, el European Tournament of Improvised Music y el Rythm Music Conservatory Talent Prize. Es considerado uno de los bateristas más reconocidos en Europa en cuanto a música experimental se refiere. Por último, Jeppe Tuxpen (órgano) se convirtió en una leyenda local al ser el técnico especialista del Hammond B-3 que acompañó a Lonnie Smith en su gira por Europa.

    Jeppe y Stefan habían tocado antes juntos en una banda llamada Endorfin (Live / studio Recordings, TCB Records), misma que empezó a llamar la atención por el swing y funk que imprimían en sus presentaciones. Sin embargo, con Ibrahim Electric han alcanzado gran fama y este año están presentando su sexto disco (Royal Air Maroc, Tactic 2010). Según ellos, este disco es acerca de viajar. Lo compusieron mientras daban una gira mundial la cual pasó por Francia, Marruecos, Thailandia, China, Corea, Polonia, Estados Unidos y Canadá. Previo a esto, han grabado dos discos en vivo con el trombonista Ray Anderson. El primero de ellos (Ibrahim Electric Meets Ray Anderson, 2006) lo grabaron sin haber ensayado antes, ante un Copenhagen Jazz House abarrotado.

     

    Pero, ¿quién es Ibrahim Electric? Esta banda es la heredera de toda una cultura jazzística que hay en Dinamarca, particularmente en Copenhague. En esa ciudad se respira, vive y siente el jazz todos los días. Rincones aquí, cafés por allá y un par de templos de culto (el Copenhagen Jazz House y el Jazzhus Monmartre) reciben a grandes jazzeros del mundo entero durante todo el año. Yo no lo sabía, pero a mediados del siglo pasado, una gran cantidad de músicos americanos emigraron por alguna extraña razón a esta bella ciudad escandinava. Entre los nombres destacan Stan Getz, Oscar Pettiford, Dexter Gordon y Ben Webster. De ahí, o quizás desde antes, se ha desarrollado una gran cultura musical, teniendo al jazz como su máxima expresión. Ibrahim Electric es una manifestación que ha sobresalido sobre las demás. Ahora, varios blogs del gremio lo han reconocido y empiezan a compartir su sonido con el mundo. ¡Enhorabuena!

     

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